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História (São Paulo)

On-line version ISSN 1980-4369

História vol.36  Franca  2017  Epub Jan 16, 2017

https://doi.org/10.1590/1980-436920160000000114 

DOSSIÊ: “Movimentos migratórios no mundo Atlântico, séculos XIX e XX”

SOCIABILIDADES EN PUGNA. El impacto de la Guerra Civil Española en perspectiva asociativa. Rosario, Argentina

Sociabilities in conflict. The impact of the Spanish Civil War from an associative point of view. Rosario, Argentina.

Sandra FERNÁNDEZ1 

1Universidad Nacional de Rosario (UNR)


RESUMEN

La Guerra Civil Española tuvo un fuerte impacto en el espacio público argentino. En especial en una ciudad como Rosario, con una población inmigrante muy importante, y con una activa vida asociativa de matriz étnica. En ese contexto de polarización y confrontación ideológica, los centros de inmigrantes funcionaron como una caja de resonancia de los conflictos en Europa, pero también de conflictos e intereses en pugna en la sociedad local. En este caso analizaremos la experiencia del Club Español de Rosario, reconocida institución que reunía a buena parte del grupo dominante local de origen peninsular, tanto desde la descripción de su derrotero durante la guerra como en la articulación de socibilidades que permitían la adhesión o detracción del evento bélico.

Palavras-chave: Asociacionismo; Rosario; Guerra Civil Española

ABSTRACT

The Spanish Civil War made a strong impact in the Argentine public sphere. Specially in a city like Rosario, with an important part of its population being immigrants, and with an active associative life based on ethnicity. In this context of ideologic polarization and confrontation, immigrant centers echoed the conflicts in Europe, and also the struggles and conflicts of interests in the local society. In this case we will analyze the experience of the Club Español de Rosario, renowned institution that gathered together a great part of the local dominant group of peninsular origin, from the description of its course during the war as well as in the articulation of social links that permitted the adhesion to or detraction from the war.

Keywords: associationism; Rosario; Spanish Civil War

Los españoles residentes en Argentina han procedido con cautela y previsión al no trabarse en lides estériles en tierra en la que son legalmente huéspedes, pero en la que se arraigan por influencia tradicional de la raza y del esfuerzo noble. Engolfarse en prédicas partidistas, tomar posiciones a tantas leguas de distancia, agraviar y dividir, no sería digno de la hidalguía hispana... La Capital, 18 de octubre de 1936, p. 23.

Introducción

Hace ochenta años, precisamente el 17 de julio de 1936 se iniciaba la Guerra Civil Española. Inmediatamente la sociedad argentina miró con atención la situación en la península. La gran colonia de inmigrantes de origen español, era una caja de resonancia de los sucesos europeos, que en particular se expresaría en los diferentes actos públicos, pero también en su vida cotidiana. Los prolegómenos de esta efervescencia se habían manifestado a lo largo de todo el año 1935. Los eventos españoles se articulaban con la realidad argentina, por ello el debate sobre la conflagración hispana alimentaba el clima de fuerte tensión social vernácula. Este dato no menor hizo que una importante bibliografía se ocupara de la cuestión. Los escritos dedicados al tema general son numerosos, pero conforme se van delimitando vías de acceso a la problemática la producción se reduce. La cuestión del impacto de la Guerra Civil Española en Argentina es el tema que se ha extendido más en estos últimos treinta años.1 Investigadores de ambos márgenes del Atlántico han hecho énfasis sobre las particularidades del proceso. De igual manera se ha dedicado especial atención a la cuestión de la migración española en Argentina y la recepción que en la comunidad tuvieron los eventos peninsulares. Una tercera gran aproximación es el análisis del fascismo español en relación a la derecha nacionalista argentina, y sus implicancias intelectuales, políticas y económicas que tales hechos tuvieron. La mayor parte de las investigaciones tuvieron como eje la ciudad de Buenos Aires, y en los casos relativos a la problemática de la sociabilidad formal, los estudios fueron hechos sobre sus asociaciones; es menor la cantidad de trabajos realizados sobre otros espacios de la geografía argentina.

Más allá de los varios textos que puedan citarse al respecto,2 es quizás la obra de Mónica Quijada (1988, 1991) la que mayor impacto ha tenido sobre la problemática que queremos abordar. En sus textos, Quijada dice que al estallar la Guerra Civil, la adscripción generalizada al bando nacional se produjo entre los miembros más prósperos de la colectividad española, y determinó que las agrupaciones más antiguas y prestigiosas se volcaran en un porcentaje mayoritario hacia tal causa. Por el contrario, en los centros regionales peninsulares, donde había una participación mayor de elementos provenientes de la pequeña burguesía y aún de la clase obrera (sectores sociales mayoritarios de la colectividad), el apoyo hacia la República española fue mucho más importante.

La perspectiva de Quijada marcó un tempo en las posteriores aproximaciones realizadas sobre el tema. En particular la tesis de Silvina Montenegro (2002), dirigida por la propia Quijada, pero también en otras escritos entre los que pueden mencionarse a Luis Velasco Martínez (2011); y los estudios de caso propuestos por Lidia Bocanegra (2008, 2006), Laura Fasano (2013) y, Cucurullo y Sdrigotti (1999) dieron cuenta de esta realidad.

Pensar el asociacionismo de matriz étnica desde el cristal de un conflicto que influenció ideológica, política, demográficamente a la sociedad argentina, es una de las perspectivas de análisis que permiten transformar el estudio institucional de entidades que marcaron las relaciones entre la sociedad civil y el Estado argentino a lo largo del XX. La presente colaboración abona en este sentido para aportar a la problemática desde una aproximación sobre la ciudad de Rosario.

Ecos de la guerra en una ciudad cosmopolita

En la ciudad de Rosario, como en otros grandes espacios urbanos de Argentina, los discursos alrededor de la Guerra Civil española se tornaron cada vez más virulentos, conforme el conflicto avanzaba en el tiempo. Con una carga terminológica similar a la española, los grupos de derecha convocaban a alinearse con el "frente nacional", y los grupos, progresistas, de izquierda y hasta los liberales reformistas se encolumnaban tras el "frente popular", o en el peor de los casos en torno de la legitimidad democrática.

La ciudad de Rosario es y era la segunda ciudad de la república, la urbe más poblada de la provincia de Santa Fe, y la que concentraba la mayor actividad económica en la región. Paradigma del modelo agroexportador argentino, representaba como pocas la comunión entre inmigración y modernidad. Su puerto fluvial era el principal puerto exportador, luego del de Buenos Aires. Al calor de las transformaciones evidenciadas por el desarrollo agrícola argentino, la ciudad se convirtió durante las décadas finales del s. XIX y las primeras del s. XX en un imán para la importante radicación de inmigración europea que arribaba al país. Si bien el arco de migrantes era vasto, las comunidades española e italiana fueron las más numerosas. Por ello también fue significativa la creación de entidades que tuvieran como meta la reunión y asistencia de connacionales.

