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En Busca de Ontología en el Proyecto Des-Ontologizador de Niklas Luhmann

Em Busca da Ontologia no projeto des-ontologizante de Niklas Luhmann

In pursuit of ontology in Niklas Luhmann’s de-ontologization project

À la Recherche de l’Ontologie dans le Projet de Dé-Ontologisation de Niklas Luhmann

RESUMEN

Entre las numerosas controversias que suele estimular el pensamiento sociológico de Niklas Luhmann, destaca la diversidad de interpretaciones sobre el principio de la des-ontologización radical de la semántica tradicional vétero-europea. Dada la vigencia del debate, el presente trabajo identifica un conjunto de elementos ontológicos en su teoría y sostiene que, lejos de invalidarla, son fundamentales para afrontar los problemas que plantea. Puntualmente, examina su conceptualización de la ontología, la complejidad, los sistemas, los sistemas complejos, el tiempo y la realidad como condición de posibilidad de la ciencia.

ontología; complejidad; sistemas; tiempo; realidad

RESUMO

Entre as muitas controvérsias que o pensamento sociológico de Niklas Luhmann tende a estimular, destaca-se a diversidade de interpretações do princípio da desontologização radical da semântica tradicional vetero-europeia. Dada a moeda do debate, este documento identifica uma série de elementos ontológicos na sua teoria e argumenta que, longe de invalidar, são fundamentais para abordar os problemas que levanta. Especificamente, examina a sua conceptualização da ontologia, complexidade, sistemas complexos, tempo e realidade como uma condição de possibilidade da ciência.

ontologia; complexidade; sistemas; tempo; realidade

ABSTRACT

Within the several controversies aroused by Niklas Luhmann’s sociological approach, stands a wide range of interpretations about the radical de-ontologization of traditional vetero-european semantics. Due the contemporary relevance of this discussion, the following article identifies a group of ontological elements and argues that, far from refuting his theory, these are substantial to cope with its issues. Specifically, it examines Luhmann’s conceptualizations on ontology, complexity, systems, complex systems, time and reality as science’s condition of possibility.

ontology; complexity; systems; time; reality

RÉSUMÉ

Parmi les nombreuses controverses que la pensée sociologique de Niklas Luhmann tend à susciter, se distingue la diversité des interprétations sur le principe de dé-ontologisation radicale de la sémantique traditionnelle vétéro-européenne. Compte tenu de la validité du débat, cet article identifie un ensemble d’éléments ontologiques dans sa théorie et soutient que, loin de l’invalider, ils sont essentiels pour résoudre les problèmes qu’elle pose. Plus précisément, il examine sa conceptualisation de l’ontologie, de la complexité, des systèmes, des systèmes complexes, du temps et de la réalité comme condition de possibilité pour la science.

ontologie; complexité; systèmes; temps; réalité

INTRODUCCIÓN

“El efecto de la intervención de la teoría de sistemas puede describirse como una des-ontologización de la realidad” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 67). Entre las numerosas controversias que suele estimular el pensamiento sociológico de Niklas Luhmann, destaca la diversidad de interpretaciones sobre este principio. Ciertas voces coinciden en que el objetivo fue alcanzado, pero se alejan según su evaluación: por un lado, se dice que Luhmann ofrece “un programa de des-ontologización universal visto como una necesidad histórica” ( Clam, 2000CLAM, Jean. (2000), “System’s Sole Constituent , the Operation : Clarifying a Central Concept of Luhmannian Theory”. Acta Sociológica, v. 43, n. 4, pp. 63-79.: 75); que su teoría post-metafísica de la sociedad se libera de la teoría de la acción, intrínsecamente ontológica pues supone a un sujeto que, consciente de sus intenciones y voluntades, promueve instrumental y racionalmente su conducta; todo ello, en el marco de una teoría de sistemas a la que rápidamente trasciende al des-ontologizar su categoría principal: el sistema. Similarmente, que por centrarse en comprender el devenir y no el ser, en lugar de recurrir a propiedades esenciales de entidades humanas y no humanas orienta su teoría a reconstruir históricamente toda esencia, sustancia o identidad, y a demostrar que la contingencia se maneja mediante la ontologización temporal de distinciones, cosas, sistemas, ideas o palabras en la vida social ( Karafillidis, 2015KARAFILLIDIS, Athanasios. (2015), “Ontogenesis, or: If You Want to Study Ontology, Do not Use Ontology”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 214-216. ). También, que por adoptar “la idea constructivista de des-ontologizar su epistemología” ( Scholl, 2015SCHOLL, Arimn. (2015), “Searching and Finding Ontology”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 218-221.: 219) los supuestos básicos de su perspectiva son incompatibles con cualquier visión ontológica de los objetos o la realidad, y opuestos al realismo filosófico que defiende la existencia de cosas y hechos que pueden reconocerse y observarse realmente. En contraste, se plantea que “el éxito futuro de la teoría de los sistemas sociales depende de poder ir más allá de Luhmann” ( Elder-Vass, 2007ELDER-VASS, Dave. (2007), “Luhmann and Emergentism: Competing Paradigms for Social Systems Theory?”. Philosophy of the Social Sciences, v. 37, n. 4, pp. 408-432.: 409). Su defecto es que desde una base analítica, no ontológica, sustenta que los sistemas están compuestos de eventos, en lugar de entidades; y que por la centralidad otorgada a la autopoiesis, niega la influencia de los niveles inferiores de un sistema. Del mismo modo, se objeta que desde una teoría de sistemas cargada de excesos holísticos, y desde un enfoque epistemológico constructivista, su proyecto des-ontologizador reemplaza las distinciones clásicas todo/parte o micro/macro por la de sistema/entorno. Los defectos del giro se evidencian en su concepción de emergencia social –en tanto exclusión total del contexto en el cual surge ese orden–, que al ser considerada solamente a nivel epistemológico, se vuelve ontológicamente defectuosa e incapaz de captar sus rasgos característicos ( Wan, 2010WAN, Poe Yu-se. (2010), “Emergence à la Systems Theory: Epistemological Totalausschluss or Ontological Novelty?”. Philosophy of the Social Sciences, v. 41, n. 2, pp. 178-210. ). Al realizar un ejercicio equivalente con la noción de autopoiesis se sugiere que, además de no ser una encarnación genuina y correcta de la teoría original, involucra afirmaciones ontológicas difíciles de justificar: afirmar que la comunicación es la que produce comunicación es inaceptable, pues sin actividad humana no habría comunicación1 1 . Pareciera que la crítica a Luhmann por parte de los emergentistas sociales se origina en este punto: dejar al individuo en el entorno social es una falacia injustificable, pues “los sistemas sociales también son entidades, compuestas de partes que a su vez son entidades: seres humanos” ( Elder-Vass, 2007: 414). ( Mingers, 2004MINGERS, John. (2004), “Can Social Systems be Autopoietic ? Bhaskar’s and Giddens’”. Social Theories, v. 34, n. 4, pp. 403-427. ).

En cambio, otros autores cuestionan el alcance de la des-ontologización: se asevera, por caso, que la epistemología de Luhmann carga con ciertos supuestos ontológicos que no suele asumir. Si bien partir del principio de contingencia le permite desprenderse de la ontología tradicional –orientada hacia la unidad y la justificación final de la verdad–, por sostener que la distinción sistema/entorno es condición necesaria y universal de la cognición termina limitando la contingencia; en efecto, “el proyecto de des-ontologización sigue siendo incompleto” ( Matuszek, 2015MATUSZEK, Krzysztof C. (2015), “Ontology, Reality and Construction in Niklas Luhmann’s Theory”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 203-210.: 210). Análogamente, que su perspectiva contiene ciertos supuestos ontológicos, aunque se trate de una versión remodelada. Si se enfoca en el concepto de observador, puede notarse que el concebirse a sí mismo como algo distinto de su entorno se da por sentado. Para evitar la ontología, entonces, debería eludir el concepto de distinción de Spencer-Brown –quien da por sentado las ideas de distinción e indicación–, lo que es imposible teniendo en cuenta su lazo con la operación ( Mavrofides, 2015MAVROFIDES, Thomas. (2015), “So, What Do You Think About Luhmann’s Ontology?”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 211-212. ). También están quienes comparten que Luhmann realiza planteos ontológicos, pero disienten en que ello implique el fracaso del proyecto general. Por ejemplo, se señala que su propósito es invertir la relación entre ontología y epistemología: no le interesa “distinguir ontológicamente lo que es de lo que no es, sino esbozar los fundamentos epistemológicos para hacer tal distinción ontológica en primer lugar” ( Moeller, 2012MOELLER, Hasns-George. (2012), The Radical Luhmann. New York: Columbia University Press.: 92). Si se atiende al movimiento, aunque busca explicar cómo funciona la cognición, también explica cómo se produce la realidad, y por lo tanto, las dimensiones ontológicas aún tienen su lugar. Del mismo modo, al indagar las implicancias ontológicas implícitas en su epistemología, Rasch (2012)RASCH, William. (2012), “Luhmann´s Ontology”. Revue Internationale de Philosophie, v. 259, n. 1, pp. 85-104. identifica dos usos entremezclados en la noción de realidad: una realidad per se u ontológica y una realidad empírica producida por el conocimiento. Según el curso de su argumentación, la realidad ontológica podría interpretarse como el cementerio de las observaciones y la cuna de la realidad empírica, a la vez, lo que salvaría a su constructivismo de caer en algún tipo de idealismo. Finalmente, al considerar su oposición a la metafísica de Occidente –un tipo específico de ontología basado en las premisas del dualismo, la centralidad de las categorías de sustancia y esencia, el gnoseocentrismo y el antinaturalismo ( Pignuoli Ocampo, 2016PIGNUOLI OCAMPO, Sergio. (2016), “Aportes de las teorías sociológicas a la discusión de la ontología. Los casos de Luhmann, Habermas y Latour”. Revista de Filosofía, v. 41, n. 1, pp.153-179. )–, se sostiene que ello no acarrea el rechazo a la ontología en sentido amplio y general; o sea, el planteo de premisas propias sobre la estructuración de lo real, identificables en sus conceptualizaciones sobre la complejidad, los sistemas, la autorreferencia, la temporalidad y la emergencia ( Pignuoli Ocampo, 2019PIGNUOLI OCAMPO, Sergio. (2019), “La superación de la antinomia entre realismo y constructivismo en Luhmann y Bhaskar. Hacia una fundación paradójica del conocimiento científico”. Revista Internacional de Sociología, v. 77, n. 1, pp. 1-14. ).

