Open-access Los lugares y sus sentidos: mujeres cualificadas y las miradas retrospectivas desde sus vejeces

Places and their senses: highly skilled women and retrospective gazes from their old age

Resumen

Este texto analiza la construcción y resignificación de los sentidos de lugar en cuatro académicas de las Ciencias Sociales, Humanidades y de la Salud, quienes iniciaron sus movilidades y activismos políticos en América Latina entre las décadas de 1970 y 1980. El estudio está sustentado en las perspectivas de la gerontología crítica, la interseccionalidad y las trayectorias de vida, dialogando además con aportes de la geografía crítica y los feminismos. Metodológicamente, se basa en entrevistas narrativas y diálogos digitales y presenciales realizados entre 2021 y 2026. A través de una mirada retrospectiva desde sus vejeces en contextos pandémicos y pospandémicos, las entrevistadas reconstruyen cómo dotaron de sentido a territorios ajenos, vinculando su labor académica con sus militancias políticas y sus mundos íntimos. El principal hallazgo demuestra que sus movilidades académicas están atravesadas por precariedades, viejos y nuevos exilios y retornos, que, a lo largo de sus vidas, las han conducido a apropiarse y politizar territorios alrededor de mundo, respondiendo a decisiones de supervivencia y de compromiso político.

Palabras clave:
mujeres cualificadas; vejeces; militancia política; sentido de lugar; apropiación de territorios

Abstract

This article analyzes the construction and resignification of "senses of place" among four female academics in the Social Sciences, Humanities, and Health Sciences, who began their mobilities and political activism in Latin America between the 1970s and 1980s. The study is grounded in the perspectives of critical gerontology, intersectionality, and life trajectories, while also engaging with contributions from critical geography and feminisms. Methodologically, it is based on narrative interviews and digital and in-person dialogues conducted between 2021 and 2026. Through a retrospective gaze from their old age (vejeces) within pandemic and post-pandemic contexts, the interviewees reconstruct how they endowed foreign territories with meaning, linking their academic labor to their political militancy and their intimate worlds. The main finding demonstrates that their academic mobilities are crossed by precarity, as well as old and new exiles and returns, which throughout their lives have led them to appropriate and politicize territories around the world in response to decisions of survival and political commitment.

Keywords:
highly qualified women; old ages; political militancy; sense of place; territorial appropriation

Durante la pandemia, en un escenario donde la movilidad y la (in)movilidad quedaron entrelazadas y generaron una desterritorialización precaria de nuestra labor docente e investigativa, entablé un diálogo con mujeres cualificadas de las Ciencias Sociales, Humanidades y de la Salud. Estas académicas y profesionales construyeron diversos sentidos de lugar a lo largo de sus trayectorias de exilio, movilidades académicas y migraciones, resignificándolos hoy mediante una mirada retrospectiva desde sus vejeces.

Los antecedentes teóricos de este texto devienen de una aproximación al debate que reivindica a las mujeres mayores como pioneras en la lucha por los derechos sociales y políticos, así como de un diálogo con iniciativas artísticas y activismos feministas que visibilizan sus deseos e intereses desde sus propios relatos. La investigación exploratoria inicial se orientó mediante tres ejes teórico-metodológicos: la gerontología crítica, la interseccionalidad y las trayectorias de vida. Su principal hallazgo demuestra que las movilidades académicas pueden leerse como consecuencia de decisiones vitales, de sobrevivencia y de militancia política, y no únicamente como requisitos de inserción en los sistemas científicos (Pedone, Alfaro, 2022).

En este artículo, me propongo reconstruir la multiplicidad de sentidos de lugar a partir de las miradas retrospectivas de las entrevistadas: desde sus vejeces y en tiempos pandémicos y pospandémicos. A partir de la definición del espacio como una construcción social (Soja, 1989), analizaré cómo estas mujeres dotaron de sentido a territorios ajenos a sus lugares de origen, y de qué manera vincularon sus militancias políticas y trayectorias académicas para convertirse en constructoras y apropiadoras de territorios geográficos, vitales y políticos.

Para ello, abordo el análisis de cuatro trayectorias vitales de mujeres cualificadas de las Ciencias Sociales, Humanidades y de la Salud que comenzaron sus movilidades académicas y activismos políticos -vinculados a procesos populares, de izquierda y feminismos en América Latina- entre las décadas de 1970 y 1980. El texto se estructura en tres partes. En primer lugar, pongo en diálogo postulados de la geografía crítica, como el sentido de lugar, junto a nuevos abordajes teóricos de los estudios de migración cualificada que enfatizan la heterogeneidad de las trayectorias académicas en clave de género. En segundo lugar, expongo la propuesta metodológica, basada en entrevistas narrativas y diálogos digitales realizados en 2021 bajo tres ejes: responsabilidad afectiva, politización de la escucha y cocreación del conocimiento a través de la memoria y la evocación autobiográfica. Por último, analizo cuatro casos específicos donde se tensiona y reflexiona sobre la militancia, la academia y la dimensión íntima desde las vejeces. La finalidad principal de esta contribución es fomentar la discusión y la reflexión sobre migraciones cualificadas, militancias políticas y envejecimiento.

Vincular el estudio de la migración cualificada con algunos postulados de la geografía crítica y de los feminismos del sur: guías teóricas

La mirada restringida que durante décadas se tuvo en torno a la migración cualificada en América Latina en relación a lo demográfico, a la inserción en diversos destinos en los países del Norte y teorizaciones ciegas a variables como el género, la edad, la pertenencia a clase social, las especificidades de inserción y desarrollo profesional en diferentes áreas de conocimiento, también dejó de lado las militancias y activismos políticos (Pedone, Alfaro, 2018; Pedone, Alfaro, 2022). Estas últimas movilidades fueron identificadas y analizadas en profundidad por los estudios sobre memoria y exilios (Jensen, 2021). Debido a estas desconexiones teóricas y temáticas entre diferentes campos de estudio, el objetivo fundamental de este artículo es plantear de qué manera estas mujeres cualificadas tuvieron una presencia vital en la comprensión y transformación de las sociedades que transitaron, tanto en nuestra región como en algunos países del Norte Global. Se trata de expertas en Ciencias Sociales, Humanidades y Ciencias Médicas cuyas trayectorias están profundamente marcadas por sus militancias, activismos, exilios, movilidades académicas y migraciones.

