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REMHU: Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana

versão impressa ISSN 1980-8585versão On-line ISSN 2237-9843

REMHU, Rev. Interdiscip. Mobil. Hum. vol.28 no.60 Brasília set./dez. 2020  Epub 09-Dez-2020

https://doi.org/10.1590/1980-85852503880006014 

Artigos

Migrar en familia. Reflexiones en torno a la migración peruana a Córdoba

Migrate as a family. Reflections on the Peruvian migration to Córdoba

*Centro de Investigación y Transferencia de Rafaela (CONICET y UNRaf), Universidad Nacional de Entre Ríos, Universidad Nacional de Rafaela. Rafaela, Argentina. Correo: denisezenklusen@gmail.com.


Resumen

Este artículo se propone indagar en la articulación entre las trayectorias migratorias de los hijos y las hijas y las formas de migrar de las familias peruanas a la ciudad de Córdoba (Argentina). A partir de los aportes de la perspectiva interseccional y de un trabajo de campo etnográfico, basado en entrevistas en profundidad y observación participante, con familias peruanas que residen en dos barrios ubicados en la periferia de esa ciudad, esta investigación muestra el modo en que las formas en que se consolida la migración familiar están en estrecha articulación con las trayectorias, las edades y los momentos de vida de los hijos y las hijas. Los resultados reflejan la centralidad que adquiere la familia y el lugar que ocupan los y las jóvenes en el proyecto familiar migratorio.

Palabras clave Migración peruana; Interseccionalidad; Trayectorias familiares; Jóvenes

Abstract

This article proposes to investigate the articulation between the migratory trays of children and children and the ways of migrating of Peruvian families to the city of Córdoba (Argentina). Based on contributions from an intersectional perspective and ethnographic fieldwork, based on in-depth interviews and participatory observation, with Peruvian families residing in two neighborhoods located on the outskirts of that city, this research shows how the ways in which family migration is consolidated it is in close articulation with the trajectories, ages and moments of life of sons and daughters. The results reflect the centrality that the family acquires and the place that young people occupy in the migratory family project.

Keywords Peruvian migration; Intersectionality; Family trajectories; Young

Introducción

En la historia de la migración peruana a la Argentina y, particularmente, a Córdoba es posible identificar diferentes momentos1. Puntualmente, en la década del noventa del siglo pasado, este flujo migratorio estuvo asociado a un contexto de crisis económica y de violencia política del Perú (Cerrutti, 2006; Falcón, Bologna, 2013; Rosas, 2010a) que se articulaba con las motivaciones laborales (Falcón, Bologna, 2013; Rosas, Gil Araujo, 2019). Por ese entonces en Argentina, en el marco de una demanda de mujeres para trabajar en el sector de los cuidados, la migración peruana se reconfiguró y comenzó a ser un flujo migratorio mayoritariamente de mujeres. A comienzos del siglo XXI, las redes migratorias que establecieron estas mujeres comenzaron a transformar las características de este flujo. En los últimos 15 años, y específicamente como se puede observar en la ciudad de Córdoba, la migración peruana se consolidó como una migración de tipo familiar en donde los hijos y las hijas comenzaron a ocupar un lugar central en los proyectos migratorios. La migración ya no solo estaba motivada por la búsqueda de oportunidades laborales, especialmente para las mujeres, sino que además se sumaban los hijos y las hijas como parte de un proyecto migratorio familiar más amplio. A los factores estructurales que se identifican con las diferencias de salario, las posibilidades de empleo, de acceso a educación y salud (Bologna, Falcón Aybar, 2016), y las políticas migratorias, se agregan otros elementos del orden social que permiten comprender la continuidad de la migración peruana a la ciudad de Córdoba. Estos elementos son los lazos que unen y conectan a los y las migrantes con sus comunidades de origen y de destino. Es decir, pensar en una red migratoria es válido para las migraciones internacionales en general y así lo muestran una serie de trabajos (Pedone, 2003; Herrera, 2004). Sin embargo, la importancia de los factores relacionales es mayor cuando analizamos las migraciones Sur-Sur dado que las diferencias regionales son menos acentuadas. Al mismo tiempo, la posibilidad de acceso a la vivienda a partir de la autoconstrucción del espacio urbano es un fenómeno que se da en América Latina y que contribuye a comprender también esta migración (Gallinati, 2014; Perissinotti, 2019).

La distancia y el menor costo que implica una migración de Perú a la Argentina llevan a que se incorporen grupos sociales menos favorecidos una vez consolidadas las redes migratorias entre origen y destino. Así, esta incorporación depende, en mayor medida, de las ayudas que puedan recibir de otros migrantes que facilitan la inserción en la ciudad de destino. Esto se debe a que conocen la ciudad de Córdoba y poseen información valiosa sobre el mercado laboral, las opciones de viviendas, la educación, los sistemas de salud, entre otros. De tal manera que la información que circula a través de estas redes genera ciertos incentivos para la migración.

En este contexto propongo, a partir de reconstruir las trayectorias migratorias de los y las jóvenes peruanos/as, indagar en las diferentes formas en que se consolida la migración de las familias peruanas a la ciudad de Córdoba. Para ello, analizo el lugar particular que ocupan los y las jóvenes peruanos/as en los proyectos migratorios familiares y la manera en que se incorporan a la “dinámica intrafamiliar” (Ariza, Oliveira, 2000). Me interesa identificar las estrategias familiares y personales que despliegan en pos de sostener el proyecto migratorio. Como veremos más adelante, la decisión de migrar es resultado de las condiciones familiares. Es en el seno de la familia en donde aparece una escala de determinantes y un horizonte de posibilidades que definen el proyecto migratorio. Y esto porque, como señala Izquierdo (2000), el concepto de proyecto migratorio nos permite articular los elementos “objetivos” y las representaciones de la migración como fenómeno social. La idea de proyecto constituye la expresión más completa del proceso migratorio ya que “vincula origen, trayecto y destino y engloba experiencias y vivencias, informaciones y subjetividad” (Izquierdo, 2000, p. 44).