La larga tradición asociativa alimentada por el Estado desde la etapa de la organización nacional, hizo que desde muy temprano los migrantes europeos se nuclearan en asociaciones civiles. Por ejemplo la más antigua institución española en la ciudad de Rosario, la Asociación Española de Socorros Mutuos, había sido fundada en 1857. Al momento del inicio de la Guerra Civil, cada una de las comunidades ibéricas tenía su centro regional, a lo que debía sumarse la ya citada asociación, el Club Español, Centro Español de Unión Republicana, el Hospital Español, así como diversas cámaras como Cámara Oficial Española, y la Institución Cultural Española entre otras.3

La Guerra Civil Española, no sólo marcó a la propia colonia peninsular, sino enfrentó a buena parte de la sociedad rosarina. El marcado internacionalismo de los grupos de izquierda, intelectuales y fundamentalmente obreros, se contraponía al exacerbado nacionalismo de los sectores conservadores y ultraconservadores de la sociedad argentina en general y local en particular. En este marco la Guerra Civil Española tuvo un carácter anticipatorio a los sucesos que se producirían de otro conflicto de mayores proporciones: la Segunda Guerra Mundial.

La guerra en España aglutinó a la derecha, que se organizaría en torno de conservadores autoritarios, nacionalistas, filofascistas y católicos integristas, enfrentándose por un lado a los partidarios del liberalismo democrático, y por otro a los distintos grupos de izquierda. En ese collage político, a favor de la causa republicana se unieron desde varios grupos pertenecientes a partidos políticos como la Unión Cívica Radical-Comité Nacional (UCR-CN), los socialistas, los miembros del Partido Demócrata Progresista (PDP), los comunistas, los estudiantes de la Federación Universitaria, las agrupaciones sindicales y obreras agrupadas en la Confederación General del Trabajo (CGT). En este marco entonces la movilización social en el país y la ciudad encontró un vértice de solidaridad y un punto de contacto que confrontaba al fraude electoral y el conservadurismo, propio de la época que se transitaba, pero también al nacionalismo y la represión.

Durante los meses anteriores al inicio del conflicto, la prensa local comenzó a difundir informes de corresponsales de distintas agencias de noticias extranjeras, sobre la guerra, reiterando las referencias sobre la difícil situación política y económica que atravesaba España. Los periódicos y los medios radiales también reflejaban la activa vida social de los Centros regionales españoles puesta de manifiesto en sus habituales festejos y celebraciones, pero también en la difusión de actividades de asistencialismo, sociabilidad, cultura, y crónicas artísticas.4

La guerra dividió a la ciudad en dos bandos que día a día seguían las noticias por la radio o en los pizarrones de la prensa local y las delegaciones de la prensa nacional. Los sectores obreros organizaban actos y protestas en apoyo de la República Española, así como colectas de dinero, ropa y hasta comida, para sus pares combatientes; y los grupos políticos progresistas propagandizaban desde las tribunas de los mitines la causa republicana. Desde el púlpito, el discurso conservador-nacionalista pregonaba el peligro del demonio rojo en España y la identificación de Francisco Franco, como salvador de la patria y de la fe.

De igual modo el impacto de la inmigración española también se ponía de manifiesto en el arraigo dentro del ámbito confesional rosarino de un importante número de órdenes religiosas de origen peninsular. En los inicios del conflicto la dimensión y toma de posición se evidenciaba en los claustros. Las crónicas aparecían permeadas por el conflicto y se expresaban a partir de un lenguaje militarizado pero especialmente también en el uso recurrente de esta oposición binaria entre el bien y el mal, representado por la bandera de Satanás y la bandera de Cristo. La primera identificada con el bando republicano, la segunda con el nacionalista. Pero sobre el final de la guerra se abandona el ámbito del claustro para hacer del triunfo de Franco un evento del que se permiten participar públicamente.5

Según afirman Cucurullo y Sdrigotti (1999, p. 39) existía un enlace y un alto grado de compromiso entre la Acción Católica de Rosario y las organizaciones franquistas que existían en la ciudad por aquellos tiempos; relación puesta de manifiesto tanto en actos públicos como a través de sus órganos de prensa. Pero la colaboración y apoyo de la Iglesia hacia el sector nacionalista en Rosario era reflejo de las expectativas que la misma guardaba a nivel nacional y que evidenciaba su postura antiliberal y conservadora.6 En líneas generales el papel de la Iglesia Católica fue claro en la instancia de emitir declaraciones y aquí como en España se inclinó definitivamente al combate contra el "peor enemigo": el comunismo. En pos de la defensa del "orden social" local la Iglesia en su conjunto enarbolaba el ejemplo "español", pero también solicitaba a fin de modificar los ambientes sociales, saturándolos de vida cristiana, cambios en la legislación. Sus prédicas fueron escuchadas y el primer ejemplo de ello fue la legislación provincial en torno de la represión al comunismo.7

Las repercusiones de la guerra se solapaban además con un contexto argentino, nacional y provincial, marcado por un fuerte giro conservador. En el plano nacional, en 1930 Uriburu había puesto fin al al gobierno legítimo de Hipólito Yrigoyen, dando inicio a la primera experiencia de gobierno de facto en la Argentina del siglo XX. Mientras tanto en Santa Fe, una provincia que había sido intervenida pocos meses antes por la gestión de Yrigoyen, se preparaban para el proceso eleccionario que daría la victoria, en el año 1931, a Luciano Molinas (1931-1935). Molinas llegaba al poder de la mano de una alianza entre el PDP y el Partido Socialista (PS) con unos comicios donde el fraude, la manipulación y la coerción no habían sido la norma.8 La "feliz experiencia" de Molinas, de fuerte contenido reformista culminaba con una intervención federal a la provincia en 1935. Con el escenario de las futuras elecciones presidenciales, el gobierno nacional optó por la aplicación de su política del fraude también en Santa Fe. Las elecciones convocadas para febrero de 1937, que llevaron al poder a la fórmula concordancista9 integrada por Manuel María de Iriondo y Rafael Araya (1937-1941), tenían trascendencia nacional ya que eran el antecedente inmediato a las elecciones del siguiente año, y fueron un modelo de control gubernamental y de la aplicación del fraude como sistema, que el mismo gobierno electo se encargó de perfeccionar mediante la ley 2600.10 El partido triunfante caracterizó las elecciones como un verdadero plebiscito que expresaba el consenso de voluntades existente alrededor de la continuación de la política llevada adelante por la intervención, y como el legítimo representante de la política oficial en la provincia, un baluarte contra el comunismo, y el resguardo de una sociedad católica.

Fue evidente que el clima político y por consiguiente el social, cambiaron de forma sustancial. Se aplicaron una serie de restricciones no sólo contra los opositores electorales, sino hacia todo lo que se consideraba disruptor del orden establecido. Medidas asfixiantes sobre militantes sindicales, opositores políticos, activistas se implementaron a partir de numerosos decretos y ordenanzas que reglamentaron la vida de los santafesinos. Por otro lado, el gobierno provincial se alineó con la iglesia católica, que había apoyado incondicionalmente a la fórmula. En este último caso la curia presionó férreamente sobre el Estado provincial demandando la aplicación de políticas afines al catolicismo, especialmente en educación, y una mayor cuota de poder en las estructuras de gobierno.11

En Rosario mientras tanto en noviembre de 1935 llegó a la ciudad el nuevo Intendente Comisionado, Miguel Culaciati, quien ocuparía el cargo hasta enero de 1938. Durante su gobierno se disolvería el Concejo Deliberante, y se pondría en funciones una Comisión Administradora para sustituirlo; situación que duraría hasta 1938 cuando las fuerzas políticas irían ocupando su representación en el cuerpo legislativo municipal.12

