Open-access El adulto mayor como agente del cambio social. Teoría de recursos y repertorios de acción desde el movimiento social de ex braceros migrantes

Older adults as agents of social change. Resource theory and action repertoires from the social movement of former migrant braceros

Resumen

El ‘movimiento social de ex braceros’ integrado por adultos mayores ex migrantes surgió en 1998 y se manifiesta ante un despojo de ahorros ocurrido durante el Programa Bracero (1942-1964). Por 25 años han reivindicado la irregularidad monetaria, su experiencia migratoria en Estados Unidos y su condición de ‘ancianidad’. Partiendo de la historia oral (entrevistas y fuentes documentales), del análisis de los repertorios de acción y desde la teoría de movilización de recursos, se advertirá cómo los diversos recursos (humanos, organizativos, simbólicos y materiales) afectaron las oportunidades, el desarrollo y los logros del movimiento de ex migrantes mexicanos. El objetivo es analizar cómo el adulto mayor ex bracero fungió como agente del cambio social, concluyendo que los ex braceros poseen potencial para influir en los cambios, erigiéndose como personas activas, con agencia y actitud, sentipensantes (razón y emoción), que sociabilizan y desarrollan liderazgo.

Palabras clave:
Ex braceros; adultos mayores; Teoría de movilización de recursos; repertorios de acción; vejez

Abstract

The ‘ex-bracero social movement’, composed of elderly former migrants, emerged in 1998 in response to the misappropriation of savings that occurred during the Bracero Program (1942-1964). For 25 years, they have sought redress regarding these financial irregularities, while asserting the significance of their migration experience in the United States and their status as older adults. Drawing on oral history (interviews and documentary sources), an analysis of repertoires of action, and resource mobilization theory, this study examines how various resources human, organizational, symbolic, and material shaped the opportunities, development, and achievements of this movement of former Mexican migrants. The objective is to analyze how the elderly ex-Bracero acted as an agent of social change, ultimately concluding that ex-Braceros possess the potential to influence change by positioning themselves as active individuals endowed with agency, attitude, and ‘sentipensante’ qualities (a blend of reason and emotion), who engage in social interaction and develop leadership.

Keywords:
Ex braceros; older adults; Resource mobilization theory; action repertoires; old age

Introducción

Habitualmente, suele considerarse que quienes se manifiestan son los jóvenes de tendencia de izquierda con propensiones progresistas, quienes poseen una considerable fuerza física para tomar las calles y los espacios públicos. No obstante, diversos grupos que normalmente no se consideran como asiduos manifestantes también se organizan para luchar contra las injusticias, utilizando los recursos que tienen a su disposición y emprendiendo diversos repertorios de acción. Este es el caso del movimiento social conformado por ex braceros mexicanos, adultos mayores entre los 70 y 100 años de edad, quienes han sido una excepción a la regla durante alrededor de 25 años, instalando sus reivindicaciones en el escenario político mexicano y estadounidense desde 1998 hasta el presente. Los ex braceros se han manifestado ante el Estado mexicano principalmente para solicitar la restitución del Fondo de Ahorro que se les despojó durante el Programa Bracero (1942-1964), acuerdo bilateral que permitió la contratación legal y temporal de mexicanos para trabajar en la agricultura y el mantenimiento de los ferrocarriles. Retomando dicha experiencia histórica, este trabajo tiene como objetivo analizar en qué medida un adulto mayor puede fungir como agente del cambio social, ponderando un análisis teórico-conceptual desde la teoría de movilización de recursos para el estudio de los movimientos sociales, así como de los repertorios de acción utilizados por los integrantes de dicho movimiento social.

La experiencia migratoria del Programa Bracero es la base para entender la reivindicación de este movimiento de ex migrantes adultos mayores, pues durante esa etapa no únicamente se realizó el descuento (realizado de 1942 a 1948) que fue despojado por el gobierno mexicano (Astorga, 2017, p. 101-152; Vélez Storey, 2002; STPS, 1946, p. 86-89), sino que también la experiencia migratoria implicó que, durante 22 años, los mexicanos vivieran diversas vicisitudes que hoy reivindican desde el presente. Es decir, aunque la principal bandera de lucha del colectivo es la devolución del Fondo de Ahorro despojado, también reivindican su apoyo a la economía de ambos países, los abusos y violaciones de derechos humanos durante el proceso de contratación, las revisiones médicas y fumigaciones también durante las contrataciones, los horarios y trabajos extenuantes en Estados Unidos, además de la discriminación y deficiencia de las viviendas en las que eran alojados, así como de la alimentación proporcionada. En suma, el movimiento de ex migrantes reivindica el ahorro despojado, así como su condición de ex migrantes y adultos mayores.

La evidencia empírica del movimiento social de ex braceros respalda la idea de que el adulto mayor ex bracero ha fungido como un agente del cambio social. Lo anterior resulta destacable si se toma en cuenta que regularmente se asocia a los adultos mayores con las limitaciones físicas, sociales, económicas y mentales. Sin embargo, en este caso, las condiciones físicas y mentales de los ex braceros que durante años acudieron a las protestas y reuniones del movimiento han sido diversas, desde arribar caminando por su propio pie hasta con bastón, en silla de ruedas, o llegando solos o con la compañía y respaldo de sus familiares. Pero lo más importante, el ex bracero regularmente se presentó con motivación por la búsqueda de justicia en el presente, con añoranza y recuerdos del pasado migratorio, y con voluntad para colaborar en la lucha aun cuando su fuerza y movilidad física fueran menores que las de los jóvenes. En México, legalmente se considera a las Personas Adultas Mayores (PAM) como: “aquellas que cuenten con sesenta años o más de edad y que se encuentren domiciliadas o en tránsito en el territorio nacional” (DOF, 2002, p. 2). Así que un adulto mayor agente del cambio social -con agencia o agenciamiento- es la persona que tiene la capacidad para tomar decisiones de forma autónoma y actuar con intención para influir en su propia vida y en su entorno, siendo responsable, proactivo y autónomo; es decir, que tiene capacidad de movilización, de aporte a un movimiento y de influencia en la esfera pública.

