Open-access BREITHOFF, Esther. 2020. Conflict, Heritage and World-Making in the Chaco. War at the End of the Worlds? Londres: UCL Press. 200 p.

BREITHOFF, Esther. 2020. Conflict, Heritage and World-Making in the Chaco War at the End of the Worlds?. Londres: UCL Press, 200

Es sabido que el trasfondo de La oreja rota, la aventura de Tintín tras la pista de un fetiche amazónico robado al Museo de Bruselas, es una parodia de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1932-1935). En efecto, alentados respectivamente por firmas petroleras norteamericanas y británicas, las repúblicas imaginarias de San Theodoros y Nuevo Rico se preparan para enfrentarse por una región de frontera potencialmente rica en petróleo llamada “Gran Chapo”. Además de las cerbatanas de los indígenas arumbayas, las anacondas, los ponchos multicolores, los sombreros al estilo mexicano o las revoluciones cada seis horas - y gracias sin dudas a la maestría del dibujo de Hergé -, sin duda una de las cosas que quedan en la retina del lector es la materialidad bélica. Esta es un poco discordante en el escenario tropical de republiqueta bananera: el Junkers en que el traficante Basil Zaharoff viaja a venderles a ambos países las mismas cantidades de las mismas armas, los fortines, los camiones, las motocicletas, las ametralladoras Vickers o los uniformes de un ejército con demasiados coroneles y pocos soldados que dan la sensación de estar siempre fuera de lugar.

Esa materialidad bélica es, precisamente, el objeto de estudio de este libro. Para analizar la Guerra del Chaco desde la perspectiva de lo que llama “arqueología de la modernidad”, Esther Breithoff aplica una estrategia interdisciplinaria que se nutre de la etnografía, la etnohistoria, la filosofía, los estudios de la ciencia y de la técnica, las humanidades ambientales y las investigaciones sobre el patrimonio. El libro cuestiona las historias tradicionales de la guerra, centradas mayormente en aspectos estratégicos o geopolíticos, y enfoca la atención, en cambio, en la materialidad y los paisajes físicos del conflicto, así como en sus secuelas a lo largo del tiempo. La tesis es que los restos materiales de la guerra -desde los vestigios mecánicos o los propios campos de batalla hasta lo que llama “arte de trinchera” e incluso los restos humanos- no son reliquias históricas anquilosadas, sino “entidades vivas y fluidas” que dan forma activa al presente y a su vez son reinterpretadas por él, ayudando a modelar y recrear continuamente la realidad. Por eso, la guerra no sería un acontecimiento cerrado, sino un proceso continuo de regeneración del mundo, y su legado material puede entenderse como un hiperobjeto, concepto tomado del filósofo Timothy Morton (2013), que remite a una red material tan masivamente difundida en sus dimensiones temporales y espaciales que resulta difícil de aprehender en su totalidad. De esta forma, la Guerra del Chaco sería una suerte de entidad que persiste a través del tiempo y el espacio, influyendo en la vida de las personas, la naturaleza y el medioambiente aún mucho después de que las armas hayan callado.

El punto fuerte del libro, justamente, es la demostración descriptiva de esta tesis. Para lograrlo, la autora recapitula las estrategias militares de ambos países, los retos logísticos de los ejércitos, la vida cotidiana de los soldados, el comercio y el trueque en las trincheras, así como las relaciones de las tropas con actores regionales como los misioneros menonitas o las poblaciones indígenas. Para ella, las temperaturas extremas, el terreno hostil, las epidemias, el hambre o la falta de agua también son actores del conflicto que obligan a las fuerzas bolivianas y paraguayas a modelar sus adaptaciones materiales y tecnológicas. Se recompone, así, un paisaje de vestigios que no sólo se nos presenta ritmado por armas desechadas y ruinas mecánicas, sino también por los restos de una profusa infraestructura de búnkeres, trincheras, puentes, caminos, pozos de agua, monumentos, memoriales y cementerios.