Lo expresado, pone de manifiesto el clima político y social argentino al momento del inicio de la guerra en España. La dinámica de la Guerra Civil iba a marcar el compás de los alineamientos locales, muy especialmente en la comunidad de emigrados españoles. Tal como afirma Mónica Quijada (1988, p. 85-86) la sociedad argentina era mayoritariamente prorrepublicana, y vastos sectores de la misma colaboraban activamente en el movimiento de solidaridad con ese bando. La adhesión a la causa franquista era más baja en términos numéricos, ya que incluso en el seno de la oligarquía, la simpatía hacia los sublevados no implicaba una afinidad directa con los postulados ideológicos de la "Cruzada" liderada por Franco aunque consideraban que el "Caudillo" representaba la defensa del orden constituido y de la tradición, y un freno al avance del comunismo. Por otro lado los grupos nacionalistas argentinos, embanderados con los rebeldes, tenían una fuerte influencia, y ocupaban cargos políticos y de gestión gubernamental. Por esta razón, la adopción de una política de prescindencia por parte del gobierno argentino frente al conflicto español, adecuada a los lineamientos trazados por la política exterior británica, apuntaba a reducir los problemas internos tanto en el seno de la sociedad argentina, como con la colectividad española en su conjunto.

Así, la Guerra Civil española se producía en un momento en donde las fuerzas conservadoras controlaban buena parte de las estructuras del Estado; y en donde el despliegue ideológico de la derecha nacionalista se encontraba en su punto más alto.

Las asociaciones españolas frente a la Guerra Civil

La guerra marcó los debates en el espacio público rosarino, y muy especialmente a las entidades asociativas españolas. Centros regionales, clubes sociales, asociaciones de socorro, ayuda mutua, beneficencia, caridad y asistencia médica, se convirtieron en espacios donde queriéndolo o no, distintos sujetos sociales manifestaban sus opiniones y acciones en torno de la república, la guerra y la posterior dictadura.

Como señala Quijada (1988, p. 83-86) al estallar la Guerra Civil, la adscripción generalizada al bando nacional que se produjo entre los miembros más prósperos de la colectividad, determinó que las agrupaciones más antiguas y prestigiosas también eligieran esta causa. Sin embargo durante los primeros meses de la contienda se abstuvieron, personal y asociativamente, de manifestar abiertamente sus simpatías, y manifestaron un apoyo formal a las autoridades republicanas legalmente constituidas. La situación se fue transformando conforme la guerra se prolongaba en el tiempo.

En la ciudad de Rosario, con el correr de los meses, los distintos periódicos locales incrementaban las informaciones sobre España, a la vez que se iba agudizando el tono alarmista de las notas. El debate político alrededor de la situación española ingresó a la escena periodística local, y también en las asociaciones de cuño hispano. El ritmo de la vida social y política de los centros regionales se vio alterada, y la polémica se instaló irremediablemente. En general se trató de no alterar las actividades recreativas y sociales programadas, así como en paralelo organizaban estrategias para reunir fondos destinados a la asistencia de los damnificados por la guerra en España.

La actitud de cada uno de ellos fue bastante disímil. Algunos se enrolaron en el bando republicano, otros se unieron a la causa nacionalista y otros se embanderaron en una postura de supuesta apoliticidad. Existió una cierta correspondencia en los alineamientos de acuerdo a la disposición geográfica de los grupos en conflicto en la península. De este modo existían organizaciones como el Centro de Unión Republicana, el Centro Asturiano, el Centre Catalá y la Agrupación Andaluza, que tomaron partido desde el estallido de la Guerra en defensa de la causa republicana. Otras, desaparecida la referencia legal de la República Española abrazaron la causa rebelde, encolumnándose tras la figura de "el caudillo".

La fuerte identidad de estos centros, hizo al fin que su toma de posición fuera más clara y menos encubierta que las que proponían entidades con más tradición y que pretendían representar al grueso de las entidades españolas. Por ello la profunda actividad desplegada por los Centros Regionales se orientó en particular al inicio de la contienda a reunir fondos destinados a la Cruz Roja Española, y sus celebraciones muchas veces eran usadas como excusa para llevar adelante una política de sensibilización y solidaridad con los compatriotas en Europa.

La Cruz Roja encabezó el auxilio; desde el diario La Capital por ejemplo, la entidad llamaba a ayudar a los damnificados:

Los españoles de Rosario, por encima de todos los credos políticos y sociales, y en el deseo de aminorar en lo posible los sufrimientos de los hermanos que en el solar nativo derraman su sangre en aras de sus convicciones, formulamos el más apremiante de los llamados a todos los hombres de buena voluntad, invitándolos a colaborar en la obra de allegar recursos con destino a la Cruz Roja Española, por intermedio del Comité Ejecutivo que integran todas las instituciones españolas de la Ciudad.13

La militancia en pos del apoyo material, intelectual y afectivo hacia la República española se hizo sentir especialmente desde el Centro Español de Unión Republicana y la Junta Pro Reconstrucción de España quienes a partir de distintas campañas durante los años 1937 y 1938, propiciaban el socorro a víctimas y huérfanos de la Guerra Civil. Fue el Centro Español de Unión Republicana, quien contribuyó de manera significativa enviando remesas quincenalmente a la Embajada de España en Buenos Aires que luego remitía al gobierno español para la Cruz Roja. Publicó varios folletos, "El drama de España", "¡Por España!", "Paso a la verdad", todos se vendían a beneficio. Organizó rifas, preparó los actos en homenaje a la República Española, construyó una biblioteca a través de donaciones. En todas estas actividades se ponía de manifiesto la participación del público, así como de instituciones específicas tales como la Cooperativa Unión Ferroviaria de Villa Diego, el Partido Comunista Zona Sur, Socorro Rojo Internacional, el Comité Italiano contra la Guerra, entre otras. En esta institución se había constituido un "Comité Pro Huérfanos Españoles" y otro "Pro Racionamiento para Milicianos y Mujeres Españolas", así como una sección "Amigos de la República Española", todo para colaborar con el país europeo. Fue común además la organizaron filiales barriales y secciones en pueblos circunvecinos para asegurar la difusión de las medidas adhesión (PASQUALI, 2004).

El diario La Capital señala al respecto:

Se despachan ropas para niños y ancianos españoles para las ciudades de Málaga y Oviedo por la Comisión de Damas del Costurero Pro-Huérfanos y Damnificados Españoles, presidido por la Sra. Guadalupe Collado. [...] Se destaca que, durante largos meses y todos los días, las mujeres de la agrupación andaluza van a la sede de ésta donde funciona el taller de costura [...].14

La participación de otros centros fue más difusa. En muchos casos se postergaron celebraciones y festejos, y sus acciones tenían más que ver con una muestra de solidaridad y dolor coincidente con algún hecho trágico acaecido en España, que a una adhesión decidida por la causa de la república. Estas actitudes no dejaban de ser momentáneas y coyunturales, ya que pasado unos días se reorganizaba el cronograma de las celebraciones, atendiendo a las necesidades recreativas de la comunidad a nivel local.