A partir del análisis de sus trayectorias vitales, deteniéndome en sus relaciones familiares, sociales, profesionales y de activismos políticos, pretendo vincularlas con la comprensión espacio-temporal para analizar sus sentidos globales de lugar a lo largo de sus movilidades. De acuerdo con Doreen Massey (1991), lo que le confiere especificidad a un lugar no es la larga historia internalizada, sino el hecho que se ha construido a partir de una constelación determinada de relaciones sociales, encontrándose y entretejiéndose en un sitio particular. En este sentido, el “lugar” puede verse como un punto particular y único de intersección, es decir, puede verse como un punto de encuentro.

Uno de los objetivos teóricos del texto es abordar las movilidades de estas mujeres cualificadas como “redes de relaciones e interpretaciones sociales en lo que una gran proporción de estas relaciones, experiencias e interpretaciones están construidas a una escala mucho mayor que la define en aquel momento el sitio mismo, sea un barrio, una región, un país o un continente” (Massey 1991, en Albet, Benach, 2012, p. 126). Esta idea incluye una conciencia y comprensión de sus vínculos con todo el mundo que integra lo global con lo local y permite profundizar en el alcance internacionalista de sus prácticas políticas y lo transnacional en sus vínculos personales, familiares y profesionales.

Siguiendo el planteamiento de Doreen Massey (1991), el espacio se constituye a través de relaciones reales -de carácter económico, político y cultural- que vinculan una localidad con el resto del mundo. Bajo esta perspectiva, la relación intrínseca entre las movilidades y el sentido de lugar se comprende aquí desde un enfoque procesual, donde tanto las movilidades como los territorios se configuran como procesos interdependientes. Asimismo, se asume la especificidad de cada lugar como el resultado de una articulación singular entre relaciones sociales de alcance global y local, cuya convergencia genera dinámicas socioespaciales contingentes y situadas.

Partiendo de la dimensión simbólico-cultural del territorio (Haesbaert, 2007) y de lugar como espacios vividos y apropiados (Lefebvre, 1986), analizo de qué manera los lugares de exilio o elegidos para concretar los ideales derivados de las militancias políticas adquieren sus sentidos. Desde la perspectiva de la geografía crítica, autoras/es como Doreen Massey (1991) y Rogério Haesbaert (2013) sostienen que el espacio se produce socialmente a partir de la experiencia vivida. En sintonía con los planteamientos de Massey sobre los procesos de subjetivación espacial -donde las prácticas cotidianas dotan de significado y densidad conceptual al entorno-, y recuperando la noción de topofilia de Yi-Fu Tuan (1974), estas trayectorias implican la consolidación de lazos afectivos profundos entre los sujetos y su entorno material. Un espacio neutral se convierte en un lugar significativo a través de la experiencia y la memoria humana.

A partir de este punto de vista conceptual, este trabajo examina la configuración de los sentidos de lugar de estas mujeres cualificadas a partir de dos temporalidades y escalas de análisis. La primera se sitúa en sus movilidades iniciales, donde la significación del territorio respondió a imperativos de supervivencia económica o a la preservación de la vida frente a la persecución política y el exilio. La segunda dimensión indaga en una escala íntima ligada a la emancipación individual, revelando estos espacios de subjetivación y autonomía desde sus miradas retrospectivas en una nueva etapa vital de sus vidas: la vejez.

¿Cómo construyeron estos significados de lugares a través de la experiencia y la memoria? Para reflexionar sobre este interrogante, es primordial contextuarlo desde el conocimiento situado y tener en cuenta los contextos sociopolíticos, geográficos e históricos en los cuales comenzaron a crear estos sentidos de lugar (hooks et al., 2004). Partiendo, entonces, desde las experiencias situadas, examino los contextos históricos, sociopolíticos, académicos y profesionales que configuraron trayectorias vitales heterogéneas. Dichas trayectorias, pese a su coetaneidad cronológica, responden a la contingencia de los escenarios donde se iniciaron las militancias y las prácticas profesionales de estas mujeres. Con este propósito, se contextualizan teórica y políticamente, en primer lugar, los debates feministas en los cuales algunas de ellas se formaron y cuyas praxis desafiaron tanto a los sistemas políticos como a sus entornos familiares y laborales. En segundo lugar, se analizan las experiencias exiliares de las mujeres del Cono Sur, específicamente aquellas que se desplazaron desde Argentina junto a sus núcleos familiares a causa de la persecución política y la necesidad de salvaguardar la vida.

Las dos historias iniciales enfatizan que sus primeros activismos políticos surgen en plena segunda ola1 de los feminismos, situadas en América Central, principalmente en Nicaragua, como veremos más adelante. Existe un consenso en el debate que la segunda ola surge a finales de la década de 1950 y principios de 1960 hasta 1990, y su importancia radica en la construcción de una teoría y epistemología feminista. Así, desde diversas disciplinas, se profundiza en las manifestaciones de la desigualdad estructural de género generada por el sistema patriarcal (Barrancos, 2023).

El feminismo, entendido como un movimiento de alcance global con dinámicas particulares a escala nacional y regional (Varela, 2019), encuentra en América Central un anclaje específico orientado a la ampliación de derechos. En esta región, la articulación de la experiencia política y la consecuente politización de los territorios resultan fundamentales. Dichas dinámicas propician la configuración de sentidos de lugar mediante una apropiación espacial orientada, de manera explícita, para avanzar en la consecución de los derechos de las mujeres.

Desde una perspectiva comparada, la coetaneidad temporal de la década de 1970 se caracterizó por divergencias en las matrices políticas locales, las cuales determinaron configuraciones socioespaciales disímiles. El exilio de mujeres argentinas y chilenas inauguró una serie de movilidades transnacionales que reconfiguraron sus trayectorias vitales, académicas y militantes. Si bien los estudios sobre exilios y las evidencias propias de nuestro trabajo de campo corroboran que las mujeres representaban el 50% de los flujos migratorios forzados, en la producción académica existe una marcada ausencia de estudios específicos sobre las mujeres del exilio desde diferentes disciplinas y una escasa presencia testimonial (Jensen, 2005; Tarducci, 2021).