En el plano teórico-metodológico, un análisis desde la teoría de movilización de recursos nos permitirá analizar cómo los diversos recursos (humanos, organizativos, simbólicos y materiales) afectaron las oportunidades, desarrollo y logros del movimiento, y, con ello, explicar el ‘juego de interacción’ con las autoridades. De manera particular, esta teoría trata de explicar cómo los movimientos y sus instituciones se organizan. Desde este enfoque, el desarrollo y el comportamiento de los movimientos sociales son vistos como un juego de interacción entre los factores internos (liderazgo, fuerza del grupo, grado de organización, etc.) y los factores externos (el grado de participación de terceros, la estructura de oportunidades políticas, etc.) (Swain, 2002). De esta manera, la teoría de movilización de recursos nos arrojará luz sobre diversos elementos del movimiento social de ex braceros como: el carácter racional de la toma de decisiones; el advertir que la existencia de un sentimiento de injusticia no es suficiente y que es necesario que exista un mínimo de recursos o un sistema de medios que per mita a las personas intentar un cambio en su situación; permite explicar el desarrollo de estrategias e interacciones con el entorno en la búsqueda de sus propios intereses; y, finalmente, dar cuenta de la diversificación de tácticas y estrategias en el proceso de movilización e interacción con las autoridades, que en el estudio de los movimientos sociales son entendidos como repertorios de acción. De manera más específica, los repertorios de acción son el conjunto limitado de formas, herramientas y tácticas conocidas y compartidas que un grupo utiliza para hacer visibles sus demandas frente a otros actores o a la autoridad (Tilly, 2005, p. 47; Inclán Oseguera, 2017, p. 203).

Se sigue una metodología cualitativa que privilegia la interpretación desde las fuentes documentales primarias (archivos) y secundarias (bibliografía) en torno al Programa Bracero y el movimiento social de ex braceros, pero además se trabajó mediante metodologías de la historia oral para recuperar los testimonios de líderes del movimiento social y de los mismos ex migrantes braceros1. La historia oral y su metodología nos han acompañado a lo largo de diversas investigaciones. Desde la primera investigación que realizamos sobre el Programa Bracero en 2009, se recurrió a testimonios orales principalmente de ex braceros sinaloenses y de algunos líderes; en investigaciones posteriores continuamos con el análisis testimonial de los protagonistas de esta historia (ex braceros), pero también de sus esposas y/o viudas, hijos y nietos, además de incorporar valiosas fuentes de archivo que documentaron el proceso de descuento y pérdida de los ahorros durante el Programa Bracero, y el inicio y desarrollo del movimiento social de ex braceros (Astorga, 2017; Astorga, 2024; Astorga, Schaffhauser, 2022). Por lo que, en esta ocasión, se pretende desarrollar una problemática más específica: la del adulto mayor como agente del cambio social.

Para dar cuenta de ello, además de la ya mencionada teoría de recursos, la historia oral contribuirá al análisis. La historia oral forma parte de una nueva tendencia historiográfica surgida en la segunda mitad del siglo XX, que privilegia al sujeto, la experiencia, la fuente oral y la memoria. Desde que se concibió y hasta el día de hoy, la historia oral ha sido una disciplina utilizada para preservar el conocimiento de los eventos históricos tal y como fueron percibidos por los participantes. Tras el éxito de las fuentes orales en los últimos años, han llegado a ser consideradas patrimonio cultural intangible por dos sentidos: en primer lugar, porque nos permiten recuperar esas historias de vida, testimonios y experiencias de generaciones anteriores que van acumulándose y que forman parte de nuestra identidad; y, en segundo lugar, porque se deben hacer esfuerzos para preservar esas enseñanzas para las futuras generaciones. En definitiva, la historia oral nos sitúa frente a un panorama inapelable: “cuando el historiador se refiere a hechos tan próximos a nosotros que un gran número de actores vive todavía, tiene el deber de preguntarles” (De Garay, 2006, p. 13; Santibañez Tijerna, 2008; Sauvage, 1998, p. 62).

Este artículo no seguirá un orden cronológico de la historia del movimiento social, sino que partirá del estudio de los recursos del movimiento (humanos, organizativos, simbólicos y materiales) y también uno de sus apartados se enfocará en el estudio de los repertorios de acción. En suma, el principal aporte de este trabajo consiste en identificar y analizar los elementos específicos que las personas mayores pueden aportar como integrantes de las protestas sociales, a partir del caso de los ex braceros. Entre estos elementos se destacan las memorias, la identidad, los discursos, las formas de organización y los repertorios de protesta. Con ello, se busca contribuir al debate sobre la vejez, particularmente en torno al agenciamiento de las personas mayores y a su participación activa en las luchas por los derechos humanos de las personas migrantes y por la justicia social.

I. El caso ex bracero y los recursos humanos

La teoría de movilización de recursos nos arroja luz sobre el funcionamiento interno de un movimiento, es decir, sobre las dinámicas y estrategias con las que se logra el crecimiento, pero también sobre el declive y cambios de un movimiento (Puricelli, 2005). Los recursos utilizados por los integrantes del movimiento social de ex braceros pueden dividirse en: (1) humanos, (2) simbólicos, (3) organizativos y (4) materiales. En este trabajo destacaremos principalmente algunos elementos propios de los recursos humanos y simbólicos, pues consideramos que, aunque todos han sido importantes a lo largo de estos 25 años del movimiento, los recursos humanos permiten que surja y se conforme como tal la protesta al referirse a sus integrantes, y los recursos simbólicos dotaron de identidad a dichos actores sociales.