Los diferentes actos de apoyo y auxilio a la República española no pasaron desapercibidas. Los Jefes Policiales de Rosario y Santa Fe informaron a sus superiores de la calidad de las reuniones. Inmediatamente el Ministerio de Gobierno de Santa Fe produjo un decreto, en mayo de 1937, que desautorizaba la realización de reuniones públicas cuyo objetivo, directo o indirecto, fuera realizar actos de adhesión a cualquiera de los bandos en lucha o que pudieran determinar o estimular actos de violencia o agresión entre los residentes españoles en la provincia

Los considerandos del decreto no dejan lugar a dudas del sesgo ideológico que conllevaba la medida:

[...] la División de Investigaciones de la Jefatura de Rosario informa de la superioridad que los actos públicos de distinta índole que con autorización de la Jefatura de la Junta Central Pro Socorro y Reconstrucción de España con la aparente finalidad de recolectar fondos y enviar víveres y ropas con destino a las milicias que luchan en España en defensa del gobierno de Valencia han tomado en los últimos tiempos un cariz netamente extremista por militar en la entidad central nombrada y sus filiales elementos conocidos por su ideología comunista [...].15

Superando las apreciaciones realizadas sobre los enfrentamientos de los miembros de la comunidad lo que esta resolución mostraba era la línea política que el gobierno de Santa Fe tenía en torno de la represión del comunismo. Más adelante la resolución diría:

[...] que esas reuniones se aprovechan para difundir su propaganda contra las autoridades constituidas y a los principios de la nacionalidad argentina [...]; que en la reunión [...] la mayor parte de la concurrencia llevaba puesto el característico gorro con aplicaciones que usan los llamados milicianos en España ostentan en el ojal de sus sacos una escarapela representando un puño cerrado, costumbre introducida por los propagandistas del comunismo y usada en la UU.RR.SS.16

El gobierno santafesino expresaba en su norma su posición pro nacional pero también su defensa del catolicismo. La argumentación se cimentaba además en dos ejes: el primero alrededor de no "ahondar el natural distanciamiento que existe entre el elemento español residente en nuestra provincia y que sustenta ideas, contradictorias respecto al movimiento que se desarrolla en la madre patria, preparando los ánimos para desórdenes y agresiones que luego se ve obligada a reprimir la autoridad policial", y sostener "la más estricta neutralidad ante los conflictos internos que se producen en una nación amiga".17

Argumentos visiblemente fundamentados en la articulación entre el apoyo a la causa franquista, las posiciones filocatólicas, el combate al comunismo, y el control social propuesto por el gobierno conservador

Por su parte a postura de la CGT y el movimiento obrero en su conjunto fue de un incuestionable apoyo a la causa republicana. La CGT hacía reiteradas convocatorias instando a los sindicatos y agrupaciones obreras a colaborar en pro de la República Española. Al mismo tiempo los distintos partidos políticos argentinos se enmarcaron en un alineamiento de similares características. Por ejemplo el Centro Socialista Casa del Pueblo anunció en La Capital del 18 de febrero de 1938 la realización de un gran acto homenaje y a beneficio de la República; de igual modo en otro acto que se realizó en Rosario encontramos reunidos, en abril de 1938, a representantes de la Asociación de Empleados de Comercio, la UCR, el PDP, el PS, la Federación Universitaria del Litoral y la Junta Pro Socorro y Reconstrucción de España, todos en apoyo de la República Española (FERNÁNDEZ; ARMIDA, 2000, p. 45)

La "mancomunión" y la "apoliticidad", funcionaron con una fuerte carga retórica sobre los españoles y sus descendientes, a la par que sobre la sociedad rosarina en su conjunto, pero de hecho no escondieron las profundas diferencias ideológicas y políticas que las cruzaban. Como se ha dicho estas posiciones tenían que ver con la profunda interdependencia de la comunidad española y la sociedad receptora, que buscaba minimizar los costos sociales de tomar partido por una u otra causa. Pero también de la estrategia de los sectores más conservadores y tradicionales quienes bajo esta fórmula retórica, pretendían ubicarse más allá de lo que debía ser la defensa del gobierno legítimo de la república.

Otro tema importante fue la cuestión del reclutamiento de voluntarios para el combate. En octubre de 1937 el diario local, La Capital, se hizo eco del llamado del Consulado General de España comunicando a todos los ciudadanos nacidos en la República Española durante 1917, residentes en Argentina, con el fin de ser inscriptos para el alistamiento en los registros de reclutas de la reserva correspondiente al año 1938. No obstante, en algunas instituciones de la Ciudad se confeccionaban listados para la inscripción de aquellos que se ofrecían voluntariamente para combatir en España. Tal fue el caso del Centro Español de Unión Republicana que resolvió abrir una lista para luego ponerla a disposición del Embajador y el Cónsul de la Ciudad.18

La Junta Pro Socorro y Reconstrucción de España también realizó una tarea notable, a través del envío de un empréstito a España de 30.000.000 de bonos en pesos canjeables en productos argentinos importables a España, la organización de una misión sanitaria de médicos a España, el envío de víveres como latas de carne en conserva, festivales artísticos y otros actos para recaudar fondos. Esta Junta era filial a su vez de la Federación de Organismos de ayuda a la República Española, organizadora de la "Campaña del Cereal" que tenía como propósito enviar a la España Republicana unas siete mil toneladas de trigo por un valor de 1.000.000 de pesos que saldrían desde el puerto de Rosario. La Junta creó filiales a partir de las distintas secciones barriales de Rosario y en el resto de la Provincia, que a la vez se dividían en comités, por ejemplo la "Comisión femenina" encargada de la "Campaña Pro Huérfano y Alimentación del Niño Español" que integran las comisiones femeninas del Centro Español de Unión Republicana, la Junta Central Pro Socorro y Reconstrucción de España, Campaña Pro Alimentación del Niño Español y sociedades españolas adheridas. Los socios de la filial de la sección cuarta de la Junta, con motivo de los disensos internos habidos en la institución en su asamblea de elección de autoridades en el mes de mayo de 1937, acordaron por unanimidad desconocer la expresa entidad central y separarse completamente de ella. Resolvió la asamblea unirse a las filiales que procedan de idéntica manera para constituir un nuevo organismo denominado "Junta Pro Socorro de Guerra (Alimentación para España Leal)", también dividida en filiales y antes adherida a la Junta Pro Socorro y Reconstrucción de España. La filial Rosario del Partido Aprista Argentino resolvió también retirarse de la Junta y prestar por su cuenta exclusiva la ayuda al gobierno de Valencia (CUCURULLO; SDRIGOTTI, 1999, p. 43).

La Junta, con motivo de la alusión que a ella se hizo en el mensaje que el Poder Ejecutivo de la Provincia enviara a las Cámaras Legislativas a raíz de la sanción del proyecto de represión del comunismo en el año 1937, dio un comunicado diciendo:

que sus fines están categóricamente expresados en sus estatutos y que la acción que realiza está exenta de partidismos ideológicos y sólo inspirada en los elevados propósitos enunciados; en sus filas tienen cabida todos los hombres que quieran contribuir con su esfuerzo a robustecer la ayuda a España, escapando a la misión de esta institución la tarea de averiguar sus preferencias ideológicas.19

Un importante sector letrado de la ciudad se encontraba comprometido con la causa republicana aún antes de la guerra. Profesores, maestros, funcionarios ligados al mundo de la educación y la cultura, intelectuales, se abocaron a constituir espacios asociativos tendientes a encauzar ayuda moral, ideológica y material. En Rosario funcionó la filial de la Junta de Ayuda a los Profesores Universitarios Españoles Expatriados, presidida en Buenos Aires por Bernardo Houssay. Idéntico derrotero tuvo la Junta Argentina Médica de Ayuda sanitaria a España Republicana. Específicamente a nivel local la causa republicana fue sostenida por la Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores. A los espacios formalmente constituidos, se le sumaba la organización de redes más informales que se organizaban para el dictado de charlas, conferencias, o colectas. El magisterio fue muy permeable a este tipo de prácticas, en especial en las actitudes decididamente antifascistas que comenzaban a surcar la ciudad, y que marcarían el derrotero de las dos décadas venideras.

