Open-access Los palaneros de Chacupe. Memoria de una hacienda*

Os palaneros de Chacupe. Memória de uma fazenda

The palaneros of Chacupe. Memory of a hacienda

Resumen:

Este articulo nos traslada a la costa norte del Perú, epicentro tradicional de producción de caña de azúcar para el mercado nacional y extranjero. Este cultivo ha significado una fuente de riqueza en la región, que tuvo como eje de producción el monocultivo de grandes extensiones de tierra administradas bajo una institución, gestada desde tiempos coloniales, conocida como la hacienda. En este escenario, tiempo/ espacio (Bakhtin 2018), es que presento a la comunidad afroperuana de Capote, en el valle formado por el rio Chancay en Lambayeque. Este trabajo se centra en el relato y memoria de un grupo de trabajadores rurales, quienes se hacen llamar palaneros, nombre con el que se reconocen como peones y residentes de hacienda y de sus descendientes, hoy posicionados como propietarios de parcelas de tierra, parceleros. Los diálogos y las narraciones me llevaron a seguir los relatos de estos trabajadores agrarios, explorando sus experiencias dentro de la hacienda, siguiendo los caminos de la memoria (Halbwachs 1990; Pollak 1992; y Shotter 1990) y re-memorar (Ricoeur 2003), para comprender lo que en Capote se cuenta como el tiempo del patrón, como una aparición del pasado que se torna más visible frente a la posibilidad de la vuelta de los grandes señores de la tierra.

Palabras Claves:
Perú; trabajo; memoria; hacienda; rural

Resumo:

Este artigo nos transporta para a costa norte do Peru, epicentro da produção agrícola, abastecendo de cana-de-açúcar e arroz tanto o mercado doméstico quanto o estrangeiro. Tais cultivos significaram uma fonte de riqueza para a região, que tinha como eixo de produção a monocultura de grandes extensões de terra administradas por uma instituição, criada desde a época colonial, conhecida como hacienda. É nesse cenário, tempo/espaço (Bakhtin 2018), que apresento a comunidade afro-peruana de Capote, no vale formado pelo rio Chancay, em Lambayeque. Este trabalho enfoca a história e a memória de um grupo de trabalhadores rurais, que se autodenominam palaneros, nome pelo qual se reconhecem como trabalhadores rurais e moradores da fazenda, e seus descendentes, hoje posicionados como proprietários de lotes de terra, parceleros. Através de diálogos e narrativas, segui os relatos desses trabalhadores rurais, explorando suas experiências dentro da hacienda, seguindo os caminhos da memória (Halbwachs 1990; Pollak 1992; e Shotter 1990) e da rememória (Ricoeur 2003), a fim de compreender o que é narrado em Capote como "o tempo do patrão", como uma aparição do passado que se torna mais visível diante da possibilidade do retorno dos grandes senhores da terra.

Palavras-chave:
Peru; trabalho; memória; fazenda; rural

Abstract:

This article transports us to the northern coast of Peru, epicenter of agricultural production, supplying sugar cane and rice to both the domestic and foreign markets. These crops have represented a source of wealth for the region, which revolved around the monoculture of vast expanses of land managed under an institution, created since colonial times,known as the hacienda. In this context, as per Bakhtin's notion of time/space (2018), I present the Afro-Peruvian community of Capote, situated in the valley formed by the Chancay River in Lambayeque. This work focuses on the narratives and memories of a group of rural workers who refer to themselves as "palaneros," a name by which they recognize themselves as peones and hacienda residents, and their descendants, now established as landowners of small parcels, known as "parceleros". The dialogues and narratives led me to follow the stories of these agricultural workers, exploring their experiences within the hacienda, following the paths of memory (Halbwachs 1990; Pollak 1992; and Shotter 1990) and re-memory (Ricoeur 2003), to understand what in Capote is told as “the time of the patron" (tiempo del patrón) as a ghostly presence from the past that becomes more visible in the face of the possibility of the return of the great landowners.

Keywords:
Peru; work; memory; plantation; rural

El pueblo de Capote, se ubica en el departamento de Lambayeque, costa norte del litoral peruano. Para llegar ahí se sigue el camino que conecta los pueblos de Chiclayo y Ferreñafe, tomando el desvió hacia el oeste antes de llegar al pueblo de Picsi, ocupando el segundo puesto con el mayor número de afrodescendientes1 de la región (Mapa 1).

Mapa 1:
Ubicación de la Región Lambayeque - Perú

Esta comunidad cuenta con 1736 habitantes y alrededor de 455 hogares, organizados en torno a un pequeño centro urbano y rodeado de caseríos que se levantan en medio de tierras agrícolas. Al llegar a su plaza central se encuentra una explanada de arena en torno a la cual se levantan grandes paredes y algunas casas de adobe y un pequeño parque con algunas plantas que luchan por mantenerse en el suelo árido. Desde ese lugar, hacia el frente, se puede observar un mural con imágenes alusivas a figuras representativas de la comunidad. En aquel muro se ven pintadas en color negro las siluetas de hombres y mujeres realizando actividades agrícolas; una pareja bailando el baile tierra2, acompañados en el fondo por campos de cultivo de arroz y caña de azúcar siendo segados y de animales de carga. En el centro del mural, destaca la representación del nacimiento de Jesucristo en el pesebre, que es una referencia a la celebración del Niño Dios de Pascua, imagen religiosa que es el santo y patrón de Capote (Imagen 1), cuyas fechas centrales de celebración son el 24 y 25 de diciembre. Sobre las figuras se muestra una inscripción en letras negras sobre un fondo blanco, en la que se lee: “Capote territorio ancestral afroperuano”.

Imagen 1:
Mural frente a la plaza principal - Capote

Las tierras de Capote forman parte del valle de Lambayeque, su territorio se encuentra atravesado por canales de agua conocidos como acequias, que proveen de este recurso a sus cultivos, provistos por el canal Taymi que, en su camino al mar toma del rio Chancay el líquido elemento en canales de regadío los cuales designan los tres sectores agrícolas que tiene actualmente la comunidad: El Padre, Jarrín y Chucupe.

Esta es una comunidad orientada a la agricultura, el pueblo está rodeado por campos de cultivo que cubren el horizonte. Capote, tiene un aroma dulce en el aire. Se siente en el paladar. Viene de las plantas de la caña de azúcar recién cortada. Olor que se hace más intenso en las mañanas antes de que el sol arrecie en el cielo, cuando se asoma entre las calles de tierra y sobre los techos de sus viviendas de adobe con techos de caña, llevado por el humo de los campos siendo quemados3 para su cosecha; quienes trabajan en la caña dicen saben leer el humo, su color, olor, consistencia y la forma que toma en el cielo interpretándolos como buenos o malos augurios para una cosecha.

El azúcar tiene una larga tradición en la región y, de la misma forma, lo es también en las tierras Capote. Durante la época colonial y en los inicios de la República, en las tierras de Capote se ubicaba un trapiche4 que era usado para la transformación de la caña de azúcar en productos comercializables derivados. A finales el siglo XIX y durante gran parte del siglo XX, el azúcar en Capote alcanzó un mayor protagonismo como un cultivo orientado a una producción a gran escala5 con fines de exportación. En la actualidad, la caña de azúcar en Capote es el cultivo de mayor predilección6, por ser un producto que deja mayor rentabilidad para el agricultor.

“Y él dijo: ¡Vas a vivir en Capote!”

Una aproximación al trabajo y la ocupación de la tierra desde la memoria en una hacienda a inicios del siglo XX

El tiempo de trabajo de campo en Capote me llevó a aproximarme a un grupo particular de trabajadores agrarios, quienes se hacen llamar a sí mismos como “palanero(s)”, nombre que deriva del uso de una herramienta en el trabajo agrícola conocida como palana, la cual es una especie de pala de cabeza plana, comúnmente usadas en actividades agrícolas en las regiones costeras.

Llamarse Palanero es encarnar al agricultor o trabajador del campo. Pero en Capote, este término adquiere un matiz significativo, es una categoría de autoidentificación, ya que carga consigo el testimonio de cómo, en su condición de trabajadores agrarios, ocuparon este territorio como peones y residentes en la hacienda.

