Open-access Envejecimiento y Migración: Trayectorias, desigualdades y agencia de mujeres mayores venezolanas en Chile

Ageing and Migration: Trajectories, Inequalities, and Agency among Older Venezuelan Women in Chile

Resumen

El artículo analiza cómo mujeres mayores venezolanas migrantes construyen sentido sobre sus trayectorias migratorias y su envejecimiento en Chile. Desde la gerontología crítica y la interseccionalidad, se entienden ambos procesos como relacionales y situados. Basado en entrevistas en profundidad a seis mujeres mayores migrantes de la región de Valparaíso, el análisis narrativo muestra que migrar en la adultez mayor implica una ruptura biográfica que desestabiliza proyectos y expectativas previas. Asimismo, evidencia cómo la intersección entre edad, género y condición migratoria produce experiencias de descualificación, exclusión y edadismo, especialmente en el ámbito laboral. Se discute cómo las participantes despliegan agencia a través de redes familiares y comunitarias, y estrategias cotidianas orientadas a sostener autonomía y reconocimiento. El estudio propone comprender el envejecimiento migrante no solo desde la vulnerabilidad, sino también desde la resistencia y la producción de sentido.

Palabras-clave:
Migración internacional; envejecimiento; mujeres mayores; interseccionalidad; trayectorias migratorias

Abstract

​​The article analyses how older Venezuelan migrant women make sense of their migration trajectories and their ageing in Chile. Drawing on critical gerontology and intersectionality, both processes are understood as relational and situated. Based on in-depth interviews with six older migrant women from the Valparaíso region, the narrative analysis shows that migrating in later life involves a biographical rupture that destabilises previous plans and expectations. It also highlights how the intersection of age, gender and migrant status leads to experiences of disqualification, exclusion and ageism, particularly in the workplace. The study discusses how the participants exercise agency through family and community networks, care practices and everyday strategies aimed at maintaining autonomy and recognition. It proposes understanding ageing as a migrant not only in terms of vulnerability, but also in terms of resilience and the construction of meaning.

Keywords:
International migration; ageing; older women; intersectionality; migration trajectories

Introducción

En las últimas dos décadas, el cruce entre migración y envejecimiento se ha consolidado como un campo emergente de investigación, impulsado por el reconocimiento de que las poblaciones migrantes envejecen bajo condiciones estructurales específicas, marcadas por desigualdades acumuladas a lo largo de su curso de vida (Brotman et al., 2020; King et al., 2017). No obstante, este campo presenta vacíos relevantes. La producción científica se ha concentrado en el Norte Global, mientras que en América Latina y el Caribe los estudios que abordan ambos fenómenos de manera articulada siguen siendo escasos (Mallimaci Barral, Magliano, 2023). Asimismo, la investigación migratoria ha privilegiado poblaciones en edad laboral activa y flujos Sur-Norte, relegando las experiencias de personas mayores y las movilidades intrarregionales (Bastia et al., 2022). La evidencia disponible muestra que las personas mayores migrantes enfrentan formas específicas de precariedad en la vejez, vinculadas a trayectorias laborales fragmentadas, bajas cotizaciones previsionales, barreras administrativas y acceso restringido a sistemas de protección social, especialmente en contextos de debilitamiento del rol estatal y creciente responsabilización individual. Estas condiciones se expresan de manera diferenciada según género y edad: las mujeres mayores migrantes experimentan mayores niveles de vulnerabilidad, pero también despliegan estrategias relacionales para sostener su bienestar -particularmente a través de redes de cuidado- (Torres et al., 2023).

Sin embargo, en general, en Latinoamérica las experiencias de las mujeres mayores migrantes han sido frecuentemente interpretadas desde marcos que enfatizan la fragilidad, la dependencia o el rol de cuidadoras, reproduciendo miradas edadistas y familistas (Gonzálvez-Torralbo, Da Silva, 2024). Tales enfoques invisibilizan las trayectorias, saberes y capacidades de acción de las personas mayores migrantes, y en específico de las mujeres, al tiempo que persiste un escaso conocimiento sobre los referentes culturales, simbólicos y relacionales que movilizan en sus procesos de envejecimiento (Brotman et al., 2020). Asimismo, se ha prestado limitada atención a las estrategias que desarrollan para enfrentar la vejez en contextos de movilidad y precariedad (Torres et al., 2023), pese a avances que destacan el rol de las mujeres mayores en las economías de cuidado transnacional (Bastia et al., 2022). En este marco, si bien existe escasa evidencia sobre cómo las personas migrantes envejecen en los países de destino, es aún menor la comprensión de cómo las mujeres experimentan subjetivamente el envejecimiento en contextos de movilidad.