Por su parte numerosas organizaciones gremiales sostuvieron su compromiso con la causa republicana: Sindicato Gastronómico de Mozos y Anexos, la Federación de Obreros y Empleados Ferroviarios, la Federación de Trabajadores de la Empresa Municipal Mixta de Transporte de Rosario, entre otras.

El bando rebelde, se aglutinó tempranamente alrededor de la Junta Nacionalista Española en Rosario y en su primera reunión resolvió emitir este telegrama: "General Cabanellas. Burgos. España. Constituida Junta Nacionalista Española de Rosario con el lema Patria y Hogar, envía su adhesión a los bravos defensores de la patria. Arriba España".20 La Junta se organizó decidiendo sostener una comisión de propaganda. Su acción fue muy eficiente, ya que superaba ampliamente el arco de interpelación de los connacionales. Su meta era llegar a los segmentos de la sociedad rosarina con las que pudiera tener afinidades ideológicas. De este modo y más allá de los pretendidos objetivos de apoliticidad, expresados en distintos órganos de prensa,21 la Junta fue transparente al comunicar sus intereses, llevando su discurso al grueso de lectores de la prensa rosarina.22

Como afirma Velasco Martínez (2011, p. 45) la necesidad de crear estructuras y organizar a grupos que pudieran influir en el bando nacional tanto frente a los connacionales españoles como a la sociedad argentina, llevo a un proselitismo franquista de cuño argentino, cuya finalidad era la generación de recursos para el triunfo del bando nacional. De este modo las relaciones entre las organizaciones en Argentina, y el gobierno nacional español fueron cada vez más fluidas.

Las más importantes asociaciones nacionalistas surgieron en Buenos Aires, prontamente organizaron filiales en las ciudades donde la comunidad española era importante. Una de ellas "Los Legionarios Civiles de Cristo" fue una institución creada para la recaudación de fondos destinados al bando franquista.23 La iniciativa de su fundación provino de dos de los más caracterizados miembros de la colectividad española asentada en Buenos Aires: Rafael Benjumea y Burin, Conde de Guadalhorce, y la señora Soledad Alonso de Drysdale. Esta asociación tuvo como meta no exclusivamente recaudar fondos para la "Madre Patria" sino además convertirse en una alternativa a otras instituciones de la derecha nacionalista católica. En particular de la mano de Drysdale, que por supuesto visitó Rosario, la entidad ocupó el candelero argentino con sus acciones, y con la salida de una revista Por ellos, condensó buena parte de tal pensamiento a ambos lados del Atlántico. Su discurso basado en la reivindicación de la Madre Patria por una parte; la insistencia en destacar la grandeza de la civilización hispánica como símbolo del universalismo cristiano por otra y, finalmente, el de la salvación de Occidente, por parte del Caudillo, podía ser objeto de descalificación en toda regla en ámbitos liberales y progresistas, pero sintonizaba perfectamente con lo que pensaban en general las clases acaudaladas de la colectividad española, así como muchos inmigrantes de raíces conservadoras, provenientes de zonas agrarias enraizadas en el catolicismo más tradicional (SABORIDO, 2006, p. 73, 80).

Como en Buenos Aires las nuevas instituciones que surgieron en Rosario cumplieron una misión de solidaridad y compromiso ideológico con la causa de España, como La Falange Española Tradicionalista que organizó campañas de ayuda en conjunto con la Junta Nacionalista Española de Rosario y la Asociación Pro Revolución Española.

Por otro lado los diarios rosarinos muestran en sus crónicas la participación de representantes de la colectividad italiana y de la alemana en los diversos actos y encuentros del bando nacionalista, en sintonía con los eventos europeos. Sin embargo sobre tal participación hay que hacer la misma reflexión que para la comunidad de españoles. De este modo si bien los sectores burgueses y adinerados, así como el funcionariado consular había optado por una franca adhesión a sus gobiernos en Europa, sectores progresistas, liberales y de izquierda alineados con la lucha antifascista quedaron al margen o bien se manifestaron en explícitamente en contra de tal adhesión. La movilización generada por la guerra española llevó a muchos de ellos a participar activamente en las organizaciones que se encolumnaban con la república, así como a enrolarse como voluntarios en las Brigadas Internacionales (FRIEDMANN, 2006).

Todas las instituciones lucharon por evitar que la contienda se proyectara dentro de las mismas. En algunos casos esto último se logró, mientras que en otros se observaron renuncias de comisiones directivas y de socios en forma masiva, pedidos de suspensión y expulsión de socios mientras durara el conflicto, así como arduas discusiones entre los asociados. La claridad de los posicionamientos hizo más sanguíneo el debate, y a la postre provocaron renuncias e incorporaciones, marcadas tanto por lo político ideológico como por lo personal. En un análisis exhaustivo del caso del Centro Navarro, Cucurullo y Sdrigotti (1999, p. 45) dan cuenta de dimisiones masivas, peleas entre los socios, disconformidad con las comisiones directivas y hasta suspensión de sesiones de las asambleas ordinarias de la comisión por falta de asistentes; sumadas también las dificultades económicas coyunturales, ante el envío de todo lo recaudado, incluso los ingresos por cuotas societarias a la Madre Patria.

A poco de terminada la contienda en todos los Centros, excepto el Castilla, se decidió no enarbolar la bandera española para las declaradas fiestas nacionales del 2 de Mayo y del 18 de Julio, para evitar problemas con los asociados, colocando sólo la bandera argentina para las fiestas patrias. A pesar de los esfuerzos realizados por las instituciones para mantener la estabilidad, algunas se disolvieron al no poder solucionar sus problemas internos (el Centro Gallego y la Agrupación Andaluza). Se destruyeron además los testimonios correspondientes a este período en algunas de ellas como el Centro Gallego, el Club Español y el mismo Consulado Español de la Ciudad. Sin embargo, la mayoría logró evitar que la contienda repercutiera en ellas (CUCURULLO; SDRIGOTTI, 1999, p. 45-48)

Durante el conflicto se fueron marcando cada vez más las posiciones ideológicas previas a la guerra, mantenidas en voz baja durante el ejercicio del gobierno legítimo español. Producido el levantamiento liderado por Franco, tales expresiones no fueron ocultadas y recorrieron el espacio público. La comunidad española como era de esperar no se sustrajo al encolumnamiento tras una u otra causa. La "apoliticidad" esgrimida por dirigentes, funcionarios, y hasta la propia prensa, no hacía más que esconder en especial los intereses de los sectores más conservadores de la colectividad. Más tarde o más temprano, y conforme la guerra se alargaba en la península, las posiciones fueron expresadas más claramente, llegando al interior de los centros regionales españoles.

El Club Español y la Guerra

En octubre de 1882, personajes "distinguidos" de la comunidad española de Rosario, realizaron un llamado a sus compatriotas, para organizar un centro recreativo y social. No era un simple encuentro, ya que los convocantes se encargaron de dejar marcado de forma temprana, el sesgo de clase que los acompañaría durante varias décadas.