En términos teóricos este trabajo recupera la perspectiva interseccional para analizar las diferentes formas que adquiere la migración peruana. Esta perspectiva, que surge en las décadas del sesenta y setenta junto con las luchas de los feminismos negros en los Estados Unidos, brinda herramientas para reflexionar y poder dar algunas respuestas a las diferentes posiciones desiguales que las personas ocupan en los diferentes espacios sociales. Si bien algunas investigaciones (Yuval-Davis, 1997; Pessar, Mahler, 2003; Anthias, 2008) señalan al género como la principal dimensión estructurante de la organización social de la vida, no puede ser tomada de manera aislada. Independientemente de sus propios esfuerzos, las personas están posicionadas en jerarquías de poder que no han construido: jerarquías de género, pero también de posición de clase, de edad, de origen nacional, de raza, de religión, entre otras que operan de diversas maneras y en múltiples niveles (Pessar, Mahler, 2003; Nash, 2008). Esta perspectiva permite comprender la diversidad de trayectorias y experiencias de los sujetos a la luz de las estructuras y lógicas de organización social (Magliano, 2015). Aunque desde una perspectiva analítica estas categorías de clasificación social pueden pensarse por separados en los hechos se encuentran “enmarañadas” (Platero, 2013) y es desde ese lugar, desde donde busco analizar estas trayectorias.

En este sentido, y tal como señala Magliano (2015), una de las dificultades de esta perspectiva emerge cuando se busca analizar empíricamente las maneras en que opera la simultaneidad de las diferentes clasificaciones sociales en determinados grupos sociales. Por ello, una de las críticas a la interseccionalidad se “asienta en la distancia entre las estrategias metodológicas para problematizar la interseccionalidad y las prácticas de investigación sustentadas en esta perspectiva” (Magliano, 2015, p. 697). Autoras como Nash (2008) y McCall (2005) señalan la urgencia de evitar un modelo aditivo -de las diferentes categorías- a la hora de poner en juego los elementos teóricos de la interseccionalidad, reconociendo que el género, la etnicidad, la raza, la clase, la edad, entre otras, son clasificaciones sociales producidas interseccionalmente: “enmarañadas”. Por ello se sugiere pensar al género siempre etnizado, siempre racializado, siempre influido por la clase y así sucesivamente (Magliano, 2015).

En este sentido, la interseccionalidad abona las reflexiones en torno a las diferentes estrategias que las familias provenientes de Perú despliegan en pos de concretar el proyecto migratorio familiar. En diálogo con esta perspectiva recupero un concepto de estrategia que permita estudiar el ámbito de mediación entre el contexto macrosocial (condiciones socioeconómicas en la sociedad de origen y de destino) y el comportamiento individual y familiar (que explica los elementos simbólicos que subyacen en las decisiones tomadas) y los vínculos entre éstos y las redes formales e informales de relación (Pedone, 2004).

A su vez, este trabajo se enmarca dentro de las investigaciones que proponen recuperar las dinámicas familiares como terrenos de investigación y producción de conocimiento sobre los procesos migratorios (Pedone, 2004; Herrera, 2004; Pessar, Mahler, 2006, Gaitán, 2008; Pávez Soto, 2011). Las formas y modalidades de la migración de los y las jóvenes peruanas trasciende la elección individual para enmarcarse en un proyecto familiar. De ahí la relevancia de pensar críticamente a esta institución como parte central de los procesos migratorios. La familia se convierte en uno de los tantos espacios en donde se desarrollan prácticas de socialización, de reproducción y de convivencia de géneros y generaciones y como señala Jelin (1998), se trata de una organización social con una “estructura de poder y con fuertes componentes ideológicos y afectivos que cementan esa organización y ayudan a su persistencia y reproducción” (Jelin, 1998, p. 36). Por tanto, al interior de la organización familiar se dan tensiones y conflictos, resultado de la coexistencia en un mismo espacio de intereses colectivos y deseos personales. La familia es un pilar de organización social clave en la vida de los y las migrantes, cuya importancia se incrementa en un contexto migratorio pues esta institución debe interpretarse dentro de esta nueva realidad en la que los/as integrantes actúan dentro de espacios diferenciados, pero mutuamente relacionados: la sociedad de origen y la sociedad de destino (Ariza, 2002).

En pos de analizar las migraciones peruanas desde una perspectiva interseccional que recupere a la familia como dimensión central, en términos metodológicos, el foco puesto en las trayectorias permite mostrar una estructura social más amplia y un mapa de relaciones sociales, políticas, económicas, culturales, a partir de las cuales esas vidas pueden ser comprendidas e interpretadas. Según Valentine Hélardot, todo trayecto de vida puede ser considerado como un entrecruzamiento de múltiples líneas biográficas más o menos autónomas y dependientes las unas de las otras (Hélardot, 2006 en Muñiz Terra, 2012). Cada una de ellas puede ser pensada como una articulación de elementos, subjetivos y objetivos, que tienen diferente importancia según el ciclo vital que atraviese la persona (Muñiz Terra, 2012). Las trayectorias pueden y deben ser estudiadas a partir de reconstruir la articulación y tensión entre las múltiples dimensiones que las componen a lo largo del tiempo.

