Ocupación rural no agrícola y desarrollo rural local: reflexiones y aportes para una articulación efectiva

Rural non-farm employment and local rural development: reflections and contributions to the effective articulation

Ocupação rural não agrícola e desenvolvimento rural local: reflexões e aportes para uma articulação efetiva

Emploi rural non agricole et développement rural local: réflexions et apports pour une articulation effective

Marlon Javier Méndez Sastoque Acerca del autor

Resúmen:

El propósito del artículo es reflexionar propositivamente sobre la incorporación de la ocupación rural no agrícola como estrategia aportadora al desarrollo rural local, enfatizando cuatro retos para su inclusión efectiva: a) superación de la precariedad del trabajo rural no agrícola, b) identificación y aprovechamiento de las oportunidades locales, c) reconocimiento de los productores rurales en su doble condición de productores/consumidores, y d) activación del talento humano endógeno para el desarrollo rural.

Palabras clave:
Ocupación rural no agrícola; Desarrollo rural; Desarrollo local

Abstract:

The purpose of the paper is to cast a reflective outlook over the incorporation of the rural non-farm employment as a strategy which contributes to local rural development, emphasizing four challenges for effective inclusion: a) improvement of precarious rural non-farm employment, b) identifying and exploiting local opportunities, c) recognition of rural producers in his dual capacity as producer/consumer, and d) activation of endogenous human talent for rural development.

Key words:
Rural non-farm employment; Rural development; Local development

Resumo:

O propósito do artigo é refletir propositivamente sobre a incorporação da ocupação rural não agrícola como estratégia que contribui ao desenvolvimento rural local, enfatizando quatro desafios para sua inclusão efetiva: a) superação da precariedade do trabalho rural não agrícola, b) identificação e aproveitamento das oportunidades locais, c) reconhecimento dos produtores em sua dupla condição de produtores/consumidores, e d) ativação do talento humano endógeno para o desenvolvimento rural.

Palavras-chave:
Ocupação rural não agrícola; Desenvolvimento rural; Desenvolvimento local

Résumé:

Le but cet article est refléter prépositivement sur l’incorporation de l’emploi rural non-agricole comme stratégie que contribue au développement rural local, en soulignant quatre défis pour son inclusion effective: a) dépassement de la précarité du travail rural non-agricole, b) identification et exploitation des occasions locales, c) reconnaissance des producteurs ruraux dans son double rôle de producteurs/consommateurs, et d) activation du talent humain endogène pour le développement rural.

Most-clés:
Emploi rural non-agricole; Développement rural; Développement local

1 Introducción

Como fenómeno social, la capacidad familiar de combinar actividades agrícolas con otras de índole no agrícola es un cualidad antigua particularmente asociada a las características intrínsecas del proceso agroproductivo (KAGEYAMA, 1998KAGEYAMA, A. Pluriatividade e ruralidade: aspectos metodológicos. Economia Aplicada, Ribeirão Preto, v. 3, n. 2, p. 515-551, 1998.). En periodos donde la demanda de fuerza de trabajo disminuye, buscar otras fuentes de ocupación e ingreso es una decisión fundamentada en que el tiempo necesario de trabajo para la actividad agrícola sería menor que el tiempo efectivo de producción, lo cual permite a algunos miembros de las familias rurales ejercer transitoriamente otro tipo de actividades.

En este contexto, algunos miembros de familias rurales optan por ocuparse en otro tipo de oficios generadores de renta, diseñando estrategias socioproductivas que combinan dos o más actividades, incluyendo algunas de orden no agrícolas. Esta forma de organización del trabajo viene siendo denominada pluriactividad y se refiere a situaciones sociales en las que los individuos que componen una familia con domicilio rural pasan a dedicarse a un conjunto de actividades no necesariamente ligadas a la producción agropecuaria y cada vez menos realizadas dentro del mismo espacio productivo (SCHNEIDER, 2003SCHNEIDER, S. A pluriatividade na agricultura familiar. Porto Alegre: UFRGS, 2003.). Situación que tiende a ser más intensa en la medida en que las relaciones entre los agricultores y el medio social y económico de influencia (piénsese en el local o regional) se tornan más estrechas y complejas.

Aunque la multiocupación no es un fenómeno reciente, varios elementos clave distinguen a la pluriactividad hoy: i) la combinación de actividades deja de ser un recurso ocasional y temporal, pasando cada vez más a ser una estrategia planeada y permanente (SCHNEIDER, 2009______. La pluriactividad en el medio rural brasileño: características y perspectivas para la investigación. In: DE GRAMMONT, H.; MARTINEZ, L. (Org.). La pluriactividad en el campo latinoamericano. Quito: FLACSO-Ecuador, 2009. p. 207-242.), ii) la naturaleza de las fuentes de empleo o ingreso ahora son otras (industria, comercio y servicios, por ejemplo), debido tanto a cambios en el mercado de trabajo (BARKIN; ROSAS, 2006ARIAS, P. La pluriactividad rural a debate. In: DE GRAMMONT, H.; MARTINEZ, L. (Org.). La pluriactividad en el campo latinoamericano. Quito: FLACSO-Ecuador, 2009. p. 171-205.) como a las oportunidades brindadas por la intensificación de las interacciones entre el campo y la ciudad (CARNEIRO, 2006BUARQUE, S. Construindo o desenvolvimento rural sustentável: metodologia de planejamento. Rio de Janeiro: Garamond, 2008.), iii) la combinación de actividades no es una respuesta de simple sobrevivencia, es decir, tendiente a garantizar la persistencia de unidades productivas menos capitalizadas, sino que responde también a intereses de diversificación, búsqueda de otros medios de acumulación (BERDINI; STEIMBEGER, 2011BERDINI, M.; STEIMBREGER, N. Ocupaciones y movilidades en pueblos rurales de la Patagonia. Una mirada desde lo agrario. Mundo Agrario, La Plata, v. 12, n. 23, 2011. Disponible en: <http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S151559942011000200003&lng=es&nrm=iso>. Accedido en: 21 abr. 2013.
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) y a opciones personales de vida, en donde lo económico no es el único factor determinante.