Los asistentes al Teatro Olimpo, lugar elegido para dar lugar a la iniciativa, fueron ochenta y cinco españoles, dispuestos a organizar el "Centro Español", y tal como expresa su acta fundacional, justificar la iniciativa que "nace por la necesidad de un grupo de emigrados de crear un local donde reunirse y cimentar los lazos de unión que liguen a los hijos de Iberia, robusteciendo su amor a la Patria, cuyas glorias pasaban aquí desapercibidas por falta de contacto entre aquellos que habitaban esta parte de la República Argentina".24

El compromiso del grupo dominante local de matriz española, permitió que la entidad se convirtiera en un espacio de referencia para su sociabilidad, pero también la de otros miembros de la burguesía rosarina que encontraban en la institución un espacio social para el ocio y el negocio. En particular el Club Español, apelativo que asumiría a partir de 1908, reunía lo más granado de la colonia peninsular. Sus estatutos, férreamente orientados a sostener la división de clase para los aspirantes e ingresantes a la entidad, sostuvo un diálogo con el resto de los centros regionales españoles, pero manteniendo una distancia conveniente y jerárquica, en su articulación con ellos. Sus dirigentes plantearon una tarea de liderazgo y diferenciación social, estableciendo lazos tempranos con sus bases sociales (comerciantes, empresarios, propietarios rurales, profesionales) que al fin se plasmó en la propia organización institucional. Sus estatutos y reglamentos internos eran rígidos, y establecían pautas muy duras en el ingreso de los socios, quienes debían acreditar su ascendiente en la sociedad local. Al momento del ingreso, los aspirantes debían presentar sendos avales de socios de reconocida trayectoria, cuestión que no obstaba para que pudieran ser rechazados a partir del conocido mecanismo de los clubes de elite: la bolilla negra. A principios del s. XX las actas advierten que se debe tener "especial cuidado en la admisión de nuevos socios, puesto que a él habían llegado recomendaciones de personas de alta representación social y política, a favor de individuos en todos conceptos indignos de pertenecer a ningún Centro social".25

Como afirman Aguila, Galassi y García (2004, p. 17-19) los miembros del Club se definían a sí mismos como el principal centro de la colectividad española en Rosario, un círculo con características propias, con una forma de pensar y sentirse representantes del sector destacado de la gran masa migrante que llegaba a la ciudad. La entidad participaba regular y activamente de los actos y eventos públicos ciudadanos, con frecuencia como entidad promotora y organizadora (Día de la Raza), sucesos de confraternidad hispano-argentina, actos patrióticos nacionales, etc. Sus reuniones y actividades eran anunciadas en diarios como La Capital y La Prensa, en particular sus bailes y recepciones, actos sociales en los que se daban cita las familias más tradicionales de la ciudad, de origen español o no.

Por otro lado en tanto club social de varones de la elite, su sede era un espacio de encuentro donde la charla comercial y política, era acompañada por el juego de cartas, la barbería, y la participación en las comisiones directivas. La institución como tal y muchos de sus socios compartían membresías con otras reconocidas entidades españolas, estableciendo un mapa de sociabilidades muy vasto y denso.

El Club estaba en contacto con otras sociedades españolas, como la Asociación Española de Socorros Mutuos, el Patronato Español de Rosario, la Asociación Mutual Española, el Hospital Español. Estas entidades de socorro, asistencia y ayuda, de larga tradición en la ciudad, compartían dirigentes, ya que los miembros encumbrados de la alta sociedad rosarina de origen español tenían una implantación múltiple desde la propia creación de tales instituciones.26 Por otro lado la condición de clase del Club Español, también marcaba su incidencia en el mundo intelectual y cultural del período. La institución era la que recibía a las más destacadas figuras hispánicas que visitaban la ciudad, y por ello en estos aspectos, ejercía un papel de líder de la comunidad española, que no era discutido. Estos dirigentes marcaron una dirección de sentido al interior de las entidades asociativas españolas, más allá que en muchos casos no representaran una traducción real de las preocupaciones de la masa afiliada a las entidades.

Así el Club Español, transitó las décadas iniciales del s.XX con la seguridad de ser un punto de referencia de la comunidad ibérica en Rosario; referencia que se cifraba no sólo por lo numeroso y representativo de sus socios, en tanto miembros de la clase dominante local; sino además por su articulación jerárquicamente referenciada con el resto de las instituciones españolas contemporáneas.

Pero llegó la guerra, y con ella los conflictos al interior de las instituciones españolas en la ciudad. Un club como el Español atravesó idénticos inconvenientes que sus pares asociativos, haciendo que su presidente expresara su preocupación en junio de 1937: "El señor presidente hace consideraciones acerca de las dificultades financieras del Club, e insiste que es de todo punto necesario buscar nuevos asociados hasta llegar a un mínimo de 500 socios".27 Dos años más tarde la situación continuaba siendo igual de angustiante: "El Señor Francisco Ferrer manifiesta su confianza en el futuro del Club fundamentándola en el temperamento de los componentes de la colectividad que no han de permitir nunca que el Club Español, sostenedor de nuestro prestigio y orgullo de la colonia española, se desmorone".28

Tan conflictiva se planteaba la situación al interior del Club que a fines del año 1938 el diario El Orden publica las gestiones que miembros de la institución llevan adelante para proponer el edificio social como sede del Consejo Deliberante:

Por intermedio de los Señores Emilio C. Lamas y R. Somoza, el Club Español termina de ofrecer en venta a la Municipalidad, su edificio social y en el cual está instalado desde hace muchos años... El Club Español habría dispuesto deshacerse de su edificio para ocupar otro más reducido debido a la deserción de socios registrada en estos últimos tiempos a causa de las cuestiones de carácter político que tienen dividida a la colectividad.29

Las divisiones intestinas, aún en el seno de una institución que representaba al grupo dominante local de matriz española, y que pretendía ser la cristalización de la tal identidad, superando las filiaciones regionales, muestran la crudeza del impacto de la conflagración peninsular. El Club ofrece su hermoso edificio modernista al municipio; decide desprenderse de él porque no puede afrontar la crisis económica derivada de la desafiliación de sus socios. Así si bien las acciones primeras del Club Español fueron abstenerse de demostrar adhesión a favor de alguno de los bandos, escudándose en los estatutos que prohibían expresamente actos de índole política o religiosa, ello no obstó para que las diferencias ideológicas, y la simpatías ya desembozadas de algunos de sus dirigentes por la facción nacional, lo llevaran por la misma senda de otras instituciones españolas.

Las actas revelan la preocupación, cuando se decide suspender la actividad más tradicional del Club, los festejos del Día de la Raza, en virtud de estas divisiones. El ascendiente que la comisión directiva del Club Español tenía sobre el resto de los centros se expresó ese mismo año cuando las invitó a suspender los festejos al resto de las entidades peninsulares.

