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Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro)

versão On-line ISSN 1984-6487

Sex., Salud Soc. (Rio J.)  no.9 Rio de Janeiro dez. 2011

https://doi.org/10.1590/S1984-64872011000400009 

RESENHAS

 

Ignacio Lozano Verduzco

Licenciado en Psicología - Doctorando en Psicología Social - Universidad Nacional Autónoma de México - UNAM > lvignacio@gmail.com

 

 

Gallego Montes, Gabriel. 2010. Demografía de lo otro: biografías sexuales y trayectorias de emparejamientos entre varones en la Ciudad de México. México: El Colegio de México

En años recientes, la Ciudad de México se ha visto envuelta en una serie de cambios sociales y jurídicos, que han contribuido a una mayor visibilidad de aquellas relaciones conocidas como homosexuales. Desde 2005, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) ha desarrollado una campaña nacional en contra de la homofobia. En 2007 se aprobó en la ciudad la Ley de Sociedades en Convivencia, impulsada por representantes legislativos abiertamente homosexuales. Se trata de una norma que reconoce uniones entre dos o más personas, con la intención de que puedan asegurar bienes y compartir patrimonio. Sin embargo, no reconoce plenamente la unión entre personas del mismo sexo. No fue sino a fines de 2009 que la Asamblea Legislativa de esa misma ciudad aprobó la popularmente llamada "ley del matrimonio gay". Esta ley, que entró en vigor a principios de 2010, reconoce la unión legal de dos personas del mismo sexo que deseen vincularse bajo la figura del matrimonio. Estos cambios han representado significativas mudanzas en relación a la aceptación del emparejamiento entre dos hombres o dos mujeres y, en tal sentido, han impactado en la forma en que hombres y mujeres se emparejan entre sí.

La aprobación de la "ley de matrimonio gay" tuvo además fuertes repercusiones, como las respuestas de grupos conservadores y de derecha, representantes de la Iglesia Católica, que solicitaron no sólo remover dicha normativa, sino enjuiciar al alcalde de la Ciudad de México. La cuestión ha llegado a la Suprema Corte de Justicia, que deberá fallar sobre la constitucionalidad de tal legislación. Lo que intento ejemplificar con estos acontecimientos es que México ha vivido en los últimos años una serie de transformaciones tanto sociales como legales que han tenido efecto en la manera en que hombres y mujeres homo-eróticos se viven a sí mismos y a sus relaciones.

Un estudio de "biografías sexuales" como el que se propuso hacer Gabriel Gallego remite a la pregunta de qué es lo sexual. Podríamos contestar que se trata de la vida sexualmente activa de una persona, de sus prácticas sexuales. O bien, podemos ser más incluyentes y pensar que se trata de la vida erótica de una persona, de sus emociones, pensamientos, sus deseos, su amor, sus conductas. Esta es la mirada que adopta Gallego, quien respecto de su trabajo afirma que "permite develar la forma cómo se estructura y gestiona la vida erótico-afectiva entre varones...". Lo que reporta el autor en este libro es expresión de un trabajo que no sólo resuelve interrogantes que los estudios gay en México se han planteado, sino que contribuye a desmitificar y deconstruir prejuicios muy consolidados en nuestra vida social.

Cuando Gallego se compromete a desmenuzar las biografías sexuales entre varones, en una demografía de lo otro, busca hacer intelegible lo que es abyecto. Es decir, intenta significar relaciones que a lo largo de la historia, de una forma u otra, han pertenecido a lo criminal, a lo perverso, a lo enfermo. El autor estudia aquello que por mucho tiempo ha sido impensable, y no porque eso otro no existiera, sino porque las estructuras sociales normativas no permitían pensarlo. El autor reconoce los cambios sociohistóricos que han posibilitado observar lo otro, evidenciando cómo impactan dichos cambios en la formas en que los hombres nos relacionamos.

Este libro responde a preguntas tales como: si las relaciones entre hombres son una moda; si las formas de entablar estas relaciones erótico-afectivas han sido las mismas a lo largo del tiempo; cuáles son las prácticas y técnicas que se llevan a cabo para lograr el emparejamiento y la vida socio-sexual a través del internet; entre otras. Gallego emplea un método de levantamiento de información usual en los estudios demográficos, para recopilar una gran cantidad de información cuantitativa, y además obtiene un importante caudal de datos a partir de entrevistas. El autor afirma que su interés fue recuperar el curso de vida sexual de varones con un enfoque biográfico, es decir, entender el transcurso de una vida en su contexto histórico, no sólo en sus interacciones. Así, para comprender la vida sexual no sólo se necesita considerar un espacio temporal y geográfico preciso, sino también aprehender la historia de interacciones que cada individuo tiene, y que puede cerrarle o abrirle oportunidades para la expresión erótica. El autor logra tejer un complejo análisis de sus hallazgos, articulando lo cuantitativo y lo cualitativo. Tanto sus resultados como la forma de recopilarlos resulta novedosa; en México sólo contamos con un estudio anterior (Cruz, 1998).