Puntualmente en el campo de los estudios migratorios, Rivera Sánchez (2012) concibe a la trayectoria como una categoría teórica y metodológica que sirve para comprender “la experiencia migratoria en un intervalo de tiempo" (Rivera Sanchez, 2012, p. 456), en tanto hace posible realizar un recorte de la biografía de las personas. La reconstrucción analítica de los momentos biográficos de la experiencia migratoria contribuye a analizar las movilidades y a identificar los efectos en la vida de quienes migran, pero también de los familiares que permanecen en origen y cuyas vidas continúan ligadas con esa experiencia (Rivera Sánchez, 2012). Trabajar a partir de trayectorias consiste en realizar un recorte analítico de la biografía, ordenar, sistematizar e interpretar la experiencia vital en un período, condensando las imbricaciones entre las condiciones históricas de un sujeto migrante y la experiencia migratoria de la persona (Rivera Sánchez, 2012).

Para poder reconstruir estas trayectorias, esta investigación se sustenta en un trabajo de campo etnográfico sostenido en el tiempo con familias provenientes de Perú, de ciudades como Lima y Trujillo, que arribaron a la ciudad de Córdoba entre 2007 y 2016. Puntualmente, trabajé con familias que residían en dos barrios ubicados en la periferia de la ciudad -Sabattini y Los Pinos- y caracterizados, no solo por la presencia de familia migrantes -de Bolivia, Paraguay y principalmente de Perú- sino por las condiciones de informalidad en las cuales se construyeron esos espacios2. Como resultado de lo allí realizado, obtuve 22 entrevistas en profundidad con jóvenes3 varones (10) y mujeres (12) pertenecientes a 12 familias. Además, construí un total de 100 registros de campo basados, fundamentalmente, en la observación participante y en la reconstrucción de diálogos con los diferentes miembros de las familias.

Finalmente, y en pos del objetivo de analizar las trayectorias migratorias y las formas de migrar de las familias peruanas a Córdoba este trabajo se articula en cuatro apartados analíticos. En el primero de ellos, se describen las características de la migración peruana a la ciudad de Córdoba para dar lugar a un segundo apartado donde se analiza la migración de la familia o la estrategia de migrar “todos juntos”; en el tercero, se propone reconstruir la migración de jóvenes enmarcados en un proyecto familiar; y en el cuarto apartado, se recupera la reagrupación de los/as hijos/as como una estrategia familiar para consolidar el proyecto migratorio. Estas tres dimensiones, a la cuales decido llamar: “formas de migrar” responden a diferentes estrategias de las familias peruanas en pos de consolidar su migración a Córdoba. Por último, reflexiono sobre las nuevas dinámicas que adquiere la migración peruana a la Argentina, la centralidad de los/as jóvenes en estas migraciones y la importancia de abordar los procesos migratorios desde una mirada que ponga en tensión el adultocentrismo en los estudios migratorios.

Las familias peruanas a Córdoba

La migración pone en tensión los diferentes roles que ocupa cada miembro al interior de las familias. Sin embargo, solo es posible comprenderlos si la entendemos como esa institución caracterizada por las negociaciones y disputas donde los roles y las decisiones se toman a partir de jerarquías, en este caso de género y generacionales.

En el transcurso del trabajo de campo, la categoría familia se me impuso etnográficamente. En consecuencia, no podía comprender la migración peruana a Córdoba sin atender a la dimensión familiar y, específicamente, a las trayectorias de los y las jóvenes y el lugar que ocupaban en ese proyecto migratorio familiar. Al empezar a reconstruir las historias familiares de la migración peruana comencé a dilucidar el lugar central que ocupaban los hijos y las hijas en esta migración. De esta manera, las motivaciones que conducen a la migración no son unívocas sino múltiples y complejas, como señalé y a diferencia del contexto de la década del 90, la migración proveniente de Perú de los últimos 15 años se caracteriza ya no por la búsqueda de la posibilidad de mejoras económicas a partir de un cambio que favorecía el envío de remesas, sino por otras motivaciones que también están vinculadas a la búsqueda de mejores oportunidades socio-económicas. Así, la inserción educativa para los y las hijos/as y el posible ingreso a la universidad para los/as jóvenes (Zenklusen, 2020) o la obtención de una vivienda que garantice el proyecto migratorio (Perissinotti, Zenklusen, 2014; Magliano, 2017; Perissinotti, 2019) son aspectos centrales para comprender la migración peruana que arriba a la ciudad. A partir de los lazos que establecen las familias, se produce una transformación de aquellas visiones sobre la sociedad argentina que hacen posible incorporar otras estrategias en los proyectos migratorios. Estrategias que contemplan a la familia en su totalidad, pero que, principalmente, están destinadas, desde la mirada de los/as adultos/as, a sus hijos/as.

La existencia de redes sociales entre algunas ciudades de Perú (como Lima y Trujillo, procedencias de mis informantes) y la ciudad de Córdoba que se construyeron con el tiempo, generó el marco para el tránsito y circulación de ideas, experiencias y opiniones sobre el lugar de destino. Las familias que aparecen en esta investigación llegaron directamente a Córdoba. Si bien los ingresos y los viajes fueron diferentes -algunas ingresaron por Chile, otras por Bolivia, incluso una familia vino por Brasil- el destino siempre fue la ciudad de Córdoba. Las redes sociales jugaron un papel central, en tanto las familias contaban con alguien en la ciudad: familiar, amigo/a o persona conocida.