Comprenderemos por hacienda, una extensión de tierra de propiedad de un terrateniente o hacendado7. Esta puede estar administrada por él o supeditada a un gerente, quien hace las veces de un administrador en el territorio. Además de la propiedad de la tierra, la hacienda basa su control sobre diversos recursos, tales como el agua, materias primas y tecnología. Pero, principalmente opera bajo la gestión de un conglomerado de personas que son su fuerza de trabajo. Es en este punto que la presencia afrodescendiente en Capote se conecta con una historia mayor que engrana la innovación del capitalismo (Quijano 1992) del siglo XV y el desarrollo de nuevas tecnologías en la producción de mercancías. Las haciendas/plantaciones representaron un momento de transformación en la historia humana y natural. Establecido en la agricultura a gran escala en el norte del Perú un cultivo exótico producido por mano de obra esclava, la caña de azúcar se convirtió en uno de los motores de generación de riqueza que impulsó la expansión capitalista e imperialista europea (Tsing 2012). La gestión y explotación de estos recursos se orienta a la producción de cultivos de alto rendimiento, reuniendo grandes cantidades de trabajadores en un máximo de extensión de terreno, todo ello orientado a proveer de mercancías al mercado y “donde los factores de la producción se empleaban no solo para la acumulación de capital sino también para sustentar las aspiraciones de status del propietario” (Mintz y Wolf 2010: 493). A la vez, la hegemonía del hacendado se basaba en el control de los recursos de la hacienda, sustentado su manejo sobre una estructura de trabajo jerarquizada, asegurada por en el control interno de la seguridad y sobre la movilidad al interior de su territorio, todo ello soportado por una estructura basada en la segregación discrecional, amparada en la valoración o no de determinados grupos étnicos y culturales para desempeñarse en tareas específicas.

En el contexto peruano, durante los siglos XIX e inicios del XX, las modalidades de trabajo, entre ellas el trabajo asalariado8, estaban cambiando las configuraciones del campesinado. Entre estas trasformaciones apareció como estrategia entre los hacendados de la zona el mantener a un grupo de trabajadores dentro de la hacienda como residentes permanentes, como respuesta a la necesidad de contar con disposición de mano de obra barata y disponible. Es en este contexto, en el que el palanero de Capote ubica su presencia, estableciéndose como peón de hacienda y, a la vez, residente de la hacienda que ocupaba esas tierras.

Es así que, el contexto social al que me remitiré será aquel en el que se ubican estos palaneros. Considerando la franja etaria de los narradores elegidos y su condición social, traen consigo lecturas sobre el horizonte rural en una comunidad. Tomar la historia de un grupo de trabajadores rurales me permite reconstruir una historia dentro de una historia, dentro de la cual se dejan ver los patrones de mudanzas sociales y culturales de una comunidad formada en torno a una hacienda. En las expresiones sobre su condición de vida, sea por la conquista de un espacio, el reconocimiento de su esfuerzo, la resistencia a las amenazas de desaparición o las pérdidas a lo largo del tiempo y el espacio, prevalece un trazo común que las define como luchas por la condición de protagonistas de los procesos sociales (Mintz 1969). Aquellas representaciones colectivas (Halbwachs, 1990) vinculadas a la dimensión social, relacionadas con las convivencias y vivencias cotidianas de los habitantes de Capote, colocan el énfasis en una memoria local expresada en función de las relaciones con la tierra y los mecanismos de trabajo asociados a ella, su lugar como palaneros, la aprensión por el futuro y por la permanencia en la comunidad, de aquellos quienes trabajaron e hicieron una vida dentro de una hacienda, la Hacienda Chacupe9, mismos que al día de hoy se mantienen en esas tierras, hoy conocidas como Capote.

José Jaramillo Maco (1923-2019), conocido por su familia y amigos como “Jota”, nació en Chacupe durante la segunda década del siglo XX. Es el tercero de cuatro hermanos, dos mujeres y dos hombres. Hijo de Don José Jaramillo Tobar y Doña Victoria Maco Ruiz. Su padre trabajo para la hacienda como criador de caballos, “chalan”. En su adolescencia temprana, a modo de generar ingresos adicionales para su hogar, realizaba labores en la hacienda Chacupe. “Trabajaba para el patrón desde los 11 años de edad. En esa época uno así muchacho podía trabajar: limpiando acequias, echando palana, limpiando el campo, quitando la hierba. Media jornada hacia un niño, me pagaban cincuenta centavos. Jornada entera era un sol para los adultos”.

Jota cuenta que en Chacupe desde que se tenía fuerza y el juicio suficiente para afrontar la responsabilidad que el trabajo en la hacienda implica, los niños acompañan a los padres para apoyándolos en a las distintas tareas que estén en condición de realizar.

Tú salías, tú y tu papá, lo mandaban a trasplanto, y tu papá estaba agarrado, tú estarías aquí, tu cuarto estaba ahí junto con tu papá. Yo trabajaba junto con mi papa, hasta ya después más grande, más maltones. Ya después era trabajo más fuerte, esos eran ciega, carga de arroz seco, esos son los trabajos más fuertes. Y tú hacías con tu papá. Y tú papá era el que te mostraba el trabajo, el que te guiaba.

Luego de estar fuera de la hacienda Chacupe durante un periodo de 3 años, cumpliendo el servicio militar obligatorio, Jota volvería a Chacupe a sus 21 años. Dos años después formaría una familia y viviría en la casa de unos tíos de manera provisional dentro de Chacupe. Sin embargo, luego del nacimiento de su primer hijo, el padre de Jota, quien tenía proximidad con el dueño de la hacienda, por ser uno de sus trabajadores, decide conversar con el hacendado para pedirle una oportunidad para su hijo, con el objetivo de que Jota sea incorporado como peón permanente de la hacienda Chacupe, un palanero, y así poder tener un hogar y sustento para su familia.

El patrón no les daba a todos, sólo a los que tenían tiempo y confianza con él. Como yo era hijo de uno de sus trabajadores, él [hacendado] ya me conocía. Cuando volví de mi servicio militar era muchacho, ya mi papá había hablado con el patrón para que trabaje. Le dijo mi papá que ya estaba grande que ya iba a tener mujer y que necesitaba mi casa.

A nosotros nos daba un espacio, podía ser dos hectáreas. Pero tú no podías sembrar ahí mismo, el terreno era monte. El patrón me dio esas tierras para que las trabaje, esa zona le dicen el Barranco porque era una hondonada, tipo un hueco. Cuando me dijo que podía agarrar ese pedazo de terreno ya sabía que era difícil de trabajar, ese terreno tenía muchos árboles de algarrobos, guinea, pájaro bobo; toda la tierra estaba tapada por matorral con espinas ¡que ibas a caminar por ahí! ¡Esas espinas te sacaban la mierda si caminabas sin zapatos! ¡Ni los animales entraban! Poco a poco fui limpiando el terreno, cortando los árboles, quitando la maleza.

Jota revela algunos aspectos interesantes sobre las dinámicas involucradas en el proceso de establecerse en el territorio de la hacienda. Respecto a su experiencia de asentarse en Chacupe, Jota hace énfasis sobre la mayor consideración para aquellos que tenían tiempo, en su caso particular, traducido en el vínculo preexistente entre su padre y el patrón como nexo que le permite acceder a tener una oportunidad. En este punto, el parentesco se coloca como un elemento primordial que le da acceso a la hacienda y frente al patrón como un potencial candidato. La narración que hace Jota sobre su infancia y el trabajo junto a su padre, un peón del patrón, adiciona un elemento más, sobre esa consideración en aquellos que tenían tiempo, familiarizado con las prácticas e instruido en los conocimientos sobre los procesos vinculados a la hacienda.

Por otro lado, aquello que lo movilizó para establecerse como trabajador en Chacupe va más allá de un pedido por un puesto de trabajo. En palabra de Jota, una casa10. Frente a la formación de un nuevo grupo familiar, este tránsito de integrarse como palanero coincidiría como respuesta al ciclo de desarrollo de un grupo doméstico, al poseer esposa y un hijo, una nueva familia que se forma. Para los palaneros tener una casa dentro de la hacienda involucra algo más que una construcción de una residencia. Jota deja ver que para aquellos que se establecían como palaneros de Chacupe una casa es a su vez el acceso a tierra y eso era lo que buscaba, un espacio para vivir y que le garantice la seguridad de poder mantener a su recién formada familia, acondicionando este terreno en una huerta para poder sembrar. Al tomar posesión del pedazo de tierra, el palanero debía preparar ese espacio para ocupar una huerta con la cual podría proveer a su familia de productos comestibles como legumbres, frutos, tubérculos y mantener un pequeño número de animales de granja (Imagen 2 e 3).

Imagen 2:
Jota sosteniendo con su mano derecha una lima con la que afila el borde de la plana.

Imagen 3:
Jota descansando luego de la jornada de trabajo en su huerta.

