Hace cuarenta años el posgrado stricto-sensu en el área de la Enfermería fue implantado en Brasil, con el primer curso de Maestría en 1972, en la Escola de Enfermagem Anna Nery / UFRJ. Desde entonces, los Programas son instituidos en diversas Escuelas y Facultades de Enfermería en Brasil y no paran de crecer, en cantidad y calidad.
Se puede decir que el posgrado, nivel de Maestría y de Doctorado, impulsó la investigación y, por consecuencia, la producción del conocimiento sobre lo que importa al campo de la salud, y al cuidado de enfermería - su ciencia y arte. Muchas fueron las conquistas a lo largo de estos cuarenta años, expresas tanto en los espacios políticos ocupados por enfermeras en las agencias de fomento y de evaluación de Programas, cuanto en el creciente proceso de calificación de los cursos para el alcance de su excelencia, nacional e internacional. Las luchas y los retos son constantes y las ganancias han sido evidenciadas en el aumento paulatino de bolsas para investigadores y en las conquistas de incontables editales para fomento de las investigaciones del área.
El crecimiento de la ciencia de la enfermería se hace sentir en los avances que se han evidenciado en el campo de las tecnologías de cuidado en salud, tanto en las de proceso cuánto en las de producto, que se conectan a la dinámica de la producción de conocimiento. No obstante, aunque se reconozcan tales conquistas y avances, ha sido pauta de diversos encuentros - en reuniones de evaluación del área y eventos científicos - la responsabilidad social que nos cabe, propia de la práctica del investigador, con la producción, difusión y aplicación del conocimiento. Este fue, inclusive, tema central del Seminario Nacional de Investigación en Enfermería, recién realizado en junio de 2013a
Este foco de debate del área se sitúa en la comprensión de que la ciencia necesita estar al servicio de la sociedad, sin la cual no tiene sentido la producción del conocimiento. El investigador, en especial el de enfermería, foco de este editorial, tiene el deber moral de volver sus investigaciones para el bienestar de la sociedad, para el confort y el cuidado a la salud humana; si así no lo fuera no sería él, pues, investigador de enfermería. En ese sentido, hay un compromiso ético en el trabajo del científico, que transciende a los cuidados aplicados en los procesos de desarrollo de un proyecto de investigación.
Pensar en la responsabilidad del investigador y en la ética implicada en la ciencia y en la producción del conocimiento no se restringe a la atención y al respeto al que se circunscribe en las resoluciones que normalizan investigaciones con seres humanos, a pesar de que estas sean indiscutiblemente importantes. Los principios de la ética en la investigación y en la producción del conocimiento recuren desde la concepción de la idea que norteará el estudio - que debe ser en favor de la sociedad/humanidad -, sus procesos constitutivos y métodos de abordaje - como se debe conducir la investigación -, sus riesgos y beneficios potenciales y reales -, como también a los usos que serán hechos con sus resultados, a las elecciones por los procesos de difusión y a la autoría de los papers publicados.
La difusión del saber producido, en presentaciones en los eventos nacionales e internacionales, los cuales colocan el investigador en contacto directo con interlocutores, sean de la academia o de la práctica, es uno de los caminos que propician la intersubjetividad necesaria a la crítica científica y al balizamiento sobre la propiedad de la aplicación práctica de los resultados de los estudios que se producen en el campo de la ciencia. Dialogar con los pares sobre nuestras producciones, oírles las críticas y considerar otros puntos de vistas y argumentaciones es emergente y saludable: hace muy bien a la ciencia.
La publicación de los resultados de la investigación es un importante dispositivo de difusión que amplía las posibilidades de su aplicación, una vez que permite que otros estudiosos consuman el conocimiento que está siendo producido, debatan, refutan, repliquen y lo apliquen. Una investigación no está concluida si no publica sus resultados. Una investigación encuadernada, sin visitación y citación, yace solitaria y queda en la historia como una obra incompleta.
La responsabilidad social y el compromiso del investigador con la difusión y aplicación del conocimiento producido es una importante expresión de la ética en la investigación, no debiendo el productor se regocijar con su producto y satisfacerse con el éxito de los resultados, solamente por el alcance en el plan teórico de la producción. Como parte de la responsabilidad social del investigador, la satisfacción debe ser colectiva, advenida de las potencialidades de su aplicación y de su efectiva transferencia para el plan práctico, en el intento de que se tenga impacto científico y social con lo que se produjo.
Hacer investigación es un acto humano, y como tal, no se desenlaza de la ética que nos hace ser humano: dotado de libertad, capacidad de elección, decisión y acción. Si escogemos seguir por el campo de la ciencia y decidimos formar parte del juego político-científico de este campo, que hagamos investigación con la responsabilidad y el compromiso que nos cabe, en fin, seamos éticos.