Como argumenta Ellis (2000)ELLIS, F. Rural livelihoods and diversity in developing countries. Oxford: Oxford University Press, 2000. 273p., la pluriactividad puede ser entendida como estrategia de reacción frente a una situación de vulnerabilidad o riesgo o como estrategia de adaptación, que acontece cuando los individuos con capacidad de elegir, logran optar y decidir dentro de un conjunto de oportunidades y posibilidades.

En este orden, los individuos que conforman una familia rural pueden optar entre combinar dos o más actividades (asumiendo la condición de pluriactivos cuando una de estas es la agricultura) o elegir el cambio total de ocupación, dedicándose exclusivamente a actividades no agrícolas, pero manteniendo la habitación en el campo (SCHNEIDER, 2009______. La pluriactividad en el medio rural brasileño: características y perspectivas para la investigación. In: DE GRAMMONT, H.; MARTINEZ, L. (Org.). La pluriactividad en el campo latinoamericano. Quito: FLACSO-Ecuador, 2009. p. 207-242.), el compromiso con un proyecto familiar de vida y un lazo de unión funcional y afectivo con el propio medio rural-local.

En términos generales, se trata de un fenómeno social activo y claramente reconocible en el contexto latinoamericano (DEGRAMMONT; MARTÍNEZ, 2009DE GRAMMONT, H.; MARTINEZ, L. (Org.). La pluriactividad en el campo latinoamericano. Quito: FLACSO-Ecuador, 2009.; RODRÍGUEZ; MENESES, 2010RODRÍGUEZ, A.; MENESES, J. Condiciones socioeconómicas y laborales de los hogares rurales en doces países de América Latina. In: CONGRESO DE LA SOCIEDAD BRASILEÑA DE ECONOMÍA, ADMINISTRACIÓN Y SOCIOLOGÍA RURAL, 48., 2010, Campo Grande, MS. Memorias... Campo Grande, MS: SOBER, 2010.), que al asumirse como objeto de estudio sugiere tres ejes básicos de análisis: a) que el espacio rural no es exclusivamente agrícola, b) que las actividades agrícolas no son o han de ser las únicas opciones disponibles para o deseables por los habitantes del campo, y c) que para generar bienestar social rural, considerar la dimensión no agrícola de los espacios rurales es una condición ineludible.

En este marco, usando como base de reflexión analítica las conclusiones generales de dos investigaciones propias en torno a la incursión ocupacional de miembros de familias rurales en escenarios no agrícolas, estudios realizados en la zona rural del municipio de Manizales, capital del departamentode Caldas, Colombia (MÉNDEZ, 2009______. Incursión ocupacional rural en escenarios no agrícolas: tendencias y desafíos. In: DE GRAMMONT, H.; MARTINEZ, L. (Org.). La pluriactividad en el campo latinoamericano. Quito: FLACSO-Ecuador, 2009. p. 127-144.; 2012MÉNDEZ, M. Estrategias pluriactivas de reproducción socioeconómica como generadoras de bienestar social rural. CONGRESO INTERNACIONAL PERSPECTI-VAS DEL DESARROLLO RURAL REGIONAL, 4., 2012, Villahermosa. Memorias... Villahermosa: Universidad Autónoma Chapingo, 2012. 1 CD-ROM.), como resultado de un proceso más pausado de reflexión crítica alrededor del fenómeno, a manera de instigación académica, el objetivo del artículo es ensayar dar respuesta a las siguientes preguntas:

  1. a) En un contexto de movilidad continua entre el lo rural y lo urbano, en donde las actividades no agrícolas realizadas por miembros de familias pluriactivas suelen ser de orden marginal -servicio doméstico, venta ambulante e informal de productos varios, reciclaje, por ejemplo-, ¿cómo favorecer un tránsito ocupacional más próspero del trabajo agrícola en el campo al no agrícola en pueblos, poblados urbanizados o ciudades?

  2. b) Si se acepta que, por distintas circunstancias (ambientales, políticas, culturales y económicas, entre otras), la ocupación agrícola no es hoy una opción para todos los miembros de las familias rurales, ¿por qué resistirse a la incursión, sobre todo de jóvenes del campo, en escenarios ocupacionales distintos a los tradicionalmente agrícolas? En esta misma vía, si hoy más que nunca se promulga que lo rural es mucho más que lo agrícola, ¿cómo aplicar esta premisa en términos de buscar alternativas no agrícolas que puedan absorber el exceso de fuerza de trabajo disponible?

  3. c) Si se toma conciencia de que los productores agrícolas, además de productores son también consumidores (no hay que olvidar que los bienes y servicios demandados por los habitantes del campo, sin desco-nocer la existencia algunas diferencias, son prácticamente los mismos requeridos por los habitantes de las ciudades), ¿de qué manera incentivar que sean los mismos habitantes del campo quienes den respuesta a las necesidades y deseos de consumo de otros habitantes de espacios sociogeográficos rurales, vía prestación de servicios, producción y mercadeo de bienes agrícolas y no agrícolas?