En este sentido, son precisamente los encuentros feministas en nuestra región que visibilizan el exilio. En 1983, en Lima, Perú, con motivo del II Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (EFLAC), se lleva a cabo un histórico taller conformado fundamentalmente por mujeres de Argentina, Chile y Bolivia, en el cual se debatió cómo las experiencias exiliares impactaron en sus identidades, en la división sexual de los roles familiares y se reflexionó sobre la solidaridad entre mujeres frente a las dictaduras del Cono Sur (EFLAC, 1984; Tarducci, 2021). A partir de estos estudios y acciones políticas, muchas autoras concluyen que las mujeres exiliadas del Cono Sur no habían tomado contacto aún con movimientos feministas y que el internacionalismo es un sentimiento y una convicción y acción política que se desarrolla con el exilio (EFLAC, 1984; Franco, 2009; Marques, 2015). Una constante que se repite en los hallazgos de nuestro trabajo de campo con mujeres exiliadas argentinas y chilenas (Pedone, Alfaro, 2022).

Las complejidades teóricas expuestas en este apartado evidencian que el análisis de la movilidad cualificada, la politización del territorio y la configuración de lazos afectivos con el entorno requieren un marco metodológico que priorice la experiencia vivida y la memoria retrospectiva de las actoras. Con este propósito, en el siguiente apartado describo la estrategia metodológica cualitativa implementada, la cual orientó la recolección y el análisis de los datos empíricos para dar cuenta de la multiplicidad escalar y relacional de estas trayectorias vitales.

Netnografía en épocas de pandemia: reconstruir retrospectivamente las movilidades desde las vejeces

En el año 2021, en el marco de las restricciones sanitarias por la pandemia de COVID-19, junto con mi colega Yolanda Alfaro nos propusimos abordar las trayectorias vitales de mujeres cualificadas con una alta movilidad socioespacial a lo largo de sus vidas. Nuestro trabajo de campo puso foco en las miradas retrospectivas de mujeres entre 60 y 81 años, con profesiones y trayectorias vinculadas al trabajo académico en ciencias sociales y militancias políticas que las llevaron a establecerse en diferentes territorios: unas construyendo revoluciones, otras buscando nuevos territorios a partir de la persecución política y los exilios. Este abordaje tenía un lente analítico específico: realizar una mirada retrospectiva de sus trayectorias vitales, políticas, académicas y profesionales desde sus vejeces. En esa primera etapa de coautoría, realizamos 10 entrevistas narrativas (Balasch, Montenegro, 2003), un enfoque que prioriza la memoria y la evocación autobiográfica para producir pequeños relatos. A partir de “netnografías”, realizamos conversaciones desde nuestros aislamientos pandémicos, lo cual permitió sostener diálogos profundos de dos a cuatro horas de duración a través de la mediación digital (Pedone, Alfaro, 2022).

Posteriormente, continué la investigación de manera individual mediante nuevas entrevistas dirigidas a las participantes iniciales y a otros perfiles de mujeres cualificadas incorporados a partir de nuestra red de contactos en torno a nuestras militancias políticas compartidas. El propósito de esta apertura fue profundizar en las líneas analíticas de la gerontología feminista (Danel, Navarro, 2019) y los enfoques longitudinales e interseccionales. La discusión de los primeros hallazgos publicados con las interlocutoras del estudio develó nuevas vetas temáticas, entre las que destacan las reflexiones en torno a la maternidad, las crianzas, los desplazamientos contemporáneos en la región, la abuelitud y los sentidos de lugar. Asimismo, las interacciones etnográficas cotidianas sostenidas en el Eje Cafetero colombiano en el periodo pospandémico (2022, 2023) constituyeron un espacio de convivencia que propició un marco de co-reflexión sobre la producción de significados espaciales en la vejez, así como sobre los significantes de los antiguos y nuevos territorios:

para lograr mi bienestar empecé a caminar por el territorio y a construir territorialidades y a descubrir huequitos. Disfruto mucho más porque me encanta la vida pública y circular por escenarios públicos. Por el momento, controlo y autogestiono con autonomía mi vida apoyada por una amplia red de amigas (Pilar, 74 años, Socióloga, Eje Cafetero, Colombia, 2023).

A partir de este intercambio, realicé una relectura analítica de las entrevistas iniciales con el objetivo de profundizar en la construcción histórica de sus sentidos de lugar. Asimismo, examiné cómo estas significaciones fueron objeto de una resignificación retrospectiva durante el proceso de investigación. En este análisis, incorporé no solo los encuentros formales, sino también las interacciones continuas y los canales de comunicación asincrónica -como mensajes y notas de voz reflexivas-. Estos registros, emergentes y cargados de una profunda dimensión afectiva, fueron compartidos por las participantes tras abrir la discusión sobre la problematización de los espacios habitados.

En síntesis, la estrategia metodológica de esta contribución se fundamenta en principios ético-epistemológicos arraigados en mi posicionalidad como investigadora (Haraway, 1995), los cuales se articulan en tres ejes: a) Responsabilidad afectiva y política: el abordaje del sentido de lugar a partir de las trayectorias vitales de las participantes fue factible gracias a la consolidación de redes que vinculan mi labor académica con la militante. La confianza, forjada a lo largo de décadas de experiencias y vínculos compartidos, permitió el acceso a narrativas biográficas de profunda densidad íntima; b) Politización de la escucha (Cornejo, 2020): dado que el marco de las militancias políticas compartidas poseía una centralidad analítica, la escucha se orientó a conectar el sentido de lugar con historias entrelazadas; un contexto histórico y político regional que enlaza de forma transnacional otros espacios del Norte Global a través de antiguos y recientes exilios y c) Cocreación del conocimiento: desde una perspectiva longitudinal, se reconstruyeron las trayectorias vitales para identificar y explorar la emergencia de los sentidos de lugar a partir de los puntos de inflexión biográficos y las transiciones entre estos (Blanco, 2011).