Trabajar como palanero de Chacupe implicaba establecer una relación particular con el hacendado, en calidad de subordinado, y con la tierra que este administra. No hay duda de que la concesión de una casa representa el más importante activo con el que cuenta el peón de hacienda. Significa que como resiente puede plantar una huerta, por lo tanto, conectarse con la propiedad. Tal y como describe Jota, esta condición no estaba abierta para todos. Sobre ello hace una distinción sobre un nosotros, eso significa un elemento de diferenciación interna entre los trabajadores de la hacienda, colocándose como parte de quienes establecieron un acuerdo especifico con el hacendado de manera directa. Esto le da legitimidad11 a su modo de ocupación, diferenciándose de otros tipos de trabajadores rurales que frecuentaban la hacienda bajo diferentes modalidades de contrato12. Para estos su presencia en la hacienda estaba sujeta a la temporalidad de la producción y a la necesidad de una mayor mano de obra.

Junto al tiempo Jota hace énfasis sobre el vínculo que coloca al peón como candidato idóneo para ser un trabajador permanente en la hacienda, esta relación se fundamenta en base a la confianza que el terrateniente depositaba en el peón. En su caso era adquirida en el parentesco, al ser hijo de un trabajador del hacendado. A su vez, esa cercanía a un peón del patrón lo aproxima a aquellas dinámicas internas vinculadas modos de organización del trabajo, las relaciones que estan envuelven y las normas de convivencia dispuestas al interior de la hacienda. A la vez, esta confianza depositada por el patrón le da al peón cierto margen de autonomía dentro del terreno asignado por el terrateniente. Un palanero del patrón puede vivir en las áreas más alejadas de la hacienda lejos de la vigilancia de la administración, contrario a la situación de otros trabajadores que vivían en los galpones o rancherías, que en Chacupe eran edificaciones próximas a la casa hacienda donde se guardaban los equipos mecánicos y utilizados como almacenes, y por ello cercano al cuidado del personal de vigilancia (los rodeadores) que resguardaba la hacienda. Además de ello, convertirse en palanero y obtener el puesto en la hacienda, pese a representar el puesto más bajo dentro de la estructura, daba acceso a la jerarquía y, a la vez, el deber de interiorizar de manera más completa las reglas de la hacienda, conectándolo a un hacendado y a su tierra, la hacienda. Aquello encarna un elemento de diferenciación interna para el palanero habitante de Capote. Mientras sea palanero de la hacienda se le respetará la residencia dentro del área por gozar de la confianza del patrón y vivirá junto a otros, que al igual que él son depositarios de esa misma confianza.

Como peón de Chacupe, Jota desempeñaba una posición, que dentro de la hacienda representaba la más básica de las funciones: palanero, trabajador de campo no calificado. Las asignaciones que tenía eran limitadas y por lo general estaban determinadas por la necesidad de mano de obra en distintas cuestiones que necesitara de fuerza de trabajo.

Para trabajar aquí no había contrato. Todos los que vivían aquí se conocían y sabíamos quienes trabajaban con el patrón. El administrador le decía al mayordomo cuales eran las tareas que se tenían que hacer en la semana, podía ser: limpiarse de acequias, echar palana en el campo para preparar la tierra, deshierbar, todo dependía de la necesidad del patrón en ese momento. Para trabajar tenías que venir los días lunes para apuntarte en la lista con el mayordomo y te anotaba. Él te asignaba la tarea.

Los lunes tú tenías que ir temprano a la casa hacienda, ahí en la pampa de afuera [hoy la plaza central de Capote] estaba los Mayorales con sus Capataces. Ellos eran los encargados de apuntar a la gente que se inscribía para trabajar y asignar las tareas. Tenías que estar temprano, antes de las 6 de la mañana, ya tenías que haber tomado tu desayuno, sino lo llevabas a la chacra.

El administrador asignaba cuales eran las jornadas que se necesitaban hacer. En la “oficina” [lugar donde despachaba el administrador] se reunían los mayordomos, ahí hacíamos cola y te anotabas para trabajar. [Los Mayordomos] Tenían una libretita que guardaban en el bolsillo y apuntaban los nombres de los que iban a trabajar para esa semana. Cada día te presentabas para que te anoten y el mayordomo se aseguraba que trabajen, ellos estaban en la chacra o ahí donde te tocara hacer la tarea para ver que trabajen. Sus capataces eran los que se metían a la chacra con nosotros para supervisar.

Los sábados eran los días de pago. Se pagaba un sol por día de trabajo. El domingo nadie trabajaba porque iban a la iglesia en la mañana a escuchar misa. Ese día tú aprovechabas para trabajar tu chacra y las señoras iban a Chiclayo a vender tus productos de la chacra y comprar cosas para la casa.

José Atoche, de 75 años, es residente de Capote e hijo de uno de los peones del patrón. Trabajó de joven en la Hacienda Chacupe como palanero, siete años antes de que la hacienda cierre sus operaciones. El sr. Atoche amplia más sobre aquellas condiciones implícitas al entrar en esta relación con el patrón, el cual les daba la posibilidad de ser residente de Chacupe, trabajar en la hacienda, habitar sus tierras y trabajar una porción de terreno dentro de su propiedad:

El patrón decía: ¡denle su chacra!
Entonces te medían de allá para acá. Pero era lleno de monte y tú tenías que recortarlo el monte, aplana, echabas candela y te quedaba así. Ya ese ya era tu terreno
Pero ¿Por qué te lo daba el patrón?
Para que vayas limpiando los terrenos. Él tenía monte, pero te daba tu chacra y tú lo limpiabas bien. Como cualquiera que quiere que su terrenito esta bonito y produzca. A los 5, 6, 7 años ya te lo quitaba. Te decía quiero mi terreno. Ya te daba otro. Llegó la época que necesitaba [refiriéndose al hacendado] y ya encontró limpiecito, como estamos ahorita. Para meter maquina nomas.

Si bien la hacienda Chacupe era una empresa, muchas de las características descritas por sus trabajadores coinciden más con las estructuras no capitalistas como el poco uso de dinero efectivo, un comportamiento fundamentado en el uso de prácticas tradicionales de producción y distinciones basadas en rasgos heredados y jerarquizados. En este contexto, la casa del palanero (su chacra) permitía al terrateniente aplicar un mecanismo que le permita mantener dentro de sus tierras a un contingente de personas que esté disponible como mano de obra con sueldos bajos, subvencionado por aquello que el palanero pueda proveerse por medio del cultivo de sus huertas familiares.

Jota asegura que cuando él se desempeñó como peón de la hacienda no existía contrato, refiriéndose a que su presencia en Chacupe no estaba mediada por algún documento. Los acuerdos entre el peón y el terrateniente, en términos de ser palanero dentro de Chacupe, estaban respaldados por la investidura del terrateniente, un hacendado, que en calidad de dueño de la tierra tenía el poder de otorgar, así como juzgar quien era merecedor de dicho acuerdo. No obstante, la cesión del espacio destinado a la producción familiar podía estar sujeto a ciertas condiciones. Como comenta José Atoche, esa posesión de la tierra podía ser provisional, limitada a un periodo de tiempo variable, que no excedía los 10 años, tiempo en que el palanero asentado en el lugar había transformado un espacio agreste (monte), en terrenos de cultivo; al reclamar el terrateniente para sí ese terreno, recibía uno de los más importantes recursos de la hacienda, anexar nuevas áreas de tierra cultivable para explotar.

Autores que han explorado la posesión y manejo de tierras en el caso de familias afro-caribeñas y la constitución de comunidades campesinas en torno a las plantaciones, como en el caso de Patios (Mintz 1958 y 1974) en Jamaica; tierras de comunidades libres (Besson 1992) en las Islas Británicas de las Indias Occidentales; tierras de aprovisionamiento en plantaciones (Tomich 2016) en Martinica; sistemas alimentarios alternativos (Carney 2021) que operaban dentro de las plantaciones; y el manejo de tierra familiar (Carnegi 1987). Los casos analizados muestran las dinámicas a las que estaban sometidos los trabajadores agrarios (en contextos de plantación) las cuales representan modalidades resilientes de establecerse en el territorio. En esa misma línea encontramos que el asentamiento de un palanero en Chacupe acoge dentro de sí tanto un régimen que opera bajo una estructura laboral orientada a la gestión del monocultivo de hacienda, como el cultivo familiar de la casa como modo de acceso a fuentes de producción propia. Esta doble condición coloca al palanero de Chacupe entre un proletariado rural y el campesinado (Mintz 1974) que combina el trabajo asalariado y la producción por cuenta propia para la provisión del palanero. La casa del palanero aparece como una forma de sustentar vida dentro de la hacienda. En este contexto, la producción y reproducción campesina en Chacupe implicaba una extensión de monte que se transformará en casa, un lugar que sirva del alberge a la familia como, también, un espacio para asegurar un cultivo de autoconsumo. Al mismo tiempo, funciona como mecanismo de abastecimiento de un capital central en la economía de hacienda, ampliando el horizonte de tierra cultivable, que luego sería reclamada por el patrón para ser anexado al conjunto de tierra destinado al monocultivo. Cabe señalar, que el cultivo de la casa ubicada en el monte, implica una adaptación diferenciada de las zonas llanas acondicionadas al monocultivo. En el monte el palanero producen otro tipo de productos13 que aparecen como una forma de agenciar la manutención de las familias. Sobre ello, Jota apunta que el fin principal de la producción de la casa era el de proveer de alimento a la familia14. El excedente, era destinado en primer lugar, para compartir con la red ampliada de parentesco y amistades, a modo de mantener los lazos de afinidad y vínculos de asistencia con otros palaneros en caso de tiempos difíciles. Luego de ello, y considerando caso de necesidad específicas, la cosecha de la huerta familiar se volvía pasible de ser un producto comercializable y posibles de ser llevados a la ciudad a ser vendidos en los mercados de domingo15.