Los recursos humanos son los actores sociales que integran el movimiento social, sus protagonistas: a quiénes les atañe el problema y quiénes se suman a las protestas. En este sentido, el ex bracero migrante -adulto mayor- es el actor principal, pues en ellos antaño recayó la injusticia, y por respaldo a ellos otros integrantes se han sumado al movimiento. La explicación del problema se remonta al Programa Bracero, acuerdo bilateral firmado entre los gobiernos de México y Estados Unidos que permitió que entre 1942 y 1964 los mexicanos pudieran trabajar de manera legal y temporal en dicho país, en labores agrícolas y en los ferrocarriles. Hacia 1998 se consideraba que existían entre 500 y 700 mil ex braceros vivos (Entrevista, Gilberto, 2005), número que, aunque pareciera alto, en realidad es bajo si tenemos en cuenta que durante los 22 años del Programa Bracero se firmaron 4 millones 646 mil 199 contratos (Calavita, 2010, p. 238), por alrededor de 2 millones de braceros (es decir, algunos se contrataban más de una vez). Esto significa que hacia finales de los años noventa, solo alrededor del 40 por ciento de ellos vivía.

Este pasado migratorio, y el hecho de que el movimiento social de ex braceros iniciara más de tres décadas después del término del Programa Bracero, propició que, cuando se adhirieron a la protesta en 1998, sus integrantes fueran ya adultos mayores de entre 60 y 80 años. Sumado a esto, los distinguía su procedencia por lo regular rural. Desde luego, muchos de ellos desde hacía décadas ya habitaban en las ciudades, pero su origen era predominantemente rural y su extracción habitualmente humilde. Esto significa que, cuando se sumaron al movimiento, lo que buscaban no solamente era lograr justicia respecto al despojo de los ahorros y reivindicar su pasado migrante, sino también obtener beneficios económicos útiles para su vejez. Este origen humilde se constató cuando cientos de ex braceros fueron recibidos a finales de los noventa en el Centro de Trabajadores Agrícolas Fronterizos (CETAF) de El Paso, Texas, donde se comprobó que la mayoría de ellos aquejaban condiciones miserables, pobreza, precariedad y, frecuentemente sufrían una salud deficiente y falta de reconocimiento social (ACETAF, 1999). Por otro lado, en un estudio realizado para el caso de Colima, se encontró que los ex braceros conforman un grupo social prácticamente excluido de las políticas públicas del Estado mexicano. Los ex braceros colimenses que radican en la entidad, por ejemplo, se caracterizaban por tener una mala calidad de vida, reflejo de la vulnerabilidad en lo económico, en lo social y sobre todo en la salud física y emocional (Uribe, 2013, p. 22). Condiciones similares en las que se encuentran ex braceros de todos los estados de la República Mexicana y en algunos estados de Estados Unidos en los que el movimiento llegó a tener presencia.

En suma, los ex braceros son los principales actores sociales de este proceso: los migrantes que, cuatro décadas más tarde de haber laborado bajo términos legales en Estados Unidos, le dieron forma y fuerza a su movilización popular. En ellos se palpa el argumento central de este trabajo, el agenciamiento del adulto mayor, pues, según la normatividad mexicana, los ex braceros legalmente son consideradas Personas Adultas Mayores (PAM), que son “aquellas que cuenten con sesenta años o más de edad y que se encuentren domiciliadas o en tránsito en el territorio nacional” (DOF, 2002, p. 2). A lo largo de esta lucha, también han sido llamados viejos ex migrantes, abuelos, viejecitos, siempre con afán de diversificar los discursos y propiciar en la sociedad la solidaridad y el compromiso con este grupo vulnerable. Es decir, el trasfondo siempre es la búsqueda de la justicia.

Además de los ex braceros, los recursos humanos del movimiento están conformados por sus familiares, -esposas, viudas, hijos, nietos, etc.-, quienes se suman a las protestas y acompañan a sus padres o abuelos a las asambleas, no sólo debido a las dificultades que estos pueden tener para desplazarse, sino por propio interés en la problemática. Las esposas, por su parte, se caracterizan por el apoyo incondicional a sus maridos, a quienes acompañaron en el pasado en su decisión de emigrar a Estados Unidos. Tras su fallecimiento, continúan participando, ahora como viudas, en las acciones de movilización. En tercer lugar, el movimiento está formado por un núcleo de activistas, líderes y voluntarios, entre los que se encuentran líderes binacionales, estatales, regionales; mujeres y hombres fundamentales en el nacimiento, organización y mantenimiento de la protesta, pues, precisamente, fue un nieto de ex bracero quien iniciara la movilización el 15 de mayo de 1998: Ventura Gutiérrez Méndez, chicano avecindado en Coachella, California, pero originario de Puruándiro, Michoacán, que fue donde comenzó este movimiento.

Finalmente, como recursos humanos, podemos considerar a los abogados que han acompañado la protesta, asesorando legalmente a los ex braceros y emprendiendo importantes demandas y amparos; así como a la sociedad civil que en general se ha sumado a la causa de los adultos mayores ex braceros.

II. La importancia de los recursos simbólicos

Si los recursos humanos son la base del movimiento social de ex braceros, los recursos simbólicos son los que permiten articular un discurso político de protesta, consolidar la identidad de grupo y la solidaridad, e identificarse con un pasado común que en el presente los orienta hacia la justicia. Los recursos simbólicos proporcionan varios elementos para desentrañar cuestiones relacionadas con el surgimiento de la lucha social y su consolidación. El principal recurso que destacaremos en esta ocasión es la memoria, que llega a nosotros por medio de los testimonios orales de los protagonistas de la historia: los ex braceros. La memoria figura entre las potencialidades que mayor papel desempeñan en la constitución del hombre como ser histórico. Es el soporte de la percepción de la temporalidad, de la continuidad de la identidad personal y colectiva y, por consiguiente, es la que acumula las vivencias donde se analizan pasado y presente (Aróstegui, 2004, p. 156). Esto significa que, gracias a la memoria, los ex braceros pueden tener ante sí su trayectoria vital completa, especialmente sus experiencias migratorias; reproducir su biografía de manera ordenada, trayendo ese pasado al presente mediante los recuerdos, y con ello delinear el presente, imaginar el futuro y acceder a la imagen de un presente continuo (Aróstegui, 2004, p. 17).