Sin embargo tal ascendencia fue cuestionada severamente por asociaciones que no tuvieron ningún prurito en demostrar públicamente sus posiciones y su embanderamiento con la causa republicana. El Centre Catalá, la Agrupación Andaluza y el Centro Asturiano, junto con el Centro Español de Unión Republicana adoptaron un compromiso militante con la República Española. No obstante las instituciones siempre mantuvieron una actitud distante respecto de la política argentina. Por ejemplo en el caso específico del Centro Español de Unión Republicana, sus actas reflejan la preocupación por marcar su abstención total en los asuntos ligados a política argentina, así como también por desligarse de las acusaciones en torno de su filiación comunista:

El Presidente informa de la visita efectuada a la Jefatura de Policía a fin de desvirtuar denuncias y rumores de que nuestra sociedad es una entidad comunista, lo cual está en pugna con nuestros estatutos, cuyo único fin es el de apoyar al régimen republicano democrático español, con abstención total en la política del país.30

Unos de los socios, Luis Herrero que por aquel entonces cubría el cargo de Secretario del Patronato Español de la Ciudad, comentaba con un tono de preocupación lo siguiente:

Los delicados momentos por que atraviesa la institución debido a la convergencia de numerosos factores atroces en los que la tragedia española no es extraña, es necesario, para el Club, además de acendrado patriotismo y gran abnegación, mucha independencia moral y económica y un fuerte caudal de simpatías que permitan agrupar a todos los que tengan amor por nuestras instituciones.31

El Club Español, mantuvo el mismo discurso y accionar de las asociaciones tradicionales y de elite argentinas, proponiendo la neutralidad y apoliticidad, pero ello no significaba que no hubiera focos de confrontación, que se resolvieron con la partida de la entidad de los que tenían un pensamiento liberal clásico o reformista, así como una vocación de no apartarse de la legalidad política. Se prohibieron las exteriorizaciones "tendenciosas" dentro del recinto social, con el argumento del respeto al sentir del colectivo de los asociados. Pero la "imparcialidad" propuesta al interior de la asociación no se correspondió con las prácticas que varios de los socios más influyentes desplegaban en el espacio público rosarino. El diario La Capital, por ejemplo, hacía mención al banquete celebrado con motivo del final de la Guerra el 8 de abril de 1939. A la cita habían concurrido personalidades destacadas en la defensa del franquismo en Rosario.32 El periódico aclaraba que la velada había sido organizada por la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., la Junta Nacionalista Española y los Legionarios Civiles de Franco. Habían presidido la reunión el encargado del Consulado Español, Sr. Vera, el Presidente del Concejo Deliberante, Dr. Calixto Lassaga, el Sr. Ernesto García, Jefe de la Falange, el Sr. José Valenzuela, Presidente Honorario de los Legionarios Civiles de Franco, el Sr. Angel García, Presidente del Hospital Español, el Sr. Manuel de Arechávala, Presidente de los Legionarios Civiles de Franco, el Sr. Vicente Echeverría, Presidente de la Cámara Española de Comercio, la Jefa de Auxilio Social, Esther García, la Presidenta de los Legionarios Civiles de Franco, Pura de García, muchos de ellos socios de la institución.

Angel García diría en la velada: "bastará que los del campo contrario sepan comprender que muchas cosas han terminado para siempre. Y que ningún sacrificio, ni siquiera el del propio pasado es bastante doloroso ante el bien de la patria. ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Viva la Argentina!".33

El alborozo de García tenía un contexto de producción muy significativo. Su alocución fue acompañada por las de Felipe Ordóñez, y de Amanda Ortíz de Guinea, dama de una de las familias más tradicionales de la ciudad. La reunión realizada el 8 de abril del año 1939, fue organizada bajo el auspicio de la Junta Nacionalista Española, La Falange Española Tradicionalista y de la J.O.N.S., y por los Legionarios Civiles de Franco.

Angel García por esos tiempos, además de ser socio y de participar en las reuniones de la Asamblea de Comisión Directiva del Club, se desempeñaba como Secretario de la Cámara Oficial Española, Presidente del Hospital Español, Presidente de la Delegación Rosario de la Institución Cultural Española y era uno de los propietario de la importante tienda por departamentos, "La Favorita". Fue socio del Centro Asturiano al que renuncia finalizada la Guerra. También colaboró con el Centro Español de Unión Republicana de la Ciudad. Sin embargo, el Centro Republicano al descubrir sus actividades políticas, optó por darlo de baja en 1936 como socio de la entidad, lo que no impidió que en 1938 reingresara a la misma. El Centro de Unión Republicana también se hacía eco de la campaña anti-república que se realizaba en el Hospital Español y que denunciaba en sus Asambleas.34

Claramente se observa que desde fines de 1937, cuando el curso de la guerra ya marcaba una tendencia, y el bando nacional disponía del auxilio de los gobiernos alemán e italiano, el grupo dominante de la colectividad española, tomó partido, y no dudó en alinearse con el sector franquista. El Club Español, y sus dirigentes no fueron la excepción, como otras tantas asociaciones "distinguidas" de la comunidad española argentina. Como afirma Velasco Martínez (2011) tales entidades volcaron sus apoyos de forma decidida a la causa liderada por el "caudillo". Por otro lado tales adhesiones y alineamientos también tenían un contexto propicio, alimentado por la "neutralidad" del gobierno nacional y provincial, la simpatía de los grupos nacionalistas de derecha, y la decidida propaganda gestada por las asociaciones profranquistas y sus órganos de prensa que fortalecieron de manera singular los alcances de la "gesta nacional" española en tierras argentinas.

Cierre

Iniciada la Guerra Civil en España, el Club Español de la ciudad de Rosario guardó respeto por la legalidad institucional de la República. Pasados los meses ese respeto fue cambiado por una estrategia de neutralidad y apoliticidad que se expresó en las normas dispuestas para la convivencia en el club, y en las manifestaciones públicas. Sin embargo la sociabilidad de los miembros de la entidad cambió de forma sustancial. Muchos de sus socios se debatieron entre el apoyo franco a la facción republicana, abonado en la legitimidad democrática del gobierno español, y un pensamiento antifascista que ya era importante en la sociedad argentina; y el desembozado alineamiento con el sector rebelde, a partir de su perfil ultracatólico, conservador y anticomunista. El clima de confrontación al interior de Club fue desgranando su masa societaria. Esta situación provocó que a partir de 1937, ayudado por el contexto local, se hicieran más evidentes las manifestaciones profranquistas de un sector importante de los socios. Durante 1938, y a comienzos de 1939, ya el posicionamiento se hizo explícito.

Los socios del Club Español de Rosario, tal como sus pares más tradicionales del asociacionismo español argentino, aún con conflictos y defecciones, desplegaron un alineamiento claro con la facción nacional de la guerra, estableciendo un claroscuro con el resto de las instituciones regionales españolas. Por otro, los mismos socios se encontraban profundamente enraizados en la comunidad receptora, y sus discursos y prácticas tenían tanto que ver con los sucesos europeos como con la realidad local. Los acontecimientos de la guerra y el contexto argentino eran el escenario para que los migrantes españoles, manifestaran sus diferencias ideológicas y políticas, pero también las sociales y de clase en el espacio público local.

Al fin y tal como afirman Quijada (1988, 1991) y Montenegro la profesión de neutralidad de que hacían gala las antiguas y prestigiosas asociaciones de la comunidad, no era otra cosa que un reflejo deformado - fundado en los vínculos y compromisos creados con el país de adopción por una inmigración ya sólidamente asentada en sus estructuras económicas y sociales - de la política de prescindencia adoptada por el gobierno argentino. Las motivaciones profundas que guiaban a los simpatizantes nacionales en el seno de la colonia hispana de la Argentina, no parecían estar muy alejadas de las que inspiraban sentimientos semejantes en las clases altas nativas. Culminada la Guerra Civil en España, los efectos de las adhesiones y prácticas encontrarían eco en los sucesos de un conflicto mayor y revulsivo: la Segunda Guerra Mundial.