Este vacío adquiere particular relevancia en Chile, que experimenta un envejecimiento poblacional acelerado -liderando el aumento de la expectativa de vida en América Latina (81,8 años)- y el crecimiento sostenido de la migración internacional (SERMIG, INE, 2023). Este proceso migratorio es mayoritariamente regional, con fuerte presencia venezolana, la que se inscribe en el contexto de crisis multidimensional que enfrenta el país. Así, de la población extranjera residente en Chile, un 41,5% es venezolana, y se estima que un total de 32.123 personas tiene más de 60 años, donde el 67,3% lo componen mujeres mayores (INE, 2025). Sin embargo, el aumento de personas mayores venezolanas en Chile ocurre en la denominada tercera ola migratoria -posterior a la pandemia de covid-19-, la cual se caracterizó por la movilidad de grupos familiares completos (Rocha, 2023) y por una notable presencia de mujeres mayores de 55 años que migraron para reunirse con sus familiares (García-Arias, 2024).

La literatura ha señalado que las personas mayores migrantes venezolanas se caracterizan por concentrar niveles más altos de precariedad que otros grupos etarios, menor nivel educativo, no contar con ahorros y contar con redes de apoyo limitadas o inexistentes (Rocha, 2023). En esta línea, las personas mayores migrantes se encuentran en una condición administrativa más deficitaria, ya que son los últimos en la familia en regularizar su situación migratoria, lo que impacta en mayor aislamiento, soledad y limitaciones para su inclusión social (Raymond et al., 2025). Y, particularmente, las personas mayores venezolanas que presentan enfermedades crónicas han contado con un acceso limitado a tratamiento en su país de origen o en países de tránsito, lo que las expone a peores condiciones de salud y bienestar (Rocha, 2023). Por otra parte, también se ha reportado que las personas mayores venezolanas en situación de desplazamiento prestan cuidados en beneficio de toda la familia, basándose en acuerdos y negociaciones familiares, donde los cuidados circulan en múltiples direcciones, pero a la vez, pueden generar conflictos y desequilibrios de poder para las personas mayores (Blouin, Borios, 2023). En este escenario, la participación social se constituye para este grupo en un medio para ejercer su autonomía y generar redes de apoyo entre pares, aunque la capacidad de respuesta a las problemáticas que enfrentan es limitada, al ser espacios compuestos principalmente por personas mayores en similar situación migratoria (Raymond et al., 2025).

En base a los antecedentes expuestos, el presente artículo se inscribe en el campo de intersección entre envejecimiento y migración, y propone analizar de manera integrada ambos procesos como fenómenos mutuamente constitutivos (Torres et al., 2023). Desde allí, el estudio tiene por objetivo analizar cómo mujeres mayores migrantes venezolanas construyen sentido en torno a sus trayectorias migratorias y sus experiencias de envejecimiento en Chile. De esta forma, se busca contribuir al campo desde una mirada situada que visibiliza experiencias, saberes y formas de agencia, dialogando con debates contemporáneos sobre género, interseccionalidad y envejecimiento en contextos de movilidad (Tunçer, 2024).

2. Curso de vida, gerontología crítica e interseccionalidad: Trayectorias migratorias y experiencias de envejecimiento

El análisis del envejecimiento en contextos migratorios exige superar enfoques estáticos del ciclo vital y avanzar hacia una comprensión procesual, relacional y situada de la vejez. En esta línea, este trabajo articula el enfoque del curso de vida con la interseccionalidad y la gerontología crítica para analizar cómo las trayectorias migratorias y los procesos de envejecimiento se configuran de manera imbricada, atravesados por desigualdades históricamente producidas (Brotman et al., 2020; King et al., 2017). El enfoque del curso de vida, cuyos orígenes y desarrollo conceptual han sido sistematizados por Blanco (2011), entiende el envejecimiento como un proceso acumulativo, resultado de la interacción entre decisiones biográficas, contextos históricos y estructuras sociales (Elder et al., 2006). Este marco permite situar la migración en trayectorias biográficas más amplias, donde se articula la experiencia singular con la estructura política, económica y sociohistórica (Blanco, 2011). En particular, dos de sus principios centrales contribuyen al análisis desarrollado en este trabajo: i) temporalidad -timing-, que remite al momento vital e histórico de un acontecimiento y su efecto en la trayectoria biográfica -como la migración-; ii) y las vidas vinculadas -linked lives-, que dan cuenta de que las trayectorias individuales están entrelazadas con las de otras personas significativas, de modo que las decisiones migratorias no pueden comprenderse al margen de las interdependencias familiares en las que se inscriben. Esta perspectiva resulta especialmente nutritiva para pensar el envejecimiento en clave migratoria en América Latina, donde investigaciones como la de Oddone (2019) han expuesto cómo la desestandarización del ciclo vital reorganiza las trayectorias laborales de las personas de mayor edad, reconfigurando posiciones sociales y temporalidades en edades avanzadas.