Tal y como sucede en el caso ex bracero, la memoria plantea interrogantes a la historia, pues apunta a problemas que siguen vigentes o que están investidos de valores o de emociones. Al hacer uso público del pasado en el presente, reivindicando el despojo de ahorros y los abusos durante su experiencia migratoria, la historia de los ex braceros puso a prueba a la memoria y preparó el terreno para un intento más abarcador de elaborar un pasado que no se ha cerrado (LaCapra, 2009, p. 21). Un pasado continuo, un presente histórico que entraña la existencia de una deuda histórica económica y moral con los ex braceros. Fue la memoria entonces -apoyada de elementos racionales y emocionales- la que permitió que en el presente estos adultos mayores respaldaran su lucha social en el despojo y el abuso sucedidos durante el proceso migratorio.

En primer lugar, estos adultos mayores se identifican como ex migrantes braceros que durante más de dos décadas contribuyeron a las economías de ambos países, e incluso que aportaron al esfuerzo de la guerra. Tengamos en cuenta que el Programa Bracero llegó a firmarse luego de las insistencias del gobierno estadounidense a su contraparte mexicana, respecto a la insuficiencia de brazos (de ahí lo de ‘braceros’) para levantar sus cosechas, principalmente en California y Texas. Esta escasez de trabajadores se daba a raíz de que, tras la entrada a la Segunda Guerra Mundial por parte de Estados Unidos, luego de sufrir un ataque su base naval en Pearl Harbor por parte de Japón (el 7 de diciembre de 1941), se recurrió al reclutamiento de doce millones de estadounidenses al ejército (Morales, 1989, p. 143), muchos de los cuales fueron enviados a los frentes de guerra. Sumado a esto, miles de personas fueron movilizadas desde sectores como el agrícola hacia las fábricas e industrias encargadas de la producción de armamentos y pertrechos bélicos.

A esta necesidad de brazos por parte de Estados Unidos, se suma que el 22 de mayo de 1941, México también declaró la guerra a las Potencias del Eje (Alemania, Italia, Japón) (Torres, 2005, p. 81-89), luego de que submarinos alemanes hundieron el barco mexicano “Potrero de llano” en el Golfo de México. Esto significa que, además de continuos socios comerciales y abastecedor de materias primas, se daban las condiciones para que México colaborara en la guerra mediante el Programa Bracero, llegando a considerar a los braceros como ‘retaguardia productiva’. Diversos autores coinciden en que la firma de este convenio bilateral fue planteada por los representantes estadounidenses en “nombre del esfuerzo de la guerra”, y vista en México como una de sus contribuciones a los Aliados (Craig, 1971, p. 145; Cohen, 2011, p. 22). Estas visiones también pueden encontrarse en los ex braceros; por ejemplo, el ex migrante José Trinidad Heras del municipio de Culiacán (Sinaloa) rememoró: “nosotros éramos elementos de guerra. Íbamos a remplazar a los americanos que estaban en guerra con Japón” (Entrevista, José Trinidad, 2010). Mientras que Nicolás Martínez, nacido en 1926 en el pueblo de Nativitas Cuatempan, Coyotepec, Puebla, recordó que en los años cuarenta escuchó por la radio que había una contratación en la Ciudad de México para irse de bracero, ya que “el gobierno americano estaba en la guerra y no había mano de obra para el campo, y pidió ayuda al gobierno mexicano” (Entrevista, Gorgonio, 2016). Es decir, más allá de que la contribución a la guerra fuera importante o no, lo destacable es que este tipo de discursos que se nutren del pasado migratorio son los que se van agregando a las reivindicaciones del presente y fortalecen su lucha.

Durante los 22 años que estuvo activo el Programa Bracero, estos migrantes contribuyeron activamente a las economías de ambos países, tal y como lo afirmara el mismo presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en abril de 1943 en su visita a Monterrey, Nuevo León: “los trabajadores agrícolas mexicanos… están contribuyendo con su habilidad y su esfuerzo a la producción de alimentos vitalmente necesarios” (NMAH, 1943). Cuando los estadounidenses se encontraban en estado de guerra, los braceros mexicanos fueron los que se quedaron atrás, remplazando a los soldados estadounidenses, “cubriendo los campos agrícolas, evitando que las cosechas se perdieran y maximizando la productividad”. Además, colaboraron de manera importante en la manutención del sector ferroviario, tan indispensable por esos años. Por otro lado, en México el Programa Bracero contribuyó a emplear a miles de desempleados y trabajadores que percibían bajos sueldos, proveyéndoles generalmente de mejores condiciones salariales que las de su lugar de origen (Astorga, 2016a, p. 207), aunque desde luego, la ‘bracereada’ tampoco fue la panacea, y además del despojo del Fondo de Ahorro Campesino, en la actualidad los ex braceros también revindican los abusos durante sus experiencias migratorias.