Como se puede apreciar, proliferan opiniones diversas en un debate que, lejos de haberse cerrado, mantiene plena vigencia. A fin de aportar a él, en este trabajo se analiza un conjunto de categorías fundamentales en el pensamiento de Luhmann, con el propósito de examinar su vínculo con la ontología. Específicamente, primero se indaga la concepción luhmanniana de ontología; luego, la de complejidad, sistemas y sistemas complejos; en tercer lugar, la de tiempo; y posteriormente, la de realidad; por último, en las conclusiones se exponen los resultados obtenidos y se sienta posición en el debate argumentando que los conceptos abordados son elementos ontológicos constitutivos de la teoría de Luhmann, y que ellos, lejos de invalidarla, fomentan la resolución de los problemas autogenerados.

ONTOLOGÍA

El proyecto teórico encarado por Luhmann proclama la des-ontologización radical de la semántica tradicional vétero-europea. Ella incluye el pensamiento greco-romano-cristiano, un acervo cultural propio de formas pasadas de diferenciación (específicamente, las estratificadas y las basadas en la distinción centro/periferia) que logró interpretar las propiedades de un período caracterizado por la formación de ciudades e imperios, la configuración de noblezas y la descripción de un mundo jerárquicamente organizado. Pese a que esta herencia histórica acompaña el surgimiento de la modernidad e influye sobre sus expectativas, la crítica reposa en la extinción de la sociedad que describe.

Su conceptualización comprende los siguientes rasgos: la ontología es el producto de una crisis de confianza propia del siglo XVII que narra la “disposición dominante frente al mundo de la antigua Europa” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 710); en relación con la doctrina de la naturaleza, sus presupuestos se introducen como metafísica –lo que sucede a la física–; y por último, utiliza un esquema de observación basado en la distinción ser/no ser. Sobre estos fundamentos, Luhmann afirma que sólo el ser es y, por lo tanto, el no-ser no es. Esta distinción inicial viene acompañada por un postulado cuasi-normativo que refiere al requerimiento del orden: el ente no deber-ser lo que no-es; por tanto, la ontología “con la unidad del ser, garantiza la unidad del mundo” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 711). Así, el concepto de mundo queda limitado, pues ya “no puede designarse como indeterminación de fondo (ni ser, ni no-ser), sino únicamente en el plano de los objetos capaces de designarse –como conjunto de objetos o como totalidad de los objetos–” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 711).

En conclusión, el programa filosófico sustentado en esa idea de ontología se halla dominado por el ser. Al evaluarlo, sostiene que debido a que la nada no existe, lo real ocurre bajo la forma de un único valor: el ser. La nada solo puede significar un regreso al ser que, puesto que elimina de nuevo la operación, no realiza ningún aporte; de ese modo, “la nada se consume a sí misma” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 712) y, en consecuencia, el no-ser está implícito en la observación del ser. Luego, esta distinción básica se ramifica en diversas direcciones. En la dimensión objetual se expresa en el concepto de cosa ( res ), un concentrado de ser que excluye su opuesto (un caballo no es un perro), pero no otras cosas. Esta forma de pensar encuentra en la cosa en sí kantiana uno de los máximos exponentes de una teoría del conocimiento atada a reflexiones metodológicas (con referencia a la validez). En la dimensión social, postula que “la jerarquía es la «plenitud del ser»” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 713), de lo que deriva una arquitectura del mundo edificada sobre una asimetría fundacional de la que proceden las demás oposiciones. Temporalmente, el cuestionamiento acerca de si el tiempo es o no-es, disuelve la paradoja y da paso a la distinción entre cosas mutables/inmutables, donde solo las últimas poseen calidad de ser; además, por el hecho de auspiciar como marco del mundo, permite volver la vista hacia él. En suma, al proponer un concepto de ser extremadamente general (sólo distinguible del no-ser), la ontología reprime los problemas del tiempo, de lo social y del objeto.

Es precisamente contra este proyecto que Luhmann decide enfrentarse. En su opinión, la ontología deviene obsoleta para describir los rasgos propios de la sociedad moderna: “el renunciar a la autosuficiencia intelectual en el uso de las clasificaciones como forma de tratar las diferencias significa algo más que simplemente un haber-pasado-de-moda; pone de manifiesto que otra sociedad requiere otro modo de tratar las diferencias” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 720). Este indicador ilustra la caducidad de una tradición orientada por la unidad del ser que no ha logrado reflexionar sobre su principal defecto: “cómo puede insistirse en la unidad, cuando es inevitable distinguir entre ser/no-ser” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 721). De ello se desprende su incapacidad para entender que en el esquema de observación ser/no ser hay un único valor válido y que, en consecuencia, el observador sólo puede situarse en un lado: “debe participar del ser, pues de otro modo no podría observar” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 712).

En ese cuadro, su propuesta radicaliza el observar, pues el indicar y el distinguir constituyen una única operación. Entonces, la distinción ser/no ser2 2 . Sobre este punto, Rasch (2012) observa que aunque Luhmann sigue de cerca el planteo de G. Günther, acaba simplificándolo porque en lugar de partir desde la distinción ser/reflexión, lo hace desde la distinción ser/no-ser. Al saltearse ese paso, elabora una versión caricaturesca de la ontología. es reemplazada por dentro/fuera, sistema/entorno o autorreferencia/heterorreferencia:

[…] según esta nueva versión, antes de que un observador pueda emplear la distinción ser/no ser, este observador debe estar producido. Aunque no existe una regla metafísica o lógica para escoger la distinción de partida; para eso hay únicamente plausibilidades histórico societales y entre ellas en la Edad Moderna el interés por desontologizar el mundo ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 722).

DE LA UNIDAD A LA DIFERENCIA

El proyecto des-ontologizador encarado por Luhmann se asienta en la decisión teórica de partir de la diferencia y no de la unidad (del ser). Para comprender este movimiento es necesario especificar brevemente qué significa radicalizar el observar.

La observación es una operación que lleva a cabo la diferencia entre indicar y distinguir, y que posee una estructura especial ya que “utiliza una diferenciación para designar algo diferenciado mediante ella” ( Luhmann, 1996LUHMANN, Niklas. (1996), La Ciencia de la Sociedad. México: Anthropos.: 63). Si bien conceptualizar la observación es una constante de su carrera intelectual, esta definición formal y extremadamente abstracta es formulada una vez incorporados los planteos de Spencer-Brown. En su interpretación de Laws of form, Luhmann entiende que la autorreferencia inicial se organiza en torno a una única consigna: en un espacio no marcado, traza una distinción. Sin ella, el cálculo no procede, la hoja queda en blanco; si se traza la distinción, en cambio, surge la forma, que siempre es forma de una diferencia que divide el universo en dos partes, donde es imposible el paso de una a otra sin atravesar la marca. Así la forma es un límite, una frontera que obliga a señalar la parte indicada, y también el punto de partida de futuras operaciones; simultáneamente, al indicar una parte, también se indica la otra, la distinguida. Luego, en conexión con la teoría de sistemas, el trazado de una distinción no alude a una frontera cualquiera, sino a la diferencia sistema/entorno, donde la parte indicada siempre es el sistema, mientras el otro lado de la forma es el entorno.

Con base en estos fundamentos, decide partir de la diferencia, no de la unidad3 3 . A su vez, estos fundamentos constituyen la base sobre la que Luhmann erige su teoría del observador, cuya influencia sobre su posicionamiento ontológico y epistemológico fue abordada en Giordano (2021) . . En este apartado se expone su puesta en práctica para abordar la problemática de la complejidad, detallar su perspectiva sistémica y, finalmente, aunar las temáticas en la teoría de los sistemas complejos.

Complejidad

El tratamiento de la complejidad, junto con la pretensión de avanzar en su definición y de vincularla con la teoría de sistemas, acompaña la trayectoria completa del autor: primero, la propone como el telón de fondo del análisis funcional ( Luhmann, 1973LUHMANN, Niklas. (1973), La Ilustración Sociológica y Otros Ensayos. Buenos Aires: Editorial Sur. ); después, avanza hacia su especificación identificando dos usos: la complejidad de la operación y la de la observación ( Luhmann, 1998aLUHMANN, Niklas. (1998a), Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. (Ed. De J. Beriain y J. M. García Blanco). Madrid: Edtorial Trotta. ; 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos. ); finalmente, detalla la forma de la complejidad ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder. ). A continuación, se altera el esquema original según la hipótesis que plantea la posibilidad de desagregar el primer uso con base en el esquema problema/solución.

Los primeros acercamientos al tema ( Luhmann, 1973LUHMANN, Niklas. (1973), La Ilustración Sociológica y Otros Ensayos. Buenos Aires: Editorial Sur. ) tienen la finalidad de emplazarla como telón de fondo de la metodología funcional. Su propuesta consiste en el abandono del presupuesto estructural-funcionalista de un sistema con estructuras que deben mantenerse, para pasar a un funcionalismo-estructural asentado, en principio, en el mundo como problema de referencia. Éste no constituye un sistema, ya que es una unidad desprovista de límites, carente de exterior. En ese sentido, sostiene que “en tanto algo existe realmente, también existe el mundo” ( Luhmann, 1973LUHMANN, Niklas. (1973), La Ilustración Sociológica y Otros Ensayos. Buenos Aires: Editorial Sur.: 143); es decir que toda posibilidad acontece dentro de él. Esta interpretación se vale del concepto de un mundo que constituye un problema de referencia, aunque no desde el punto de vista del ser, como lo observa la ontología clásica, sino desde su complejidad.