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1El artículo de Julián Chaves Palacios (2000) puede resultar una buena referencia sobre el estado de la cuestión del tema de la Guerra Civil española en el cambio de siglo.

2A trabajos precursores pero más orientados a la divulgación los de Pereyra (1976), Goldar (1986), se le pueden sumar indicativamente obras como de Dora Schwarzstein (2001), que explora esencialmente ligadas al exilio republicano, la de Lidia Bocanegra (2006) donde a partir del caso de la ciudad de Mar del Plata, refiere a las visiones de la prensa argentina del exilio republicano. Varios artículos y capítulos como el de Jorge Saborido, sobre la revista Por Ellos (2004), el capítulo 1 del libro de Beatriz Figallo (2014), entre otros. Los estudios sobre nacionalismo y fascismo en Argentina son vastos y muy amplios; una síntesis sobre el particular puede encontrarse en el libro de Fernando Devoto (2002).

3Ver sobre el particular Fernández (2006)

4El mundo del espectáculo era sumamente sensible a las frecuentes visitas de compañías teatrales y de zarzuela de origen peninsular, que contaban con el gusto no sólo de los españoles y sus descendientes sino de amplios sectores de la sociedad rosarina.

5Sobre el tema del apoyo de las congregaciones católicas al franquismo, puede consultarse Ulloque (2011).

6En líneas generales el papel de la Iglesia Católica fue claro en la instancia de emitir declaraciones y aquí como en España se inclinó definitivamente al combate contra el "peor enemigo": el comunismo. En pos de la defensa del "orden social" local la Iglesia en su conjunto enarbolaba el ejemplo "español", pero también solicitaba a fin de modificar los ambientes sociales, saturándolos de vida cristiana, cambios en la legislación. Sus prédicas fueron escuchadas y el primer ejemplo de ello fue la legislación provincial en torno de la represión al comunismo.

7Ver especialmente Fernández y Armida (2000).

8La Carta Magna de 1921 de raigambre liberal, anticatólica y democrática que había sido vetada por el gobernador radical Mosca (1920-1924), era reeditada por la nueva administración que emprendió distintos proyectos que derivaron en la Constitución provincial de 1933. Ver Pérez (2000) y Fernández y Armida (2000).

9La "Concordancia" fue una coalición que nucleaba a las facciones conservadoras y al grueso de los radicales antipersonalistas. En 1932 el frente concordancista integrado por la Unión Cívica Radical (UCR) antipersonalista, el Partido Demócrata Nacional y el Partido Socialista Independiente ganó las elecciones, y llevó a la presidencia argentina a Agustín P. Justo (1932-1938). En Santa Fe su llegada al poder se produce luego de que una intervención federal fuera dictada en 1935 por el gobierno nacional. Tal intervención propició una nueva convocatoria electoral bajo el signo del fraude que permitió su acceso al ejecutivo durante dos gestiones (1937-1941 y 1941-1943). Esta última ve interrumpido su gobierno por el golpe de Estado de 1943.

10Esta ley daba mayor control a la Policía, sancionaba la abstención electoral, permitía la destrucción en mesa de boletas y sobres, castigaba al funcionariado que no votase y estipulaba otro tipo de medidas tendientes a asegurar un mayor control sobre las elecciones. La ley impugnada por los partidos opositores llevó a la proscripción a algunos (PC), al abstencionismo (PDP hasta 1940, UCR-Comité Nacional), y a una participación condicionada (PS) a otros.

11Ver específicamente Mauro (2009a, 2009b).

12Al principio con las políticas abstencionistas del PDP y la UCR (CN), el socialismo sería una primera minoría detrás de los concordancistas, situación que se revertiría conforme las prácticas abstencionistas eran abandonadas.

13 La Capital . Rosario, 14/08/36, p. 15.

14 La Capital . Rosario, 30/01/37, p. 5.

15 El Orden . Santa Fe, 06/05/37, p. 4.

16 El Orden . Santa Fe, 06/05/37, p. 4.

17 El Orden . Santa Fe, 06/05/37, p. 4.

18Sdrigotti y Cucurullo (1999, p. 19), señalan en su investigación las peripecias que estos eventos provocaron en esta institución. Específicamente se detienen en el Libro de Actas de la Comisión Directiva del Centro Español de Unión Republicana.

19 La Capital . Rosario, 02/07/1937, p. 21.

20 La Capital. Rosario, 24/09/36, p.18.

21"Estima la Junta que por encima de todos los credos de orden religioso y político, por sobre todos los planes económicos y sociales, está el respeto que cada uno se debe a sí mismo, a la sociedad en que vive y a las instituciones creadas". La Capital . Rosario, 16/11/36, p. 15.

22Por ejemplo la Junta prestaba un servicio gratuito que suministraba datos de personas radicadas en España. Las noticias del movimiento nacionalista eran publicadas en una revista mensual "Orientación Española" por medio de la delegación de Prensa y Propaganda.

23La institución, que contó con una autorización expresa del gobierno nacional instalado en Burgos, se constituyó el 8 de abril de 1937 y dispuso desde un principio de importantes recursos: a fines de ese año contaba con 7.964 socios 5.164 socios de la Capital Federal y el resto del interior cada uno de los cuales aportaba una cuota mensual que en no pocos casos llegaba a los 100 pesos, una cifra importante para la época. Poco después de finalizada la guerra, en agosto de 1939 el número de socios ascendía a 12.585, de los cuales 6.999 eran porteños y el resto del interior del país, y el dinero total recaudado por cuotas, donaciones, festivales y rifas era de 741.664,39 pesos (SABORIDO, 2006, p. 73).

24 Acta Fundacional Centro Español de Rosario . Club Español. Rosario, 12/10/1882.

25 Libros de Actas de las Asambleas Generales Ordinarias del Club Español , 23/06/38.

26En muchos casos las empleados de las casas comerciales de españoles eran asistidos y atendidos en estas entidades, haciendo evidente el paternalismo expuesto por estos dirigentes.

27 Libros de Actas de las Asambleas Generales Ordinarias del Club Español , 29/06/37.

28 Libros de Actas de las Asambleas Generales Ordinarias del Club Español , 29/06/39.

29 El Litoral . Santa Fe, 15/12/38.

30 Libro de Actas de la Comisión Directiva del Centro Español de Unión Republicana . Rosario, 25/11/36; tomado de Cucurullo y Sdrigotti (1999).

31 Libros de Actas de las Asambleas de la Comisión Directiva del Club Español . Rosario, 29/06/38.

32 La Capital . Rosario, 04/11/37, p. 14.

33Paz en España, mímeo, p. 5, tomado de Cucurullo y Sdrigotti (1999).

34 Libro de Actas de la Comisión Directiva del Centro Español de Unión Republicana . Rosario, 10/03/37; tomado de Cucurullo y Sdrigotti (1999).

35Sandra FERNÁNDEZ. Professora da Facultad de Humanidades y Artes, Escuela de Historia - Universidad Nacional de Rosario (UNR). Maipu 1065, 2000 Rosario, Santa Fe, Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET)

Recibido: 25 de Octubre de 2016; Aprobado: 10 de Noviembre de 2016

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