Evidentemente, en el presente las memorias de los ex braceros abarcan una gran cantidad de temas y vivencias propias de su experiencia migratoria tales como: sus situaciones familiares en sus lugares de origen y los motivos que los orillaron a emigrar, las memorias sobre los viajes a los centros de contratación, las peripecias para ganarse una carta de recomendación muchas veces siendo explotados por agricultores sonorenses, las diversas vicisitudes ya en los centros de contratación entre las que destacan las obligatorias revisiones médicas a las que era sometidos, las fumigaciones con criolina en las que tenían que estar desnudos; las esperas prolongadas, las enfermedades y muertes durante las contracciones (Astorga, 2016b, p. 26-31); mientras que de su estadía en Estados Unidos, en el presente los ex braceros reivindican los trabajos extenuantes, la discriminación y el racismo, los accidentes laborales, así como las malas condiciones de los alojamientos, de la alimentación y de las instalaciones sanitarias. Por todo lo anterior, puede considerarse que la experiencia de los braceros en Estados Unidos tuvo diversos impactos psicosociales como riesgos físicos, emocionales y abusos de poder en contra de ellos, caracterizándose por la discriminación, humillaciones, corrupción, engaños, explotación y negligencias (Gómez et al., 2024, p. 24); todo lo cual es reivindicado desde su presente, y utilizado desde la razón y las emociones en beneficio de su lucha social. En definitiva, las memorias del pasado migratorio se erigen como el principal recurso simbólico que aglutina a los recursos humanos.

En el caso del despojo de ahorros, que es lo que mayormente reclaman, cabe destacar que no se trata solamente de un elemento simbólico y emocional, sino de que se tiene certeza de que ocurrió. Durante el Programa Bracero, al menos desde 1942 hasta 1948, a estos trabajadores migratorios se les descontaba un diez por ciento de su salario para un Fondo de Ahorro Campesino. Estas cantidades fueron continuamente depositadas por los empleadores en bancos estadounidenses, quienes a su vez las enviaban a bancos propiedad del gobierno mexicano: en el Banco Nacional de Crédito Agrícola se guardaban los ahorros de los braceros agrícolas, y el Banco del Ahorro Nacional los de los braceros de vía. Se tiene la certeza de que entre 1943 y 1945 se depositaron desde Estados Unidos 72 millones de pesos en los bancos mexicanos. También, hasta mayo de 1946, el Banco Agrícola recibió 80’155,288.05 de dólares por concepto de ahorros de los braceros agrícolas. Mientras que el Banco del Ahorro Nacional recibió hasta ese año 88,098,852.66 de dólares (Astorga, 2017, p. 101-152; Vélez Storey, 2002; STPS, 1946, p. 86-89), sin embargo, sólo una parte del dinero retornó a los braceros. Además, se sabe que incluso en 1952 aún existían depósitos en favor de los braceros, y que hasta 1956 aún llegaban cartas a la Presidencia de la República, solicitando ayuda para recuperar los ahorros. La existencia de este despojo de ahorros no sólo respalda las reivindicaciones del presente, sino que además fortalece otro recurso simbólico importante, como son las emociones. Es así que a lo largo de los 25 años han aflorado en los adultos mayores sentimientos de frustración, rabia, indignación, ira, pero también de compañerismo, solidaridad, y de esperanza por alcanzar la justicia.

Hasta aquí puede considerarse que la autocomprensión, reflexión crítica, rememoraciones y emociones en torno al despojo y pasado migratorio incentivaron un proceso de triunfo de la memoria sobre el olvido, y que, a partir de 1998, el elemento simbólico permitió respaldar su causa, darle ímpetu y alimentar una acción colectiva que con el tiempo se convirtió en una movilización con carácter de masiva, perdurable en el tiempo y contenciosa. Tanto así que, hacia el año 2004, ‘Alianza Braceroproa’ (la organización que se conformó para luchar por justicia para estos ex migrantes) agrupaba a 100 mil ex braceros en México y Estados Unidos -según sus propias declaraciones-, y en 2006 la cantidad de 212 mil; todos ellos cohesionados en gran medida gracias a los recursos simbólicos.

Cabe destacar que estas historias vividas de primera mano por el bracero garantizaron la transición entre la memoria viva y la memoria aprendida o memoria heredada, fortaleciéndose con ello un vínculo transgeneracional entre estos y sus familiares, que, evidentemente, iba más allá de elementos biológicos/familiares hacia lo emotivo y sentimental, pues las rememoraciones del pasado migratorio incentivaron en las esposas, hijos, nietos y otros familiares sentimientos de indignación ante la injusticia y ante las historias de abusos trasmitidas por los ahora ex braceros. La memoria heredada, por tanto, es la transmisión de acontecimientos que son reconocidos como su pasado, aun cuando no todos lo hayan experimentado directamente (Iuorno, 2010, p. 42), lo que implicaba hacer propias las vivencias del Programa Bracero y, en el presente, encauzarlas en solidaridad y determinación para apoyar a su familiar.

Finalmente, es importante resaltar que no solamente la memoria contribuyó como recurso simbólico importante; lo mismo sucedió con la identidad (también entendida como sentido de comunidad, de solidaridad y de compañerismo), lo mismo que con los mitos que giraban en torno a la problemática, entre otros elementos/recursos que contribuyeron a cohesionar la unidad grupal.

III. Algunos ejemplos de repertorios de acción

Hasta ahora, queda claro que la memoria, en tanto recurso simbólico, entraña una multiplicidad operativa: en ella se encuentra la “presentificación del tiempo”, una función recuperadora asociada al recuerdo y discriminadora en relación con el olvido; interviene, asimismo, como reordenadora continua de las representaciones de la mente y, especialmente, como suministradora de pautas para la acción (Aróstegui, 2004, p. 156). Es decir, los recursos, remembranzas, identidades y discursos que se construyen con base en ese pasado son lo que en el presente encauza las manifestaciones. Las protestas, como marchas, plantones, juntas informativas, etc., en el estudio de los movimientos sociales son entendidas como repertorios de acción y, al mismo tiempo, son recursos organizativos. El que se recurra a una pieza del repertorio de acción y no a otra entraña una multiplicidad de factores y responde tanto a consideraciones tácticas y estratégicas como al esfuerzo de los manifestantes por darle un marco significativo a su movimiento (Fillieule, Tartakowsky, 2015, p. 168). En el caso del movimiento social de ex braceros, al ser su principal objetivo la restitución de los ahorros despojados y estar integrado mayormente por adultos mayores, entre líderes, ex braceros y familiares, eligieron el tipo de repertorio y manifestaciones que consideraron más adecuados para su causa.