En una primera aproximación, la complejidad remite a la “totalidad de acontecimientos posibles” ( Luhmann, 1973LUHMANN, Niklas. (1973), La Ilustración Sociológica y Otros Ensayos. Buenos Aires: Editorial Sur.: 144). Abarca una relación entre sistema y mundo y no un estado del ser. Los sistemas conciben y reducen complejidad; por ende, “sirven para mediar entre la máxima complejidad del mundo y la muy escasa capacidad del hombre […] para la elaboración de vivencias” ( Luhmann, 1973LUHMANN, Niklas. (1973), La Ilustración Sociológica y Otros Ensayos. Buenos Aires: Editorial Sur.: 147). Gracias al empleo de estructuras que posibilitan lo posible como determinado, el sistema selecciona, estabilizando una diferencia entre interior y exterior. Un sistema, entonces, es complejidad reducida, es una isla de escasa complejidad que se mantiene constante y que difiere de un mundo que, en tanto dominio de otras posibilidades, constituye la máxima complejidad.

Así, con su método funcional, la sociología hace teoría de un problema: la complejidad. El movimiento implica reemplazar la búsqueda de verdades indudables o axiomas abarcadores de la complejidad, por el esquema problema-solución.

Con el propósito de aportar a su delimitación conceptual, en Sistemas Sociales el autor distingue dos usos de la complejidad: el primero se asienta en la diferencia elemento/relación y tematiza la complejidad como un problema aplicable tanto a los sistemas, como al entorno y al mundo. De su análisis surge la teoría abstracta de la relacionalidad compleja, donde “por complejo queremos designar aquella suma de elementos conexos en la que, en razón de una limitación inmanente a la capacidad de acoplamiento, ya no resulta posible que cada elemento sea vinculado a cada otro, en todo momento” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 47). Lo propio de un sistema es tratar la multiplicidad como unidad, lo que significa que los elementos que lo componen deben mantenerse unidos, o sea, tienen que estar relacionados. Ahora bien, si un sistema incrementa su número de elementos surge un umbral –una limitación inmanente– que al traspasarse impide la relación entre cada uno de ellos. La complejidad, entonces, es un estado de cosas autocondicionado e inevitable que informa acerca de la imposibilidad de deducir las relaciones que pueden entablarse entre los elementos de un sistema. Desde el punto de vista del sistema, representa un problema a afrontar: ¿cómo lo hace?, ¿cómo trata la complejidad?

Para responder los interrogantes, entrelaza la teoría de la relacionalidad compleja con la de la evolución de los sistemas e indica que:

Complejidad (…) significa coacción a seleccionar. Coacción a seleccionar significa contingencia, y contingencia significa riesgo. Cualquier estado complejo de cosas se basa en una selección de las relaciones entre los elementos, los cuales, a la vez, son utilizados para constituirse y conservarse. La selección sitúa y cualifica los elementos, aunque para estos fueran posibles otras relacionalidades ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 48).

En línea con los aportes de Ashby, Luhmann señala que el sistema carece de la variabilidad requerida para responder punto por punto a todos los estímulos del entorno; por ende, se halla coaccionado a seleccionar los elementos a relacionar, lo que supone reducir complejidad. Si bien la posibilidad de medir o comparar un sistema según su número de elementos o de sus relaciones es correcta, aún más importante es enfocarse en el problema de la reducción de complejidad, la que se logra “cuando el complejo de relaciones de un entramado complejo es reconstruido mediante un segundo entramado de relaciones menores” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 49). Luego, “sólo la complejidad puede reducir complejidad” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 49). El valor del cambio de enfoque radica en que, además de atender a los elementos, se concentra en las relaciones (más precisamente, en la relacionalidad de las relaciones) y en que permite especificar que el entorno es siempre más complejo que el sistema.

De tales implicaciones procede lo siguiente: si la complejidad resulta en la necesidad de selección, el segundo uso refiere a la medida de la indeterminación o a la falta de información del sistema para aprehender y describir plenamente tanto al entorno como a sí mismo. En ese sentido, la complejidad es un horizonte de selección a nivel de los elementos del sistema. Su utilidad puede apreciarse en los sistemas de sentido a la hora de realizar la re-entry de la complejidad del sistema en el sistema, ya sea en forma de concepto, magnitud desconocida, factor de miedo, inseguridad o riesgo, planeación o excusa ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 50).

En “Complejidad y sentido”, el autor retoma los dos usos pero a la luz de la diferencia entre operación y observación. Al primero, sustentado en la distinción elemento/relación, ahora lo denomina complejidad de la operación; y al segundo, que advierte acerca de la falta de información (producto de la selección), lo denomina complejidad de la observación. Aun cuando la exposición no presenta novedades, es interesante destacar el corolario donde asevera que ambos usos apuntan a lo mismo: a la selectividad forzosa, “problema nuclear que define la complejidad como un problema” ( Luhmann, 1998aLUHMANN, Niklas. (1998a), Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. (Ed. De J. Beriain y J. M. García Blanco). Madrid: Edtorial Trotta.: 27).

El último planteamiento se encuentra en La sociedad de la sociedad, estudio orientado a describir cómo la sociedad construye su propia complejidad estructural y organiza su autopoiesis. Allí, la atención se centra en la forma de la complejidad y su modalidad de exposición es útil para exponer la hipótesis que desagrega al primer uso según el esquema problema/solución.

Como se dijo, el primer uso compete a los sistemas y a los no sistemas, pues en tanto instrumento de observación y descripción, aplica a cualquier estado de cosas. Aunque el planteo es el mismo, abandona la metáfora del umbral y opta por una nueva: ahora, el problema es la ley matemática que notifica que si un sistema crece en la línea en que sus elementos se incrementan en progresión geométrica, no es posible conocer qué relaciones se originarán entre ellos en cualquier momento. Esto es así debido a la limitación de la capacidad real de relación de los elementos que solo pueden conectarse de manera selectiva.

Posteriormente, el abordaje se orienta a detallar la forma de la complejidad. Esta remite al límite que separa órdenes capaces de enlazar entre sí y en cualquier momento todos sus elementos (realizar un enlace completo), de los que no pueden hacerlo (realizando un enlace selectivo). En tanto instrumento de observación, la complejidad aplica a ambos lados de la forma, a todo estado de cosas posibles y no sólo a los sistemas (“también el mundo es complejo”, Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 103). En virtud de que hay sistemas capaces de efectuar un enlace completo entre sus elementos y otros que no, los “sistemas reales del mundo evolucionado” ( Luhmann, 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder.: 103), especialmente los sociales, quedan del segundo lado de la forma, por lo que se trata de órdenes apoyados en una selección y con estados contingentes. En suma, la forma de la complejidad involucra la necesidad de mantener una relación solo selectiva entre los elementos o, en otros términos, refiere a la organización selectiva de la autopoiesis del sistema.

En línea con la hipótesis planteada, que desagrega el primer uso según el esquema problema/solución, se identifican tres usos de la complejidad a los cuales, en relación con la teoría de la forma de Spencer-Brown, se los denomina de la siguiente manera:

  • La complejidad como espacio no marcado: es situada como problema de referencia o telón de fondo de todo análisis. Uniendo dos metáforas, cuando los elementos aumentan según una progresión geométrica, surge un umbral cuyo traspaso imposibilita conocer las relaciones que se entablarán entre ellos.

  • El segundo uso, la forma u operación de la complejidad, expone la manera de afrontar este problema inmanente: la delimitación de los sistemas, que son mecanismos reductores de complejidad o islas de escasa complejidad, se logra mediante el enlace selectivo de sus elementos.

  • Finalmente, la consecuencia a afrontar por todo sistema que realiza una selección consiste en asumir su falta de información para aprehender y describir plenamente tanto el entorno como a sí mismo, cuestión que refiere al tercer uso, la complejidad de la observación.

Sistemas

A la luz de las revoluciones (en términos kuhnnianos) que sus enunciados estimulan en el campo científico, Luhmann decide introducir insumos provenientes de la teoría de sistemas para sustraer la sociología de la crisis de carácter teórico que atraviesa4 4 . Manifestada en su incapacidad para elaborar un marco de referencia abstracto, aplicable a la observación de la sociedad y sus sistemas constituyentes ( Luhmann, 1998b ). . Aunque se trata de un campo de investigación en pleno desarrollo, con potencialidad para unificar diversos significados y empalmar distintos niveles de análisis, considera que la teoría de sistemas no ha consolidado un conjunto de conceptos, axiomas o afirmaciones que la definan. Principalmente, aún no especifica qué es un sistema. En este contexto, plantea que si pretende proseguir el camino hacia su consolidación, resulta urgente que afronte el problema de las condiciones de posibilidad de un sistema. Para ello, primero debe renunciar a considerarlo un objeto –abandonar la pregunta sobre el qué– y comprender que se trata de una diferencia entre sistema y entorno5 5 . Para precisar qué es un sistema, se alinea con la “teoría general de sistemas de segunda generación” ( Luhmann, 2007a: 56), promotora del cambio de su diferencia directriz desde la teoría sistema/entorno hacia la autorreferencialidad. Entre sus impulsores destaca a los biólogos von Foerster (referente de la cibernética de segundo orden) y Maturana (creador de la idea de autopoiesis), el filósofo Gotthard Günther (diseñador de la lógica polivalente) y el matemático Spencer-Brown, referencia obligada de todos ellos. –al formular la pregunta por el cómo se obtiene y se mantiene esa diferencia. Por fin, tiene que encontrar la operación que posibilita que el sistema mantenga y reproduzca esa diferencia ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social. ).

Para comprender por qué se trata de una diferencia entre sistema/entorno corresponde presentar el postulado fundacional de Sistemas Sociales:

Las siguientes reflexiones parten del hecho de que hay sistemas; no inician, por consiguiente, con una duda teórica del conocimiento. Tampoco asumen la posición de retirada de que la teoría de sistemas tenga «únicamente una relevancia analítica». […] El concepto de sistema designa lo que en verdad es un sistema y asume con ello la responsabilidad de probar sus afirmaciones frente a la realidad ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 37).