Jota, consideraba esa relación como algo común y propia de la época para aquellos que, en sus palabras, no tenían nada:

Antes era así pues, uno no tenía nada.
A sus peones el patrón les daba tierra, arroz y azúcar para su casa. Hasta agua gratis teníamos, nadie paga por el agua, ahora si no tienes plata no siembras. Te daba máquinas para trabajar la tierra. En las fiestas el patrón daba todo arroz, banda. Cada una hacía su chicha nomas.
Mucha gente no quería trabajar acá, algunos venían y se iban. Por eso el patrón no contrataba muchachos, solo gente mayor. Yo trabajé toda mi vida acá y ya me conocía por eso entré muchacho. Pero otros decían que era mucho trabajo. El patrón era bueno, pero nos hacía trabajar muy duro. La gente que iba a estar como hora en sus casas [medio día], si tenías tarea regresabas en la noche para bañarte y dormir nomás.
[…] Después, mira tú, cuando el patrón te quitaba el terreno. Ya no tenías ni donde vivir. Eso ha sido una pampa [refiriéndose al actual centro urbano de Capote].
Él [hacendado] dijo: ¡Vas a vivir en Capote!
Nosotros para ese tiempo vivimos en la campiña ¡adentro, como zorros en el monte! El patrón decía véngase acá. Pero no te daba casa. Tú tenías que venir, cortar palitos, hacer toda tu chocita y ya venir para vivir acá. Pero eso ya era sin terreno. Ese fue el patrón, así fue. Ya después se llenó de plata, no sé qué, y nos hizo estas casitas [las casas que hoy tienen en el pueblo de Capote].

Jota deja ver en sus palabras que esta relación y el régimen de trabajo al que estaba vinculado como algo normalizado durante la época que le tocó ser palanero. Como trabajador agrario, conseguir trabajo no era un problema. Jota diría sobre ello que: no faltaba trabajo en el campo. La mano de obra era siempre buscada en distintos momentos, más aún en aquellas actividades de producción a gran escala como el azúcar y el arroz en la región. Pero al igual que había temporadas de alta demanda como en la cosecha y la siembra, también se tenía temporadas en las que los puestos de trabajo no abundaban, ya sea por una oferta de mano de obra que superaba los puestos disponibles, un encogimiento del mercado por alguna crisis (sequías, baja de precios de venta, plagas u otros), que obligaban a la hacienda a reducir la demanda de mano de obra. Aquello que lo movilizaba para convertirse en un palanero en Chacupe estaba en tener los medios para asegurar la estabilidad que permita sustentar la familia. Un palanero como Jota, no es un mero trabajador pasivo. Dentro de los recursos limitados con lo que contaban hay un cálculo económico (Leite 2011) los cuales lo orientan a tomar actitudes ante la interacción entre el salario, los esfuerzos invertidos y aquellas concesiones no monetarias que le eran posible usufructuar. Pese a lo pesado de las jornadas, permanecer en la hacienda como lo hizo su padre antes que él, era una decisión consiente. Chacupe le daba la oportunidad de acceso a medios para subsistir, permanecer en esas tierras lo mantenía próximo a una red de parentesco y de afinidad, junto a otros que al igual que él eran palaneros y crecieron en esas tierras.

Y van a volver los grandes con dinero:

Visiones de futuro, el panorama agrícola de los herederos del palanero en Capote

La coyuntura política y los movimientos campesinos de mediados del siglo XX propiciaron una Reforma Agraria16 y con ella se rompe con el régimen de acumulación de tierras por parte de los terratenientes en el Perú. La expropiación de tierras a los hacendados y la posterior entrega a los agricultores crearon un nuevo modelo de trabajo y posesión de la tierra: la Cooperativa Agraria. A nivel social y organizacional se dieron cambios en las formas de administración territorial. Estas cooperativas se constituyeron como unidades de explotación asociativa, en la cual la propiedad no sería individual y de un terrateniente sino colectiva, reconociendo el derecho de cada uno de sus socios.

José Isidro Jaramillo Huiman, hijo de José Jaramillo Maco, Jota, creció en Capote viendo a su padre trabajar como palanero en Chacupe. Al ejecutarse la Reforma Agraria, él y sus hermanos mayores ingresaron como socios en la Cooperativa Agraria de Trabajadores Capote. Sobre la situación que vivieron los palaneros de Chacupe, José Isidro Jaramillo, propone una mirada crítica sobre la experiencia que vivió la generación de su padre:

Aquí en Capote, el patrón no pagaba el esfuerzo que el trabajador hacía, no compensaba. Entonces qué hacia el patrón, le daba un terrenito ahí para que siembre por ahí, que se mantenga con su familia. Era por eso, porque él no le quería pagar más. Esa gente que venía a hacer trabajos muy fuertes y sin embargo llegaban a su casa y se iban a sus chacritas ¿Por qué? de ahí también sacaban algo para su sustento. Esas personas estaban prácticamente siendo explotadas. Y cuando vino la reforma agraria se anuló todo eso.

Luego de un periodo de funcionamiento, las relaciones entre los socios en la Cooperativa Agraria de Trabajadores Capote se hacían cada vez más complejas y se inicia la aparición de grupos de intereses contrapuestos17. Es en ese momento que la identificación con el régimen Cooperativo en Capote se rompe, separándose un grupo de socios, iniciándose un proceso secuencial que llevó a la división de la cooperativa. Grupos contrapuestos avivaron más tensiones al interior de la Cooperativa Agraria de Trabajadores Capote propiciando la caída del sistema cooperativo como un hecho inevitable. Ante ello, la salida que tomo el Estado frente a la inminente ruptura y conflicto presentes en el sistema asociativo, fue dar las condiciones legales para la división de las tierras de las cooperativas dando la posibilidad a la explotación individual o parcelación. Actualmente, los agricultores de Capote son parceleros, propietarios de parcelas agrícolas, que van entre las 2 a las 7 hectáreas y que es el actual modelo de explotación agrícola que se mantiene en la comunidad.

En la actualidad, a nivel de área cultivable Capote pose un total de 3,524.96 hectáreas de cultivo, sin embargo, solo el 68% de área cultivable cuenta con el agua suficiente para asegurar el inicio de la campaña agrícola que inicia en Capote en el mes de diciembre. Ello se programa considerando una futura abundancia de agua, producto de las lluvias en la zona alta en la naciente del valle, que se producen entre los meses siguientes de enero y febrero. Si bien la agricultura a nivel nacional se soporta de una infraestructura e instituciones que regulan el uso del recurso hídrico18 Capote depende en gran medida de la naturaleza para mantenerse, esta situación se presenta debido a que a nivel de todo el valle de Lambayeque el recurso hídrico no alcanza para cubrir toda la demanda19. Junto a ello, la expansión del azúcar y otros cultivos de alta demanda de agua, como el arroz, en los valles de la costa norte tiene una fuerte presión en el equilibrio entre aguas de regadíos y extensión de tierras cultivables.

Gregorio Quiroz es un hombre de más de 70 años de edad. A lo largo de su vida ha pasado por múltiples labores, de joven desempeñó trabajos diversos en la hacienda y experimentó la salida del patrón de esas tierras, siendo de las primeras generaciones en conformar la cooperativa en Capote. En su madurez su experiencia le llevo a ocupar el puesto en la directiva de la Comisión de Usuarios del Subsector de Riego Capote, instancia que representa los intereses de todos los propietarios de parcelas de cultivo en la comunidad. Su punto de vista ayuda a entender aquellos cambios que ha experimentado la comunidad con respecto a unos de los recursos más preciados para la agricultura, el agua:

El patrón solamente tenía sus tierras que cultivaban y aparte le sobraba. Que si él quería sembrar todo, le faltaba personal. Para que las tierras no se malograran, no se salinaran, a todos sus trabajadores les iba dando un terrenito. Y como había excedente de agua, en esa época sobraba el agua y no les cobraba. En esa época sembraban maíz, otros frejoles, otros camote. Y esos trabajaban en la hacienda toda la semana. En la época patronal eran los patrones los que gozaban del agua. El agua era libre, andaba libre. Ellos eran los dueños del agua [refiriéndose a los terratenientes]. Manejaban todo, se dividían entre ellos el agua.