En los repertorios de acción existen acciones contenidas y de confrontación. Las primeras refieren a las rutinarias, las que generalmente la gente conoce y que son aceptadas o incluso facilitadas por las autoridades, como asambleas informativas, mítines, campañas de propaganda, elaboración de manifiestos, firma de peticiones, manifestaciones, marchas y huelgas. De algún modo, las acciones contenidas son las que se realizan de forma pacífica. Protestas que los ex braceros realizaron ante el Estado mexicano y sus diversas dependencias gubernamentales de orden federal, estatal y local como la Secretaría de Gobernación (SEGOB), la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE); ante gobiernos estatales y locales; así como ante el banco Banrural y, en Estados Unidos, ante el Wells Fargo Bank, o los consulados mexicanos. Mientras que en las acciones de confrontación se ubican la ocupación de edificios, bloqueos del tráfico y protestas con mayor agresividad y/o violencia, acciones que rompen con la rutina, sorprenden a los observadores y, en algunos casos, -durante algún tiempo- pueden desorientar a los gobernantes. No obstante, este es un recurso inestable y puede degenerar fácilmente en violencia (Revilla Blanco, 2010, p. 57-59). Por su parte, en general, los ex braceros recurrieron mayormente a repertorios de acción contenidos y, en contadas ocasiones, a la confrontación.

Resulta esclarecedor y, hasta cierto punto sorprendente, advertir que un movimiento social como el de ex braceros, mayoritariamente compuesto por adultos mayores, haya llegado a emplear un amplio repertorio de acciones con manifestaciones muy diversas. El ex bracero, como agente activo, dejó de lado las limitaciones físicas, sociales, económicas y mentales que suelen asociarse a la vejez y, desde la conformación del movimiento social en 1998, se mantuvo en la primera línea de las protestas. El primer gran ejemplo de manifestación fue el plantón ante la matriz de Banrural (Banco de Crédito Rural) en la Ciudad de México en abril del año 2000. Previamente, el 23 de julio de 1999, alrededor de 2 mil ex braceros se habían manifestado en las oficinas regionales de Banrural en Querétaro, logrando incluso que el gerente tuviera que volar en helicóptero desde donde se encontraba para atenderlos. Esta vez, encauzaron su protesta ante la matriz de Banrural, la institución heredera del Banco Nacional de Crédito Agrícola que antaño salvaguardó los ahorros de los braceros. La toma de Banrural se realizó en vísperas del aniversario de la muerte de Emiliano Zapata (10 de abril), entre el 8 y el 10 de abril, y se caracterizó porque frente al recinto se situaron alrededor de 400 ex braceros de distintos estados de la república; poco más de 200 de ellos estaban de manera permanente bloqueando la entrada a los ejecutivos del banco y exigiendo una reunión con el director general de Banrural, Oscar Terroba Garza. Ante la insistencia y determinación de los adultos mayores que se mantuvieron durante días con sus casas de campaña, permaneciendo, comiendo y realizando una gran variedad de actividades en las inmediaciones del banco, finalmente los directivos de la entidad bancaria decidieron reunirse con los ex braceros en el interior del banco. Este acto es importante, pues nos pone de manifiesto la determinación del adulto mayor y el grado de organización de los ex braceros y sus líderes. Sin embargo, las conversaciones fueron infructuosas y los ex braceros continuaron sus manifestaciones.

Cabe destacar que, antes del plantón frente a Banrural, durante 1998 y 1999, Ventura Gutiérrez y otros líderes y voluntarios del movimiento recorrieron numerosos estados de la República Mexicana. Durante ese período, se consolidaron grupos fuertes en regiones cercanas a Puruándiro, como Moroleón, Yuriria y Salvatierra, en el estado de Guanajuato, y se conformaron grupos en Mexicali, Tijuana, Nogales, Ciudad Juárez, Piedras Negras, Nuevo Laredo, Culiacán y otras ciudades mexicanas. El movimiento también logró articularse en diversas localidades de Estados Unidos donde residían miles de ex braceros que habían decidido permanecer allí tras la finalización de sus contratos o que habían regresado posteriormente a ese país. Entre estos grupos se destacaban los de Los Ángeles, San José, Stockton, Fresno, Salinas, San Bernardino, Coachella, Valle Imperial, Delano y Bakersfield, en California; Yuma, Tucson y Phoenix, en Arizona; Seattle, Yakima y Toppenish, en el estado de Washington; así como los de Chicago, en Illinois, y Las Vegas, en Nevada.

Es decir, Braceroproa emprendía manifestaciones contundentes, porque se sabía del respaldo con el que ya para estos primeros años se contaba y con el objeto de ser escuchados y tomados en cuenta por las autoridades mexicanas.

Precisamente, esta última fue la razón por la que los ex braceros decidieron emprender la manifestación más famosa y decisiva en la historia de su movimiento social: ‘la toma de San Cristóbal’. Tanto el plantón ante Banrural como esta nueva manifestación se realizaron ya durante el sexenio del presidente Vicente Fox Quesada (2000-2006), quien en esta ocasión se convirtió en el principal destinatario de la protesta. Pues, tras diversas negativas, manifestaciones en las calles y frente a distintas instituciones, y protestas ante casi todos los niveles de gobierno, los ex braceros idearon una nueva estrategia de movilización, como fue trasladar la protesta al ámbito privado del presidente. En concreto, decidieron manifestarse frente a la casa de su madre, ubicada en la comunidad de San Cristóbal, en el municipio de San Francisco del Rincón, Guanajuato. Esta protesta es un ejemplo de la importancia de planificar y analizar los aspectos que serán abordados durante una manifestación. Los organizadores aprovechan los espacios amplios y estudian los lugares en los que se desarrollarán las manifestaciones. Planifican las acciones de modo que tanto ellos como los medios de comunicación y sus adversarios puedan advertir la magnitud del cuerpo de manifestantes. De este modo, los protagonistas del movimiento toman conciencia de su propia capacidad de acción y fortalecen su sentido de poder colectivo (Fillieule, Tartakowsky, 2015, p. 110).