En los primeros capítulos, Gallego remarca la importancia de producir conocimiento sobre las vidas sexuales entre varones, puesto que su visibilidad y aceptación han sido cambiantes. Dicha aceptación tiene impactos no sólo en la forma en que se miran las relaciones homo-eróticas entre varones, sino en cómo ellos mismos las viven. El autor encuentra que las maneras de nombrar este emparejamiento han tenido sus propias transformaciones: en la década de 1970, las parejas de hombres se llamaban "amigos" entre sí, lo cual invisibilizaba la dimensión amorosa o romántica de la pareja. En los años '80 los hombres homosexuales comienzan a nombrarse como "parejas", y a finales de los '90 ya se usa el término "novios".

En los siguientes apartados, Gallego presenta a sus entrevistados. Nos advierte de su heterogeneidad: si bien todos comparten el deseo erótico hacia otros hombres y su residencia en la Ciudad de México, los participantes difieren en edades, niveles educativos y estructuras familiares, y no siempre existe concordancia entre sus prácticas sexuales y sus identidades. El hecho de que se sientan atraídos hacia otros hombres no los lleva a identificarse como gays o como homosexuales. Esta característica pone de relieve la fluidez en la manera en que se nombran y viven los sujetos. Al respecto, el autor remite a la propuesta de Judith Butler, que muestra que identidades, prácticas e inclusive cuerpos pueden ser sometidos a un proceso de deconstrucción, alejado del determinismo, del escencialismo y de los binomios (masculino-femenino, hombre-mujer, homosexual-heterosexual) que caracterizan la vida sexual en nuestra cultura occidental. Gallego encuentra diversas identidades en su muestra, desde aquellos que se autodenominan "gays" u "homosexuales", hasta los que se hacen llamar "jotos" o "de ambiente". Resalta que son los hombres más jóvenes quienes se etiquetan como bisexuales, mostrando una mayor flexibilidad para llevar a cabo sus prácticas sexuales.

Posteriormente, el autor analiza la forma en que los varones que entrevista "entran" al homo-erotismo, la manera en que inician su vida sexual. Gallego procura definir la iniciación sexual más allá de conductas de penetración, en un intento por alejarse de los roles tradicionales de "pasivo" y activo". Lo que para ellos fuera su primera relación sexual incluía conductas como la masturbación, los intentos de penetración, el faje y los juegos sexuales entre pares. Entender las relaciones sexuales de esta forma más amplia es una aportación del autor para alejarnos de los modelos heteronormativos de la sexualidad. En este tenor, rompe con otros prejuicios al señalar que más del 15% de sus entrevistados tuvo su primera relación sexual con una mujer, y más del 35% en algún momento tuvo actividad sexual con mujeres. Esto nos da a entender que la sexualidad no es estática ni cristalizada; por el contrario, fluctúa y cambia. Que un hombre tenga una identidad gay/homosexual (o similar) no significa que sus prácticas sexuales se realicen exclusivamente con hombres: "...en el contexto urbano mexicano... los varones con prácticas homo-eróticas que asumen diferentes identidades sexuales, tampoco excluyen las prácticas sexuales con mujeres como parte de su construcción como sujetos sexuales." (:216). Otro hallazgo importante es que la generación más joven de los encuestados tuvo su primer encuentro sexual con otro hombre a una edad más temprana que los demás participantes, lo que puede indicar un cambio en las normas sociales respecto a la sexualidad. El autor encuentra que desde la construcción subjetiva de la historia sexual, estas primeras relaciones sexuales significan el inicio de un vínculo erótico y afectivo que no solamente involucra el cuerpo sino también las emociones y los afectos.