Cabe destacar que el «hay sistemas» es uno de los principios que genera más controversias, no solo a nivel ontológico, también en el epistemológico. Su relevancia suele ser relativizada cuando se busca alinear a Luhmann con el constructivismo radical: se dice, por ejemplo, que es una presunción metafísica y pragmática, adoptada por razones metodológicas para dar cuenta de una ontología mínima que supone la existencia de sistemas ( Scholl, 2015SCHOLL, Arimn. (2015), “Searching and Finding Ontology”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 218-221. ); similarmente, que solo tiene un significado metodológico preliminar, con el que Luhmann establece un punto de apoyo acrítico para su epistemología autorreferencial, por lo que no es un argumento válido para asociarlo con el realismo ( Matuszek, 2015MATUSZEK, Krzysztof C. (2015), “Ontology, Reality and Construction in Niklas Luhmann’s Theory”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 203-210. ). En contraste, se argumenta que es una hipótesis, una construcción o primera oración teórica, que expone una idea asimétrica de ontología: que hay sistemas sociales significa que hay algo operando, por lo que no se trata de una suposición metafísica, sino de una observación empírica, que presupone observaciones ( Nassehi, 2012NASSEHI, Armin. (2012), “What exists between realism and constructivism?” Constructivist Foundations, v. 8, n. 1, pp. 14-15. ). Otras voces enfatizan que es uno de los principales axiomas de una ontología realista, que refiere a objetos y hechos científicos, y que coexiste pacíficamente con su epistemología constructivista ( Moeller, 2012MOELLER, Hasns-George. (2012), The Radical Luhmann. New York: Columbia University Press. ); análogamente, que la facticidad de la operación y la irreductibilidad entre observador y observado sustentan teóricamente el «hay sistemas», un elemento realista característico del diseño no dualista de Luhmann ( Pignuoli Ocampo, 2019PIGNUOLI OCAMPO, Sergio. (2019), “La superación de la antinomia entre realismo y constructivismo en Luhmann y Bhaskar. Hacia una fundación paradójica del conocimiento científico”. Revista Internacional de Sociología, v. 77, n. 1, pp. 1-14. ).

De vuelta a Luhmann, la decisión ilumina el camino a recorrer: “el análisis de sistemas reales en el mundo real” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 37), de sistemas que son concretos, no analíticos. De lo que se trata es de elaborar una teoría de sistemas apegada a la realidad. Como la propia teoría forma parte de esa realidad, y por lo tanto también es parte del objeto de estudio, el punto de partida no solo comunica la existencia fáctica de sistemas, sino que además los juzga autorreferenciales –son una unidad constitutiva consigo mismos–, autoorganizativos –constituyen sus propias estructuras– y autopoiéticos –reproducen sus elementos a partir de sus propios elementos.

De tal forma, “los sistemas se constituyen y se mantienen mediante la creación y la conservación de la diferencia con el entorno, y utilizan sus límites para regular dicha diferencia” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 40). Estructuralmente, el sistema está orientado hacia el entorno, no mediante un contacto ocasional o una adaptación, sino por una distinción que es la premisa de toda operación autorreferencial. Como el límite es aquello que si es rebasado transforma las situaciones de continuidad de un proceso, su conservación se torna un condicionante para la conservación del sistema. Si no se gana, el sistema se abre a otras posibilidades. Por consiguiente, hay sistemas si hay límites.

En lo que respecta al entorno, obtiene su unidad únicamente gracias al sistema y en relación a él. Lejos de implicar dependencia, el entorno carece de límites rebasables, está desmarcado y es un horizonte abierto incapaz de autorreflexionar o de accionar, razones suficientes para postular que no es un sistema. Inversamente a la ontología tradicional, que asentada en las ideas de sustancia y esencia se mantuvo ajena a su conceptualización, Luhmann propone dejar de considerarlo una categoría marginal ya que la relación con el entorno es constitutiva de la formación de los sistemas: la condición para que alcance identidad es precisamente la diferenciación respecto de su entorno.

Luego, ¿cuál es la operación que posibilita que el sistema mantenga y reproduzca esa diferencia? En principio, “la unión de operaciones da lugar a un sistema” ( Luhmann, 1996LUHMANN, Niklas. (1996), La Ciencia de la Sociedad. México: Anthropos.: 195); o más específicamente, la emergencia de sistemas autorroferenciales “solo es posible dentro del contexto de una red de operaciones del mismo sistema hacia el que apuntan y en las que se basan. No existe una operación única que pueda surgir sin esta red recursiva” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 68). A través del enlace selectivo y recursivo de sus operaciones, entonces, el sistema se diferencia del entorno, alcanzando su clausura operativa que, a su vez, es condición de posibilidad de la apertura a un entorno más complejo. Sobre esta base, un sistema clausurado operativamente se encuentra determinado total y exclusivamente por sí mismo, se diferencia de su entorno y el mantenimiento de su diferencia depende del entrelazamiento de sus propios elementos ( Luhmann, 1996LUHMANN, Niklas. (1996), La Ciencia de la Sociedad. México: Anthropos. ; 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder. ).

Del complejo horizonte de posibilidades que ofrece el mundo, sólo hay tres sistemas cuyas operaciones le permiten clausurarse, los sistemas orgánicos a través de la vida, los psíquicos por medio de la conciencia y los sociales gracias a la comunicación. Los últimos, particularmente, son fenómenos emergentes que no pueden reducirse a las conciencias puesto que su improbable reproducción autopoiética se vuelve probable gracias a la comunicación, una síntesis de tres selecciones: la información, que es una selección actualizada entre un repertorio de posibilidades; el darla a conocer y el entenderla, que ocurre cuando se comprende la diferencia entre las dos anteriores. Posteriormente, su aceptación o rechazo es una cuarta posibilidad que determina la continuidad o discontinuidad de la comunicación.

Sistemas complejos

De vuelta al punto de arranque del análisis sistémico, Luhmann argumenta que “entre sistema y entorno hay una diferencia” ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social.: 185). Según su parecer, la definición no solo es la más abstracta, además es poseedora del mayor grado de generalidad, ya que aplica por igual a todos los sistemas complejos. Lo que ahora importa remarcar es el enunciado que introduce inmediatamente después: “esta diferencia puede ser descrita como diferencia de complejidad: el entorno de un sistema es siempre más complejo que el sistema mismo” ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social.: 185), lo que comprende la oferta de un excedente de posibilidades que el sistema no puede procesar.

Presentada la complejidad y la teoría de sistemas, resta reunir ambos campos. Si se repara en los dos primeros usos de la complejidad identificados –complejidad como espacio no marcado y complejidad de la operación–, la solución sistémica al problema de la complejidad puede ser observada desde ambos lados: en el nivel de la formación de sistemas, ellos están coaccionados a seleccionar para poder diferenciarse del entorno. A su vez, la separación entre sistema y entorno se torna evidente a la luz de sus diversos gradientes de complejidad: para todo sistema su entorno es más complejo. A falta de la variedad requerida, no puede reaccionar ante cualquier cambio en la situación del entorno u orientarse adecuadamente hacia él. Luego, sistema y entorno nunca coinciden, pues de lo contrario no habría diferencia. Con todo, fruto de la complejidad inherente, el sistema está obligado a seleccionar; y es a través de la selección que el sistema se vuelve complejo. Se trata de dos caras de una misma moneda.

Además, se plantea que la combinación con la teoría de sistemas permite renovar la idea de complejidad: más que centrarse en la típica pregunta acerca de cómo medir un concepto pluridimensional, el problema atañe a la comprensión de la capacidad de relacionalidad del sistema. Dicho argumento se enfrenta visiblemente a la ontología clásica, al postulado de que el elemento es la unidad del ser imposible de descomponer, como lo sería el átomo, una unidad que precisamente es la que garantiza el ser. Para desprenderse de esa concepción, hubo que admitir que los elementos del sistema son constituidos por él y, por lo tanto, su unidad se logra con la complejidad del sistema. Con ello, se allana el camino para liberarse de la hipótesis sobre una asimetría ontológica entre lo simple –lo que es irreductible, imposible de ser descompuesto– y lo complejo –lo destructible, posible de ser descompuesto–, así como de los callejones teóricos sin salida a los que conduce. Cabe entonces formularse, entre otras, las preguntas acerca de cómo surge el todo desde las partes, dónde está el excedente del todo. La nueva concepción reconoce diferencias de complejidad, la complejidad inasible del sistema que relaciona todo con todo; asimismo, la complejidad estructurada, la selección contingente. En ambos sentidos, la complejidad del sistema debe distinguirse de la del entorno ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos. ).

A juicio de Luhmann, la fusión de ambas teorías da origen a una nueva: la de los sistemas complejos. El nuevo enfoque completa la especificación de los conceptos ya tratados: como se señaló, la emergencia de los sistemas no puede separarse de la creación de sus límites, los que marcan una línea divisoria que implica un detrás; presuponen que hay una realidad, más allá de ellos, a la que puede accederse si se los rebasa. Así, los límites cumplen una doble función: separan y unifican sistema y entorno. Cuando se hallan firmemente establecidos, los problemas surgidos al interior del sistema (dentro de sus límites) son tratados con los medios propios de ese sistema, hacia dentro y hacia afuera. En caso de que los límites separen elementos, no ocurre lo mismo con las relaciones, las que pueden acontecer entre sistema y entorno. Finalmente, a la luz del problema del gradiente de complejidad, se manifiesta que los límites son una estrategia del sistema para estabilizar su propia complejidad, para reducirla; por lo tanto, se trata de “membranas, pieles, muros, puertas, puestos fronterizos, posiciones de contacto” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 52) producidos por el sistema.

Por lo demás, no se puede entender la idea de límite sin concebir el detrás que presuponen, esto es, el entorno, “un estado de cosas relativo al sistema” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 176). Dado que los sistemas autorreferenciales se autodelimitan respecto de su entorno, el entorno de cada sistema es diferente; es un correlato negativo, “es todo lo demás” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 176). Corresponde recordar el carácter asimétrico de la relación entre ambos: el entorno siempre es más complejo que el sistema, posee menor orden. La diferencia, el límite, estabiliza el gradiente de complejidad, y viceversa, el gradiente de complejidad facilita el éxito de la diferenciación; pero el gradiente circula siempre en una sola dirección, la que además es irreversible: “la identidad en diferencia con todo lo demás no es, en el fondo, sino determinación y unificación del gradiente de complejidad” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 178).