Durante la investigación, identifiqué diferentes maneras de vivir la migración por parte de los y las jóvenes. Sin embargo, y al igual que señalan algunas autoras (Pedone, 2004; Gaitán, 2008; Pávez Soto, 2011), en algo todas coinciden: la decisión de migrar fue tomada por las madres y los padres4 y en el caso de aquellos/as que migraron solos/as la decisión fue puesta en duda por los/as adultos/as. La migración peruana está fuertemente atravesada por una posición adultocéntrica, en la que ciertas generaciones -hijos/as (jóvenes o niños/as)- no participan de la discusión y esto repercute, como veremos, en las modalidades de reagrupación familiar, en el reconocimiento de autoridades y, específicamente, en las negociaciones y estrategias que llevan a cabo los/as involucrados/as en destino en pos de concretar ese proyecto migratorio. Las hijas e hijos, en tanto, se encuentran en una posición generacional desigual frente a sus madres y padres, son tratados como un objeto pasivo y receptor de las decisiones adultas, en especial cuando se trata de un contexto migratorio. A su vez, son ellos/as quienes cumplen un papel de relevancia ya que -como veremos en los siguientes aparatados- sus edades establecen los tiempos de la migración. Durante las entrevistas, los y las jóvenes identificaron diferentes momentos críticos asociados a su partida, al viaje y a su llegada. Asimismo, reconstruirlos les permitía ordenar sus experiencias migratorias. Poner el foco en los y las jóvenes y, especialmente, en la reconstrucción de sus trayectorias migratoria me permitió descubrir otra dimensión de los procesos migratorios: las dinámicas o, aquello que propongo llamar, las formas de migrar.

La estrategia de migrar todos juntos

De las familias con las que trabajé, algunas de ellas habían tomado la decisión de migrar todos juntos. Esta categoría, que surge a la luz del trabajo de campo, enmarcaba un proyecto que incluía tanto a los/as hijos/as más pequeños/as como a los más grandes. Sin embargo, y como señalé anteriormente, la decisión fue tomada por los/as adultos/as y, como veremos, los/as hijos/as tienen poca intervención sobre sus propias movilidades.

En el momento en que se decide la migración familiar se reflejan una serie de prácticas respecto al ejercicio del poder en las relaciones filiales. De los y las jóvenes con quienes trabajé, algunos migraron bajo esta modalidad. En las entrevistas llevadas a cabo aparecen diversas experiencias: en algunos casos no fueron consultados/as y en otros solo fueron considerados. De los relatos, emergen diferentes formas de emprender esta migración y se vinculan con la composición familiar, el rol de las madres y los padres y el involucramiento de los hijos e hijas.

De los/as jóvenes que migraron con su familia, algunos de ellos y ellas lo hicieron en el marco de nuevas relaciones de pareja de su madre. Esto es clave en tanto hay una tendencia que, frente a nuevos vínculos de los/as adultos/as, los hijos e hijas -al igual que señalan algunas investigaciones- quedan al cuidado de mujeres. Al preguntar por el momento de la migración me comentaban:

Mis papás están separados. En Perú me turnaba porque a veces me iba a la casa de mi papá a veces a la casa de mi mamá. Yo me vine con mi mamá, Luis [su pareja] y mis hermanitos todos juntos. Menos mi hermano que tiene 14 años con él no vinimos, él se quiso quedar con mi papá, llegó recién este año. (Doris, 16 años, Registro de campo, enero del 2017)

Me quedé con mi papá. Mi mamá se fue con mis hermanos. A mi papá le había pegado la separación y estaba triste así que me quedé con él. Después medio que me arrepentí, me quería ir con mi mamá. Pero era tarde para hacer el permiso. Así que, me quedé allá [Perú] y vine después de un tiempo. (Anton, 14 años, diciembre de 2017)

Estos relatos, se replican en las historias de otros/as jóvenes. En estas familias donde las parejas ya se encuentran separadas antes de la migración, quienes se quedan juegan un rol decisivo. Los/as hijos/as señalaron que, frente a la separación de sus padres y posterior migración de su madre, pudieron elegir o al menos expresar su deseo de con quién querían permanecer. Y, frente a la pregunta sobre cómo les anunciaron el viaje, los y las jóvenes señalaron que aun siendo “chicos/as” sostuvieron prolongadas charlas en las que sus madres apelaban a los beneficios de los lugares de destino o sus padres mencionaban las dificultades que tendrían en el caso de que se queden con ellos. En algunas situaciones, quienes querían permanecer en Perú se encontraron con padres que no necesariamente podían o deseaban asumir su cuidado, ya sea porque formaron nuevas parejas, o porque consideraban que sus hijos/as deben estar al cuidado de sus madres.

Estas diferentes experiencias indican que, previo al movimiento migratorio, la familia debe definir qué hacer con los/as hijos/as más grandes, especialmente, quienes se encuentran en edad escolar5. Ante esta situación encuentro respuestas heterogéneas. Frente a la historia de Doris, quien siempre quiso acompañar a su mamá; su hermano Anton opta por quedarse al cuidado de su papá en Lima. El caso de Anton expresa que, en ocasiones, los/as hijos/as sienten culpa de dejar a su padre solo y, en parte, asumen la responsabilidad de cuidarlos o el deber de quedarse con ellos. En esta situación puntual se construye un proceso de culpabilización por parte del padre a raíz de la migración de la madre, que repercute en sus experiencias subjetivas. Como sostiene Pedone (2008), el énfasis está puesto en la responsabilidad exclusiva de las mujeres en los procesos de desunión familiar.

A su vez, la historia de Carmen nos muestra que, frente a paternidades ausentes, la opción de migrar con la madre no se discute. A la distancia, los/as jóvenes que migraron con sus madres reconocen que sostienen vínculos difíciles con sus padres y reclaman su presencia por medio de llamadas por teléfono, asistencia a los cumpleaños o a las fiestas de 15 años para el caso de las mujeres y, en ocasiones, los permisos para salir del país. En estos casos, la migración acentúa la responsabilidad de las madres en destino y profundiza la disputa de roles con los padres quienes, a pesar de su falta de responsabilidad afectiva -y en ocasiones económicas- siguen ejerciendo mecanismos de control.