No obstante, el enfoque de curso de vida se enriquece al incorporar perspectivas críticas que problematizan las condiciones estructurales de dichas trayectorias. La gerontología crítica cuestiona las concepciones normativas de la vejez, evidenciando que se trata de una construcción social atravesada por relaciones de poder que distribuyen desigualmente recursos, reconocimiento y agencia (Katz, 2013). En contextos migratorios, estas desigualdades se intensifican mediante trayectorias laborales fragmentadas, acceso restringido a derechos y regímenes de protección limitados, sin que la vejez migrante pueda reducirse exclusivamente a esta precariedad (Ciobanu et al., 2017; Torres et al., 2023). Asimismo, la perspectiva interseccional describe la coexistencia de múltiples estructuras de opresión que operan de manera simultánea -género, raza, edad y etnia-, las cuales no constituyen ejes aislados, sino interacciones que se construyen mutuamente y producen formas específicas de opresión y desventaja (Yuval-Davis, 2015). Esta perspectiva posibilita profundizar el análisis al mostrar cómo género, edad, clase, origen nacional y estatus migratorio se entrecruzan, produciendo desigualdades específicas -no aditivas, sino constitutivas- en contextos histórico-geográficos concretos, que se expresan en dimensiones estructurales, representacionales y normativas (Yuval-Davis, 2015). En Chile, estas trayectorias se configuran en la intersección de procesos de racialización, jerarquización social y control migratorio (Thayer, Tijoux, 2022), que, en el caso de las mujeres mayores, se articulan con dinámicas de edadismo y sexismo que invisibilizan sus contribuciones y limitan sus procesos de inclusión social y reconocimiento (Calasanti, King, 2025).

Sin embargo, el cruce entre envejecimiento y migración no solo produce vulnerabilidad, sino también formas situadas de agencia. Las personas mayores migrantes despliegan estrategias para sostener redes, enfrentar la precariedad y resignificar sus trayectorias, en una agencia entendida como capacidad relacional, dinámica, desplegada desde múltiples lugares y estructuralmente condicionada (Tunçer, 2024; Mazzucchelli et al., 2024). En mujeres, esta agencia se expresa en prácticas de cuidado, trabajo, participación social y en narrativas que sostienen la continuidad biográfica frente a la desvalorización. Para aproximarnos a esta complejidad, el estudio adopta un enfoque narrativo-biográfico que privilegia los relatos de cada participante como espacios de articulación entre experiencia y estructura, permitiendo analizar cómo mujeres mayores migrantes reinterpretan sus trayectorias, construyen sentido y reconfiguran sus identidades en contextos de movilidad (Brotman et al., 2020; Ferrer et al., 2022).

3. Metodología

Esta investigación siguió un diseño cualitativo. Realizamos entrevistas en profundidad a seis mujeres mayores venezolanas residentes en la región de Valparaíso. Optamos por Valparaíso porque es la región más longeva del país, y se ubica entre las tres con mayor cantidad de residentes extranjeros, concentrando aproximadamente el 6,4% del total nacional (SERMIG, INE, 2023). Puntualmente en Valparaíso, residen cerca de 1.378 mujeres venezolanas mayores de 60 años (INE, 2025).

3.1. Criterios Inclusión

Los criterios de inclusión del estudio consideraron a mujeres: i) mayores de 60 años; ii) con residencia en Chile al menos hace 3 años; iii) que hubiesen migrado sobre los 50 años; iv) en cualquier tipo de situación migratoria; v) que no presentaran una condición de salud física o mental que las limitara de participar y expresarse de forma plena en la entrevista.

3.2. Entrevistas

La Autora 1 elaboró un guion de entrevista con preguntas abiertas especialmente diseñado para el presente estudio, las cuales se llevaron a cabo de manera individual. El guion de entrevista contó con cinco bloques temáticos amplios, correspondiendo estos a los tópicos de “Experiencia del proceso migratorio”; “Vida cotidiana en Chile”; “Significados y proceso de envejecimiento”; “Experiencias de inclusión y exclusión social”; y “Compromiso cívico”. Se analizaron los contenidos relevantes para los propósitos de este estudio vertidos a lo largo de toda la entrevista, incluyendo los que fueron espontáneamente mencionados por las participantes.

3.3. Procedimiento

Se utilizó un muestreo por conveniencia (Otzen, Manterola, 2017), seleccionando participantes accesibles que aceptaron voluntariamente participar. El reclutamiento se realizó mediante una convocatoria difundida en instituciones públicas vinculadas al trabajo con personas mayores migrantes. Tras un primer contacto telefónico para explicar el estudio y resolver dudas, se coordinó la realización de entrevistas, de las cuales dos fueron presenciales y cuatro en modalidad online. Las entrevistas presenciales se efectuaron en espacios definidos por las participantes y fueron conducidas por la autora principal y el equipo de investigación. El estudio fue aprobado por el Comité Ético Científico de la institución de la autora principal. Todas las participantes firmaron consentimiento informado, garantizando confidencialidad, anonimato y el derecho a retirarse en cualquier momento. Las entrevistas online se realizaron vía Zoom, registrando audio y video, aunque solo se utilizó el audio para la transcripción. Los datos fueron anonimizados y se emplearon pseudónimos en el análisis y la presentación de resultados.