Para fines analíticos, este texto se fundamenta en los cursos vitales de cuatro mujeres, quienes configuraron sus sentidos de lugar en territorios distantes de sus entornos de origen y que, durante sus vejeces, producen nuevas adscripciones espaciales ligadas al retorno, a nuevos exilios y a sus reconfiguraciones biográficas. La selección de estos cuatro casos me permite abordar, en un mismo período, procesos históricos clave de nuestra región: las revoluciones en América Central y las dictaduras militares con persecución política, muerte y desaparición en el Cono Sur desde sus miradas retrospectivas. De este modo, se establece un diálogo que articula la militancia política, la praxis académica y la dimensión íntima de las participantes: Amparo, española-nicaragüense de 64 años, médica social y actualmente exiliada en Estados Unidos; Judith, costarricense de 63 años, abogada de Derechos Humanos y radicada en Ecuador; Rosa, argentina de 81 años, antropóloga, retornada a Buenos Aires; y Mary, argentina-venezolana de 71 años, también antropóloga y retornada en la capital argentina2.

Reflexiones sobre el sentido de lugar de mujeres académicas desde sus vejeces

Como ya señalé, el lugar puede concebirse como un nodo particular y único de intersección; un punto de encuentro (Massey, 1991) y, simultáneamente, de conflicto (Harvey, 2008). La reconstrucción de estos sentidos de lugar, articulada desde las narrativas retrospectivas en la vejez, permite a las participantes recordar -volver a pasar por el corazón- aquellos sitios que salvaguardaron sus vidas y las de sus núcleos familiares. Asimismo, visibiliza los espacios donde se materializaron los ideales revolucionarios de las décadas de 1970 y 1980. No obstante, el análisis también devela cómo las dinámicas de la historia y las crisis políticas de la región han convertido estos antiguos refugios en territorios de hostilidad y exclusión; escenarios donde estas mujeres se ven obligadas a desplegar nuevos exilios durante sus vejeces.

El objetivo de este apartado es analizar y reconstruir los sentidos de lugar de cuatro mujeres cualificadas a través de sus narrativas retrospectivas. Por un lado, se examina cómo dos de ellas significaron a Nicaragua -desde la revolución sandinista hasta la historia reciente- como un espacio primordial y estructurante de militancia política, compromiso ético y desarrollo académico-profesional. Por otro lado, las otras dos trayectorias vitales evidencian cómo la persecución ejercida por la dictadura militar argentina (1976-1983) provocó su expulsión de los entornos de origen, desarticulando sus espacios vitales, laborales y militantes. El análisis presenta cómo este desplazamiento forzado las condujo a configurar nuevas pertenencias y a reapropiarse de los territorios de exilio, en un esfuerzo sostenido por mantener sus compromisos internacionalistas en pro de una sociedad más justa.

Politizar el territorio: praxis feminista, movilidades y la ausencia del "cuarto propio"

"Escribo para las que se olvidaron del cuarto propio porque tenían que trabajar para los hijos y para los padres y para la vida” - Dahlia de la Cerda, Desde los zulos, 2024.

Tanto Amparo como Judith inscriben sus primeras acciones políticas en los postulados de la segunda ola del feminismo, con especial énfasis en la reivindicación de los derechos sexuales y reproductivos y el acceso de las mujeres a la justicia. De este modo, sus trayectorias vitales y sus sentidos de lugar se configuraron, en las esferas pública y privada, a través de una praxis feminista entendida como la acción concreta y colectiva orientada a la transformación de las opresiones estructurales. A través de sus quehaceres políticos y profesionales, ambas transitaron por luchas que marcaron época en los feminismos del Sur.

Sus itinerarios se articularon en torno a cuatro ejes fundamentales: en primer lugar, el desmantelamiento de las opresiones transversales del racismo, el capitalismo y el patriarcado mediante la organización política (Davis, 1981); en segundo lugar, desde el Derecho y la Medicina Social, vincularon la teoría junto a su trabajo en movimientos sociales que cuestionaban al capitalismo (Butler, 2004; Gago et al., 2020); en tercer lugar, ejercieron la denuncia situada y decolonial de las pedagogías de la crueldad en sus comunidades (Segato, 2018); y, finalmente, sus acciones profesionales se orientaron en torno a la reproducción social como trabajo no remunerado, la autogestión del cuidado y, actualmente, la exigencia de una jubilación digna y la sostenibilidad económica de sus espacios privados (Federici, 2004; Federici et al., 2021; Gago, Cavallero, 2025).

Como afirma Dahlia de la Cerda (2024), dichas praxis conjugan la acción cotidiana con la transformación estructural. En este sentido, el activismo de Amparo en Cataluña y el de Judith en Costa Rica las condujo hacia un territorio común: Nicaragua. Desde sus vejeces, ellas realizan una lectura biopolítica de su participación en la Revolución Sandinista, la cual contrasta con la persecución actual ejercida por el régimen de Ortega-Murillo.

Nicaragua tiene antecedentes de activismos feministas desde fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX de la mano de educadoras y activistas que lucharon por el derecho a la educación, el trabajo y el voto femenino, logrado finalmente en 1955. Un punto de inflexión clave en esta participación es la Revolución Sandinista en la década de 1980, donde muchas mujeres se integraron activamente al proyecto revolucionario (Gomes, 2018). Amparo y Judith participan, desde aquellas épocas, activamente en los debates sobre la autonomía del movimiento y los derechos de las mujeres frente al Estado, principalmente en lo que se refiere al acceso a la salud pública y al ejercicio pleno de los Derechos Humanos.

Amparo: de la medicina social en la Nicaragua sandinista al autoexilio en EE. UU.

Médica social de 64 años, Amparo posee la doble nacionalidad española-nicaragüense como resultado de su militancia internacionalista. Su activismo histórico en favor de los derechos de las mujeres y el acceso al aborto ha sido el eje articulador de sus constantes desplazamientos entre Barcelona, Holanda, Nicaragua, Colombia y El Salvador. Tras sufrir la persecución del régimen nicaragüense, recientemente se vio obligada a exiliarse, emprendiendo la ruta de Managua hacia Atlanta, Estados Unidos.