Los relatos de Doris, Anton y Carmen, por recuperar algunos, reflejan la disyuntiva del viaje (Suárez-Orozco, Suárez-Orozco, 2003), es decir los dilemas que deben enfrentar hijas e hijos cuando tienen la posibilidad de expresar su opinión sobre su propia migración. Disyuntiva entre las oportunidades que ofrecería el lugar de destino -como me dijo Carmen: “me había dicho una tía que estaba bueno”- y la pérdida de los referentes afectivos en origen- según el relato de Anton: “estaba triste así que me quedé con él. Después medio que me arrepentí”; o como señala Joselin: “desde que me fui casi que no volví a hablar con mi papá”. Esta disyuntiva se acentúa cuando los adultos están separados.

Diferente es el relato de quienes migraron junto con su mamá y su papá, donde los/as jóvenes señalan que sus deseos y opinión no fueron atendidos.

Nos dijeron que nos íbamos a ir a donde estaban mis tíos porque podían trabajar y, bueno, también nosotros íbamos a ir a una escuela. Me dijeron a mí porque mi hermano era más chico, 8 habrá tenido. Nos dijeron no más. (Patrick, 17 años, octubre de 2016)

Sí, somos seis [hermanos]. Vinimos con mi mamá y mi papá. Mi hermana estaba viviendo en Córdoba porque había venido a estudiar medicina, se vino a vivir a lo de mi tía. Gretel se enfermó y, bueno, mi mamá quiso venir rápido. Así que nos vinimos todos. Solo nosotros porque mis hermanos ya eran más grandes, tenían sus cosas y quisieron quedarse. (Dana, 14 años, agosto de 2016)

Dana y Patrick viajaron con su mamá, su papá y sus hermanos y, como muestran los relatos, la decisión de migrar fue anunciada. Si bien la edad puede ser un factor que explica que sean las personas adultas quienes toman las decisiones, esto no quiere decir que los/as hijos/as no expresen opiniones y deseos en torno a su propia movilidad.

El migrar todos juntos supone una apuesta mayor en términos económicos, ya que se deben garantizar los pasajes de toda la familia. En diferentes registros, los/as adultos me contaron lo que implicó afrontar económicamente el viaje familiar. Algunas familias debieron pedir dinero prestado y otras ahorrar durante varios meses. Un ejemplo de ello es la historia de la familia de Nancy -quien migró en 2007 con 11 años. Su mamá en principio iba a viajar a Italia a trabajar ya que sus hermanas estaban allí. Sin embargo, frente a la noticia de su embarazo y con el dinero ahorrado para Italia, deciden emprender una migración todos juntos a Córdoba.

En ocasiones, la migración de la familia en su conjunto generó incertidumbre en los/as adultos/as, en especial al momento del arribo. El desconocimiento del lugar de destino, la falta de precisión respecto al trabajo y a la vivienda alentaba esa incertidumbre. El viajar todos juntos supuso para las familias peruanas un plus en cuanto a los miedos y dudas en relación con la migración. Si bien un amplio conjunto de los adultos, tanto varones como mujeres, contaban con un trabajo o con un contacto seguro al momento de la llegada, la incertidumbre respecto a las condiciones laborales y los costos de la vida en Córdoba atravesó las experiencias migratorias de estas familias.

Los vínculos familiares como estrategia para migrar solos/as

Mientras realizaba trabajo de campo conocí jóvenes que recién llegaban a lo de un tío/a o lo de un/a hermano/a, es decir migraron solos/as a lo de un familiar. En consonancia con el planteo de Rosas (2014), todos/as estos/as jóvenes migraron para poder “seguir siendo jóvenes”. Es decir, la migración no implicaba para mis interlocutores, tal como sostiene la autora, una transición hacia la vida adulta. A diferencia de las motivaciones migratorias de la familia en su conjunto, y especialmente de los/as adultos/as que suelen concentrarse alrededor de lo económico-familiar; entre estos/as jóvenes se plantean distintas razones para migrar que “pueden convivir en niveles de importancia relativamente similares” (Rosas, 2014, p. 4). Entre las motivaciones se destacan: realizar una carrera profesional; trabajar y estudiar; ser independientes en términos económicos; alejarse de los mandatos de los/as adultos/as; reunirse con familiares que estaban en Argentina. Sin embargo, la mayoría se vio rápidamente condicionado/a por las dificultades que enfrentan las poblaciones migrantes que forman parte de los sectores populares en Argentina. De sus relatos se desprende cierto desencanto en torno a ese proyecto inicial que podría considerarse como un punto de inflexión que los/as aproximó a la vida adulta.

En ese proyecto inicial, Córdoba se presentaba como una ciudad que cumple con aquellas expectativas que explican su migración: “Acá se puede estudiar y también trabajar. Yo vine a lo de mi hermano”, me mencionaba Geraldine; “Mi hermano ya estaba acá. Y me vine con mi otro hermano, el Wilmer que lo conoces. Quisimos venir a probar, ver si podíamos trabajar”, me contaba Robin. La migración de Micaela representa la búsqueda de nuevas oportunidades en un contexto que concebía a priori como más abierto: “Mi prima más que yo, vive con su novio en lo de mi tía. A mis abuelos eso no le gusta, no está bien visto. Yo quería venirme con mi novio acá [Córdoba] a estudiar y trabajar, le pregunté a mi tía si me alojaba”. Su decisión de migrar no solo tenía que ver con la posibilidad de ingresar a la universidad, sino que en su proyecto aparece la figura del novio. En Lima sus abuelos se habían enterado de que estaba de novia e inmediatamente le dejaron de pasar dinero. Situación que derivó en que deba abandonar sus estudios. Algunos trabajos (Quispe Bobadilla, 2013; Frank Roy, 2020), señalan la distinción entre enamoramiento y noviazgo en pueblos de procedencia andina como Perú. Estos procesos están determinados por rituales que en la actualidad son resignificados pero continúan manteniendo cierta esencia entre las diferentes etapas (enamoramiento, noviazgo, concubinato y matrimonio). En este sentido, un noviazgo supone un compromiso mayor y es allí donde se encuentra sentido al enojo de los abuelos de Micaela. Tras diferentes llamadas por teléfono con su prima y la contención de su tía a la distancia, la joven decide viajar a Córdoba. La frase más abierto de Micaela refiere a dos dimensiones. Por un lado, a una ruptura generacional con sus abuelos/as y las concepciones en torno al noviazgo. Por el otro, a una ruptura con cierta concepción de lo que se espera para una mujer en Perú. Micaela encuentra en Córdoba, por medio de su tía y a través de la trayectoria de su prima, una salida y redefinición de estas concepciones.