  4. d) Si se asume a los habitantes del campo como individuos poseedores de múltiples potencialidades y talentos (aptitudes casi siempre inexploradas, coartadas o invisibilizadas debido a la prevalencia de una visión estereotípica que los reduce a su condición de agricultores), en aras de avanzar hacia un tipo de sociedad rural más incluyente y sustentable que otorgue a sus integrantes posibilidades de realización individual y colectiva más allá de la predestinación agrícola, ¿cómo estimular la activación de esos talentos y cómo encausarlos en pro del bienestar colectivo de las comunidades rurales? A manera de incitación prospectiva, ¿cuál sería la situación de aquellos pueblos y comunidades que alberguen en su seno a múltiples profesionales (agricultores, profesores, médicos, políticos, músicos y abogados, por ejemplo), quienes una vez formados en escenarios urbanos opten por regresar al campo e integrarse a las dinámicas sociales locales de aquellos lugares que conocen y aprecian?

En síntesis, cuestionar la ocurrencia del fenómeno, proponiendo ir más allá de su mera descripción, responde a la urgente necesidad de aportar elementos concretos que, surgidos desde el ámbito académico, informen, orienten y permeen el diseño de políticas públicas más acordes con una realidad rural contemporánea más diversa, multifuncional y menos unisectorial.

2 Superación de la precariedad ocupacional no agrícola

Para las familias rurales de menores ingresos, la ocupación de algunos de sus miembros en actividades no agrícolas causantes de renta es una práctica habitual, permanentemente incorporada a las estrategias domesticas de reproducción socioeconómica.Éstas son principalmente realizadas en poblados o centros urbanos próximos a los sitios de residencia, en donde, debido a las características del mercado de trabajo, la experticia agrícola suele ser subvalorada. Cuando este es el caso, realizar actividades denominadas de refugio es lo que queda para ellos, es decir, ocupaciones informales, de supervivencia y mal remuneradas, cuyo desempeño no exige mayores grados de escolaridad ni conocimientos especializados (REARDON et al., 2006REARDON, T.; BERDEGUÉ, J.; BARRETT, C.; STAMOULIS, K. Household income diversification into Rural Nonfarm Activities. In: HAGGBLADE, S.; HAZELL, P.; REARDON, T. (Editors). Transforming the Rural Nonfarm Economy. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2006. Disponible en: <http://dyson.cornell.edu/faculty_sites/cbb2/Paper/IFPRIbookchapter2006Final.pdf>. Accedido en: 23 mar. 2013.
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).

En este caso, sabiendo que para las familias rurales la ocupación de algunos de sus miembros en actividades no agrícolas es una necesidad sine qua non, superar la precariedad, principalmente reflejada en la informalidad y el tipo de actividades no agrícolas realizadas, constituye una acción perentoria.

Si se opta por intervenir sobre el problema, posibilitar que miembros de familias rurales transiten de una ocupación agrícola en el campo a otra no agrícola ejercida en escenarios bien sea urbanos o rurales, implica intervenir sobre su cualificación, tomando como punto de partida las informaciones provenientes de los mercados de trabajo potenciales a los que, por distintas situaciones (proximidad, por ejemplo) les sea posible acceder.

Como es reconocido en distintas investigaciones (DE JANVRY; SODOULET, 2004DE JANVRY, A.; SADOULET, E. Estrategias de ingresos de los hogares rurales en México: el papel de las actividades desarrolladas fuera del predio agrícola. In: CEPAL (Org.). Empleo e ingresos rurales no agrícolas en América Latina. Santiago de Chile: CEPAL-FAO, 2004. p. 107-128.; VASCO; VASCO, 2012VASCO, C.; VASCO, D. El empleo rural no agrícola en Ecuador. Ecuador Debate, Quito, n. 86, p. 131-142, 2012.), el grado de escolaridad es el factor que principalmente influye sobre la posibilidad y el deseo de incursión en mercados de trabajo distintos al agrícola. Sin embargo, sin desconocer lo anterior, es prudente considerar que la obtención de grados adicionales de escolaridad no es una medida suficiente para ello. En los contextos de estudio, a pesar del esfuerzo que muchas veces supone, los jóvenes que culminan la formación secundaria, generalmente formados como técnicos agropecuarios o agrícolas, frecuentemente no pueden llegar más allá de la dedicación a actividades refugio. Debido a que la demanda de perfiles agrícolas suele ser nula o muy baja, emplearse informalmente como servidores domésticos, vigilantes, mensajeros o auxiliares de construcción (contratados principalmente para cargar y descargar ladrillos, transportar arena o cavar zanjas), entre otros oficios de similar estilo, es lo disponible para ellos.

Consecuentemente, si se quiere ampliar la capacidad de los sujetos para incursionar de buena forma en escenarios ocupacionales no agrícolas, la hiperespecialización agrícola, condición comúnmente esperada en los sujetos rurales, se torna desventajosa. Como es corroborado por distintos estudios, poseer conocimientos y destrezas distintos a los tradicionales (procesamiento y transformación de alimentos, panificación, enfermería, contabilidad, ornamentación, construcción, mecánica automotriz, electricidad, costura y confección de prendas de vestir, por ejemplo), facilita a los pobladores rurales acceder a escenarios no agrícolas bien sea en la ciudad o en el mismo campo, ahora en mejores condiciones. En este caso, diversificar las oportunidades de formación, incorporando nuevas modalidades en la enseñanza media: agrícola, comercial, industrial, pedagógica y de promoción social, entre otras, permitiría reforzar las condiciones de equidad y oportunidad en el acceso a los mercados de trabajo no agrícola.