TIEMPO

Otro aspecto relevante, que indica el alejamiento de la tradición ontológica, reside en la consideración del tiempo. Para dicha tradición, el problema acerca de si el tiempo es o no es comporta la distinción subsidiaria entre cosas mutables/inmutables, donde las últimas tienen calidad de ser. La evaluación luhmanniana de ese esquema desemboca en el tiempo, sustentado que adquiere sentido porque es, porque subiste. La existencia de la temporalidad, entonces, no puede ser enjuiciada, es permanente y actúa como marco del mundo.

Para la teoría de los sistemas complejos el tiempo da cuenta de que no todo permanece como es y que, además, siempre que sucede algo también sucede otra cosa. Guiada por tales apreciaciones, y por otro camino, se llega a la tesis fundacional que afirma la imposibilidad de que existan sistemas capaces de controlar todas sus condiciones, durante todo el tiempo ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 62); y con ella, nuevamente, a la coacción a seleccionar. En oposición al pensamiento ontológico clásico, la relación complejidad-selección no remite a un estado del ser, sino a una temporalidad específica: el sistema, “surge por medio del tiempo y en el tiempo” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 63); este determina la necesidad de seleccionar, ya que si los sistemas dispusieran de un tiempo infinito podrían relacionar todos sus elementos. Así las cosas, “selección es, podría decirse, la dinámica de la complejidad” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 63). Ya que los sistemas complejos tienen que adaptarse al tiempo, ¿cómo lo hacen?

De la identificación del gradiente de complejidad diferencial se deduce que el sistema tiene una temporalidad propia, distinta a la del entorno, pero que debe caber en ella. Esto significa que los elementos del sistema se definen por referencia al tiempo, lo que implica, primero, que no hay correspondencia punto por punto con el entorno; después, que existe un flujo regular del tiempo en el que se integran el pasado y el futuro de ambos. Por tanto, la diferencia sistema/entorno ocurre simultáneamente, tiene una cronología en común. Frente al problema de cómo disminuir dicha simultaneidad, la solución viene por el lado del presente, punto de referencia entre pasado y futuro. Considerando su pasado y su futuro, los sistemas se diferencian formando sus propios límites, al igual que sus propias reglas, que se desarrollan en un presente vinculado a los horizontes del mundo.

Para Luhmann, entonces, la ontología tradicional exhibe una carencia primordial: entre pasado y futuro no hay nada; tampoco hay algo en ese «entre». En el contexto de la teoría de los sistemas complejos falta aquello que posibilita la observación del tiempo, justamente el presente, única temporalidad en la que se actualizan las operaciones. El sistema inicia el tiempo, su operación, en su punto de localización. Luego, el tiempo es un esquema que sirve para la sincronización, cuya unidad ultraelemental es la diferencia antes/después. Aquí es donde aparece el presente, un acontecimiento instantáneo, un límite que traza la distinción entre un antes y un después, entre un pasado y un futuro: “como quiera que se visualice el presente , constituye un fragmento tan corto de tiempo que tiene sólo la función de evitar que pasado y futuro queden fundidos” ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social.: 223). En conclusión, el tiempo deja de ser una dimensión preexistente (una sustancia) para emerger en el momento en que se efectúa una observación.

Esta problematización del tiempo también revisa algunos planteos precedentes de la teoría de sistemas. En primer término, Luhmann subraya que la teoría clásica entiende que la complejidad representa la diversidad de los estados del sistema cuando están situados secuencialmente. En vista de una comprensión más amplia del vínculo, propone aprehender los elementos del sistema como unidades temporales; es decir, como instantes, acontecimientos, operaciones recursivas que reiteran y anticipan instantes; acontecimientos y operaciones que en ese momento no son actuales en el sistema. De tal forma, complejidad alude a una simultaneidad de estados establecidos y de estados aún no establecidos que, por supuesto, son impredecibles ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social. ). Ulteriormente, alega que cuando el sistema utiliza el tiempo para resolver los problemas a afrontar en virtud de su complejidad, temporaliza la complejidad, lo que no es otra cosa que adaptación sistémica a la inherente irreversibilidad temporal. Dado que está constituido por elementos que son acontecimientos altamente inestables y de poca duración, debe ordenar su sucesión seleccionando su realacionabilidad en una secuencia cronológica: “así pues, existe un sistema suficientemente estable de elementos inestables que debe su estabilidad a sí mismo, no a sus elementos, que se crea sobre una base no existente y constituye, en este mismo sentido, un sistema autopoiético” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 67).

El punto es que el acontecimiento no puede separarse del sistema ni distinguirse de él; en consecuencia, la diferencia que guía la teoría no es la existente entre elemento (acontecimiento)/sistema, ni entre elemento (acontecimiento)/proceso, sino entre elemento (acontecimiento)/relación ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 68). Con ello, se logra un avance significativo para la interpretación de los sistemas, pues revela que su verdadera potencia es el condicionamiento entre la disolución y reproducción de sus elementos: los “sistemas con complejidad temporalizada dependen de la desintegración constante , la cual crea, de cierto modo, espacio y demanda para los elementos subsiguientes, es causa concomitante y necesaria para su reproducción” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 68). La reproducción de sus elementos constituye un problema al que se enfrenta constantemente, donde reproducción no implica repetición de la producción de lo mismo, sino producción reflexiva de productos. Cuando entra en escena la dimensión temporal, aparece el problema de la duración: el sistema tiene que asegurar la renovación interminable de sus elementos, inherentemente insostenibles a lo largo del tiempo; por tanto, no se trata de una conservación inalterada del sistema, sino de una producción constante con base en la constelación de elementos actuales; o sea, de una estabilidad dinámica.

REALIDAD

Además de las polémicas en torno al proyecto des-ontologizador de Luhmann, cuando el análisis enlaza con la epistemología surge una nueva controversia acerca de si su postura es realista o constructivista. Chirstis resume la problemática de la siguiente manera: “al debatir con un realista, Luhmann es […] más constructivista (enfatizando el momento de conocimiento autorreferencial) de lo que parece ser cuando está discutiendo con un idealista escéptico (insistiendo en el momento de conocimiento externo referencial)”. Al poner en cuestión estas “direcciones opuestas y contradictorias” ( Chirstis, 2001CHIRSTIS, Jac. (2001), “Luhmann’s theory of knowledge : beyond realism and constructivism?” Soziale Systeme, v. 7, n. 2, pp. 328-349.: 229-230), propone liberarlo de sus excesos constructivistas –evidenciados en la tesis acerca de la inaccesibilidad e inobservabilidad del mundo– para emparentarlo con el realismo gramatical –de Wittgenstein, principalmente–, ya que ambos se enfrentan al realismo metafísico –que defiende la existencia de un mundo independiente del conocimiento, que determina el significado de los conceptos y la verdad de las declaraciones sobre el mundo– cuando generalizan el postulado kantiano acerca de la relevancia del momento no empírico para el conocimiento empírico a todos los conceptos científicos.

Contrariamente, Matuszek (2015)MATUSZEK, Krzysztof C. (2015), “Ontology, Reality and Construction in Niklas Luhmann’s Theory”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 203-210. afirma que en el plano epistemológico Luhmann es escéptico y agnóstico respecto a lo real; que solo por razones metodológicas parte desde un realismo ingenuo, prontamente abandonado para enfilarse en el constructivismo radical, para el que la cognición depende de las distinciones utilizadas; y para el que, por ende, la realidad (independiente de la observación) no es la base esperada del conocimiento. Scholl (2012SCHOLL, Armin. (2012), “Between realism and constructivism?: Luhmann’s ambivalent epistemological standpoint”. Constructivist Foundations, v. 8, n. 1, pp. 5-12. ; 2015) coincide en que su acercamiento inicial al realismo se debe a cuestiones metodológicas, pero no comparte que se lo clasifique como un escéptico que niega la realidad6 6 . Precisamente, diferenciar agnosticismo de escepticismo es el paso clave para desmantelar los argumentos que sostienen que Luhmann termina generando una ontología negativa, que al negar la realidad no logra liberarse de la ontología ( Scholl, 2015 ). . Por considerar que la realidad no juega ningún papel teórico Luhmann es agnóstico, y por postular la pluralidad y la contingencia de los sistemas de observación se posiciona más próximamente del constructivismo radical de lo que suele admitir. Mavrofides (2015)MAVROFIDES, Thomas. (2015), “So, What Do You Think About Luhmann’s Ontology?”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 211-212. también lo sitúa en dicha corriente, la que además de ser una posición filosófica, es la maniobra metodológica que le permite sostener que la realidad está destinada a permanecer desconocida. De ese modo, la realidad se convierte en una herramienta abstracta e irrelevante para el observador de los observadores.