En este caso, cuando el 7 de febrero de 2004 arribaron al lugar alrededor de 50 autobuses con ex braceros de diversos estados de la república, Ventura Gutiérrez se percató de que los trabajadores del rancho se formaban para ‘cobrar su raya’, así que de manera simbólica decidieron hacer lo mismo: “vamos nosotros al rancho de Fox y formamos una sola fila, entre 1,500 a 2 mil personas, y les vamos a decir que venimos a que nos paguen a nosotros también” (Entrevista, Ventura, 2016; Entrevista, Rosa Martha, 2015). Sin embargo, además de esto, otra acción fue la que se llevó las notas del día: alrededor de 2 mil 600 ex braceros se plantaron frente al portón de la casa, se vitoreaban consignas, se exigía hablar con el presidente y, ante tal escenario, empezó un forcejeo entre los miles de manifestantes que estaban afuera y alrededor de 30 elementos del Estado Mayor Presidencial que custodiaban el inmueble y se encontraban en su interior, cuyo clímax se dio cuando se rompió el candado del portón y los miles de ex braceros entraron al patio de la casa. Ante tal situación, Mercedes Fox Quesada, hermana del presidente, salió a dialogar con los manifestantes y se logró que el subsecretario de Gobierno, Ramón Martín Huerta, viniera desde León, Guanajuato, a intervenir. Con ello, los braceros lograron que se les recibiera el 12 de febrero en la Secretaría de Gobernación (SEGOB) de la Ciudad de México.

El repertorio de acciones y las protestas continuas de los viejos ex braceros tuvieron sus resultados cuando el 25 de mayo de 2005 se aprobó la ley para crear el Fideicomiso que Administra el Fondo de Apoyo Social para ex-trabajadores Migratorios Mexicanos (DOF, 2005). Este tenía como objetivo otorgar un apoyo social de 38 mil pesos a los ex braceros o sus beneficiarios que lograran su acreditación. El Fideicomiso siempre fue objeto de críticas, pues aquejaba diversas problemáticas: la insuficiencia de presupuestos, el atraso en los pagos, las dificultades para el registro, la escasa apertura de mesas receptoras (para el registro de quienes aún no acreditaban su condición de ex bracero) y, para colmo, el ‘pago en abonos’ aprobado en el año 2009, con lo que se buscaba que los ex braceros no recibieran el apoyo en una sola exhibición de 38 mil pesos, sino en anualidades de 4 mil pesos. Ante tal disposición, los viejos ex migrantes realizaron el primer ‘Mueretón’ en Morelia, Michoacán, el 28 de agosto de 2009 (día del abuelo en México). Llamaron a esta protesta ‘la toma de la casa de la madre de Felipe Calderón’, tratando de emular la toma de San Cristóbal. Sin embargo, en esta ocasión, la seguridad dispuesta por el aparato de seguridad del Estado impidió que pudieran acercarse como querían a la casa de la mamá del presidente Calderón (2006-2012). No obstante, pusieron en práctica una de sus manifestaciones más características, el mueretón. Se trata de un performance ideado por Ventura Gutiérrez para representar la muerte continua de los ex braceros; es decir, que mientras seguían los años y los pagos no eran liquidados completamente, los ex braceros -la mayoría de las veces por motivos naturales al ser adultos mayores- fallecían día con día sin antes lograr la justicia que buscaban. Se trataba entonces -en palabras coloquiales- de “tender a la gente en el piso, todos acostados, como fallecidos, miles así” (Entrevista, Alma, 2016). Este repertorio de acción implicaba teatralidad: la puesta en práctica de un performance dirigido tanto al público como a los adversarios, el cual implicaba expresión corporal, gestualidad y, sobre todo la representación de una problemática que ellos consideran real: la muerte de los ex braceros sin haber obtenido la justicia.

A los anteriores repertorios de acción, se suma una larga lista de manifestaciones emprendidas por estos adultos mayores que, aunque continuamente han envejecido, han logrado extender su protesta durante 25 años. En la segunda década del siglo XXI, como consecuencia de la pérdida de fuerza del movimiento, de la desarticulación de Braceroproa y la proliferación de diversos grupos, los repertorios de acción se ampliaron y se exploraron otras alternativas de acceso a la justicia. Las manifestaciones en las calles, plantones y peticiones ante las instituciones disminuyeron para dar paso a los cabildeos ante las autoridades y las demandas jurídicas; comenzaron a proliferar los amparos y, además, empezó a practicarse la protesta transnacional. Ante el nulo diálogo y atención por parte de las autoridades mexicanas, diversos grupos de ex braceros desarrollaron nuevas prácticas y acciones de protesta y llevaron el caso ante el Tribunal Internacional de Conciencia Pueblos en Movimiento (TICPM) en 2010, ante el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP), que sesionó en México en 2012, ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2013 y, en años más recientes, ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su sede internacional de Ginebra, Suiza. En definitiva, durante 25 años de movilización, los adultos mayores ex braceros han empleado recursos humanos, simbólicos, organizativos y materiales importantes, y emprendido un significativo y amplio repertorio de acciones que les ha permitido que su movimiento perdure en el tiempo.