En términos propositivos, si se concibe la incursión de los pobladores rurales en escenarios ocupacionales no agrícolas como estrategia que contribuye al bienestar social de las familias del campo, quien lo haga ha de estar preparado para ello. Formativamente, esto implica introducir lo no agrícola como componente integral de la educación y la capacitación rural, lo cual demanda romper con el purismo rural/agrícola presente en su concepción original, lectura excluyente y dual predominante entre algunos formuladores de política, para quienes lo rural ha de mantenerse al margen de la cultura no agrícola y foránea.

Groso modo, contribuir a que los pobladores del campo adquieran diversos conocimientos y destrezas que los habiliten para desempeñar actividades no agrícola debe constituir un lineamiento de política en pro del bienestar social rural, entendido éste en sentido amplio, sin demeritar las tradicionales y promisorias agrícolas.

Pero si se trata de tomar en serio el valor de lo no agrícola en el desarrollo familiar y sociocomunitario rural, ¿hacia cuáles actividades orientar la acción?

3 Conocimiento y aprovechamiento de las oportunidades locales disponibles

Asociado al aumento de la escolaridad y a la adquisición de nuevos saberes y destrezas, es preciso considerar que el hecho de que en una familia existan miembros con edad económicamente activa, y ahora mejor cualificados para realizar trabajos no agrícolas, no es suficiente para generar efectivas estrategias de reproducción pluriactiva. Para que esto se desate es necesario que en los escenarios geográficos más próximos exista un mercado de trabajo con capacidad de absorber la fuerza laboral disponible, siendo los poblados o centros urbanos adyacentes espacios propicios para ello. En este caso, la clave para impulsar modelos socioeconómicos pluriactivos prósperos es identificar cuáles son los perfiles allí demandados, según las necesidades y potencialidades de las sociedades locales y regionales.

Lo anterior implica asumir los espacios físico-sociales rurales no como entes herméticos y aislados sino articulados a otros más amplios y envolventes, incluidos tanto aquellos de índole urbana como otros también rurales.

En este escenario de movilidad espacial, planear en qué capacitar y capacitarse, qué tipo de formación ofrecer y cómo intervenir la educación rural demanda conocer a profundidad los requerimientos profesionales en los espacios de infl uencia, información que no pueden tomarse a la ligera. En la medida en que se brinde y acceda a un tipo de formación que habilite a los ciudadanos rurales para responder a lo que se demanda en la región o territorio, el tránsito ocupacional de lo agrícola a lo no agrícola podría ser menos traumático, más efectivo y productivo. Una vez adquiridos los conocimientos y competencias pertinentes, aprovechar la oferta ocupacional disponible y proponer nuevos emprendimientos promisorios se haría más factible para los habitantes del campo.

Es necesario considerar que para fortalecer y ampliar las posibilidades de los miembros de las familias pluriactivas, la estrategia no puede limitarse a ofrecer formación complementaria o diferente a la específicamente agrícola.

La formación dirigida tanto a superar el sesgo unisectorial como a facilitar la in-cursión en el mercado de trabajo no agrícola debe ir acompañada del esfuerzo público y privado por crear condiciones más favorables y propicias de inclusión económica y social, que contemple, de manera integral, generar empleo y otras fuentes de ingreso tanto en el campo como en la ciudad. De lo contrario, si la formación apenas le apunta a la profesionalización de la gente, sin ir acompañada de la generación sostenida de oportunidades acordes con las potencialidades del lugar, interpretando lo expuesto por Abramovay (2009)ABRAMOVAY, R. O futuro das regiões rurais. Porto Alegre: Editora UFRGS, 2009., lo máximo que podría acontecer es que el espacio rural donde se introdujo el cambio se convierta en exportador o expulsor de sujetos con formación para el trabajo no agrícola, hecho que poco contribuiría al desarrollo endógeno local.

Asociado a lo anterior, considerando que los espacios rurales no pueden considerarse aislados de otros más amplios y englobantes (espacios formados por redes de actores movilizados en torno a la valoración y el aprovechamiento de los atributos, recursos y potencialidades de cierta localidad o territorio), propiciar el reconocimiento y la sinergia entre actores y sectores económicos presentes en ese espacio compartido (escenario que supera las fronteras entre lo rural y lo urbano) es un significativo aporte al desarrollo (inter) local.

Como ilustración, pensando en la movilidad no sólo de personas sino también de iniciativas productivas, estimular la migración para las zonas rurales de algunas industrias y empresas prestadoras de servicios sería una opción para diversificar y ampliar las oportunidades laborales locales, siempre y cuando primen condiciones justas y dignas de trabajo, bajo modalidades contractuales formales. En esta misma vía, crear oportunidades para que otras potencialidades locales y regionales se tornen productivas (aprovechamiento del paisaje para el turismo rural, la educación socioambiental, el manejo y conservación de recursos naturales, bajo un esquema de ambientalización de los espacios rurales, por ejemplo) es otra forma de diversificar las fuentes de generación de ingresos (BUARQUE, 2008BUARQUE, S. Construindo o desenvolvimento rural sustentável: metodologia de planejamento. Rio de Janeiro: Garamond, 2008.), además de estrategia de retención poblacional, en circunstancias en las que la agricultura no da para emplear toda la fuerza de trabajo disponible.

En esto casos, el desafío estaría en dotar a los pobladores del campo de las facultades necesarias para que sean ellos los principales o primeros beneficiarios de las oportunidades abiertas en sus espacios de vida, lo cual exige correspondencia entre la formación ofrecida y las oportunidades resultantes de esos nuevos emprendimientos productivos. Esto sería prerrequisito para que los habitantes rurales puedan aprovechar íntegramente la capacitación recibida (JACINTO, 2004JACINTO, C. Ante la polarización de oportunidades laborales de los jóvenes en América Latina. In: ______ (Coord.), ¿Educar para qué? Discutiendo rumbos en América Latina. Buenos Aires: RedEtis, 2004. p. 187-200.), justificando la inversión de tiempo y recursos (propios, públicos y privado) destinados a su formación.