Una visión alternativa es la de Nassehi (2012)NASSEHI, Armin. (2012), “What exists between realism and constructivism?” Constructivist Foundations, v. 8, n. 1, pp. 14-15. quien, junto a enfatizar que Luhmann no es un constructivista radical, advierte que esa perspectiva suele menospreciar las implicaciones ontológicas de su postura. Tampoco es un realista, asegura, ya que ambas categorías son insuficientes para caracterizarlo pues, al reemplazar la distinción construcción/realidad con las operaciones de distinción sistema/entorno, funda una tercera posición. Con un planteo cercano, Pignuoli Ocampo sostiene que Luhmann no vincula realismo y constructivismo en términos de oposición, sino de paradoja, logrando un diseño no-dualista que reproblematiza la fundación del conocimiento científico. En ese marco, desarrolla una posición constructivista no-antirrealista, que supera la antinomia y evita “tanto la fundación fuerte del realismo como los excesos idealistas del constructivismo” ( Pignuoli Ocampo, 2019PIGNUOLI OCAMPO, Sergio. (2019), “La superación de la antinomia entre realismo y constructivismo en Luhmann y Bhaskar. Hacia una fundación paradójica del conocimiento científico”. Revista Internacional de Sociología, v. 77, n. 1, pp. 1-14.: 7). Moeller, en cambio, dice que la peculiaridad del posicionamiento luhamnniano es hacer coexistir pacíficamente una ontología realista con una epistemología constructivista: “el constructivismo […] dice que lo que una construcción construye es la realidad o, al revés, la realidad es lo que una construcción es capaz de construir” ( Moeller, 2012MOELLER, Hasns-George. (2012), The Radical Luhmann. New York: Columbia University Press.: 91). Finalmente, Becerra y Castorina (2018)BECERRA, Gastón; CASTORINA, José A. (2018), “Towards a Dialogue Among Constructivist Research Programs”. Constructivist Foundations, v. 13, n. 2, pp. 191-200. hablan de una tensión intrínseca a la combinación que realiza Luhmann entre realismo y escepticismo. Para iluminarla, contrastan su pretensión de establecer una sociología empírica partiendo del postulado «hay sistemas» con la elaboración de una teoría del conocimiento constructivista.

Las variadas interpretaciones son comprensibles puesto que se trata de un tema complejo, acerca del cual Luhmann no fue lo suficientemente específico, sobre todo si se lo compara con la exposición de la complejidad, los sistemas y el tiempo. Para comenzar, es útil repasar la tesis de la des-ontologización: al presentarla advierte que “no significa que se niegue la realidad, porque entonces no habría nada que operara, nada que se observara, y nada que se pudiera obtener mediante el apoyo de distinciones”. En ese sentido, Luhmann no es escéptico respecto a la realidad; lo que cuestiona es “la relevancia epistemológica de una representación ontológica de la realidad”. En definitiva, dado que el conocimiento no tiene acceso al mundo externo, al entorno, se abren dos opciones: “se puede negar que exista dicho mundo externo; pero también podemos –y más verosímilmente– afirmar que el mundo externo es como es” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 67).

Desde aquí los senderos se bifurcan: surge un problema ontológico, que involucra el entendimiento de la realidad, y otro epistemológico, que indaga el vínculo entre conocimiento y realidad. Empezando por el segundo, Luhmann lo aborda desde una postura constructivista operativa, según la cual: “los sistemas de conocimiento son sistemas reales (empíricos, es decir, sistemas observables) en un mundo real. Sin un mundo no podrían existir ni saber. Es solo que cognitivamente el mundo es inaccesible para ellos” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 70). Por ser una operación que se realiza dentro de los límites del sistema científico, el conocimiento es real, pero no tiene acceso a una realidad que está en el entorno. El científico, entonces, es un sistema clausurado mediante el entrelazamiento recursivo de comunicaciones que giran en torno al conocimiento, y que se reproduce autopoieticamente en un entorno al que no puede conocer, sino únicamente construir ( Luhmann, 2006LUHMANN, Niklas. (2006), “Cognition as Construction”, in H. G. Moeller (Ed.), Luhmann Explained: from souls to systems. Chicago: Open Court, pp. 241-260. ); o sea que construye su propia realidad, aunque debe asumir que “la realidad construida no es […] la realidad mencionada ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 76)7 7 . Por supuesto, en la sociedad moderna la ciencia no tiene exclusividad en la construcción de la realidad. El sistema de los medios de masas, por caso, con cada uno de sus campos programáticos –noticias, reportajes, publicidad y entretenimiento–, y mediante el código información/no-información, aporta sus propias construcciones sobre la realidad social, las que especialmente entran en disputa con las descripciones que realiza la sociología. A su vez, en el marco de la tesis de la diferenciación funcional, lo mismo se replica en cada uno de los sistemas: así como las construcciones científicas permiten, por ejemplo, que los investigadores observen las observaciones de sus colegas mediante sus publicaciones, en el sistema económico el dinero habilita que se observen observaciones compitiendo en el mercado –entorno interno de las empresas e interacciones económicas–; de igual manera, en la política, gobierno y oposición miden su poder en la opinión pública –entorno interno de las organizaciones e interacciones políticas–. Así, con sus propias construcciones cada sistema contribuye a la organización estructural heterárquica que caracteriza a la sociedad moderna ( Luhmann, 2000 ; 2007b ). . En base a estos supuestos, toma distancia de las tesis clásicas referidas a la asimilación, la compatibilidad, la analogía o la adaptación entre conocimiento y objeto, para establecer que la ciencia no representa la realidad.

Este escepticismo a nivel epistemológico llega a su tope cuando sostiene que, ni la negación, ni la afirmación de la realidad pueden ser probadas. No obstante, hay algunos pasajes que ofrecen pistas de por qué resulta más verosímil inclinarse por la segunda opción, los que se repasan a continuación para identificar la concepción luhmanniana de realidad.

Una primera aproximación destaca cuando presenta uno de los principios constitutivos del constructivismo:

Hay un mundo externo, que resulta del hecho de que la cognición, como una operación auto-operada, puede llevarse a cabo, pero no tenemos contacto directo con ella. […] El conocimiento solo puede conocerse a sí mismo, aunque puede, como si fuera por el rabillo del ojo, determinar que esto solo es posible si hay algo más que cognición ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 64, 65).

Posteriormente, en defensa de la concepción constructivista del círculo de la auto-fundación del conocimiento, exhibe el siguiente ejemplo de interés: “Desde hace bastante tiempo se sabe que el cerebro no tiene absolutamente ningún contacto cualitativo con el mundo externo, solo uno muy leve y cuantitativo.” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 67). De un tenor parecido son las declaraciones acerca de que “no puede haber duda de que el mundo externo existe o de que el verdadero contacto con él es posible como condición necesaria de la realidad de las operaciones del sistema mismo”. Con mayor énfasis, también sostiene que “hay al menos algunas pistas que indican que una realidad que permanece desconocida, si fuera totalmente entrópica, no permitiría la cognición” ( Luhmann, 2006LUHMANN, Niklas. (2006), “Cognition as Construction”, in H. G. Moeller (Ed.), Luhmann Explained: from souls to systems. Chicago: Open Court, pp. 241-260.: 255). Por último: “para la cognición, solo lo que sirve en un caso dado como distinción es una garantía de la realidad, un equivalente de la realidad. Se podría decir con mayor precisión: la fuente de la realidad que garantiza la distinción radica en su propia unidad operativa” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 76). Entonces, aunque solo sea «por el rabillo del ojo» o mediante un leve «contacto cuantitativo», distinción mediante, el conocimiento puede tener ciertas «garantías» de que solo es posible si hay algo más que conocimiento, esto es, una realidad que no puede ser «totalmente entrópica». Si el relevamiento es correcto, aunque no abundan las precisiones se puede establecer que para Luhmann la realidad es condición de posibilidad del conocimiento.

Otro indicio relevante es la caracterización de la realidad como un concepto indiferenciado, planteo que combina aspectos ontológicos y epistemológicos. En el esquema luhmanniano son tres los conceptos que no son introducidos mediante distinciones con otro concepto: el mundo, unidad entre sistema/entorno; el sentido, unidad entre actualidad/posibilidad; y la realidad, unidad entre cognición/objeto. Su cualidad de conceptos indiferenciados radica en que pueden incluir su negación. La negación del mundo sólo puede efectuarse en el mundo; la negación del sentido incluye sentido; y la negación de la realidad supone una operación real. Una de las novedades del constructivismo es que además de atender a las observaciones recursivas de su observado, amplía la mirada hacia su latencia. Para la ciencia, esto implica que no hay nada en el entorno que se corresponda con la cognición. Su punto ciego es la realidad, la unidad entre conocimiento y objeto. Explorado desde su contracara, “conduce a la tesis radicalmente constructivista de que la cognición solo es posible cuando y porque los sistemas se cierran operacionalmente en el nivel de sus distinciones e indicaciones y, por lo tanto, se vuelven indiferentes a lo que se excluye como entorno” ( Luhmann, 2006LUHMANN, Niklas. (2006), “Cognition as Construction”, in H. G. Moeller (Ed.), Luhmann Explained: from souls to systems. Chicago: Open Court, pp. 241-260.: 260). El conocimiento, entonces, sólo es posible por el cierre de la ciencia, el que se debe a su no correspondencia con los acontecimientos del entorno. De lo contrario, la complejidad inabarcable del entorno lo disolvería y no sería posible la diferenciación del sistema científico.

Ahora bien, ¿por qué la realidad es su punto ciego? Para su esclarecimiento se ponen en funcionamiento los tres usos de la complejidad. En tanto concepto indiferenciado y unidad entre conocimiento y objeto, la realidad es complejidad no reducida. Sus elementos traspasan el umbral que hace posible conocer las relaciones que se entablarán entre ellos; por tanto, es la totalidad de acontecimientos posibles, consecuencia derivada de la complejidad como espacio no marcado. Ante ello, el sistema científico, coaccionado a seleccionar, es un mecanismo reductor de complejidad que enlaza selectivamente sus elementos, consecuencia derivada de la operación de la complejidad. En efecto, carece de información para aprehender y describir plenamente tanto al entorno como a sí mismo, consecuencia derivada de la complejidad de la observación.

Todo lo referido al conocimiento científico es producto de su cierre8 8 . Este círculo autorrefencial del conocimiento es uno de los principios claves con el que Luhmann intercede en la disputa que al interior de la teoría de sistemas surge entre concepciones concretas y analíticas: para la primera, el sistema ya se encuentra constituido en la realidad, por lo que la tarea del observador sería descubrirlo tal cual es; para la segunda, en cambio, es el observador quien designa a priori al sistema, al entorno y sus límites. Para superar esta disputa que obstaculiza el avance de la teoría, propone trascender el presupuesto erróneo que la guía. De lo que se trata es de rechazar la posibilidad de que pueda existir un observador externo y aceptar las implicaciones autológicas de toda observación: “lo que es válidos para los objetos, es también válido para el observador” ( Luhmann, 2007a: 57). Así, asumiendo que el observador forma parte del mundo que observa, definir las condiciones de posibilidad de un sistema implica establecer cuál es la operación con la que obtiene y mantiene la diferencia con su entorno. . Por no tener la variabilidad requerida para afrontar la realidad, ésta queda del lado de lo distinguido, es parte del entorno. Por un camino alternativo arriba, nuevamente, al principio que informa que la cognición no tiene correlato en el entorno, y junto a ello, que entre objeto y conocimiento no hay una relación de representación sino de construcción. En base a ello, si previamente se estableció que la realidad es condición de posibilidad del conocimiento, ahora debe añadirse la consideración epistemológica de que la realidad nunca puede ser utilizada como argumento válido para la fundamentación del conocimiento.