El relato biográfico comienza nombrando y definiendo El Clot, un barrio popular barcelonés. Este espacio constituye el primer sentido de lugar que Amparo identifica como marca de su identidad catalana, así como el punto de partida de su militancia y de su opción por la medicina social; una elección que guiará sus movilidades profesionales tanto en los viajes transatlánticos como dentro de América Latina.

En primer término, me detengo en cómo la protagonista construye la noción de lugar en la parroquia del barrio, el espacio donde comienza a aprender catalán y donde nace su vocación médica. Allí inicia también su militancia política, contando con la complicidad de su madre para resguardar ese entorno del férreo control paterno. Este activismo, de fuerte impronta territorial y barrial, la conducirá a nuevos horizontes en Cataluña y, posteriormente, en Nicaragua, trazando un camino que desemboca en su actual autoexilio en Atlanta (Estados Unidos).

Yo me organicé mi militancia en la adolescencia con la comunidad de base de la iglesia católica, donde estudiábamos catalán clandestinamente. Mi papá no me permitía hacer eso, pero con mi mamá hicimos un acuerdo: yo me iba a estudiar a la iglesia porque ella sabía que yo quería estudiar medicina con sentido social. Luego, en el Movimiento Comunista de Cataluña, promovíamos el tema feminista, pacifista, ecologista. Empecé a estudiar medicina en la Autónoma de Barcelona, me matriculé a los 17 y automáticamente me vinculé con el grupo de medicina del barrio, que era clandestino. Para mí muy fuerte y clara para la militancia era el acceso a la salud pública y después el aborto. Desde el movimiento feminista organizábamos y enviábamos a mujeres a Inglaterra y Holanda. Era más factible irte fuera que hacerlo en España por los precios y era más segura. Yo fui a aprender a Holanda en esas clínicas. En el verano del 89, regreso a Cataluña y pido una excedencia en el centro planificación familiar. Y de ahí me instalo en Nicaragua y me quedo 26 años. En Nicaragua empezamos a hacer abortos en 1988, cuando inauguramos el Centro Ixchen, de alguna manera había un acuerdo entre la ministra de salud con la directora del centro, y los cubríamos como abortos incompletos, es decir se decía que la mujer había llegado sangrando. En 1991, con una médica argentina, creamos un Centro que se llamó Sí Mujer, para todo el tema de derechos sexuales y reproductivos, aborto, prevención del cáncer, porque empezamos a tener diferencias con la gente del otro centro, en cuanto al límite de tiempo para que el aborto no fuera riesgoso. La creación coincide con la entrada de Violeta Chamorro, y nos amenazaron que nos van a sacar a todos los internacionalistas, me acuerdo de que su vicepresidente nos dijo, los voy a poner a todos en un avión y los voy a devolver a sus países. Ella era muy católica y ahí debíamos tener mucho cuidado con el tema del aborto y debías tener más medidas de seguridad. No se podía ser ni gay, ni lesbiana, ni nada, porque era desviación. Aunque el movimiento feminista estaba muy fuerte y empezaron a salir grupos de mujeres por todo el país en la época de Violeta. Fue una semilla de reflexión, es decir, hubo espacios de feministas internacionales que abonaron la revolución y la insurrección. Surgieron redes en torno a la salud y contra la violencia a las mujeres. En el 2006, ya tengo una ruptura ideológica con el FSLN, Ortega ya había pactado con la derecha y se había retrocedido en los derechos de las mujeres y el aborto. Finalmente, mi compañera y yo nos exiliamos en Atlanta (EE. UU.) ante la persecución del Régimen de Daniel Ortega. Ahora aprendí a militar desde las redes sociales, porque tengo grandes amigas y compañeras de militancias presas en Nicaragua.

El relato de Amparo revela cómo su geografía vital está íntimamente unida a sus principios ideológicos. Aquel sentido de lugar ya construido en una clandestinidad, bajo la resistencia paterna, configura su praxis médica y feminista internacionalista. En este sentido, desde las redes de aborto seguro en la Europa de los ochenta hasta la defensa de los derechos sexuales y reproductivos en la Nicaragua revolucionaria y posrevolucionaria, sus múltiples movilidades por la región, hasta su autoexilio en un lugar del Norte Global, representan continuidades éticas y militantes que hoy redefine desde la virtualidad.

Judith: activismo feminista y acceso a la justicia con enfoque de género entre Centroamérica y Ecuador

Reconstruyo la biografía de Judith a través de una serie de entrevistas en profundidad iniciadas en 2021 y continuadas hasta el presente. Estos encuentros me permitieron explorar lo que habitualmente queda oculto tras las narrativas del activismo en la esfera pública: los costos de la dimensión privada. El rol de sostén familiar obliga a una permanente búsqueda de ingresos que, a menudo, se traduce en ausencias en la maternidad, malabares en la organización del cuidado y una gran precariedad económica para llevar a cabo estudios de posgrado y consolidarse profesionalmente.

Judith costeó la crianza de sus hijos mediante consultorías internacionales que le impusieron desplazamientos profesionales constantes por Centroamérica y México. Aunque esta intensa movilidad académica y política le otorgó un indudable prestigio en la región, estuvo marcada por incertidumbres que, como bien apunta, le impidieron construir un “cuarto propio”. Hoy, instalada en Ecuador con un empleo universitario estable, se detiene a repensar los sentidos de lugar que configuran su universo íntimo: la maternidad, la experiencia de ser abuela y el refugio de las amistades.