3.4. Análisis de datos

Todas las entrevistas fueron grabadas en audio y transcritas literalmente. Tuvieron una extensión de entre 120 minutos y 180 minutos y el análisis se realizó desde un enfoque narrativo, orientado a comprender las trayectorias de las participantes a partir de los sentidos que atribuyen a sus experiencias. Se desarrolló en dos niveles complementarios: un análisis vertical, centrado en cada caso para reconstruir la trayectoria y sus hitos principales, y un análisis horizontal, dirigido a identificar regularidades, temas compartidos y diferencias entre los relatos. Esta estrategia permitió articular la singularidad de cada experiencia con los procesos sociales que la enmarcan (Riessman, 2005).

4. Resultados

4.1. Migración en la Adultez Mayor: (Re) Configurando trayectorias

Con el objetivo de comprender la migración de mujeres mayores como proceso biográfico, se elaboraron líneas de tiempo que reconstruyen hitos del curso de vida antes, durante y después del desplazamiento. Más que una cronología, este dispositivo permitió situar la decisión migratoria en trayectorias previas, que posibilita captar la migración como experiencia situada, donde se entrelazan dimensiones estructurales, afectivas y relacionales (Rodríguez, 2024). A continuación se presenta una tabla de línea de tiempo por entrevistada.

Tabla 1
Líneas de tiempo por entrevistada

Las trayectorias reconstruidas muestran que la migración no se inscribe como un proyecto anticipado en etapas tempranas del curso de vida, sino como una ruptura biográfica que irrumpe cuando las participantes ya habían consolidado posiciones laborales, redes familiares y sentidos de estabilidad en Venezuela. En este punto, la migración en la adultez mayor no puede leerse únicamente como desplazamiento territorial, sino como un quiebre que desorganiza secuencias vitales previamente estructuradas y obliga a reabrir procesos que parecían cerrados o encaminados hacia cierta estabilidad. Tal como señalan Elder et al. (2006), el impacto de un acontecimiento depende del momento vital en que ocurre; en este caso, la movilidad adquiere una densidad específica porque acontece en una etapa de la vida en que las participantes habían acumulado capitales, reconocimiento y expectativas de continuidad. En línea con Brotman et al. (2020), ello permite comprender la migración y el envejecimiento no como fenómenos yuxtapuestos, sino como procesos entrelazados que se configuran mutuamente.

Lo que distingue a las trayectorias aquí analizadas son las condiciones estructurales bajo las cuales esto ocurre cuando irrumpe después de los 60 años, como muestra la Tabla 1. En primer lugar, el tiempo biográfico disponible para reconstruir un proyecto de vida es sustantivamente menor: mientras una persona migrante de 30 o 40 años cuenta con décadas por delante para rearticular trayectoria laboral y redes, estas mujeres migran cuando el horizonte vital que resta para "volver a empezar" se ha acortado. En segundo lugar, los capitales acumulados resultan mucho más difíciles de reconstruir después de los 60 años. En tercer lugar, el edadismo laboral opera como una barrera específica que las personas migrantes en edad laboral activa no enfrentan en la misma medida, como se desarrolla en el apartado siguiente. En conjunto, estas tres condiciones -tiempo biográfico acotado, capitales difícilmente reconstruibles y edadismo laboral- permiten explicar por qué la migración tardía no sólo reproduce la precarización que enfrenta cualquier migración forzada por la crisis venezolana, sino que la intensifica de un modo distinto.

Asimismo, en los relatos, la decisión de migrar aparece asociada a la profundización de la crisis sociopolítica y económica en Venezuela, pero también a la centralidad de las vidas vinculadas. La salida de hijos e hijas, la necesidad de proteger a nietos y nietas, o la imposibilidad de sostener materialmente la vida cotidiana operan como catalizadores afectivos de la movilidad. Como plantea Xaviera: “Yo vine a traer a mis nietas, porque mi hija ya estaba aquí. Yo me iba a regresar, esa era la idea. No era mi intención quedarme. Pero se dio una circunstancia que me quedé. Las cosas allá se pusieron difíciles, y uno empieza a pensar que ya no es solo por uno, sino por los hijos, por la familia”. Desde la perspectiva del curso de vida, este hallazgo es relevante, pues muestra que la migración no emerge como decisión puramente individual, sino en el marco de interdependencias familiares y responsabilidades relacionales que reorganizan las trayectorias personales (Elder et al., 2006).

En este marco, la migración se configura menos como expansión de oportunidades que como desplazamiento forzado por la cantidad de restricciones. El relato de Gabriela es elocuente al respecto:

Vine pensando que iba a estar seis meses. Realmente fue una migración forzada porque ya no podíamos sostenernos económicamente. Yo trabajé a nivel universitario, renuncié a mi universidad con todo el dolor de mi alma, pero llegó un momento en que el sueldo no alcanzaba para nada. Entonces uno se viene no porque quiera, sino porque no hay otra opción.

Este tipo de narrativas permite observar cómo eventos macroestructurales -crisis económica, deterioro institucional, inseguridad material- atraviesan las biografías y alteran sus coordenadas temporales y afectivas. Como han señalado Torres et al. (2023) y Ciobanu et al. (2017), las experiencias de envejecer en migración están marcadas por desigualdades acumuladas que se intensifican en contextos de movilidad. Esa intensificación no ocurre después de migrar, sino que constituye una de las condiciones que hacen "migrable" la vida. Sin embargo, cabe precisar que esta intensificación de desigualdades también puede operar en sentido inverso, produciendo inmovilidad en quienes carecen de los recursos o redes para desplazarse. Por tanto, las reflexiones aquí expuestas deben comprenderse como situadas en la experiencia específica de quienes sí lograron concretar la movilidad.