En el cuarto capítulo encontramos un detallado análisis del emparejamiento entre varones y de su vida relacional. Gallego rescata un promedio de 3,5 historias de emparejamiento por entrevistado; este número indica la media de relaciones de pareja que ha tenido; y en algunos casos, estas historias incluyen una relación con una mujer. Al respecto, Gallego encuentra que si bien un número importante de entrevistados ha tenido relaciones sexuales con mujeres, un número menor ha tenido con ellas relaciones de pareja. Al contrario de lo que las relaciones sexuales con un varón indican (el comienzo de una relación afectiva), aquí las relaciones sexuales con mujeres no inician una relación de pareja. En este sentido, el deseo sería primordial, pues es lo que vincularía a los varones entre sí, mientras que predominarían valores sociales para impulsar a los hombres homoeróticos a relacionarse con mujeres. Los patrones de emparejamiento de los encuestados serían cuatro. El primero de ellos es el emparejamiento exclusivo con varones; el segundo, exclusivo con mujeres. Aunque este segundo patrón esté presente en la muestra, aparece con una frecuencia muy baja. En cambio, más del 50% de los participantes mantiene un patrón de emparejamiento exclusivo con hombres. Un tercer patrón, llamado rizomático, describe una serie de combinaciones de parejas, en donde el sexo y la identidad sexo-genérica de la pareja varían constantemente. El último patrón, denominado transitivo, señala el movimiento de los sujetos iniciados sexualmente con mujeres hacia las relaciones con varones. Estos patrones indican la diversidad de formas de vinculación. El autor encuentra además que, en los varones de mayor edad, se vuelven comunes las relaciones poliamorosas, es decir, la vinculación erótica y afectiva entre más de dos personas. Gallego rescata la diferencia entre monoamor y monogamia, puesto que no es lo mismo relacionarse sexualmente con varias personas en lo que se conoce como una relación "abierta", que incluir a un tercero o cuarto en la relación "de pareja". Aunque no es el objetivo del libro que Gallego presenta, valdría la pena reflexionar sobre la dimensión emocional de la trayectoria de estos varones. ¿Qué sentirán aquellos varones homo-eróticos que no se vinculan en relaciones con otros hombres? ¿Qué emociones predominan en sus relaciones con mujeres? ¿Fueron distintas a las que tuvieron con otros hombres? La información que el autor analiza aquí permite replantear algunas preguntas de investigación, abriendo otros campos y áreas de estudio.

Hacia el final de la obra, nos encontramos con las transformaciones en el emparejamiento entre varones en los últimos 35 años. En esta parte Gallego introduce resultados, producto de análisis estadísticos que muestran características significativas acerca del emparejamiento. Encuentra, por ejemplo, a través de una regresión logística -y en el plano de lo que el autor denomina "convencional" (refiriéndose a las parejas que cumplen con las características tradicionales de monogamia, monoamor y larga duración)- que las parejas duran más cuando hay co-residencia, cuando la familia sabe de la relación, cuando la relación sexual ocurrió después del primer mes de conocerse (y no el mismo día), y cuando no se conocieron en un bar gay. En un sentido "menos convencional", las parejas también duran más cuando son parejas abiertas y no exclusivas. Según Gallego, estos hallazgos señalan la superposición de dos sistemas normativos. Lo "convencional" obedecería al orden patriarcal, mientras que podríamos ubicar lo "menos convencional" en el marco de reglas que se han producido y construido dentro de la subcultura gay. Entre algunas de las transformaciones que rescata el autor, están el movimiento de una visión fatalista del amor entre hombres al ideal de la permanencia y estabilidad de la pareja; el uso del "comming out" o salir del clóset como parte de la vida gay comunitaria; y el aumento del ligue entre hombres, tanto en la calle como en bares, en internet y en el metro.

El libro de Gallego permite comprender que el desarrollo sexual -y en particular el emparejamiento entre varones- obedece a una serie de estructuras normativas que posibilitan o no expresiones eróticas. Resulta nítido que existen diferencias claras entre diferentes generaciones. Esto no significa que sólo la edad juegue un rol central en los emparejamientos, sino que las normas sociales que operan en ciertos momentos de desarrollo resultan cruciales para la vida erótica. De cierta forma, lo que los hallazgos de Gallego proponen es que las relaciones erótico-afectivas entre varones se encuentran en un espacio de transformación y de transgresión a la normativa que tanto las constriñó. Más que entender este tipo de relaciones como promiscuas o rápidas, se trata de considerarlas como una forma antes-no-dicha de relacionarse. A pesar de interesarse en un "minoría" social que podría pensarse como relativamente homogénea -un grupo relativamente pequeño de hombres en comparación con la población general- Gallego logra evidenciar su diversidad y demuestra, a través de un análisis complejo y a la vez sencillo de leer, que la diversidad es lo que caracteriza a este grupo. Así, hablar de diversidad sexual como categoría política cobra sentido; implica reconocer una verdadera heterogeneidad de identidades y actividades eróticas. El autor hace un reconocimiento a los patrones sociales, construidos merced a reglas y normas que ordenan la vida social y a interacciones que cada individuo mantiene, que permiten construir una historia subjetiva. Gallego logra tejer entre los planos individual y social un producto novedoso, no sólo por el tema que aborda, sino por el análisis que realiza y por las propuestas que pone sobre la mesa.

 

Referencia bibliográfica

CRUZ, Salvador. 1998. Estructura y funcionamiento de la pareja gay masculina. Tesis para optar al título de maestro en psicología social, UNAM, México.         [ Links ]

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