Sin embargo, estos/as jóvenes que migran solos/as se topan en destino con múltiples situaciones y las sortean de múltiples maneras: como generar cierto ingreso económico para sostenerse y con ello la búsqueda de un trabajo en un mercado laboral generizado, segmentado por origen nacional y precarizado para los y las jóvenes migrantes en donde se incorporan a oficios como la construcción o las tareas de cuidado que de alguna manera justifican su presencia (Zenklusen, 2019); moverse y trasladarse por una ciudad que desconocen; vivir y compartir espacios con primos/as más chicos/as que ellos/as, relacionarse con pares que no conocen. Las restricciones asociadas con procesos económicos, políticos y administrativos de los lugares de origen, tránsito y destino operan en las experiencias migratorias de los y las jóvenes como obstáculos para el ejercicio de derechos.

Si bien en mi investigación abordé diversas trayectorias migratorias bajo esta modalidad y cada una expresaba experiencias diversas, todas tienen un aspecto en común: la importancia de la familia como la red de contención en destino y como aquella que construye y refuerza ciertas representaciones en torno a la migración y las posibilidades en el lugar de llegada. En la misma línea que propone Rosas (2014), algunas de estas trayectorias se condicen con las expectativas previas, mientras que otras trayectorias -quizás la mayoría de ellas- son configuradas por dificultades de distinta índole y distan de ser las esperadas.

Aun cuando los/as adultos/as resultan actores claves en los procesos migratorios de los/as jóvenes, esta modalidad pareciera ofrecerles un mayor margen de decisión. Esto en parte se sostiene en la edad de estos/as jóvenes, ya que muchos/as de ellos/as finalizaron la escuela e incluso han tenido experiencias laborales previas a la migración; por tanto, poseen mayores herramientas, objetivas y subjetivas, para decidir sobre su futuro. Aunque en estas trayectorias que comprenden tanto a mujeres como a varones migrando solos/as, es a ellas a quienes más se les discute esta decisión. Se espera que permanezcan en Perú y que comiencen a transitar una vida adulta en familia allí. Además, los temores sobre las movilidades de las mujeres son mayores que aquellas de los varones, en especial cuando los viajes implican varios días, en colectivo, cruzando distintos países.

El viaje de las jóvenes no suele ser bien visto por los/as adultos/as que quedaron en origen, en tanto no es lo esperado -que una mujer viaje sola-, hay mayores riesgos, aun cuando muchas de las mujeres de la familia hayan migrado antes. De allí que haya menos apoyo a estas decisiones. Por su parte, los varones lo afrontan con menos tensiones e incluso, en ocasiones, es parte de una decisión conjunta, como muestra el caso de Robin, quien viaja con otro de sus hermanos. Para estos/as jóvenes migrar implica comenzar una nueva etapa en un lugar diferente, con todas las expectativas que en ello depositan. Muchas veces esas expectativas se ven truncadas, debido a las propias restricciones que enfrentan los sectores populares en Argentina. Esas restricciones, que se expresan desde los lugares donde viven las familias a las que llegan, que son también sus familias hasta las dificultades diarias de subsistencia, van redefiniendo los proyectos migratorios originarios de estos/as jóvenes peruanos/as.

La reagrupación como una estrategia familiar

Diversas investigadoras (Gaitán, 2008; Pedone, Agrela, Gil Araujo, 2012; Pávez Soto, 2017) señalan que el concepto de reagrupación familiar conlleva un sesgo etnocéntrico, ya que implica enfocar la mirada desde la sociedad de destino principalmente, suponiendo que será allí donde la familia se reunirá nuevamente en virtud de una visión lineal del proceso migratorio, olvidando las experiencias previas vividas por los sujetos en sus territorios de origen y cómo inciden e incluso determinan el propio proceso migratorio.

Por otro lado, este concepto se utiliza para analizar la trayectoria desde la perspectiva de la persona adulta pionera en la migración que, como sucede con los flujos de las migraciones peruanas a Córdoba, pueden ser las mujeres o la pareja. Por lo tanto, también es un concepto que conlleva un sesgo adultocéntrico del proceso migratorio (Pávez Soto, 2017). Sin embargo, si ponemos la atención en las experiencias de los hijos y las hijas nos acercamos a la reagrupación desde otro lugar, entendiendo a la migración como un proceso global que no solo involucra a la sociedad de destino ni a las personas adultas. De las trayectorias que reconstruí, si bien los/as jóvenes no me hablaban en términos de reagrupación si proponían que habían llegado después de su familia o los habían traído después. A diferencia de la migración todos juntos o de la migración solos/as aparecen otras dimensiones y estrategias que involucran a diferentes integrantes de la familia.