IV. Reflexiones finales. El adulto mayor ex bracero como agente del cambio social

El presente trabajo es un intento por reivindicar el agenciamiento de los adultos mayores y una invitación a no solo asociarlos con la enfermedad, la ineficiencia, la lentitud, la poca productividad y el ser objeto de los programas sociales, sino a conocer también -por medio del caso ex bracero- que los adultos mayores son personas activas, sentipensantes, que desarrollan liderazgos y se movilizan para hacerle frente a la marginación, la exclusión, el rechazo, el abandono y la injusticia, y que, por tanto, pueden ser considerados como agentes del cambio social.

Como referente empírico, los 25 años de historia del caso ex bracero nos muestran que, mediante una óptima apropiación y utilización de recursos, los movimientos sociales surgen con fuerza, se desarrollan y llegan a perdurar en el tiempo. En este caso, gracias a la eficiente organización de los primeros años y los diversos recursos empleados, se logró consolidar la protesta a nivel binacional, llegando a entablar diálogo con las autoridades mexicanas, e incluso se alcanzaron algunos éxitos, como lo fue el Fideicomiso de apoyo social para ex braceros y sus familiares aprobado en 2005. Estos logros fueron posibles gracias a que el movimiento pudo consolidar y fortalecer diversos recursos, empezando con los recursos humanos que son la base, los cuales entrañaron un vínculo y apoyo intergeneracional, en el que los adultos mayores fueron respaldados por jóvenes que muchas de las veces eran sus hijos, nietos y otros familiares.

Tengamos en cuenta que muchos de los ex braceros no solo se encuentran dentro de la vejez y la tercera edad (que sería una primera parte de la edad avanzada), sino que incluso muchos de ellos se encuentran en la fase de ancianidad o “cuarta edad”, caracterizada por una serie de elementos como la pérdida de autonomía (física, social, mental y económica), los cuales inciden en el deterioro de la salud y en la pérdida de capacidad social y económica relacionadas con las edades avanzadas (Ham Chande, 2003, p. 79; Blas Huerta, 2015, p. 24). En definitiva, las limitaciones y el nivel de vulnerabilidad aumentan conforme se avanza en las etapas de la vejez y en la cuarta edad en la cual se encuentran los ex braceros de 80 años en adelante. Esta etapa se caracteriza porque la persona tiene una salud más deficiente, existe una falta de reconocimiento social, dificultades para la autonomía económica, poca certidumbre del apoyo gubernamental y la asistencia pública, limitadas oportunidades de integración laboral y social, bajos sueldos, dilatación en las tareas cotidianas y, en consecuencia, poca tolerancia por parte de los más jóvenes.

Con todo y lo anterior, es de destacar que los ex braceros se erijan como personas activas de 70 años o más, quienes desde el principio de su movilización fortalecieron su identidad como adultos mayores y ex migrantes, consolidaron una convivencia y apoyo intergeneracional, encauzaron sus demandas desde la racionalidad y las emociones, y emprendieron un repertorio de acción dinámico y variado, que los llevó a realizar manifestaciones contundentes; y estos elementos son los que dan forma al ‘agente del cambio social’: poseer potencial para contribuir a la modificación de la estructura existente. El adulto mayor ex bracero, por tanto, se erigió como una persona activa, con agencia y actitud, sentipensante (razón y emoción), que sociabiliza y desarrolla liderazgo. Estos elementos positivos, en general, opacaron las vicisitudes de la vida diaria que muchos aquejaban como la necesidad económica, cansancio, pérdida de movilidad y de la memoria; y el uso de bastones o sillas de ruedas no fue una limitante para que estos ex migrantes asistieran a las reuniones informativas o incluso a las manifestaciones.

En definitiva, con este trabajo intentamos incitar a la reflexión sobre las potencialidades y agencia de los adultos mayores. En el caso de los ex braceros, sus posibilidades para llevar a cabo una actividad o explotar al máximo las capacidades y recursos variaron con el tiempo; lo que nos lleva a reflexionar que las personas adultos mayores llegan a ver disminuidas sus facultades físicas y mentales, quedando en situaciones de desventaja con respecto a otras personas. Pero también, como ya enunciábamos anteriormente, con frecuencia, estas personas son falsamente asociadas con la enfermedad, ineficiencia, lentitud y poca productividad, y estigmatizados en estereotipos equivocados de decadencia. Por el contrario, consideramos que los adultos mayores también expresan sus descontentos, emprenden demostraciones de contenciocidad y exteriorizan sus peticiones de justicia.

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La lista de las personas entrevistadas: Entrevista con José Trinidad Heras Calderón realizada por Abel Astorga Morales, en Culiacán Sinaloa, el 01 de octubre de 2010; Entrevista con Gilberto Parra Rodríguez realizada por Abel Astorga Morales en Guadalajara, Jalisco, el 3 de octubre de 2015; Entrevista con Rosa Martha Zárate Macías realizada por Abel Astorga Morales en Guadalajara, Jalisco, el 16 de noviembre de 2015; Entrevista con Gorgonio Nicolás Martínez López realizada por Abel Astorga Morales en Los Ángeles, California, el 5 de julio de 2016; Entrevista con J. Ventura Gutiérrez Méndez realizada por Abel Astorga Morales en Puruándiro, Michoacán, el 19 de julio de 2016; Entrevista con Alma Delia Fraile Barosio realizada por Abel Astorga Morales en Puruándiro, Michoacán, el 27 de noviembre de 2016.

Editoras del dossier

Ana Inés Mallimaci Barralhttps://orcid.org/0000-0001-9007-895X
Herminia Gonzálvez Torralbohttps://orcid.org/0000-0002-4929-2521

Conflictos de intereses

El autor declara no tener conflictos de intereses relacionados con este artículo

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    30 Oct 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    17 Mayo 2026
  • Revisado
    05 Set 2026
  • Acepto
    28 Set 2026
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