“Yo trabajaba en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Costa Rica y, en los 80, con el triunfo de la Revolución Sandinista, me relaciono con el feminismo de Nicaragua y los poderes judiciales. Las feministas nicaragüenses son mi vínculo con mi activismo feminista, grandes maestras que actualmente están exiliadas y apátridas, perseguidas por el régimen de Ortega-Murillo que secuestraron la Revolución. Durante más de una década, iba y venía, tenía que ver con mi activismo en América Central, que era mi lugar vital y de luchas colectivas. Posteriormente, con el paso de los años, ya no pude entrar a Nicaragua. Me enteré de que estaba en una lista de gente que no era muy apreciada por el régimen nicaragüense, de lo cual estoy muy orgullosa. A una de mis amigas que continuaba trabajando allá, le dijeron expresamente, dile a Judith que ni se le ocurra poner un pie en Nicaragua, que se sabe que ella postea en contra del Gobierno de Ortega-Murillo. Paralelamente, y por mis vínculos con algunas feministas de Ecuador, comienzo a ir a ese país y me voy quedando, en otra etapa vital de mi vida a partir de los 54 años. En mi vida, me he reinventado muchísimas veces, he reinventado los espacios en los que he vivido, los lugares donde he ido a estudiar, mi maternidad, mis preferencias sexuales, mi manera de pensar en muchas cosas. Quito se volvió el lugar donde puedo estar más tranquila y, por fin, después de tantos años de vida gregaria, colectiva y de precariedad laboral, logro formar aquí mi “cuarto propio” y tener un empleo fijo en la Universidad. Si bien se me ha instalado una nostalgia de retornar, pero no por volver a mi país, porque Costa Rica ya no es el país que me vio crecer, el país de la Democracia, los Derechos Humanos, la decadencia actual y el populismo y la extrema derecha instalada ahí me da mucha angustia, me quiebra el alma pensar que mis nietos y mis hijos tienen que vivir ahí. Aquello que me ha generado una gran nostalgia son mis nietos más pequeños, no sé si es la nostalgia de querer ver crecer con tranquilidad a alguien. Mi maternidad fue muy trotamundos, tenía muchas cosas que hacer y no pude ver crecer a mis hijos con tranquilidad, pero mi nieta me recuerda las ganas que tengo de volver. En mi país, luché décadas contra el ALCA, las privatizaciones, contra las dictaduras en Centroamérica, con el movimiento feminista centroamericano, ahí me hice, eso me duele más. En Ecuador no estuve en ese proceso histórico, lo aprendo, lo amo, pero tengo una relativa distancia emocional del mismo, eso no quiere decir que no me duela lo que está pasando, pero no me causa la misma sensación de angustia. Aquí creo que es la última vez que me voy a reinventar, así que estoy viviendo más que todo esos grises de frontera que vive alguien como yo que ni está de un lado ni está del otro. También, este país me dio cosas maravillosas, grandes amigas y compañeras de militancia. Ha sido un lugar de reencuentro con amigas de muchas etapas. Además, esas cosas raras que a estas edades ya no se hacen vínculos tan cercanos, aparecieron grandes amigas, compañeras de luchas actuales, que me han aportado mucho en esta etapa de mi vida y eso lo agradezco.

Tras décadas de movilidad intensiva y luchas colectivas en una Centroamérica hoy atravesada por el autoritarismo y el populismo de derechas, Ecuador emerge como el territorio definitivo para la calma, el arraigo íntimo y la reinvención personal. Estos sentidos de lugar los sintetiza en sus constantes reinvenciones a través de “fronteras grises”: Judith transformó el desarraigo y la distancia emocional con su entorno en la oportunidad de construir, por fin, su "cuarto propio" en Quito, equilibrando la nostalgia por los nietos distantes con el refugio de nuevas y viejas amistades.

Por último, cabe destacar que, si bien sus trayectorias como mujeres cualificadas marcan una diferencia de clase social-al haber accedido a la universidad pública en entornos sociofamiliares de Cataluña y Costa Rica donde la educación era valorada-, este privilegio no se sostuvo en sus escenarios de lucha. Es allí donde la intersección entre sus orígenes de clase y los contextos precarios en los que debieron desenvolverse reformula sus agendas y prácticas. De este modo, asumieron en soledad la crianza de sus hijos y el sustento económico familiar en entornos donde la temporalidad, la inestabilidad laboral y la alta movilidad transnacional configuran, hasta la actualidad, sus sentidos de lugar.

Academia, militancia y territorio: la universalidad de la educación pública

Las vidas de Mary y Rosa han estado vinculadas a diversos espacios académicos globales. Sus trayectorias y producciones poseen un alcance interregional y transcontinental, caracterizado por la transferencia de conocimientos científicos que van desde la militancia en organizaciones armadas hasta el diseño de políticas públicas, planes de carrera y gestión en sistemas de ciencia y técnica. En sus vejeces, los sentidos de lugar se siguen construyendo a escala local y transnacional mediante el retorno al origen, es decir, a los espacios donde todo comenzó. Aunque la categoría de "internacionalista" no emerge explícitamente en sus relatos, sus compromisos éticos y políticos -expresados en la militancia en movimientos nacional-populares como el peronismo en un caso, y en un activismo académico de izquierda no partidario en el otro- las condujeron a insertarse con lógicas similares en sus territorios de destino.

Estas trayectorias académicas y políticas se inscriben en la década de 1970, en el contexto del éxodo de docentes e investigadores con pensamiento crítico que fueron reprimidos y perseguidos por las dictaduras militares (Oteiza, 1998; Pellegrino, 2003). Como se adelantó previamente, la producción académica inicial en torno a estos desplazamientos estuvo ligada mayoritariamente al estudio del exilio. No obstante, a partir de los años 2000, estas movilidades académicas -donde confluyen el exilio y la migración- comenzaron a ser analizadas bajo el enfoque de los estudios interseccionales sobre migración cualificada, desplazando el foco analítico específicamente hacia las mujeres profesionales y académicas (Pedone, Alfaro, 2018). Los estudios sobre el retorno en la migración cualificada son recientes. De hecho, son escasas las investigaciones que apelan a las historias de vida para comprender el sentido de lugar que adquiere esta etapa en una trayectoria vital estructuralmente móvil (Alfaro, 2021).

Mary: políticas públicas del conocimiento y sentidos de lugar en América Latina

Mary es una antropóloga argentina de 71 años que actualmente reside en Buenos Aires tras su retorno al país. Su trayectoria vital estuvo marcada por intensos desplazamientos en los que confluyeron la movilidad académica, el exilio, la migración cualificada. Su itinerario comenzó con una estancia de posgrado en Inglaterra, etapa signada por la precariedad material en la que, junto a su pareja, sostuvo la crianza de su hija mientras continuaban sus estudios. Tras regresar a la Argentina, formó pareja con otro profesor e investigador, pero el advenimiento de la última dictadura militar interrumpió sus vidas. Mary organizó la salida familiar hacia Venezuela, país que se convirtió en la plataforma desde la cual consolidó un sólido prestigio internacional. Este reconocimiento regional, le abrió las puertas a puestos clave en diversos países de América Latina. Hoy, su narrativa se ancla en un retorno habitado en solitario y marcado por profundas pérdidas familiares.