Con relación a esto Gian me mencionaba: “y antes en Lima, vivía con mi mamá. Bah, con mi mamá no, porque ella se vino para acá. Y nos quedamos un año allá, casi un año, un año. Era la hermana de mi mamá”; en un diálogo similar Nancy me señaló: “me quedé un año allá con mi abuela y una tía. Mis papás viajaron con mi hermano bebé. Hasta que mi mamá llamó y me dijo que una vecina iba para allá, que me iba a volver con ella”, y agregó: “ellos tenían trabajo y mi mamá ya me había anotado en una escuela”.

Al igual que indican distintos estudios (Pedone, 2004; Pávez Soto, 2011; Rosas, 2014), las mujeres son generalmente las que asumen el cuidado de quienes quedan en origen. Ese tiempo es recordado por los/as jóvenes de una manera particular, dado que la figura de la autoridad de la madre o el padre se desdibuja para ser ocupada por otra persona de la familia: las abuelas y las tías. La elección de quién cuidará a los/as hijos/as que se quedan suele recaer en miembros de la parentela con quienes los/as migrantes ya antes de viajar tenían una relación afectiva y un fuerte sentido de compromiso recíproco. Estos arreglos familiares, como afirma Pedone (2008), suponen negociaciones entre las partes, pero muchas veces representan una sobrecarga de tareas y responsabilidades para los miembros de la parentela que se hacen cargo de las tareas relativas a la reproducción social.

Una de las dimensiones que emerge en los relatos, pero fundamentalmente del análisis de la organización familiar, es la incidencia de la migración en la división del trabajo productivo y reproductivo; esa división cambia a lo largo del tiempo del mismo modo que cambia el proyecto migratorio. Y aquí quiero insistir en la importancia de incluir la dimensión temporal en los análisis de la reagrupación de los/as hijos/as. En tal sentido, el tiempo de separación de los/as hijos/as de las madres y los padres es clave. No es lo mismo estar separados/as un año, como la mayoría de los/as jóvenes con quienes trabajé, que extensos períodos de tiempo. La forma en que se vivió el periodo de vinculación marca las expectativas y los sentimientos frente al reencuentro ( Soto, 2011). El hecho de compartir la vida en origen con otras figuras adultas, como la abuela, la tía o la hermana, supone un gran desafío luego al volver a negociar la legitimidad de los progenitores ausentes.

Cuando los hijos y las hijas se reencuentran con sus madres y padres tienen emociones ambiguas: por un lado, manifiestan alegría por el encuentro, pero también sienten la tristeza de haber “perdido” a sus familiares queridos que los cuidaban en origen. En este sentido, es importante atender el rol que ocupan las personas que quedan en origen, especialmente, las abuelas y las tías. Ese rol en ocasiones dificulta las negociaciones y reagrupaciones, en tanto ejercen presión para ralentizar la partida de los/as nietos/as o sobrinos/as como una forma de evitar que emigren, fundamentalmente porque no quieren quedarse solas. Estas situaciones son percibidas o mencionadas por los/as adultos/as quienes nuevamente se ubican en el centro de las migraciones de los/as más jóvenes. Los/as relatos de la mayoría de los/as jóvenes reflejan la resistencia de la abuela frente a la reagrupación de los/as nietos/as. Sin duda, es un momento de tensión generacional al interior de algunas de las familias peruanas entrevistadas, porque las abuelas o tías cuidadoras desconocen el lugar de destino y atosigan a las personas adultas en destino con preguntas sobre la niñez, los colegios, las familias y los valores en la nueva sociedad, alertando de las ventajas y desventajas que significa la migración. Incluso, una vez reagrupados/as, por medio de llamadas por teléfono, abuelas y tías intentan tomar decisiones sobre sus nietos/as y sobrinos/as a distancia.

A diferencia de la migración solos/as, en las trayectorias trabajadas, el ser varón o mujer no incidió directamente en los procesos de reagrupación familiar ni en el tiempo de separación entre adultos/as e hijos/as. Según lo que pude reconstruir en mi investigación, las familias peruanas en Córdoba buscan reagrupar cuanto antes. En cambio, la dimensión generacional juega un papel central, en tanto los/as hijos/as más pequeños/as son quienes viajan con los/as adultos/as y los/as más grandes son los/as que permanecen en origen. Es decir, persiste el imaginario que los/as niños/as deben estar al cuidado de las madres, mientras que los/las más grandes pueden ser cuidados por otros familiares. A su vez, si son varios los/as hijos/as que deben ser reagrupados, es la madre quien viaja para hacer efectiva su migración; mientras que si es sólo uno/a puede ser una vecina o un conocido quien en un viaje a Perú lo/a traiga. La concreción de la reagrupación se haya sujeta al cumplimiento de ciertas condiciones que emergen como claves para las familias migrantes. En este marco, la obtención de una banca en la escuela, el acceso a una vivienda y una cierta estabilidad laboral de los/as adultos/as marcan el ritmo de la reagrupación. A su vez, y a diferencia del migrar todos juntos, la estrategia de la reagrupación atenúa la incertidumbre y las dudas que los/as adultos/as tienen al momento de la llegada.

Finalmente, la ubicación relativamente cercana entre Perú y Argentina combinada con la legislación vigente6 posibilita cierta flexibilidad en la planificación de la reagrupación familiar e incluso fomenta la reagrupación pero también los constantes viajes, las idas y venidas para las vacaciones o algunas fiestas.

Cuando la familia se reúne y sus integrantes comienzan a convivir aparecen nuevos desafíos en la vida cotidiana. Los diferentes miembros de la familia necesitan reconstruir el vínculo afectivo filial para enfrentar la complejidad del proceso de reagrupación. Dicha complejidad se manifiesta en las estrategias que los/as jóvenes despliegan para adaptarse a un nuevo entorno familiar, social y escolar, muchas veces adverso.