Posteriormente el gobierno toma en posesión la situación mediante leyes. Cuando se hace la reforma agraria, el gobierno comienza a poner sus propias reglas y reconoce instituciones que lo ayuden al control. Entonces llegamos a eso pues. Anteriormente nos cobraba el Ministerio de Agricultura ¡no vaya a creer que no se cobraba! se ha venido cobrando. Después de los patrones, antes que se formara la comisión nosotros íbamos y pagábamos el agua en la oficina de Ferreñafe. El agua se pagaba después de los patrones. Después vienen las cooperativas ¿Quién pagaba el agua? Las cooperativas pues. Las cooperativas pagaban al Banco de la Nación. Después de las cooperativas vinieron las parcelaciones entonces ya se individualiza y cada uno es dueño de pagar lo que consume.

El agua viene del reservorio de “Tinajones”, ese se encuentra en Chongollape. Pero para hacer campaña no alcanza ese reservorio. Este reservorio nos permite iniciar la campaña. Porque hay una programación. Iniciamos la campaña en el mes de diciembre, pesando en la naturaleza, porque las lluvias principian en el mes de febrero a veces enero. Entonces una vez con las lluvias allá anclamos con ese poco de agua, empezamos. Pero si no se inician las lluvias nos quedamos como estamos. O sea, netamente dependemos de la naturaleza. Porque no tenemos otra fuente más que ese reservorio. Era necesario hacer aquí la ampliación del reservorio Tinajones, pero la parte que estuvo diseñada muchos años atrás ha sido ocupada por gente y ya son chacras. Y ahí hay chacras que pertenecen a los militares, poder judicial, como es un área estratégica es difícil, el gobierno ya no va a hacer eso. Ya se tiene proyectos que están en evaluación para hacer mini reservorios en la [parte] alta. Que tengan para 100 millones, 80 millones [metros cúbicos de agua]. O sea para algo, porque es triste que, por ejemplo, en este año que hay agua todo se ha ido al mar. Ya no podemos, sino se rompe Tinajones y se lleva toditito. O sea, tiene una capacidad, después de esa capacidad, no se llena todo, le dejamos una base por si llueve. Tiene que haber algo que aguante. El resto ya se va al mar.

Hoy en día, si bien, el azúcar y el arroz en Capote son los cultivos más elegidos, por ser productos de mayor rentabilidad, su venta se orienta en su mayoría hacia el mercado local y nacional, debido a las limitaciones técnicas20 en su producción y comercio. Sumado a ello, el proceso de venta el producto deja en el agricultor una sensación de malestar frente a la posibilidad de fraude al momento de negociar su venta, con perjuicio para el agricultor.

Eliseo Jaramillo Huiman, hermano mayor de José Isidro e hijo de Jota, es un hombre que pasa los 60 años de edad. Con la ejecución de la reforma agraria, fue de los primeros en conformarse como socio de la cooperativa Capote. Actualmente posee algunas hectáreas de tierra en Capote que cultiva y administra. Él describe de esta manera la actual condición de los agricultores que mantiene sus parcelas individuales en Capote:

Te pagan una bicoca21.
Viene y te lo compran en chacra el arroz y la caña y se aprovechan de todos. Detrás del parcelero viene otra que es el prestamista. Y el prestamista es el que presta plata al parcelero y después se cobra en la cosecha. Inclusive hasta han llegado a manejar cosechas ya. El parcelero no hace nada. [El prestamista] Va y le tramita el dinero, le saca los análisis de la caña; algunos vienen y le compra el arroz en chacra. Y surgieron otras personas que se enriquecen del campesinado. Entonces ¿qué paso? Volvemos a lo mismo. Venden y el señor viene con dinero y ya tiene una hectárea, ya tiene 10, ya tiene 15 y creo que vamos a volver a lo mismo.

La costa norte del litoral peruano es un territorio que al igual que en otras regiones sufre los efectos dejados por el paso de fenómenos climáticos globales22, que ve su característico clima cálido, árido y seco afectado por el aumento de lluvia. Las intensas lluvias y la poca capacidad de drenaje de ciertas zonas de la comunidad provocaron el embalse de cuerpos de agua perjudicado la infraestructura de las casas. En el caso específico de la comunidad, si bien, la abundancia de agua podría significar mayor disposición de este recurso, a largo plazo afectó los cultivos. En el caso del arroz, el exceso de agua provocó que las espigas se curven sobre sus tallos, haciendo que el trabajo de la máquina segadora sea más difícil y en consecuencia aumenten los precios por la cosecha del producto. Los cultivos de caña de azúcar, presentaron una situación similar, donde la alta humedad del suelo hizo que la caña se “pique”, corroídas por la retención de líquidos, provocando que tengan un menor valor de venta en el mercado.

Leónidas Mondragón, de 71 años de edad, actualmente se dedica a la agricultura en unas tierras de su propiedad en Capote. Él siente que la producción agrícola en Capote muchas veces se ve obligada a priorizar la cantidad por sobre la calidad, debido a los costes de producción que se inician desde la preparación del terreno, el uso de maquinaria, la adquisición de semillas, costos de mantenimiento, abonos23, pagos por derechos de uso de agua y costes de trasporte del producto una vez cosechado. En consecuencia, una buena o mala campaña agrícola puede significar el éxito o el fracaso de un parcelero y puede traducirse en una bonanza económica o la pobreza:

A la agricultura la ha afectado mucho. No ha habido una continuidad de proyectos, los últimos años ha habido unos cambios de gobiernos y de diferentes autoridades. Eso ha ido afectando poco a poco a la agricultura, porque no teníamos definido una sola cosa. Porque hoy había un gobierno y mañana otro y así iban cambiando las leyes y al cual perjudicaba a nosotros.
Segundo, nosotros no nos hemos organizado bien para reclamar nuestros derechos. Por falta de asesoramiento. A veces, por ejemplo, yo solo pienso por mí no pensamos en nuestros compañeros.
Más ahora con la naturaleza que nos ha golpeado tanto.
Otra cosa es estos señores que vienen, los prestamistas, “los terceros”, que están dominando todo esto ahorita. Más en el arroz que hay una política de trabajo que todo lo mueven ellos.
Los terceros, son los que tiene capital. Aquí en Capote se han coludido con otra gente de dinero y están de prestamistas. Y esos le ponen un interés al capital y lo peor es que ellos mueven el mercado, coludidos con la gente de arriba. Por ejemplo, ahora, de qué están agarrándose de las últimas lluvias que ha habido y ahí ya dicen la caña esta mala, esta picada, que por dentro está mal, te la dejan y si un, caso contrario, si lo compran es a la mitad. Si te gusta, sí o no, es como una forma de presionar. Porque uno por una necesidad que tiene y en veces trabaja con plata prestada tiene que ceder, por falta de las organizaciones que no tenemos. Así se mueve el mercado acá de la agricultura, maíz tenemos poca, algodón casi nada, más somos arroceros y cañeros.

El contexto actual que enfrentan los pequeños propietarios de tierras que se mantiene en Capote es desalentador. Leonidas Mondragon coincide, al igual que sus compañeros agricultores, en sentir que el modo de subsistencia del parcelero en Capote está en riesgo. Y se ve a sí mismo y a sus compañeros en una lucha por mantenerse con lo poco que poseen y por asegurar un futuro para sus familias:

Entonces, yo no sé la realidad cuál será el final del agricultor, porque en cada día que vamos pasando vamos decayendo, porque no tenemos un gobierno de apoyo ahorita, no tenemos un gobierno de apoyo a la agricultura. Y esa es la razón que nosotros no tenemos una base en que sostenernos y decir no tenemos un mercado donde el gobierno nos apoya y nos subsidie ¡Nada! Los pocos que tenemos, los pocos que quedan en un terreno, estamos luchando por ahí, ya estamos luchando. ¿Para qué? Por ejemplo, yo tengo 70 años, 71 años. Unos años más ya no estoy, pero es que estoy luchando para dejar a mis hijos salvos. La parte de la educación, dejarles un pedazo de terreno. Ahora, si no los preparo esos muchachos, para hace un año, dos años, como no se la vende y así va a ir desapareciendo el agricultor.