Verbigracia, en regiones de vocación o potencialidad turística, uno de los obstáculos para adoptar el turismo rural como componente integral de las estrategias pluriactivas en el seno de la agricultura familiar es la carencia de personal calificado para desempeñar varias de las actividades requeridas (MORALES, 2006MORALES, H. Turismo comunitario: una nueva alternativa de desarrollo indígena. Revista de Antropología Iberoamericana, Alicante, n.1, v. 2, p. 249-264, 2006.; SILVA, 2007SILVA, L. A procura do turismo em espaço rural.Etnográfica, Lisboa, v. 11, n. 1, p. 141-163, 2007.). Involucrarse en actividades de esta índole (bien sea en emprendimientos propios, comunitarios o privados) exige a algunos miembros de las familiar rurales adquirir habilidades específicas ajenas a las agroproductivas rutinarias, requisito usualmente cubierto mediante el acceso a capacitación formal y no formal en áreas determinadas: manejo de establecimientos turísticos, guianza, hospitalidad, perfiles de los turistas, diseño de atractivos turístico, gastronomía regional e idioma inglés, por ejemplo. En este caso es necesario que parte de la institucionalidad creada en torno a lo rural y el desarrollo rural asuma la función de incentivar y fortalecer procesos de formación integral que respondan a estas nuevas demandas.

Soportado en lo hasta aquí dicho, más allá de circunscribirse a los ámbitos de decisión individual y familiar, fomentar que algunos miembros de las familias rurales se capaciten para realizar actividades no agrícolas debe constituir una decisión de Estado. Acción que debe ir acompañada de la destinación de recursos para su ejecución, incluyendo los aplicados a facilitar el acceso a servicios de aprendizaje, a líneas especiales de financiamiento, a programas de apoyo a la formulación de proyectos y de seguimiento a su realización. Esto recordando que dichos proyectos, además de aportadores al bienestar familiar y al fortalecimiento de la economía local, también cumplen la función de afian-zadores de la permanencia voluntaria de los ciudadanos rurales en sus localidades o territorios de origen.

Definitivamente, reconocer el carácter multifuncional de lo rural y la creciente adopción familiar de modelos pluriactivos de reproducción socioeconómica justifica concebir las actividades no agrícolas como alternativas viables para los habitantes del campo y componentes activos de estrategias integrales que buscan obtener grados ascendentes de desarrollo o bienestar social rural.

Mas si acogemos esto último, es decir, si se fomenta que algunos miembros de las familias rurales opten por ocuparse en actividades no agrícolas, ¿hacia quiénes o a qué público iría dirigido su quehacer?, ¿acaso solamente a pobladores urbanos demandantes de bienes y servicios diversos, en un contexto de complementariedad e interacción entre los mundos rurales y urbanos?

4 Reconocimiento de los pobladores del campo en su doble condición de consumidores/ productores

Para quienes lo rural representa su espacio inmediato de vida, es decir, para los propios pobladores de las áreas rurales, sus necesidades cotidianas y las de sus congéneres del campo como las de cualquier persona independientemente de su ubicación geográfica, son múltiples y diversas, necesidades que van más allá de lo únicamente asociado a los proceso de producción agropecuaria. Sustentado en lo anterior, algunos miembros de las familias rurales consiguen percibir a sus análogos del campo desde otra perspectiva no siempre tan usual: además de productores (agrícolas), perfil con el que usualmente son tipificados los pobladores del campo, también son visualizados como consumidores de una alta gama de bienes y servicios comúnmente concentrados u ofrecidos en los poblados o centros urbanos adyacentes.

Adoptar esta visión les permite a los habitantes del campo ampliar el abanico de actividades no agrícolas asumibles como fuentes complementarias de ingreso, trabajos particularmente ejercidos en el mismo espacio rural de habitación.

Se trata de actividades de orden más terciario que primario, asociadas a la prestación de múltiples servicios requeridos por los propios habitantes del campo, que responden a sus necesidades o deseos. Como ejemplo, la apertura de bares, tiendas y minimercados, la venta de prendas de vestir, cosméticos y artículos para el hogar de forma directa o por catálogo, la prestación de servicios de mensajería (pago de servicios públicos en bancos, compra o retiro de medicamentos en droguerías y entidades de salud en la ciudad), mecánica automotriz, transporte individual y colectivo de personas o enseres, construcción y reparaciones locativas (electricidad, plomería, pintura, principalmente), entre otros, están entre los principales servicios no agrícolas prestados por algunos miembros de familias productivas a sus congéneres rurales. A esta lista hoy se suman los servicios de navegación en internet, impresión de documentos y alquiler de juegos electrónicos, principalmente demandados por la comunidad estudiantil que acude a los colegios y escuelas rurales.

Además de lo anterior, algunos miembros de familias pluriactivas encuentran en labores coligadas a la misma producción agropecuaria fuentes alternativas de trabajo y generación de ingresos. Entre estas destacan: venta de insumos agrícolas y pecuarios, operación, alquiler y reparación de maquinaria agrícola, transporte y la comercialización de productos de cosecha y asistencia técnica, actividades y servicios denominados paraagrícolas, que cubren las necesidades productivas de los propios habitantes del campo.

En conjunto son actividades y servicios cuya realización y prestación requiere que los individuos posean habilidades o saberes especiales (saber conducir vehículos, desenvolverse con solvencia en la ciudad, llevar una contabilidad básica, tener conocimientos técnicos y tecnológicos específicos al área de desempeño, por ejemplo), distintos a los tradicionales agrícolas, generacionalmente transmitidos. En consecuencia, transitar de una ocupación agrícola (fundamentada en el conocimiento de técnicas de labranza, manejo de cultivos y sistemas pecuarios de producción) a una no agrícola o para-agrícola insta a los habitantes rurales a buscar dónde y cómo cualificarse para su desempeño efectivo.