Más aún, el quiebre migratorio reordena la relación de las participantes con el tiempo biográfico. La expresión reiterada en los relatos de: “volver a empezar”, no se comprende como ocurre en los relatos de migrantes adultos más jóvenes, como un tiempo para re-estructurarse en el país de destino. En este caso, la migración trastoca los marcos institucionales, materiales y simbólicos desde los cuales habían organizado sus proyectos vitales. Lo que muestran estas trayectorias es que la movilidad en la adultez mayor desestabiliza formas previas de continuidad biográfica y reposiciona a las mujeres en un orden social donde edad, género, origen nacional y estatus migratorio se articulan, produciendo nuevas jerarquías.

En este caso, las desigualdades se expresan simultáneamente en planos estructurales, representacionales y normativos (Yuval-Davis, 2015). Ello se traduce en una pérdida de valor de capitales previamente acumulados -formación, experiencia, autoridad profesional, autonomía económica- que, al desplazarse de Venezuela a Chile, dejan de ser plenamente legibles o reconocibles. La migración en la adultez mayor, por tanto, no solo implica movilidad geográfica, sino también una transformación en la posición social desde la cual las mujeres son miradas, clasificadas y habilitadas para actuar. La intersección entre edad, género y migración produce formas específicas de desigualdad, pero también de agencia, que deben ser comprendidas de manera situada (Tunçer, 2024).

Esta transformación tiene además una dimensión corporal. En varios casos, la llegada a Chile supone inserciones en trabajos feminizados y físicamente exigentes, trayectorias de vivienda precaria o desplazamientos de alto riesgo, como el cruce por pasos no habilitados. La experiencia migratoria aparece así inscrita en el cuerpo, no solo por el desgaste físico, sino por la necesidad de administrar energías, dolencias y límites en un contexto adverso. Investigaciones previas sobre trabajadoras migrantes de cuidado en el norte de Chile muestran que esta administración corporal y emocional del esfuerzo no es un dato incidental, sino una dimensión estructurante del trabajo de cuidado migrante, atravesada por lógicas de subalternidad que se inscriben en el cuerpo de manera diferenciada según el origen nacional (Garcés, Leiva, Comelin, 2022). Las entrevistadas hablan de “autocuidado”, sin embargo, el contexto no lo favorece, y recae sobre ellas una exigencia sobre cuidarse individualmente. Esta ambivalencia resulta consistente con las advertencias de la gerontología crítica respecto de las racionalidades contemporáneas neoliberales que promueven responsabilidad individual en la vejez, al mismo tiempo que reducen apoyos estructurales (Katz, 2013).

Asimismo, las proyecciones futuras que emergen en las líneas de tiempo muestran que la migración en la adultez mayor no conduce a una clausura homogénea del proyecto vital. En algunas trayectorias aparece un futuro abierto e incierto; en otras, un retorno pendular imaginado; en otras, una proyección centrada en la estabilidad cotidiana, el bienestar familiar o el legado. Más que planes lineales, se observan horizontes contingentes y relacionales, estrechamente vinculados a la situación política de Venezuela, a la localización de hijos e hijas, a la salud y a las condiciones materiales de permanencia. En esa línea, las trayectorias analizadas confirman que la vejez migrante puede ser un momento de reinterpretación del pasado, negociación del presente y reconfiguración de futuros posibles (Brotman et al., 2020; Fathi, Ní Laoire, 2024).

4.2. Desclasamiento y edadismo en trayectorias laborales de mujeres mayores migrantes

Otro de los hallazgos más consistentes es el desclasamiento profesional en la migración tardía, un proceso que no puede comprenderse sólo como movilidad ocupacional descendente, sino como una forma específica de desigualdad producida en la intersección entre edad, género y origen nacional (Yuval-Davis, 2015; Thayer, Tijoux, 2022). En el caso de las entrevistadas con formación universitaria y trayectorias laborales consolidadas, la migración no solo interrumpe sus carreras, sino que altera radicalmente su posición social en el país receptor. Esta desigualdad opera en al menos tres planos interrelacionados: el estructural, que las ubica en redes socioeconómicas subordinadas; el representacional, donde sus identidades profesionales previas son invisibilizadas por imaginarios que asocian vejez y migración con improductividad; y el normativo, donde las barreras administrativas para validar títulos y el edadismo sistémico legitiman su exclusión. Luz lo expresa con claridad: “Yo tengo tres años esperando la convalidación de mi título de socióloga... todos los días me piden un documento distinto”. Así, el desclasamiento no constituye un evento puntual, sino un proceso biográfico y relacional que reordena el valor de los capitales acumulados y redefine las posibilidades de inserción y reconocimiento en destino.