Eliseo Jarmaillo concuerda con sus compañeros en ver los cambios que se presentan en el horizonte agrícola de su comunidad como signos de una posibilidad de verse en una posición de servidumbre frente a lo que él describe como mounstruos, personas de dinero y empresas que acaparan grandes extensiones de tierra:

Ahora en el sistema de competencia de la comercialización, si yo tengo 200 fanegas de arroz o 500 toneladas de caña, no es lo mismo que yo tenga 20 mil, 15 mil. Entonces esa competición es individualmente inadecuada. En grupo sí podemos sacar precio y podemos sacar hasta marcas. Derechos de marcas “arroz Capote”, azúcar no sé cuánto. En un solo nos quiebran, en grupo. Entonces vienen acá los grupos, el Grupo Gloria24 que esta allá en Motupe, es un monstruo de repente mañana vamos a terminar vendiéndoles a ellos, porque las fábricas de acá no valen. Y nos van a terminar pagando una bicoca porque vamos a vender solo materia prima. Ellos tienen los medios de producción, entonces nos van a sacar la mucre25.

El contexto al cual se referencia se basa en el proceso de adquisición que está teniendo empresa y grupos de inversores en las tierras de la costa norte del Perú, acción que está acaparando el interés de múltiples inversores como empresas inmobiliarias, industria de alimentos y universidades. Eliseo Jaramillo toma como ejemplo de esa competencia y presión sobre el campo al Grupo Gloria, en alusión a un conglomerado peruano dedicado en gran parte al sector alimenticio, con múltiples filiales en Latinoamérica que en los últimos años ha tenido un particular interés en la caña de azúcar no solo como insumo alimenticio, sino también por sus derivados como el etanol para biocombustible.

Palabras finales: Contra narrativa frente hacienda y al fantasma del patrón

Son las 11 de la mañana de un mes de agosto del año 2023. En las calles de Capote se ven a hombres, mujeres y jóvenes caminando, acaban de volver de supervisar sus parcelas. El sol intenso en el cielo hace difícil mantenerse fuera del resguardo de la sombra, por ello los agricultores hacen una pausa en sus actividades y vuelven a sus hogares para alimentarse y descansar, para luego retomar el trabajo. Ya los campos fueron sembrados en el inicio de la campaña en diciembre y los cultivos toman fuerza en la tierra creciendo, solo hay que vigilarlos que todo vaya bien y estar atento a alguna señal de plaga, falta de nutriente que alerte al agricultor.

En el salón de la Comisión de Usuarios de Riego de Capote, se encuentran reunidos en torno a una mesa un grupo de hombres mayores, todos ellos sobrepasan los 60 años de edad. Leónidas Mondragón, Mario Mendoza Jaramillo, José Isidro Jaramillo y Gregorio Quiroz. Luego de conversar diversos temas, ellos expresan su parecer sobre la situación de la agricultura en su comunidad. Luego de varios minutos de conversación, Leónidas Mondragón toma la palabra y mientras todos oímos el termina su intervención con estas palabras: “[…] van a volver los grandes con dinero que van a acaparar, y ellos van a manejar posteriormente todo esto

Leónidas continua, esta vez llevando sus manos por encima del nivel de la mesa, las dispone una sobre la otra a una distancia corta y, mientras, toma ambas describiendo un movimiento. Él continua: “Y entonces, [moviendo las manos] en tiempo patronal, yo me acuerdo porque siempre están conversando y a uno les vienen a las ideas.” Sus manos parecen describir un movimiento cíclico, una vuelta o un intercambio de posiciones. Mientras hace eso sus compañeros asienten con la cabeza, haciendo claro su sentir de respaldo a sus palabras.

Cuando los trabajadores rurales de Capote describen su comunidad despliegan usos y formas narrativas para dar cuenta de sus experiencias de convivencia en ese territorio. Aquello se ve reflejado en las narraciones y en los marcadores que toman como puntos de referencia para dar sentido a sus descripciones. En este caso, partía por demarcar un contraste del presente con un tiempo pasado que en ocasiones era llamado de múltiples formas: “cuando estaba el patrón”; “el tiempo del patrón”; “con el patrón”; “cuando mandaba el patrón”; “la época patronal” etc. Como elemento central, los narradores sitúan sus fuentes a través de las nociones de tiempo y espacio; enfocado en la tradición oral y sus modos de producción de narrativas sobre sus experiencias. A su vez, estas narraciones son analizadas a la luz de dinámicas locales puntuales ocurridas en el pasado y en la actualidad. El pasado es una posición (Trouillot 2007) y recordar la hacienda trae al presente la presencia de los capoteños como actores en ese territorio. No es solo el conocimiento sobre lo que pasó en ese lugar, sino que da cuenta del proceso protagónico de sus familias, sus ancestros y de ellos mismos en su comunidad. A partir de estos dos puntos, la memoria de los palaneros y de sus descendientes en Capote, nos llevan a pensar en la hacienda como encuadrada dentro de un cronotopo (Bakhtin 2018), pensando las conexiones de relaciones espacio-temporales. Los relatos dejaban ver diferentes modos de distinguir a los episodios de la vida de los trabajadores rurales de Capote como marcos de narración. La hacienda se propone como una concepción nativa y enraizada, no reducida solo a un periodo histórico o un momento, sino que aparece como una relación. Para los palaneros, y sus descendientes, su historia no se interpreta a sí misma, sino que está involucrada dentro de un discurso de valores. De esta manera, todas las cosas que existen ahora y a través de las cuales las personas se enfrentan, se definen a partir de una confrontación con tiempos anteriores y por las formas cómo existían los mismos tipos de sujetos y relaciones dentro de cada uno de ellos.

De esta manera, se definen formalmente en el discurso temporalidades como el tiempo del patrón. Para Paul Ricoeur (2003) la acción de rememorar es una ejerció activo/consiente de selección y reinterpretación creando una narrativa personal y colectiva, dicho de otro modo, retornar a la conciencia despierta de un acontecimiento que, si bien tuvo lugar en el pasado, en el presente se han incorporado como experiencias vigentes a través de las cuales, con su respectivo relato, se explican eventos sociales que se encuentran insertos en un determinado marco social de reproducciones. Para los trabajadores agrarios de Capote, ambos tiempos no están separados y, mucho menos, el tiempo del patrón no ha sido dejado atrás, sino que es pasible de emerger frente a condiciones sociales y políticas a las que se enfrenta hoy los descendientes de los palaneros.

Hablar del presente y el potencial futuro que este avecina, trae a la mente la posibilidad de la vuelta de los grandes señores de la tierra, la pérdida de su autonomía sobre recursos para mantenerse en el mismo territorio. Gonzalo Portocarrero (2010) propone el concepto fantasma del patrón para comprender las dinámicas del racismo en el contexto peruano no solo como una problemática referida a imaginarios sociales, sino como una práctica de ejercicio de autoridad. Lo interesante es que él toma la cultura de la hacienda como fundamental en la estructuración del racismo en el Perú, como productora de prácticas que se mantiene presenta hasta nuestros días. Tomando este concepto, me gustaría jugar con la idea del patrón emergiendo como una aparición26 que se torna más visible y material en el relato, la memoria y la fabulación, mientras reflexionan sobre su situación como una posibilidad de una vuelta en el tiempo patronal, cuando sus padres vivían en situación de subordinados a merced de los designios de aquellos grandes (señores) con dinero y con el poder que este les da. Rememorar coloca en juego nuevamente la relación entre el trabajador rural, el palanero, explotando el campo agrícola y generando ganancias que enriquecían a sus dueños dentro de la hacienda. El patrón es descrito tanto por su situación económica como un productor rural, hombre rico, adinerado o con plata; distinguiéndose de sus subordinados como un señor blanco, extranjero o gringo; y poseedor de capitales que lo colocan por encima de sus empleados: con estudios, un ingeniero, saber hablar, de buen porte, con amigos influyentes y con contactos. El antropólogo peruano Enrique Mayer, refiriéndose a la figura del terrateniente o hacendado, señala que, la palabra propietario implicaba algo más que la propiedad de una serie de recursos o bienes. Se trataba de “personas que tenían riqueza, a diferencia de aquellos que no tenían nada. Significó la seguridad con la que uno podía mandar y disponer, gobernar y castigar, tomar y otorgar” (2009: 130).