El enfoque resulta particularmente efectivo al analizar lo que podríamos llamar el expediente mnemónico; es decir, la dinámica patrimonial de construcción, gestión e interpretación de los campos de batalla, los monumentos y los museos, lugares clave para negociar las narrativas contrapuestas sobre la guerra. Así, por ejemplo, la autora contrasta las narrativas nacionalistas oficiales de Bolivia y Paraguay con los recuerdos más personales y fragmentados de los veteranos y comunidades locales. También examina cómo el mantenimiento o el abandono de la cultura material de la guerra reflejan diferentes actitudes hacia el pasado. Igualmente muestra que la gestión de cementerios militares y sitios conmemorativos informales constituye otro aspecto crítico del legado del conflicto. Todos estos contextos diversos, en suma, forman una infraestructura de la memoria que establece un vínculo intergeneracional directo -aunque mediado- que reescribe la guerra y participa activamente en la construcción del paisaje y del mundo.

Lo más interesante de la argumentación, sin embargo, es el análisis del “arte de trinchera” y su papel en la creación de mundos a pequeña escala. Se trata de objetos personalizados que los combatientes creaban a partir de materiales desechados, como platos, bandejas, silbatos, proyectiles o casquillos. Para Breithoff, se trata de mucho más que simples recuerdos: son registros tangibles de las experiencias de los soldados, de su ingenio y de sus vidas emocionales. A través de ellos, los combatientes reafirmaban su humanidad y su capacidad de acción en un entorno definido por la destrucción. Es por esto, tal vez, que la autora afirma que la región chaqueña sigue “embrujada” por el conflicto. No sólo por las creencias sobrenaturales, la ansiedad y la inquietud de la población en torno de la violencia, sino también por el recordatorio constante que suponen las municiones sin explotar, los restos humanos y los traumas psicológicos, que en su conjunto perturban la distinción entre el pasado y el presente, y explican por qué la guerra sigue siendo una fuerza decisiva en la creación del paisaje y del mundo del Chaco.

Entre los aspectos menos convincentes del libro, en cambio, destaca la aplicación de lo que Breithoff denomina “arqueología simétrica” -la superación del dualismo entre actores humanos y objetos no humanos- a la etnografía indígena del Gran Chaco. Aquí, su programa monista se manifiesta en una asociación, programáticamente interesante, aunque con implicaciones que podrían ser discutibles entre, por un lado, las teorías de Bruno Latour, Philippe Descola o Eduardo Viveiros de Castro y, por el otro, una lectura particular de la etnología fenomenológica de Marcelo Bórmida (2005: 14-15, 112-114). A partir de “Ergon y mito...”, el detallado trabajo de Bórmida sobre la cultura material ayoreo, Breithoff propone que entre estos indígenas existiría una agencia del objeto material “independiente del hombre, por sobre el hombre y a veces contra el hombre”. Sin embargo, el argumento parece ir bastante más allá, porque no sólo descentra o relativiza la agencia humana, sino que, al hacerlo, llega a poner en cuestión las capacidades perceptivas, creativas e intelectuales de los indígenas:

Así, los ayoreo no tienen el poder autónomo de modificar su existencia, ya que la misma siempre está gobernada por fuerzas que trascienden el ámbito humano. Los ayoreo también carecen de una conciencia personal que les permita ser creativos e inventar sus propios instrumentos y establecer sus usos, ya que estos también les han sido dados por fuerzas preexistentes que actúan fuera del control humano. Como resultado, están limitados en sus poderes para alterar las realidades materiales en el proceso de producción de un artefacto, ya que el producto terminado y su propósito siempre se modelan a partir de un prototipo determinado por una fuerza consciente más allá de lo humano (p. 113).

En otros momentos, parece confundir registros tan distintos como la mitología y la conciencia histórica, o la lexicalización y la conceptualización. Así, por ejemplo, como los ayoreo son conscientes de que no producen el hierro, carecen de una palabra para el mismo y sus mitos explican su origen a partir de los dones de una mujer-estrella en el cielo, la autora concluye: “Dado que todos los objetos ya han sido entregados a los humanos por fuerzas preexistentes que escapan a su control, los ayoreo no percibían el metal como restos dejados por los ejércitos beligerantes” (p. 113).