En esta línea, el traslado a Chile representa un punto de inflexión en el curso de vida (Elder et al., 2006), una ruptura biográfica tardía que irrumpe sobre itinerarios profesionales y redes sociales previamente consolidados. La imposibilidad de trasladar o hacer legibles esos capitales en el nuevo contexto precipita una movilidad descendente hacia posiciones de rezago. Gabriela lo sintetiza así: “Nosotros cuando llegamos a Chile veníamos con muchas expectativas de trabajo en la profesión que teníamos... Bueno, quizá por situaciones de edad, en Chile es muy difícil conseguir trabajo”. La exclusión no se explica únicamente por la condición migrante ni sólo por la edad, sino por la imbricación entre género, origen y estatus migratorio, que produce un edadismo específico: uno que no solo restringe el acceso al empleo, sino que además encasilla a estas mujeres en nichos precarizados de cuidado y limpieza bajo estereotipos de improductividad.

De esta forma, los relatos muestran que estas identidades sociales no operan de manera aislada, sino que convergen en un espacio de exclusión marcado por edadismo, sexismo y racismo. Luz lo describe de manera elocuente:

En Chile es muy difícil conseguir trabajo. Aquí a los 45 años la gente ya está quemada. Imagínate uno con más de 60. No importa lo que uno haya hecho antes, lo que haya estudiado. Te miran la edad primero. Eso es fuerte, porque uno siente que todavía puede dar mucho.

Esta cita revela no solo la potencia clasificatoria del mercado laboral, sino también la profunda disonancia entre la mirada externa -que las define como prescindibles- y la autopercepción de las mujeres, quienes se narran como sujetas activas, capacitadas y dispuestas a sostener su autonomía económica. En este sentido, la exclusión laboral no solo limita oportunidades materiales, sino que afecta la manera en que estas mujeres son socialmente legibles, reconocibles y como ellas mismas se autoperciben.

En este marco, el trabajo se constituye como una trayectoria vital fundamental que ancla la continuidad biográfica frente a la ruptura migratoria y opera como eje de reconstrucción identitaria y bienestar emocional en la sociedad de acogida. En las narrativas, el trabajo trasciende con creces su dimensión instrumental o económica: aparece como fuente de utilidad, autonomía, dignidad y pertenencia. Xaviera lo expresa con fuerza: “Yo no estoy acostumbrada a estar en la casa todo el día. Siempre trabajé. Para mí el trabajo no es solo plata, es sentirse útil. Aquí uno siente que depende más, y eso cuesta. Mientras pueda, yo quiero seguir haciendo algo”. Así, en el momento vital de la migración tardía, el trabajo deja de ser una expectativa asociada exclusivamente a la productividad adulta y se transforma en una forma de resistencia narrativa ante la invisibilización estructural. Envejecer, para estas mujeres, no implica retirarse, sino persistir activamente mientras el cuerpo lo permita; por eso, la inactividad impuesta por la exclusión se vive como una forma de empobrecimiento subjetivo. El mercado laboral, en este sentido, no distribuye sólo ingresos, sino también reconocimiento social y ciudadanía. Sin embargo, la insistencia en “seguir activas” no puede leerse de forma unívoca. Tal como muestran los relatos, esta búsqueda de continuidad laboral y autonomía se inscribe en una tensión entre resistencia y responsabilización individual. La agencia, entonces, no aparece aquí como pura emancipación, sino como una práctica ambivalente que oscila entre afirmación de dignidad y adaptación a condiciones estructuralmente restrictivas (Tunçer, 2024).

Por otro lado, la exclusión del mercado formal no se experimenta únicamente como pérdida económica, sino como desvalorización simbólica (Merino et al., 2025). Varias entrevistadas habían ocupado posiciones de autoridad, prestigio o especialización en Venezuela -docencia universitaria, dirección de instituciones, trabajo profesional calificado- y experimentan la imposibilidad de ejercer esos roles en Chile como una forma de invisibilización de sus trayectorias. En este sentido, el trabajo representa un anclaje central de la identidad profesional, donde edad y migración se entrelazan en una experiencia de pérdida de estatus que afecta profundamente el sentido del yo:

Yo trabajé toda mi vida en la universidad. Tenía mi cargo, mi espacio, mis estudiantes. Aquí me he dedicado a cuidar niños. No es que sea menos digno, pero no es lo que yo hacía. Uno siente que todo lo que hizo antes no vale igual. (Gabriela)

En este proceso, el aparato administrativo del Estado receptor no opera como observador neutral, sino como mediador activo de la desigualdad. El caso de Marina resulta especialmente elocuente al respecto, aunque conviene precisar que se trata de un solo caso entre las seis entrevistadas. Profesora universitaria de 63 años, proveniente de una familia indígena de la etnia Guajira de Zulia, narra una trayectoria familiar marcada por la autonomía y el saber comunitario: "mi abuela era matrona, mi bisabuela era matrona, todos nacimos de su mano, atendiendo los partos de casa por casa". Su relato añade una capa interseccional crucial, pues el desclasamiento profesional no solo se entrelaza con edad y género, sino también con racialización y procedencia étnica en una dimensión singular. En sus palabras, al llegar a Chile confronta directamente el estigma: "en todas partes donde yo he llegado... ya la discriminación como venezolana... por lo que es, somos todos iguales, nos tratan tal".