De una u otra forma, dicha búsqueda los remite a la ciudad, al ser allí donde usualmente se concentran las distintas posibilidades de capacitación y formación. Aunque las nuevas competencias concisamente se apliquen en ámbitos rurales, adquirirlas implica trasladarse a la ciudad en su búsqueda o gestionar que quienes median en su apropiación (servicios de aprendizaje, centros de formación técnica y tecnológica, universidades, agencias de extensión, profesionales e instructores particulares, por ejemplo) se trasladen de la ciudad al campo con el fin de ofrecer in situ las capacitaciones requeridas. Esto se produce en un ámbito de fronteras abiertas, donde el linde entre el campo y la ciudad en vez de dividir une estos dos espacios, permitiendo la circulación no únicamente de bienes sino también de personas, conocimientos e ideas, en un contexto de articulación funcional entre lo rural y lo urbano.

Para que lo anterior surja efecto, es necesario que los habitantes del campo sepan identificar las oportunidades emergentes en sus propios espacios cotidianos de vida, incluyendo poder reconocer y convertir en idea de negocio las necesidades y anhelos de consumo de los distintos integrantes de las comunidades locales. Esta acción demanda recurrir a la creatividad y capacidad de emprendimiento para concretar proyectos promisorios, siendo la labor de los mediadores externos contribuir a consolidar esas propuestas, coadyuvando a impulsar la activación y el incremento de dichas facultades en los actores rurales.

Lo expuesto hasta aquí permite visualizar que los intereses de algunos miembros de las familias rurales superan lo usualmente predispuesto para ellos: ser el relevo generacional de los agricultores de hoy y los responsables de reproducir y sostener la dinámica productiva agropecuaria en determinadas localidades y regiones. Ambas premisas de corte sectorial niegan o minimizan la existencia de la dimensión no agrícola de los mundos rurales, componente empíricamente sustentado en la acción de sujetos igualmente rurales que también requieren ser relevados en el tiempo.

Bajo esta mirada, es preciso subrayar que el potencial intrínseco de cada actor rural, en un contexto en el que predomina el interés y el sesgo sectorial, no ha de coartarse por la predestinación a adoptar el rol social de productor agrícola, inferencia que invita a explorar toda una serie de talentos e inclinaciones que, si no se activan o estimulan a tiempo, simplemente nunca saldrán a fl ote. □

5 Activación de talentos para el desarrollo rural-local

En el escenario descrito, si se acepta que lo rural no es solamente agrícola y que los usualmente tipificados como productores agrícolas también son consumidores de toda una gama de bienes y servicios, ¿por qué limitar el futuro de los miembros de las familias rurales a la reproducción del estatus funcional e identitario agrícola en un contexto de vida que se muestra cada vez más intersectorial, multidimensional y multiáctivo? Asumir críticamente esta pregunta implica tener en cuenta que contribuir a la libre construcción de la vida personal de los sujetos (TOURAINE, 2000TOURAINE, A. ¿Podemos vivir juntos?: iguales y diferentes. México: FCE, 2000.) debe ser también un elemento integral de los procesos conducentes a crear condiciones de bienestar social entre los miembros de las sociedades rurales.

En términos del desarrollo del ser, asegurar y respetar las libertades de cada quien demanda evitar concebir e imponer modelos universales de trayectorias de vida que mínimamente dan cuenta de las expectativas, aspiraciones y experiencias de los jóvenes y otros sujetos rurales ni de las limitaciones, oportunidades y posibilidades de las localidades y regiones donde se desenvuelven.

A manera de instigación, para un sujeto cualquiera nacer en una familia agrícola es una casualidad. Sin posibilidad de elección, el individuo nace en un contexto socio-familiar agrícola/rural, adoptando, vía socialización primaria, los sistemas de normas y valores que orientan la acción de sus referentes inmediatos (padres, hermanos y otros miembros de la familia, principalmente), condición identitaria que se irradia al ser y el hacer. Ser productor o trabajador agrícola, o más específicamente, caficultor, ganadero, papero, entre otros muchos roles, es lo que le espera o lo que de él esperan.

No obstante, en segundo momento asimilable a un proceso de socialización secundaria, algunos individuos pueden poner en duda lo heredado, optando por buscar otras posibilidades más afines a sus propios proyectos individuales y deseados de vida. En coherencia con lo dicho, se puede plantear que por encima de toda tipificación e institucionalización del rol social preatribuido a los sujetos, ellos, en su condición de seres libres, tienen la posibilidad de crear su propia historia. En este contexto, quienes nace en un entorno socioespaciales o familiar agrícola pueden elegir reproducir o no el papel socialmente asignado. Se trata, en otras palabras, de hacer valer su condición de constructores de historia, y no de simples sujetos históricos socialmente construidos.