Con mi segunda pareja nos fuimos al exilio a Venezuela. Yo quería volver a Canadá, había trabajado 5 años en universidades, pero él era antisajón radicalmente, entonces había que buscar un lugar en América Latina y las opciones eran México, Venezuela y Ecuador. Por primera vez sentí lo que era el exilio, era salir a lo desconocido. A él se le acabó más el mundo cuando nos fuimos de Argentina. Soy yo la que hice mucho más, gané un mundo de actividades que no sé si hubiera podido hacer acá (Argentina). Poco a poco instalamos a toda la familia en Caracas. Me asignaron para hacer un programa sobre políticas de ciencia y tecnología, yo no sabía nada de eso, pero igual lo hice. Eso me cambió la vida. Fue una época muy rica, pero ahí decidimos no vivir en el exilio, en esos grupos encerrados en la memoria del exilio, decidimos no vivir en el pasado ni en el futuro, sino en el presente. Con esa filosofía nos fue bien, nos ayudó a vivir sin mucha angustia. Luego, nos fuimos a Brasil para ir a armar un departamento nuevo en Campinas. Volvimos a Venezuela el 1991, después de 5 años. También tenía una oferta para la fundación Bariloche, pero no me animé a volver a Argentina, me daba miedo, la sociedad argentina… era muy dura, nunca entendí o no quise entender a esta sociedad. Cuando muere mi pareja yo estaba en Caracas me fui a México para acompañar a mi hija con su cáncer porque para mí la vida ya se había acabado, en Venezuela la cosa estaba fea, había todo un deterioro en la política de Ciencia y Técnica. Decidí mandar mis libros a Buenos Aires y yo me fui a México. Los recuperé hace unos 4 años. Tenía 58 años cuando fui a México el 2006. En el 2013 se acabó mi jubilación de Venezuela, después se suspendió todo. Pensaba no hacer nada en México y mi hija me insistió en llegar al SNI y me pusieron en el tope, nivel 3. Estuve trabajando dos años en universidades. Lo de México fue todo agregado, yo ya había hecho mi vida, mi hijo se casa y me dan el Premio Nacional de Ciencia, pero realmente me quedé sola, sola y desde México decidí volver a Argentina. Mi hermano me dijo que tramitara la jubilación y logré la mínima…ya que solo había trabajado 3 años en Argentina. Ahora para mí, todo sobra. Yo viví una historia de amor muy intensa, y después los años de acompañar a mi hija también muy intenso, doloroso, pero muy lindo. Estoy sola, realmente dos o tres personas que veo con cierta frecuencia porque ellas se preocupan de verme, una de ellas venezolana, una chiquita que llegó con el éxodo venezolano.

Sus constantes desplazamientos por la región y su posterior retorno a la Argentina se vieron complejizados por la coyuntura del gobierno macrista (2015-2019). El desfinanciamiento de la educación pública y del sistema de ciencia y tecnología durante ese período obstaculizó su inserción laboral en el país. Esta situación la obligó a realizar una estancia corta en Colombia antes de jubilarse en Buenos Aires con haberes mínimos. Estas últimas vivencias la llevan a formular una mirada retrospectiva sobre su propia historia bajo la premisa de que “ella ya vivió”. No obstante, las interconexiones humanas y las memorias entrelazadas desafían ese repliegue, permitiéndole reedificar a Venezuela como su sentido de lugar en el presente.

Rosa: sentidos de lugar y trayectorias translocales entre las economías pastoriles de Argelia y el barrio de Barracas

Rosa es una antropóloga argentina de 81 años. Durante los encuentros, solicitó expresamente en varias ocasiones interrumpir la grabación de la entrevista, específicamente al narrar su militancia política en la Argentina y, hacia el final, al abordar ciertas dinámicas familiares. Asimismo, es oportuno señalar que, al momento de realizar las entrevistas, la pandemia de COVID-19 se había llevado a dos de sus principales compañeros de militancia de la década de 1970; por lo tanto, todo su testimonio estuvo atravesado por la tristeza de estos duelos.

Sus primeras movilidades académicas fueron de carácter interno dentro de la Argentina y tenían el propósito político de fundar nuevas carreras en el ámbito de las Ciencias Sociales, un proyecto que se vio truncado con la irrupción de la última dictadura militar. Su posterior exilio transcontinental estuvo condicionado por el deseo de su esposo, quien mantenía firme la perspectiva del retorno. A diferencia del caso anterior, su retorno definitivo se produjo a una edad que todavía le permitió insertarse sin inconvenientes en la universidad pública, un espacio desde donde ha sostenido su militancia académica hasta la actualidad.

En mi caso combinaba trabajando en el Censo de Población del 70 con actividades militantes. En el año 75 terminé mi carrera de Antropología. En esa época paso de la militancia pública a la militancia clandestina y lucha armada (esta parte es off de record). Junto a dos colegas nos vamos a Mar del Plata para armar una nueva carrera de antropología con una ideología marxista, pero sin mencionar ni una vez a Marx o Lenin. En la década del 70 hicimos muy malos análisis. A los 27 me entero que no podría ser madre biológica. Los dos queríamos ser padres y adoptamos a una niña, queríamos más hijos, pero nos exiliamos y ya no pudimos. Era todo muy loco. Vivíamos como si pudiéramos tomar el poder al día siguiente. Llevamos a nuestros hijos un lugar incierto, peligroso, los expusimos. Con la edad ya di de baja esos reclamos internos. Cuando vimos que teníamos que exiliarnos mi marido dijo a España o México no, porque no vamos a volver, y yo quiero volver. Entonces nos fuimos a Argelia. Empecé a trabajar en los oasis agropastoriles de Argelia. Siempre mi marido tuvo un rol muy activo en el proyecto familiar y en la organización del cuidado, de vida y con mis deseos profesionales. Apenas retornó la democracia a Argentina, después del triunfo de Alfonsín, retornamos, era la época de la apertura del ingreso irrestricto a la universidad pública. En ese momento dedico mi militancia política dentro de las aulas de la Universidad Pública. Cuando asume el Gobierno de Néstor Kirchner sigo con mi compromiso militante en las aulas, aunque ya jubilada. Además, hago un trabajo social y político en un centro de Barracas (sur de la Ciudad de Buenos Aires) y no veo la hora que termine esta pandemia para seguir trabajando allí... Por otro lado, siempre quise ser abuela, pero mi hija decidió no ser madre, así ya me conformé y continúo cuidándome mucho para seguir militando en el territorio.