Todos juntos, Solos/as o reagrupados/as: la migración en familia

En este artículo busque mostrar la importancia del entramado social y de los vínculos y relaciones familiares en las migraciones peruanas a Córdoba. La reconstrucción de las trayectorias y de la experiencia de los y las jóvenes a partir de identificar diferentes momentos permitió visibilizar las estrategias que las familias migrantes provenientes de Perú despliegan en pos de concretar su proyecto migratorio.

Así, algunos/as de los/as jóvenes migraron todos juntos, en referencia a la migración junto con sus padres y/o madres; otros/as fueron reagrupados/as luego de que sus padres y madres garantizaran ciertas condiciones en destino; y, finalmente, otro grupo llegó a Córdoba para vivir en casa de un familiar -hermano/as, tío/as.

La migración todos juntos no necesariamente implica migrar con la madre y el padre en su conjunto. Como señalé, en muchos casos esta forma de migrar incluye a la nueva pareja de la madre. Esta situación habilita, además, mayores negociaciones al interior de las familias, pues los/as hijos/as suelen expresar sus opiniones y deseos en torno a su propia movilidad: con quién y cuándo viajar y con quién quedarse. Sin embargo, la última decisión es de los/as adultos/as. Por otro lado, cuando los padres y las madres migran con los/as hijos/as, son ellos/as quienes cuentan con menos margen de negociación en torno a la migración, más bien aparece como una decisión ya tomada por los/as adultos/as.

Un grupo importante de jóvenes peruanos/as migró a partir de la reagrupación familiar. Para analizar este proceso resultó central atender al momento generacional de los hijos e hijas y quién cuidó de ellos/as en origen. Además, hay una vinculación entre los tiempos de la reagrupación y tres momentos claves del proyecto migratorio familiar: una cierta estabilidad laboral, la obtención de un lugar donde vivir en Córdoba, y de una banca en una escuela cercana. Estos momentos, justamente, se constituyen en aspectos claves que aceleran -o retardan, en caso de no obtenerlos- los procesos de reagrupación. El rol de las mujeres es central en la planificación del proceso de reagrupación: son ellas (madres o vecinas) quienes viajan a buscar a los/as chicos/as a Perú. En cuanto a la dimensión generacional, los/as hijos/as más pequeños/as son quienes suelen viajar con los/as adultos/as, mientras que los/as más grandes quedan en origen al cuidado de una tía o abuela.

Finalmente, para aquellos/as jóvenes que migraron solos la presencia de vínculos familiares en Córdoba fue clave para su movilidad ya que resultó una garantía de permanencia una vez que llegaron. Quienes arribaron a Córdoba bajo esta modalidad tuvieron como principal motor la posibilidad de acceso a la universidad, a un trabajo o el estar en otro lugar diferente a Perú. Esta forma de migrar ya no se articula exclusivamente con decisiones de madres y padres; se trata de una búsqueda de mejoras socioeconómicas donde los/as hermanos/as y tíos/as son centrales en destino, pues, ya que son quienes los/as alojan.

Cuando analizamos el flujo migratorio peruano a la ciudad de Córdoba de los últimos 15 años, el papel de la familia no puede soslayarse. Dicha institución, en sus múltiples variantes, ocupa un lugar protagónico en las modalidades y temporalidades de las migraciones contemporáneas. Reconocer estas dinámicas fue posible a partir de poner el foco no solo en la familia sino también en otros actores del proceso migratorio como los son los/as jóvenes. Esto permite contribuir al campo de los estudios migratorios desde otro lugar, problematizando la presencia en las movilidades de otros sujetos.

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1 Rosas (2010) propone hablar de tres momentos de la migración peruana en Argentina. Un primer momento en 1950, con la migración de varones jóvenes pertenecientes a sectores medios y medios-altos, que tenían el objetivo de estudiar y desarrollarse profesionalmente. Un segundo momento, alrededor del año 1980 como producto de la inestabilidad económica y sociopolítica que tenía lugar en Perú. Un tercer momento en el año 1990, vinculado al aumento de la migración de mujeres peruanas que se incorporan al trabajo doméstico remunerado.

2Sabattini y Los Pinos son dos barrios que surgen a partir de la toma y ocupación de tierras alrededor el año 2010. Las familias que allí viven no cuentan con una documentación formal sobre la propiedad de los terrenos. La totalidad de las viviendas son autoconstruidas y, si bien cuentan con los servicios de luz y agua estos suelen ser inestables e insuficientes. Para profundizar en estos espacios ver: Perissinotti, Zenklusen, 2014; Perissnotti, 2019.

3Parto de pensar a jóvenes, como una categoría socialmente construida que se define no solo temporal, sino también espacial y contextualmente. Así, dirán Margulis y Uresti (1996), es necesario acompañar la referencia a la juventud con la multiplicidad de situaciones sociales que en esta etapa de la vida se desenvuelven, a la vez que presentar los marcos sociales históricamente desarrollados que condicionan las distintas maneras de ser joven. Si abordamos a los/as jóvenes como una construcción social, es indispensable atender a los contextos socio-históricos particulares, a los espacios y relaciones sociales que establecen y reproducen.

4Las decisiones de los adultos/as no están exentas de conflictos y según el proyecto migratorio, los recursos disponibles y la conformación familiar en origen, es si se toma en conjunto o si decide la mujer o el varón respecto a la migración.

5En todas las historias los hijos y las hijas más chicos/as siempre viajaron con la mamá.

6En el caso de Argentina, el ARTICULO 10 de la Ley 25.87, garantiza que: “El Estado garantizará el derecho de reunificación familiar de los inmigrantes con sus padres, cónyuges, hijos solteros menores o hijos mayores con capacidades diferentes”.

Recibido: 27 de Mayo de 2020; Aprobado: 04 de Noviembre de 2020

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