Para ello, que los jóvenes exploren sus múltiples talentos, es decir, aquellas actitudes que a lo mejor tienen para algo, pero que no se ejercitan o emergen debido a las limitaciones del entorno (la existencia de agentes externos que ideológicamente definen cuál es su potencial, por ejemplo), sería el camino más apropiado a seguir, enrutamiento en el que la escuela juega un papel preponderante. Si se trata de sondear otras posibles vías, así como de activar en los jóvenes facultades escondidas o identificables prematuramente en el contexto familiar y escolar, la escuela, en cuanto institución reguladora de la enseñanza que se da y adquiere, debería estar en sintonía con ello. Contrario a ciertas políticas que reivindican la educación rural como instrumentos de reafirmación de la vocación agrícola, una educación más acorde con el carácter multidimensional de lo rural debería fomentar la exploración de talentos, dejando de insistir y concentrar su quehacer en la formación vocacional monotemática (MÉNDEZ, 2005______. Los retos de la educación formal ante una nueva y cambiante noción de lo rural. Pedagogía y Saberes, Bogotá, v. 22, p. 41-47, 2005.). En este caso, adoptando lo expuesto por Zemelman (2000)ZEMELMAN, H. Problemas antropológicos y utópicos del conocimiento. México: El Colegio de México, 2000. sobre la formación de la subjetividad, se trata de evitar que lo ideológicamente deseado se imponga como sentido de la propia subjetividad, quedando esta podada de sus propias posibilidades de sentidos alternativos.

Favorecer lo anterior implica concebir esquemas de educación rural formal y no formal que tengan como objetivo formar estudiantes que puedan autodeterminarse en relación con su futuro facultativo, en este caso. Sobre este supuesto, la escuela rural debería convertirse en un escenario que brinde a los discentes la posibilidad de explorar el mundo de las profesiones y el trabajo, estimulando el acercamiento a las opciones por las que sienten simpatía. En términos vocacionales, lo que le corresponde a la escuela, más que favorecer la construcción de un proyecto laboral en sí, es brindar al estudiante una serie de herramientas que le faciliten forjar un proyecto de vida.

Esto se conecta con la precaria existencia en regiones y localidades rurales de maestros, médicos, abogados, políticos, administradores públicos, agrónomos, zootecnistas, músicos, trabajadores sociales, artistas, administradores de empresas, odontólogos, psicólogos, ingenieros, ecólogos, entre otros, necesidad a suplir en buena parte de los países latinoamericanos, no únicamente por personas venidas de afuera. Es un vacío que idealmente podría ser cubierto por profesionales de ascendencia rural dispuestos a prestar sus servicios allí donde los requieren. En este caso, el acceso de los jóvenes rurales a la educación superior, siempre y cuando muestren vocación para ello, además de fomentada por el Estado y gestionada por las autoridades locales/regionales, debería estar condicionada al regreso a las localidades o regiones de origen, en donde más que una obligación, dicho retorno sea una muestra voluntaria de compromiso con el mejoramiento de lo propio.

En este contexto, activar y desarrollar los múltiples talentos y vocaciones existentes entre los pobladores rurales debe ser parte de una estrategia integral para el desarrollo, orientada a hacer del campo y los poblados rurales sitios aptos y atractivos para el buen vivir.

Conclusiones y consideraciones finales

En la actualidad prácticamente nadie controvierte que la agricultura ha dejado de ser la única actividad de pervivencia y ocupación económica de las familias rurales. Como estrategia de reproducción socioeconómica, las familias han tenido que ampliar y diversificar al máximo las fuentes de ingresos no agropecuarios, configurando modelos familiares pluriactivos en los que el trabajo rural no agrícola cobra cada vez más relevancia (ARIAS, 2009ARIAS, P. La pluriactividad rural a debate. In: DE GRAMMONT, H.; MARTINEZ, L. (Org.). La pluriactividad en el campo latinoamericano. Quito: FLACSO-Ecuador, 2009. p. 171-205.), existiendo socialmente como un hecho empírico.

A su vez, dicha diversificación de las fuentes de ingreso remite a pensar lo rural no sólo como un espacio aislado y especializado en la producción primaria, sino como un esce-nario abierto en el que coexisten actividades económicas de orden primario, secundario y terciario (ROMERO, 2012ROMERO, J. Lo rural y la ruralidad en América Latina. Psicoperspectivas, Valparaiso, v. 11, n. 1, p. 8-31, 2012.), lo cual implica tener presente, sobre todo en términos de la formulación de políticas y estrategias de desarrollo rural, su carácter pluriactivo y multifuncional.

Con todo, a manera de instigación reflexiva, vale la pena preguntar lo siguiente: ¿puede la cuestión del desarrollo rural-local restringirse a la expansión de lo no agrícola en el campo?

Por más relevante que sea la extensión contemporánea de las oportunidades no agrícolas, la cuestión del desarrollo rural no se limita a su expansión. En este escenario, i) la pérdida de rentabilidad y productividad general de la economía agropecuaria y su impacto sobre los mercados laborales y el ingreso rural, ii) las discrepancias entre la vocación del suelo y la utilización productiva, iii) la inequidad en la distribución de la tierra, iv) la oferta limitada de tecnología, restricta a pocos usuarios con capacidad de adquirirla y adoptarla, v) el restringido acceso al crédito del grueso de los habitantes rurales, vi) la inseguridad en el campo ligada a conflictos políticos y armados, vii) la destinación de un gasto público muy bajo, con recursos dirigidos a cubrir burocracia y programas de bajo impacto, vii) la pérdida de la riqueza natural y el deterior de ecosistemas frágiles, viii) la carencia de infraestructura básica y ix) la capacidad económica de las familias, entre otros, son problemas de orden estructural cuya intervención debe hacer parte de una política integral de desarrollo. Situación decisiva al momento de decidir quedarse en el propio espacio rural, salir y regresar, salir y no volver, si es el caso. Pues, ¿quién querría vivir en un lugar subjetiva u objetivamente visto como poco apto para ello?

Definitivamente, dado el carácter multidimensional de lo rural, mejorar el bienestar social de los habitantes del campo no puede conseguirse únicamente aumentando la productividad de los sistemas de producción agropecuaria, perdiendo de vista la mirada integral del desarrollo. No obstante, esto en ningún sentido significa demeritar o subestimar el peso de esta actividad primaria imprescindible en la activación de las dinámicas sociales locales.