Otros ocuparán su lugar y serán los patrones. En este caso, conectado a la categorización del tiempo que aplican los descendientes de los palaneros, apelan a algunos indicadores como las relaciones laborales y las condiciones locales sobre los medios de producción, donde la hacienda emerge nuevamente en los relatos y la especulación sobre el futuro, en la que el control quedará en unos pocos grandes. Y en el que nuevamente el palanero emerja, a habitar en esas mismas tierras, inserto en la relación del ciclo de retribución permanente del morador al propietario, en una deuda eterna y eternamente renovada por esa misma retribución por habitar (Moacir 1977).

Eliseo Jaramillo, hijo de palanero y recordando su experiencia dentro de la Cooperativa Capote propone una alternativa que resume la posición de muchos de sus compañeros parceleros: “Vivimos de una agricultura de subsistencia nada más. Y no vamos a ir más allá. Salvo que nos asociemos para buscar formas, sino no vamos a ir más allá.”

Mario Mendoza Jaramillo, agricultor y parcelero de Capote describe como junto a su padre, un palanero de la hacienda Chacupe, desarrollaban estos mecanismos de trabajo colectivo:

Y la gente, se sacaba el ancho de seis a seis, los domingos, recién se iban a sus chacritas que trataban, y nos llevaban nosotros para ayudar a chalear27, a limpiar, a arar, regar, a sembrar. Y lo hacía con este domingo a él, el otro domingo a él, el otro domingo a él, el otro domingo a él. Se llama mingas28, que se llamaban. Así podían sembrar. El papá me llevaba a mí y a mi otro hermano, mi hermano. Él iba también a sus hijos y hacia nuestro grupo. Y así podían sembrar. Y así se podía ayudar a él, los padres, los viejos. Así son buenos, hay poquito. En el tiempo el frijol, el maíz, buena cosecha, porque el patrón te daba agua. El patrón te daba el agua.

José Isidro Jaramillo, hijo de Jota, recuerda esas jornadas en las se empleaba al colectivo para ayudar a trabajar en las huertas familiares como una etapa de mayor unión:

Esos trabajaban en la hacienda toda la semana. El día domingo como tenían que sembrar sus chacras se juntaban entre ellos pues. Los que estaban más cerca tenían sus yuntas y con yunta araban. Hoy la chacra de fulano y luego la chacra de fulano ¡Eso era bonito porque ah! Se veía que había unión. Esta que la ayuda su “collera”, era el grupo de amigos. Y siempre andaban juntos, esa gente que se ayudaba en el trabajo en sus chacras hacía sus reuniones sociales.

Así comenta Gregorio Quiroz, expresidente de la comisión de regantes de Capote, como alternativa para transformar a ese final que se les presenta:

Asociación. Así, asociándonos, vamos a salir adelante. Individualmente, va a vivir el que es más hábil y el resto se va a quedar al final. Al final van a vender sus tierras, como ya están algunos vendiendo y otros van a seguir manteniéndolas. El final es eso. El final es esto. Si hay asociación, todos vamos a sobrevivir. Todos. Ese es un hecho, porque ya está demostrado que cuando hay asociación hay éxito.

Entonces, nuestro futuro es ese. Futuro de Capote, asociación, educación. Si no mantenemos eso y nos educamos y no nos unimos, vamos a sobrevivir. Va a ser esto como la selva, va a sobrevivir el que... El que es más fuerte. El que mejor tiene su conocimiento el resto va a vender así va a vivir y va a ir viviendo y va a volver a retroceder a nuestra sociedad. Esa es la situación, no tenemos ni siquiera que discutir, en eso estamos amarrados todos. Y al que diga que no, pues ¡aleluya, digo yo!

Como pudimos ver en el punto en que José Jaramillo, Jota, cuenta cómo entre padre e hijo, familiares y amigos, los palaneros de Chacupe socializaban las dinámicas y reglas del trabajo en colectivo, como una acción combinada entre compañeros de trabajo orientado al desempeño de determinadas tareas. Se puede ver que los palaneros y sus familias fueron socializados en los principios de cooperación capitalista, “que apuntaban a la producción de plusvalía, pero éstos pueden invertirse y abrir paso hacia los principios de una cooperación contra la extracción de plusvalía” (Leite Lopes 1976: 77). Esa misma cooperación podía, sin embargo, convertirse en un arma para su lucha, resistiendo así a su explotación. La contracción que da la estructura que aseguran y administran los mecanismos de trabajo en la hacienda, encuentran en la colectividad del palanero la distención necesaria para sobrellevar la vida en la hacienda, Jota diría: “nadie se quedaba solo en el campo, entre amigos y familia nos apoyábamos para acabar rápido”. Aquello es la fuga, lo que los descendientes del palanero ven como contra narrativa a la hacienda, haciendo de la plantación un refugio, un modo de afrontar las largas jornadas, una manera de apoyarse y aminorar la carga de trabajo en el campo, hacer una casa y proveerse de sustento, conseguir autonomía que esta les daba y que hasta hoy se aferran a mantener como modo de existencia.

Referencias

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  • TROUILLOT, Michel-Rolph. 2007. Silenciando el pasado: El poder y la producción de la historia editorial Comares, Granada - España.