En este contexto, la inserción laboral se despliega dentro de un continuum de inestabilidad (Di Martino, 2024), marcado por la precariedad legal, profesional y relacional. Las trayectorias laborales de estas mujeres se ven canalizadas hacia nichos informales y feminizados, principalmente en el cuidado y el trabajo doméstico:

Pasé por muchos trabajos, siempre cuidando adultos mayores... me trató muy mal, me discriminó mucho... tuve que ver que ella era ingeniera y yo era profesora, que los ingenieros y todos pasan por maestros y educadores. (Luz)

Estas experiencias no necesariamente se viven como fracaso individual, sino como adaptaciones pragmáticas frente a un sistema que no reconoce el capital previo y que reduce las opciones disponibles. Algo similar expresa Luzmila al describir la estrechez del mercado para las mujeres mayores:

Los trabajos que he desempeñado acá... se exigen mucho físicamente y yo los he tenido que hacer porque es lo único que he podido... si voy a una panadería, atención al cliente, le van a preferir a una joven, no a mí... ¿qué nos queda a nosotras? ... ah bueno para la limpieza. (Luzmila)

La edad aparece aquí como frontera simbólica y material que restringe la movilidad ocupacional y profundiza la pérdida de estatus previo.

No obstante, el desclasamiento no anula la identidad profesional. Por el contrario, los relatos muestran una persistencia discursiva de la identidad anterior; continúan narrándose desde sus identidades profesionales, sus historias laborales y sus saberes acumulados. En ese sentido, los relatos dan cuenta de una resistencia simbólica frente a procesos de desvalorización estructural, disputando la reducción de sus vidas a categorías deficitarias asociadas a “migrante” o “adulta mayor”. En afinidad con Ferrer et al. (2022) y Fathi, Ní Laoire (2024), puede sostenerse que la migración en edades avanzadas reconfigura no solo el lugar de residencia, sino también los sentidos de hogar, pertenencia y continuidad del yo: “Nosotros tenemos conocimiento. No es que llegamos sin nada. Tenemos formación, experiencia. Podemos aportar a Chile. Lo que pasa es que no siempre se nos da la oportunidad” (Gabriela). Luz refuerza esa continuidad simbólica al afirmar: “Yo soy socióloga... Mi profesión no me la pueden quitar... Ella [su hija] es abogada aquí en China, lo que no puede ejercer... pero es abogada”. En el mismo sentido, Marina, aun desempeñando tareas de limpieza, sostiene su identidad docente como escudo frente a la degradación: “Sé cuándo debo actuar... aprendí tener paciencia y hablarle a las personas de manera que entiendan que no soy una tonta, que tengo y sé y conozco la materia”.

El caso de Estrella introduce una variante distinta del desclasamiento profesional. A diferencia de las otras participantes, en su relato no aparece la búsqueda activa de un empleo remunerado ni el rechazo explícito por edad; la posibilidad misma de reinsertarse en el mercado laboral formal no llega a plantearse. Maestra de educación primaria y escritora reconocida en Venezuela, donde sus talleres literarios comunitarios eran financiados por el Estado: "ese trabajo me lo pagó el gobierno", en Chile retoma la misma vocación por una vía distinta: "lo primero que hice fue tratar de averiguar dónde estaban aquí... los escritores", relata. Sin embargo, ella misma señala el límite de esta continuidad: "Eso no me da dinero, pero me da alegría de poder yo también aportar aquí a Chile". El desclasamiento, en este caso, no se manifiesta como exclusión de un oficio, sino como su despojo de valor económico y de reconocimiento institucional, mientras la identidad profesional se mantiene activa exclusivamente en el terreno simbólico y comunitario.

Estos hallazgos sobre descualificación, exclusión y edadismo en el ámbito laboral coinciden con la evidencia reportada por Ten Kate et al. (2024) respecto a la precariedad diferenciada que enfrentan las mujeres mayores migrantes. Sin embargo, el presente estudio añade una especificidad relevante: la intersección entre edad, género y condición migratoria no solo produce vulnerabilidad, sino que también activa formas de agencia que la literatura tiende a subestimar. Mientras que Gonzálvez-Torralbo y Da Silva (2024) advierten sobre la reproducción de miradas edadistas y familistas en los marcos interpretativos predominantes, los hallazgos aquí presentados evidencian que las participantes despliegan estrategias relacionales que desafían la representación pasiva de las mujeres mayores migrantes.