El relato de Rosa transita por los sentidos de lugar configurados en torno a la militancia política, la clandestinidad y el exilio; sin embargo, el hilo conductor de su testimonio revela cómo estas dimensiones se entrelazaban con su universo íntimo, específicamente con la experiencia de la maternidad. Al igual que Judith, Rosa manifiesta una necesidad actual ligada al rol de ser abuela: el deseo de ver crecer a alguien sin las prisas que les impusieron los tiempos convulsos de su juventud. No obstante, Rosa advierte una reconciliación con su propia historia: “con el tiempo le di de baja a esos reclamos”.

Mientras Mary y su pareja decidieron construir su sentido de lugar anclado en el presente, Rosa y su esposo optaron por movilidades transitorias, comprometiéndose con territorios lejanos que pudiesen abandonar en el futuro para mantener vivo el sentido del retorno. Un hallazgo central en ambas biografías revela que, si bien fueron ellas quienes organizaron política y logísticamente la salida hacia el exilio, las condiciones del destino estuvieron marcadas por sus parejas masculinas: uno exigía que el refugio fuera en América Latina; el otro, que no se forjaran vínculos profundos para no obstaculizar el regreso. No obstante, fueron ellas quienes desplegaron amplias estrategias de inserción académica en geografías diversas y disímiles, alcanzando un prestigio internacional que según consideran no habrían logrado si hubiesen permanecido en la Argentina.

Algunas reflexiones finales

Esta investigación en curso permite incorporar la problemática de las vejeces de las mujeres académicas y profesionales en el campo de los estudios de la migración cualificada en nuestra región. A través de un recorte teórico y analítico centrado en las historias de vida de cuatro protagonistas, este artículo indaga en los sentidos de lugar que construyeron a lo largo de sus trayectorias vitales: itinerarios marcados por la militancia, el desarrollo académico y la politización de los territorios. En estos relatos confluyen los encuentros colectivos y las persecuciones políticas, entrelazando el instinto de preservar la vida con la urgencia de construir procesos comunitarios. Cocreamos estos relatos desde una experiencia concreta: una nueva etapa vital habitada en la vejez y atravesada, en su momento, por el aislamiento de la pandemia.

Al transitar por la sexta, séptima y octava década de sus vidas, estas mujeres continúan construyendo un sentido global de las geografías por las que han circulado. Mediante una estrategia metodológica que combinó la presencialidad con la netnografía, tuve el privilegio de revisitar junto a ellas esos espacios a partir de sus relatos y sus prácticas políticas actuales, junto a experiencias compartidas con alguna de ellas.

Esta mirada retrospectiva devela realidades disímiles. Amparo y Judith analizan con tristeza y desánimo la situación actual de Nicaragua, un territorio donde en los años ochenta desplegaron sus militancias mediante la formación profesional y la creación de institutos de atención a las mujeres. Hoy, su sentido de lugar se desdibuja: la persecución política les impide el retorno y sus compañeras de activismo en plena Revolución Sandinista, actualmente son presas políticas por oponerse al régimen de Ortega-Murillo. Aquel país donde consolidaron instituciones y criaron a sus hijos se ha transformado en un entorno hostil que las ha expulsado, conduciendo a Amparo a un autoexilio en Estados Unidos y prohibiéndole a Judith regresar a trabajar por los derechos humanos de las mujeres.

Ante el desarraigo, la militancia se traslada del territorio físico a las redes virtuales: tanto Judith como Amparo se han adaptado a los nuevos tiempos para gestionar las clandestinidades y los exilios impuestos. Por su parte, Mary, bajo la premisa de que "ya vivió", sigue edificando su sentido de lugar venezolano desde su retorno a Buenos Aires; mientras que Rosa, a sus 82 años, continúa acuerpando territorio de manera presencial en el barrio de La Boca.

La intrínseca construcción de estos sentidos de lugar rompió con una serie de mandatos de género, aun cuando algunas de ellas no lo expliciten en sus narrativas. Sus movilidades y la politización de los espacios desafiaron los mandatos familiares, las maneras tradicionales de posicionarse en el activismo político, las formas de habitar la academia y la configuración de sus propios mundos íntimos.

Quienes pertenecen a estas generaciones han demostrado que la apropiación de territorios ajenos al de origen para aportar al bien común se sostuvo sobre dos estrategias vitales aparentemente contradictorias, pero profundamente complementarias: adaptarse y resistir. Sus trayectorias, sus compromisos políticos y su permanencia en las aulas encarnan con lucidez la premisa de que “en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida” (Solari, 2021, p.1).

Declaración de Disponibilidad de Datos

Los datos de la investigación están disponibles en el cuerpo del artículo

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  • 1
    Si bien no soy ajena a las actuales críticas sobre clasificar a los feminismos en “olas” y conozco los planteos que algunas de sus detractoras enuncian que el uso de la metáfora ola alude a un concepto artificial y monolítico, que invisibiliza la riqueza real que subyace al feminismo como movimiento social (Evans, 2015), utilizo la expresión como movimiento social y acción colectiva sin perder de vista la especificidad que tuvo esta etapa en nuestra región.
  • 2
    La edad aquí consignada se refiere a la que tenían en el momento de la primera entrevista en el año 2021. Los nombres han sido cambiados para mantener el anonimato.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    31 Ago 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    10 Jun 2026
  • Revisado
    30 Jul 2026
  • Acepto
    21 Ago 2026
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