CONCLUSIONES

En la introducción se organizó el debate en torno al proyecto des-ontologizador de Luhmann. Se observó que entre aquellos que sostienen que la des-ontologización se logra están quienes afirman que contribuye al avance del conocimiento y, en contraste, quienes consideran que lo obstaculiza. Además, que entre aquellos que destacan que sí hay ontología están quienes entienden que evidencia el fracaso del proyecto general y quienes no9 9 . Otro foco de debate involucra consideraciones metodológicas. A fin de renovar el funcionalismo, por ejemplo, Luhmann propone desligarlo de su subsunción al esquema causal y reconvertirlo en un método de comparación que trate diferentes posibilidades como equivalentes funcionales. De ese modo, plantea una lógica alternativa a la ontología clásica, fundamentada en la posibilidad de comparar: puesto que algo puede ser y también no ser, algo es reemplazable ( Luhmann, 1973 ). Incorporar la dimensión metodológica permite contemplar otro tema relevante, concerniente a cómo se investiga desde una de una teoría post-ontológica, sistémica y orientada por el problema de la complejidad. Arnold (1998) sostiene que enfoques sistémico/constructivistas (como el de Luhmann), al observar observadores y no objetos, redefinen el quehacer de la investigación social tradicional: identifican conjuntos relacionados de distinciones, en lugar de guiarse por la reducción analítica y causal de componentes y procesos; observan redes de retroalimentaciones, en lugar de procesos lineales; aplican a esquemas contingentes, en lugar de legales; utilizan procedimientos cualitativos, en lugar de distributivos o algorítmicos; seleccionan interlocutores mediante muestreos estructurales, en lugar de estadísticos; y operan según una lógica interpretativa, en lugar de una cuantitativa, basada en estímulos y respuestas. Ligado a ello, considera que para investigar sistemas sociales, las técnicas más recomendables son las dirigidas a la aprehensión de sentido, por ejemplo, el trabajo de campo, la observación participativa, los documentos personales, las historias orales, las entrevistas etnográficas y las entrevistas grupales. En una línea similar, Urquiza, Billi y Leal (2017) desarrollan un modelo general, basado en la teoría luhmanniana, para comprender el rol y la relación de los principios de plausibilidad teórica y fundamentación empírica en la investigación social. Con él, elaboran nuevas respuestas a la pregunta clásica de la inducción, así como también, atienden a dos problemáticas metodológicas: los desafíos a la investigación cualitativa en ciencias sociales desde miradas positivistas y analíticas del conocimiento, y las críticas a la baja capacidad para realizar investigación empírica de las perspectivas sistémico-constructivistas. Desde el del constructivismo radical (corriente en la que incluye a Luhmann), Scholl (2008) sugiere que la investigación social empírica no solo involucra reglas metodológicas, también se basa en premisas epistemológicas. En ese cuadro, distingue entre observación teórica y empírica desde una lógica no dualizante, que en vez de plantear su oposición, considera la relación de control y equilibrio permanente entre abstracción y concreción. Además, cree que el constructivismo radical provee el marco adecuado para combinar metodologías cuantitativas –generalmente asociadas a posiciones realistas que invisibilizan al observador– con metodologías cualitativas –generalmente asociadas a posiciones constructivistas que visibilizan al observador (entrevistador, analizador de texto, observador participante, etc.). .

Este trabajo comparte el dictamen de que en la perspectiva luhmanniana hay una fuerte presencia de elementos ontológicos y entiende que, lejos de invalidar su proyecto, son fundamentales para encarar los problemas que plantea. Por tanto, se los considera aspectos ineludibles para obtener una imagen más completa de su pensamiento sociológico. En cuanto a la primera línea del debate, puede decirse que aquellos que defienden la des-ontologización no están tan lejos del rumbo elegido, pues todos identifican cierta ontología mínima en su postura ( Clam, 2000CLAM, Jean. (2000), “System’s Sole Constituent , the Operation : Clarifying a Central Concept of Luhmannian Theory”. Acta Sociológica, v. 43, n. 4, pp. 63-79. ; Karafillidis, 2015KARAFILLIDIS, Athanasios. (2015), “Ontogenesis, or: If You Want to Study Ontology, Do not Use Ontology”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 214-216. ; Scholl, 2012SCHOLL, Armin. (2012), “Between realism and constructivism?: Luhmann’s ambivalent epistemological standpoint”. Constructivist Foundations, v. 8, n. 1, pp. 5-12. ). No obstante, también se cree que el énfasis involucra intereses propios, puntualmente, demostrar la pertenencia de Luhmann al constructivismo radical, epistemología que desarrolla un concepto de realidad des-ontologizado ( Scholl, 2015SCHOLL, Arimn. (2015), “Searching and Finding Ontology”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 218-221. ). Finalmente, el repudio a la des-ontologización desde el emergentismo social se basa en una serie de supuestos no compartidos, como ser, que Luhmann menosprecia la problemática de la complejidad; sostiene que los sistemas sociales no son entidades reales; niega la influencia de los niveles inferiores de un sistema emergente; abandona las explicaciones causales; confunde el conocimiento del ser con el ser mismo; y, principalmente, rechaza la ontología ( Elder-Vass, 2007ELDER-VASS, Dave. (2007), “Luhmann and Emergentism: Competing Paradigms for Social Systems Theory?”. Philosophy of the Social Sciences, v. 37, n. 4, pp. 408-432. ; Mingers, 2004MINGERS, John. (2004), “Can Social Systems be Autopoietic ? Bhaskar’s and Giddens’”. Social Theories, v. 34, n. 4, pp. 403-427. ; Wan, 2010WAN, Poe Yu-se. (2010), “Emergence à la Systems Theory: Epistemological Totalausschluss or Ontological Novelty?”. Philosophy of the Social Sciences, v. 41, n. 2, pp. 178-210. ).

Para fundamentar la decisión se repasa el camino trazado. En primer lugar, el proyecto de Luhmann abarca la des-ontologización de la semántica tradicional vétero-europea fundada en un esquema de observación que distingue entre ser/no ser, y para el cual la nada no existe y lo real ocurre solo bajo la unidad del ser. La descripción de una sociedad que ya no existe, vuelve obsoleta la ontología clásica, incapaz de observar que su unidad es producto de una distinción. El trabajo realizado se apoya en que el abandono de este tipo peculiar de ontología no inhabilita la exploración de su propia postura ontológica, la que en línea con la teoría de la forma de Spencer-Brown, parte de la diferencia y no de la unidad. En ese marco, se analizaron sus conceptualizaciones sobre la complejidad, los sistemas, el tiempo y la realidad.

El tratamiento de la complejidad y de los sistemas conduce a la teoría de los sistemas complejos. Según ésta, la diferencia entre sistema/entorno es una diferencia de complejidad. El punto de partida es la complejidad como problema de referencia o espacio no marcado. Luego, a falta de variedad requerida, los sistemas deben seleccionar; o sea, a través del enlace selectivo de sus elementos se constituyen los sistemas, que son mecanismos reductores de complejidad. Finalmente, al observarlos se aprecia su punto ciego: la falta de información para aprehender y describir plenamente, tanto al entorno como a sí mismos.

Estas consideraciones conducen al «hay sistemas», uno de los puntos más discutidos de su teoría. Llamativamente, cuando se infravalora su relevancia suele soslayarse su inherente conexión con la operación: porque hay operación, «hay sistemas». Enlazando selectiva y recursivamente sus operaciones el sistema se diferencia del entorno y alcanza su clausura; y solo clausurándose operativamente puede abrirse a un entorno más complejo. Por eso, al examinar su perspectiva ontológica la operación no puede pasarse por alto. Sin atender a la operación no se alcanza a comprender por qué Luhmann insiste en postular el carácter concreto (no analítico) de sistemas que son reales, que están en el mundo real y que además son autorreferenciales, autoorganizativos y autopoiéticos.

La teoría de los sistemas complejos se completa cuando contempla la variable temporal. Las operaciones, los elementos del sistema, son unidades temporales; son instantes, acontecimientos altamente inestables y de poca duración. La operación, entonces, se actualiza solo en el presente, acontecimiento instantáneo que traza la distinción antes/después o entre pasado/futuro. Los sistemas, entonces, temporalizan la complejidad, adaptándose a la inherente irreversibilidad temporal.

En suma, examinar estas categorías es vital para comprender por qué la tesis de la des-ontologización “no cuestiona el mundo externo, sino solo la simple distinción ser/no-ser que la ontología le ha aplicado” ( Luhmann, 1990LUHMANN, Niklas. (1990), “The Cognitive Program of Constructivism”, in W. Krohn; G. K üppers; H. Nowotny (Eds.), Selforganization. Portrait of a scientific revolution. Dordrech: Kluwer Academic Publishers, pp. 64–85.: 67); y por qué en vez de optar por la unidad del ser, parte desde la diferencia para, inmediatamente después, vincularse con la teoría de sistemas e inclinarse por la diferencia sistema/entorno.

La última tarea fue dilucidar su concepción de realidad. En base al relevamiento de los textos más explícitos sobre el tema, se concluyó que la realidad es la condición de posibilidad del conocimiento. Sin embargo, nunca puede ser utilizada como argumento para identificar algún tipo de base o fundamento del conocimiento. De ese modo, la ontología enlaza con la epistemología y confluye en el constructivismo operativo, con el que Luhmann plantea que el conocimiento científico es una construcción que se efectúa al interior de la ciencia, y que es real, pero no tiene acceso a la realidad.