Notas

  • *
    La presente investigación forma parte de los hallazgos obtenidos en base al trabajo de campo realizado entre los meses de abril a septiembre del año 2019, en el marco de una investigación titulada: “Un pueblo llamado Capote: memoria y territorio de una comunidad rural afroperuana”.
  • 1
    En Capote, la mitad de los habitantes (49,1%) se autoidentifican como afroscendientes (INEI, 2017). En el año 2013 el municipio de Picsi le dio el reconocimiento de Comunidad Afroperuana al centro poblado de Capote en mérito a “los antecedentes históricos, económicos, religiosos, sociales, culturales y el esfuerzo y lucha en la afirmación de la identidad nacional”. Así mismo, Capote se encuentra reconocido como Centro Poblado Afroperuano por el Estado peruano incluido en el “Mapa Geoétnico de Presencia Concentrada del Pueblo Afroperuano”.
  • 2
    Nombre que toma un baile de origen lambayecano, popularmente practicado en entornos rurales. Se danza al compás de un acompañamiento musical de nombre golpe tierra, desarrollados con instrumentos de percusión como el checo, la guitarra y con la voz que improvisa coplas de diversas temáticas. “La práctica del baile tierra alberga parte importante de la memoria musical de la población afrodescendiente de Zaña [y en la región] y de su historia en la época colonial y republicana” (MINCUL, 2021).
  • 3
    Es una práctica común en la agricultura en Capote quemar los cultivos de caña de azúcar como paso previo al corte. Ello se hace como método para eliminar las hojas secas y maleza.
  • 4
    Trapiche: “En estos espacios los trabajadores esclavizados debían moler la caña, hervirla y transformarla en azúcar, melaza y guarapo” (Arrelucea y Cosamalon, 2015: 25).
  • 5
    Como señala el antropólogo e historiador Heraclito Bonilla en la presentación al libro Formación de las haciendas azucareras y los orígenes del APRA (Klaren 1976), una serie de cambios se dieron a finales del siglo XIX e inicios de XX en la costa norte peruana, en la que se dio la inyección de grandes capitales extranjeros y la anexión progresiva de grandes extensiones de tierras hacia las haciendas, provocando una concentración de tierras sumado al manejo casi exclusivo de los derechos de uso del recurso hídrico. Esto resultó en una absorción de las tierras colindantes a las haciendas dando lugar a las grandes plantaciones azucareras.
  • 6
    Si bien, la caña de azúcar es el cultivo dominante, también se cultivan en menor escala el arroz, el camote y el maíz.
  • 7
    Los habitantes de Capote para hacer referencia a la figura del hacendado, terrateniente o dueño de la hacienda es llamarlo comúnmente como el patrón.
  • 8
    Respecto a las plantaciones azucareras, Macera (1974) indica que el trabajo asalariado fue aceptado por los hacendados a finales del siglo XIX e inicios de siglo XX. Autores que han analizado el proceso de los cambios ocurridos en el contexto peruano (Macera 1974; Matos Mar 1976; Klaren 1976; Collin-Delavaud 1976; Peloso 1983 y Gonzales, 1985) identifican procesos en paralelo a lo largo de las haciendas, en especial las de los valles costeros, en las que las relaciones entre hacendados y sus subordinados servidores, aparecen contratos que cada vez establecían términos más específicos de renta y/o trabajo al interior de las haciendas.
  • 9
    El nombre con el cual la hacienda ubicada en Capote aparece en los registros del Ministerio de Agricultura es “Hacienda Chacupe”. En los Archivos Generales de Lambayeque aparece bajo el rotulo de “Chacupe”. Con respecto a los documentos y archivos históricos que pude hallar sobre la hacienda Chacupe estos solo cubren los años entre 1829 y 1873. En el curso de esos años ocurrieron eventos importantes. En el marco en el que se encuentran estos documentos, son 9 años después de declararse la independencia del Perú y en medio del proceso de abolición de la esclavitud (1854). Una hipótesis comúnmente compartida por los palaneros, es que la hacienda que ahí se levantó tomó del canal de regadío Chucupe su nombre, variando en el tiempo hasta quedar como Chacupe.
  • 10
    A partir de este punto, las referencias a casa (con cursivas) será en términos del ideal de residencia del palanero de la hacienda Chacupe. Al igual que los casos analizados por Mintz (1974) el hogar del trabajador rural, constituye el lugar de asentamiento de una unidad doméstica. A la vez, casa incluye un espacio de tierra o terreno (casa/huerta), asignado por el terrateniente al palanero para que las trabaje cultivando, y que el palanero y su familia pueden mantener y administrar por cuenta propia.
  • 11
    Un factor importante que puntualiza el antropólogo brasilero Moacir Palmeira (1977) respecto a los aspectos envueltos en las relaciones sociales dentro de una plantación tradiciona,l vinculados a los ingenios azucareros en el noreste de Brasil, es la categoría de morador. Residentes al interior de plantaciones, como una condición y categoría que se obtiene, que va más allá de solo una denominación local para el proletariado rural. Uno no es morador hasta no entrar en una relación especifica con el hacendado y un ingenio azucarero y da a su portador una condición de legitimidad.
  • 12
    Jota describe dentro de este grupo categorías como los temporales, por contrata y los jornaleros. Los temporales eran individuos que se desempeñaban en asignaciones especificas durante un periodo de tiempo determinado, otra forma de referirse a ellos era bajo el seudónimo de libres, por su disposición y libertad a poder circular entre las haciendas y fundos de la zona, ofreciendo su mano de obra a cambio de dinero. Aquellos que entraban por contrata, ingresaban a trabajar a la hacienda de manera temporal por medio de un intermediario que era responsable del cumplimiento de su trabajo y de acordar con ellos sus pagos. Mientras que el jornalero es quien trabaja por cuenta propia percibiendo un jornal o pago en compensación por el día trabajo. Todos ellos habitaban Chacupe de manera temporal, limitando únicamente su presencia al ciclo agrícola y por la demanda de mano de obra. En algunos casos estos trabajadores eran miembros de comunidades campesinas andinas, campesinos de las áreas colindantes o familiares directos de alguno de los palaneros de Chacupe. Estos trabajadores agrarios no alcanzaban a tener el permiso del terrateniente para establecer un hogar dentro de las tierras de la hacienda. En algunos casos Jota indica que se alojaban en las rancherías o galpones de la hacienda y en otros directamente se asentaban en carpas improvisadas cerca a sus áreas de trabajo asignadas en las zonas de cultivo.
  • 13
    Entre ellos destacan los tubérculos, granos y legumbres como el camote, pallar, lentejas, frejol, garbanzos, chilenos árboles frutales y maíz, que junto al arroz son la base de la dieta alimenticia en la comunidad. Por otro lado, las casas podían poseer un numero pequeño de animales de corral.
  • 14
    Respecto de la producción de la huerta o chacra del palanero, la familia cumplía un papel importante en el mantenimiento y producción. Cuando se consultaba sobre el papel de la mujer y sus hijos Jota nos contaba que las obligaciones que tenía él como trabajador de la hacienda le impedían poder tener una presencia constante en la huerta, salvo excepciones, como los días domingo (no laborables) y otras fechas del calendario en los que el trabajo se paralizaba (comúnmente vinculada a festividades religiosas). Por eso, su esposa, junto con sus hijos se encargaban de las actividades de mantenimiento de la huerta, el deshierbe, la siembra y recolección de legumbres, hortalizas y frutos. Siendo la mujer quien en algunos casos adoptaba la responsabilidad de comerciar, vender o intercambiar, los excedentes de la huerta. En sus tiempos libres él junto a sus hijos mayores y amigos palaneros -actuando bajo un principio de colaboración reciproca entre pares conocida como minga- ocupaban las actividades más pesadas: limpieza del terreno o cortado del monte; el rajado o volteado de la tierra; sembrar el campo; y la cosecha, cuando la producción lo requería.
  • 15
    Según describe Jota, luego corroborado por los hijos de palaneros, el fin de esta venta se orientaba a conseguir dinero en efectivo para adquirir aquello que no podría ser producido por la familia del palanero u obtenido dentro de la hacienda.
  • 16
    Cabe señalar que la hacienda Chacupe se mantuvo en funcionamiento hasta 1972, año de ejecución de la Ley de Reforma Agraria en el Perú, Ley 17716, que consideraba expropiar las haciendas tradicionales. De manera muy simplificada, podríamos decir que la Reforma Agraria significó la eliminación de una institución que tiene sus orígenes en el sistema colonial y esclavista: la Hacienda.
  • 17
    Grupos al interior de la cooperativa Capote estaban interesados en ceder el control de sus tierras a Tumán que para ese momento era una de las empresas más grandes dentro de región; y, a la vez, se veían animados por la experiencia previa de una cooperativa vecina. Sin embargo, al no haber una decisión unánime entre los socios esta anexión no se lleva a cabo, quedando entre los miembros posiciones antagónicas sobre el rumbo que debía tomar la empresa.
  • 18
    La red de riego de Capote se conecta al reservorio de Tinajones ubicado a 60 kilómetros en el distrito de Chongoyape - Lambayeque. Administrada por la Autoridad Nacional del Agua (ANA) del Ministerio de Agricultura y Riego (MIDAGRI), representada a nivel local por la “Comisión de Usuarios del Subsector de Riego Capote”, instancia que organiza y dirige la prestación del recurso hídrico en el territorio de la comunidad.
  • 19
    El área cultivable del valle de Chancay-Lambayeque tiene en promedio 120 mil m₂, los principales cultivos son arroz y caña de azúcar, los cuales necesitan gran cantidad de agua.
  • 20
    En el Perú posee alrededor del 97% de explotaciones agrícolas están en manos de pequeños agricultores, quienes generan el 86% del valor de la producción agrícola, pero cuya productividad e ingresos son los más bajos (MIDAGRI 2021).
  • 21
    Bicoca: pequeño o cosa de poca importancia.
  • 22
    Solo por mencionar algunos de los casos ocurridos en la última década, en 2017 el Niño Costero -fenómeno provocado por el calentamiento de la temperatura del mar. A inicios del 2023, el paso del denominado “Ciclón Yaku”; este fenómeno climático, significó la antesala que anunció el regreso del “Niño Costero” para el 2023 y 2024.
  • 23
    En el 2020 por causa de las restricciones del covid-19 la agricultura sufrió la escasez de insumos fertilizantes; ello se agravó en 2022, generando el incremento de costos de este recurso. Sumado a ello, una serie de cambios a nivel de la administración de gobierno, en la que el Ministerio de Agricultura falló, en repetidas ocasiones, en conseguir asegurar el abastecimiento de este insumo a través de un proceso de compra estatal.
  • 24
    Respecto a esta situación el investigador peruano Fernando Eguren, del Centro Peruano de Estudios Sociales-CEPES, señala lo siguiente sobre el proceso de concentración de tierras en la costa norte: “se están acumulando tierras en manos privadas, a partir de un esquema que es subsidiado por el Estado en el desarrollo de infraestructura de irrigación”. Ello en relación a que los grandes proyectos de inversión en irrigación del país se están concentrando en beneficiar a las grandes empresas en desmedro de las necesidades de la agricultura tradicional.
  • 25
    Sacar la mucre: expresión coloquial que hace referencia a ser golpeado o golpearse con mucha fuerza.
  • 26
    Jota llamaba a estas apariciones espectrales como “El Enemigo”: “En esos tiempos el enemigo cruzaba en un caballo blanco todo esto”.
  • 27
    Chalear: Cortar la hierba alta.
  • 28
    Minga: faena colectiva gratuita de tipo voluntario basada en relaciones de afinidad y de carácter recíproco.

Editado por

  • Editora-Jefe:
    María Elvira Díaz Benítez
  • Editor Adjunto:
    John Comeford
  • Editor Asociado:
    Luiz Costa

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    13 Ene 2025
  • Fecha del número
    2024

Histórico

  • Recibido
    10 Mar 2023
  • Acepto
    18 Set 2024
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Programa de Pós-Graduação em Antropologia Social - PPGAS-Museu Nacional, da Universidade Federal do Rio de Janeiro - UFRJ Quinta da Boa Vista s/n - São Cristóvão, 20940-040 Rio de Janeiro RJ Brazil, Tel.: +55 21 2568-9642, Fax: +55 21 2254-6695 - Rio de Janeiro - RJ - Brazil
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