Sobre el papel de la producción agropecuaria, es necesario considerar que una significativa fracción de la población rural (productores a tiempo total o parcial, familias pluriactivas o exclusivamente agropecuarias) genera la totalidad o parte de sus ingresos de esta explotación, actividad que dinamiza innúmeras economías locales, activando el comercio de todo tipo de bienes y la prestación de múltiples servicios (institucionales, bancarios, recreativos, religiosos y alimentarios, entre otros no agrícola o para-agrícolas), consumidos por los ciudadanos del campo. Vale plantear que para ellos la actividad agropecuaria, más que un fin en sí, es el medio para garantizar la reproducción socioeconómica individual y familiar, yendo incluso más allá de la mera supervivencia.

Bajo esta perspectiva, la promoción del trabajo rural no agrícola no puede hacerse en detrimento de la energía y los recursos destinados a la producción agropecuaria, sino que debe realizarse simultáneamente, pensando en la complementariedad entre lo no agrícola y agrícola.

Como ilustración, a mayor prosperidad sectorial, los requerimientos locales de bienes y servicios para-agrícolas y no agrícolas también crecen. Igualmente, cuando aumenta la capacidad adquisitiva de las familias rurales, las economías locales se tornan más enérgicas, dado al incremento del consumo, la demanda de más bienes y servicios, la dotación de la infraestructura necesaria para su oferta y la generación de opciones generadoras de renta, lo cual puede ser visto como indicador de ganancia de grados de bienestar social local.

Con todo, con el ánimo de hacer una lectura más integral del fenómeno, es necesario precisar que la opción por el trabajo o la ocupación no agrícola no obedece únicamente a intereses económicos.

Para el caso de las generaciones más jóvenes, derivado de la propia condición de ser joven, el interés por hacer algo distinto a lo realizado por los padres, explorar otras posibilidades informadas por las particularidades del entorno, salir así sea temporalmente del campo y experimentar con más fuerza lo que acontece en el entorno urbano, entre otras razones, sería algo predecible en ese momento de la vida.

En esta etapa, el joven estaría en una fase definida por la discrepancia entre el proyecto de vida propio y el derivado de formar parte de un núcleo familiar rural/agrícola. Abrirse a lo nuevo, indagar sobre otros escenarios distintos a los conocidos, asumir como referencia a pares que han quebrado las reglas e ido más allá de lo usual, hace parte de esa búsqueda de autenticidad e independencia, en donde decidir qué hacer (o quién ser o qué llegar a ser) trasvasa las argumentaciones de índole meramente económica.

También es clave reconocer que parte de los jóvenes rurales no se proyectan como productores agrícolas debido a lo observado en la vida cotidiana familiar: mucho trabajo y bajos ingresos, exposición a la intemperie durante largas jornadas de trabajo, bajo estatus otorgado al oficio de agricultor, fluctuación desmedida de los precios de venta, sentimiento de mínima movilidad social ascendente, entre otras situaciones que sustentan la decisión de desistir. Son motivos que combinan hechos concretos y simbólicos, que estimulan optar por actividades no agrícolas, en un contexto de libre elección, mas también con restricciones sociales, lo que sugiere establecer un balance entre lo posible, lo probable y lo deseable.

Similarmente, un número de jóvenes del campo, entre los que hay técnicos, tecnólogos y profesionales en áreas no agrícolas y agrícolas, no encuentran en el medio rurallocal un trabajo acorde con su especialidades y pretensiones salariales (DIRVEN, 2011DIRVEN, M. El empleo rural no agrícola. Tendencias, interpretaciones y políticas. REUNIÓN DE EXPERTOS SOBRE POBLACIÓN, TERRITORIO Y DESARROLLO SOSTENIBLE, 2011, Santiago de Chile. Memorias... Santiago de Chile: CEPAL, 2011.), lo cual causa frustración e incrementa la fuga de talentos, en perjuicio del desarrollo local.

Se trata de situaciones previsibles, mas no absolutas, que dan cuenta de la necesidad de diseñar y ejecutar políticas y programas firmes que apoyen a quienes decidan quedarse, salir a formarse y regresar, privilegiando a quienes demuestren liderazgo, capacidad de gestión y, al mismo tiempo, preocupación por el bienestar de su comunidad y no únicamente por el beneficio individual. En términos generales, favorecer la retención poblacional implica, desde una perspectiva global, dar solución efectiva a problemas estructurales como los señalados, en busca de hacer de los espacios rurales escenarios deseables de vida y desempeño profesional. Cuando esto gradualmente se cumpla, vivir en el campo o en poblados rurales resultará más satisfactorio y atractivo para todos.

Para finalizar, vale subrayar que la aplicación familiar de estrategias pluriactivas y la emergencia de alternativas de ocupación no agrícola dependen de las particularidades de cada localidad o región. En este contexto, las características de la economía local y regional, la diversidad espacial y socioeconómica, los potencial talentos presentes en la población, la existencia de mercados de trabajo con necesidades que puedan ser suplidas por miembros de las familiar rurales, las condiciones medioambientales y los grados de articulación espacial (rural-urbano, ruralrural, rural-urbano-rural, rural disperso-rural aglomerado, por ejemplo) deben ser puntos de partida para diseñar estrategias desarrollo que involucren el trabajo rural no agrícola como una de las vías promotoras de bienestar social rural.

Referencias

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    Jul-Dec 2015

Histórico

  • Recibido
    31 Mar 2015
  • Revisado
    13 Jun 2015
  • Acepto
    23 Jul 2015
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