Esta desvinculación del trabajo remunerado se articula, además, con una precariedad previsional que atraviesa dos países. Estrella relata la pérdida de la jubilación que el Estado venezolano le había reconocido en años anteriores: "a mí la jubilación me la quitaron allá cuando entró Maduro ... yo tenía mi jubilación, pero ahorita no tengo nada de eso". En Chile tampoco ha logrado acceder a una pensión, situación que atribuye, sin certeza, a su condición migratoria. Su sustento depende casi exclusivamente de las remesas que le envía un hijo residente en el extranjero: "La única entrada que tengo yo es cuando mi hijo me puede mandar alguna cosita". Este relato ilustra, de manera especialmente nítida, cómo el aparato administrativo -tanto de origen como de destino- opera activamente en la producción de la precariedad, dejando a las mujeres mayores migrantes sin anclaje económico propio incluso cuando conservan plena vigencia su identidad profesional y creativa.

5. Conclusiones

En este artículo, nos propusimos analizar cómo mujeres mayores migrantes venezolanas construyen sentido en torno a sus trayectorias migratorias y sus experiencias de envejecimiento en Chile. Desde allí, los hallazgos muestran que, en las trayectorias de las entrevistadas -incluyendo tanto a quienes migraron en la adultez mayor como a quienes lo hicieron antes de los 60 años (como los casos de Gabriela y Marina)-, el proceso no constituye una decisión individual, sino una ruptura biográfica que reabre el curso de vida en condiciones de desigualdad: desincroniza las expectativas normativas de retiro y estabilidad, y se inscribe en relaciones de interdependencia articulando redes familiares y responsabilidades de cuidado que reconfiguran la feminización de la supervivencia en circuitos transnacionales (Elder et al., 2006; Brotman et al., 2020). Sin embargo, esta ruptura biográfica no equivale a pasividad ni a simple pérdida. Más bien, da lugar a complejas operaciones de resignificación, continuidad y disputa simbólica, en las que las mujeres reinterpretan su pasado, reorganizan su presente y elaboran horizontes de futuro aún bajo condiciones estructuralmente desiguales.

En el plano ocupacional, esta ruptura se traduce en un desclasamiento profesional que opera como mecanismo estructural clave: la pérdida de reconocimiento del capital previo -formación, experiencia, autoridad- produce desvalorización simbólica y precariedad material, en un régimen de exclusión donde convergen edadismo, sexismo, condición migrante y, de manera más acotada, racialización. Edad, género y estatus migratorio no operan aquí de forma aditiva, sino articulada, generando formas específicas de invisibilización y subordinación en la vejez (Yuval-Davis, 2015). Esta convergencia sugiere que la ruptura biográfica no opera únicamente como un evento individual acotado, sino como una experiencia moldeada por desigualdades acumuladas a lo largo de la vida que configura el envejecer de las mujeres migrantes.

Sin embargo, estas trayectorias no se agotan en la vulnerabilidad. Frente al desclasamiento, las participantes despliegan una agencia ambivalente: combinan una resistencia narrativa y afirmación identitaria desde sus trayectorias previas, con una adaptación a condiciones estructuralmente restrictivas y precarias, tensionando autonomía y vulnerabilidad (Tunçer, 2024). No obstante, el trabajo, incluso en su precariedad, permanece como un espacio de dignidad y continuidad del yo, y la búsqueda de reconocimiento persiste pese a que el cuidado y la informalidad reproduzcan desigualdades estructurales. Esta doble dimensión -vulnerabilidad y agencia- coincide con los hallazgos de Torres et al. (2023) sobre el rol de las mujeres mayores en las economías de cuidado, aunque matiza ese planteamiento: las estrategias observadas no se restringen a dicho ámbito, sino que se extienden a un espectro más amplio de prácticas orientadas a la producción de sentido y al sostenimiento de la agencia en contextos de movilidad y precariedad.

En conjunto, estos hallazgos dialogan críticamente con las miradas edadistas y familistas que han predominado en la interpretación de las mujeres mayores migrantes en América Latina y cuestionan las visiones deficitarias de la vejez migrante, proponiendo comprenderla como un campo de disputa entre desigualdad, agencia y reconocimiento (Katz, 2013; Calasanti, King, 2025), donde envejecimiento y migración se configuran como procesos mutuamente constitutivos y no yuxtapuestos. En suma, el análisis de las trayectorias de las mujeres mayores, centrado en la ruptura biográfica que implica migrar en la adultez mayor, encuentra resonancia con los planteamientos sobre la necesidad de atender las movilidades intrarregionales y las experiencias de personas mayores, tradicionalmente relegadas en la investigación migratoria. Finalmente, la dimensión racial, esbozada en el relato de una participante, queda como línea a profundizar en investigaciones futuras, junto con marcos analíticos y políticas que reconozcan la heterogeneidad de estas trayectorias, cuyas prácticas cotidianas ya desafían las representaciones hegemónicas de la vejez como pasividad.

Declaración de disponibilidad de datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del artículo

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Editoras del dossier

Ana Inés Mallimaci Barralhttps://orcid.org/0000-0001-9007-895X
Herminia Gonzálvez Torralbohttps://orcid.org/0000-0002-4929-2521

Conflictos de intereses

Las autoras declaran no tener conflictos de intereses relacionados con este artículo

Contribución igualitaria

Las autoras son responsables de todo el contenido del artículo

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    16 Oct 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    15 Abr 2026
  • Revisado
    12 Ago 2026
  • Acepto
    02 Set 2026
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