La complejidad de la temática originó el debate acerca de si su postura es realista o constructivista. A la luz del trabajo realizado se rechaza su ubicación en alguno de los polos. En el plano epistemológico su postura constructivista no da lugar a dudas: por ser una operación que se realiza dentro de los límites del sistema científico, el conocimiento solo puede construir su propia realidad. Sin embargo, no deben menospreciarse los elementos realistas constitutivos de su ontología, la complejidad, los sistemas, la temporalidad y la realidad como condición de posibilidad de la ciencia, todos fundamentales para evitar que su constructivismo derive en algún tipo de idealismo, solipsismo o escepticismo. Por supuesto, su alejamiento del realismo clásico, tal como afirman todos los comentaristas reseñados, queda explicitado en el principio que señala la no correspondencia entre conocimiento y realidad.

Con todo, ni la coexistencia entre realismo y constructivismo es tan pacífica como suele señalarse, ni los límites entre su postura ontológica y epistemológica pueden delimitarse fácilmente. Por ello, se opta por alinearse con quienes destacan ciertas tensiones o ambivalencias inherentes a su postura. En esa línea, vale terminar citando al propio Luhmann: “se debe conservar la relación con la realidad pero, por otra parte, la ciencia, y en especial la sociología, no debe dejarse embaucar por la realidad” ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos.: 11).

REFERENCIAS

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NOTAS

  • 1
    . Pareciera que la crítica a Luhmann por parte de los emergentistas sociales se origina en este punto: dejar al individuo en el entorno social es una falacia injustificable, pues “los sistemas sociales también son entidades, compuestas de partes que a su vez son entidades: seres humanos” ( Elder-Vass, 2007ELDER-VASS, Dave. (2007), “Luhmann and Emergentism: Competing Paradigms for Social Systems Theory?”. Philosophy of the Social Sciences, v. 37, n. 4, pp. 408-432.: 414).
  • 2
    . Sobre este punto, Rasch (2012)RASCH, William. (2012), “Luhmann´s Ontology”. Revue Internationale de Philosophie, v. 259, n. 1, pp. 85-104. observa que aunque Luhmann sigue de cerca el planteo de G. Günther, acaba simplificándolo porque en lugar de partir desde la distinción ser/reflexión, lo hace desde la distinción ser/no-ser. Al saltearse ese paso, elabora una versión caricaturesca de la ontología.
  • 3
    . A su vez, estos fundamentos constituyen la base sobre la que Luhmann erige su teoría del observador, cuya influencia sobre su posicionamiento ontológico y epistemológico fue abordada en Giordano (2021)GIORDANO, Pedro. (2021), “Contribuciones ontológicas y epistmológicas de la teoría luhmanniana del observador”. Revista Mexicana de Sociología, v. 82, n. 4 (octubre-diciembre 2021), pp. 801-830. .
  • 4
    . Manifestada en su incapacidad para elaborar un marco de referencia abstracto, aplicable a la observación de la sociedad y sus sistemas constituyentes ( Luhmann, 1998bLUHMANN, Niklas. (1998b), Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general. Barcelona: Anthropos. ).
  • 5
    . Para precisar qué es un sistema, se alinea con la “teoría general de sistemas de segunda generación” ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social.: 56), promotora del cambio de su diferencia directriz desde la teoría sistema/entorno hacia la autorreferencialidad. Entre sus impulsores destaca a los biólogos von Foerster (referente de la cibernética de segundo orden) y Maturana (creador de la idea de autopoiesis), el filósofo Gotthard Günther (diseñador de la lógica polivalente) y el matemático Spencer-Brown, referencia obligada de todos ellos.
  • 6
    . Precisamente, diferenciar agnosticismo de escepticismo es el paso clave para desmantelar los argumentos que sostienen que Luhmann termina generando una ontología negativa, que al negar la realidad no logra liberarse de la ontología ( Scholl, 2015SCHOLL, Arimn. (2015), “Searching and Finding Ontology”. Constructivist Foundations, v. 10, n. 2, pp. 218-221. ).
  • 7
    . Por supuesto, en la sociedad moderna la ciencia no tiene exclusividad en la construcción de la realidad. El sistema de los medios de masas, por caso, con cada uno de sus campos programáticos –noticias, reportajes, publicidad y entretenimiento–, y mediante el código información/no-información, aporta sus propias construcciones sobre la realidad social, las que especialmente entran en disputa con las descripciones que realiza la sociología. A su vez, en el marco de la tesis de la diferenciación funcional, lo mismo se replica en cada uno de los sistemas: así como las construcciones científicas permiten, por ejemplo, que los investigadores observen las observaciones de sus colegas mediante sus publicaciones, en el sistema económico el dinero habilita que se observen observaciones compitiendo en el mercado –entorno interno de las empresas e interacciones económicas–; de igual manera, en la política, gobierno y oposición miden su poder en la opinión pública –entorno interno de las organizaciones e interacciones políticas–. Así, con sus propias construcciones cada sistema contribuye a la organización estructural heterárquica que caracteriza a la sociedad moderna ( Luhmann, 2000LUHMANN, Niklas. (2000), La realidad de los medios de masas. México: Anthropos. ; 2007bLUHMANN, Niklas. (2007b), La sociedad de la sociedad. México: Herder. ).
  • 8
    . Este círculo autorrefencial del conocimiento es uno de los principios claves con el que Luhmann intercede en la disputa que al interior de la teoría de sistemas surge entre concepciones concretas y analíticas: para la primera, el sistema ya se encuentra constituido en la realidad, por lo que la tarea del observador sería descubrirlo tal cual es; para la segunda, en cambio, es el observador quien designa a priori al sistema, al entorno y sus límites. Para superar esta disputa que obstaculiza el avance de la teoría, propone trascender el presupuesto erróneo que la guía. De lo que se trata es de rechazar la posibilidad de que pueda existir un observador externo y aceptar las implicaciones autológicas de toda observación: “lo que es válidos para los objetos, es también válido para el observador” ( Luhmann, 2007aLUHMANN, Niklas. (2007a), Introducción a la teoría de sistemas. México: Universisdad Iberoamericana. Colección teoría social.: 57). Así, asumiendo que el observador forma parte del mundo que observa, definir las condiciones de posibilidad de un sistema implica establecer cuál es la operación con la que obtiene y mantiene la diferencia con su entorno.
  • 9
    . Otro foco de debate involucra consideraciones metodológicas. A fin de renovar el funcionalismo, por ejemplo, Luhmann propone desligarlo de su subsunción al esquema causal y reconvertirlo en un método de comparación que trate diferentes posibilidades como equivalentes funcionales. De ese modo, plantea una lógica alternativa a la ontología clásica, fundamentada en la posibilidad de comparar: puesto que algo puede ser y también no ser, algo es reemplazable ( Luhmann, 1973LUHMANN, Niklas. (1973), La Ilustración Sociológica y Otros Ensayos. Buenos Aires: Editorial Sur. ). Incorporar la dimensión metodológica permite contemplar otro tema relevante, concerniente a cómo se investiga desde una de una teoría post-ontológica, sistémica y orientada por el problema de la complejidad. Arnold (1998)ARNOLD, Marcelo. (1998), “Recursos para la Investigación Sistémico/Constructivista”. Cinta de Moebio, v. 3, pp. 31-39. sostiene que enfoques sistémico/constructivistas (como el de Luhmann), al observar observadores y no objetos, redefinen el quehacer de la investigación social tradicional: identifican conjuntos relacionados de distinciones, en lugar de guiarse por la reducción analítica y causal de componentes y procesos; observan redes de retroalimentaciones, en lugar de procesos lineales; aplican a esquemas contingentes, en lugar de legales; utilizan procedimientos cualitativos, en lugar de distributivos o algorítmicos; seleccionan interlocutores mediante muestreos estructurales, en lugar de estadísticos; y operan según una lógica interpretativa, en lugar de una cuantitativa, basada en estímulos y respuestas. Ligado a ello, considera que para investigar sistemas sociales, las técnicas más recomendables son las dirigidas a la aprehensión de sentido, por ejemplo, el trabajo de campo, la observación participativa, los documentos personales, las historias orales, las entrevistas etnográficas y las entrevistas grupales. En una línea similar, Urquiza, Billi y Leal (2017)URQUIZA, Anahí; BILLI, Marco; LEAL, Tomás. (2017), “Aplicar una distinción. Un programa sistémico-constructivista para la investigación social cualitativa”. Revista MAD-Universidad de Chile, v. 37, pp. 21-53. desarrollan un modelo general, basado en la teoría luhmanniana, para comprender el rol y la relación de los principios de plausibilidad teórica y fundamentación empírica en la investigación social. Con él, elaboran nuevas respuestas a la pregunta clásica de la inducción, así como también, atienden a dos problemáticas metodológicas: los desafíos a la investigación cualitativa en ciencias sociales desde miradas positivistas y analíticas del conocimiento, y las críticas a la baja capacidad para realizar investigación empírica de las perspectivas sistémico-constructivistas. Desde el del constructivismo radical (corriente en la que incluye a Luhmann), Scholl (2008)SCHOLL, Armin. (2008), “Non-dualizing Philosophy and Empirical Research”. Constructivist Foundations, v. 3, n. 3, pp. 172-180. sugiere que la investigación social empírica no solo involucra reglas metodológicas, también se basa en premisas epistemológicas. En ese cuadro, distingue entre observación teórica y empírica desde una lógica no dualizante, que en vez de plantear su oposición, considera la relación de control y equilibrio permanente entre abstracción y concreción. Además, cree que el constructivismo radical provee el marco adecuado para combinar metodologías cuantitativas –generalmente asociadas a posiciones realistas que invisibilizan al observador– con metodologías cualitativas –generalmente asociadas a posiciones constructivistas que visibilizan al observador (entrevistador, analizador de texto, observador participante, etc.).

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    22 Jul 2022
  • Fecha del número
    2023

Histórico

  • Recibido
    24 Abr 2020
  • Revisado
    11 Ago 2021
  • Acepto
    12 Ago 2021
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