Ahora bien, la extensión cosmológica de la agencia, la eventual lexicalización (o no) de ciertos dominios lingüísticos o la mitologización del origen de algún artefacto no tienen por qué ser incompatibles con la capacidad de creación de una cultura material, la posibilidad de un arte y una tecnología; ni menos aún con la conciencia de la tecnología propia y ajena. De hecho, los indígenas chaqueños interactúan con la economía regional sin necesidad del concepto de “capitalismo” y aprenden matemáticas por más que no tengan equivalente en su lengua para el concepto de “37”, así como saben perfectamente que a su teléfono celular lo anima la batería y no un espíritu. Para decirlo en otros términos, la aplicación de las modas académicas a la casuística chaqueña resulta forzada: la Guerra del Chaco es un “hiperobjeto del Antropoceno” (el término “Antropoceno” aparece 96 veces en el libro) y el texto está saturado de entidades fluidas, hibridez, pluriversos, ontologías, ensamblajes, Tanatocenos, gente-organismos, no-humanos, más-que-humanos u otros-que-humanos, además de las habituales críticas a la oposición naturaleza y cultura (o sujeto y objeto, mente y materia, etc.). Igualmente atribuye cualquier negatividad a “lo occidental” como si se tratase de una totalidad esencial, homogénea, invariable a lo largo del tiempo y del espacio, con contornos y pecados perfectamente definibles.

Para enriquecer el análisis de ese hiperobjeto, habría sido más fructífero trazar conexiones con otros hitos y derivas temáticas que también ponen en escena -como diría Halbwachs- la topografía legendaria de la Guerra del Chaco. Por ejemplo, la simbiosis militar con la agenda regional de las industrias extractivas, la participación de rusos blancos de un lado y de agentes nazis o proto-nazis del otro, la presencia de tropas indígenas en ambos bandos, el papel de la toponimia o del idioma guaraní como campos de disputa lingüística y propagandística, o la posibilidad analítica de entender el teatro de operaciones chaqueño como un laboratorio híbrido de experimentación bélica. Este último punto parece clave para un argumento como el de Breithoff, ya que el conflicto muestra una notable transición tecnológica entre las dos guerras mundiales, que hace convivir en el mismo barro lanzas y tanques, machetes y ametralladoras, ataques aéreos y cargas de caballería, trincheras, mulas, blindajes y baqueanos indígenas (Richard 2008).

Sin embargo, más allá del eventual recorte del objeto de estudio, hay que decir que en términos generales se trata de un libro interesante y de lectura ágil, que aborda un tema de atractivo indiscutible. A pesar de la jerga académica, desarrolla su argumento de forma clara y sencilla, logrando que su propuesta de análisis sea creíble. Además, nos ofrece al hacerlo algunos datos empíricos fascinantes: por citar un ejemplo, las fotografías de las garitas de guardia o puestos de francotiradores tallados a cuchillo en el interior de los palos borrachos (p. 67). Esta riqueza empírica debe sumarse al mérito de la autora, que a lo largo de las páginas logra demostrar su tesis: que los fusiles, los amuletos, los casquillos, los edificios, las ruinas mecánicas, los monumentos, los restos humanos y el propio paisaje de una carnicería lejana, ocurrida hace más de cien años, pueden entenderse como agentes activos que cada día siguen removiendo el polvo de los senderos del imaginario chaqueño.

Referências

  • BÓRMIDA, Marcelo. 2005. “Ergon y mito: Una hermenéutica de la cultura material de los Ayoreo del Chaco Boreal”, Archivos 3 (1): 5-175.
  • MORTON, Timothy. 2013.Hyperobjects: Philosophy and Ecology after the End of the World Minneapolis: University of Minnesota Press.
  • RICHARD, Nicolás (ed.). 2008. Mala guerra. Los indígenas en la guerra del Chaco (1932-1935) Asunción: CoLibris, Museo del Barro, Servilibro.

Declaração de Disponibilidade de Dados:

Todo o conjunto de dados que dá suporte aos resultados deste estudo foi publicado no próprio artigo.

Editor-Chefe:

Luiz Costa

Editora Adjunta:

Adriana Vianna

Editor Adjunto:

Carlos Fausto

Datas de Publicação

  • Publicação nesta coleção
    29 Jun 2026
  • Data do Fascículo
    2026

Histórico

  • Recebido
    15 Out 2025
  • Aceito
    20 Out 2025
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